Tribu 2, Individuo 1

TRIBU 2, INDIVIDUO 1

2008-M. Rosúa

Nada ha habido sorprendente en el resultado de las elecciones vascas de 2001, pero sí lo es el estupor dolido de gran parte de los españoles.

La tribu, y la tienda, son mías

La tribu, y la tienda, son mías

Se trata sin embargo de un ejemplo extremadamente útil, por lo didáctico, del fruto de la fabricación, difusión y mantenimiento, por vías culturales y educativas, de mitos altamente rentables, y constituye un ejemplo modélico de algunas obviedades silenciadas: Las mayorías, las decisiones llamadas, con cierta sagrada unción, democráticas, no poseen por naturaleza la menor legitimidad moral y son simples instrumentos de gobierno que, hasta ahora, parecen los menos malos posibles. En segundo lugar se plasma en los resultados electorales y la situación de este pequeño reducto del extremo noroeste de Europa una exacerbación de la ofensiva contra los derechos individuales y el individuo que, bajo diversos apelativos y estrategias (exaltación del gregarismo, continua repetición de vocablos de esta área semántica, como conjunto, socializar, nacionalismo, asociación, equipo, reunión,comunidad y demás colectivos) es una característica de las últimas décadas. Ilustra, por último, la ley implacable del Economato según la cual, una vez creada una trama de intereses, es de rigor la superposición de justificaciones ideológicas y la defensa cerrada del sistema.

La palabra democracia, que designa un sistema todavía reciente, sometido a los vaivenes de la adolescencia y con todo un rodaje y una historia por hacer, se viene utilizando, no en su honesta y limitada acepción gestora, sino como intocable tabú y ariete gregario que discrimina, anula y pulveriza personas y personalidades, manipula evidencias, falsea verdades e impone, tras su apariencia tolerante, una dictadura de mediocridad, tribalismo y clientelas. La probeta vasca es un buen ejemplo de chantaje llevado hasta sus extremas consecuencias y de fiel cumplimiento de la ley citada supra. Los sucesivos gobiernos centrales alimentaron en la victimista zona del norte una permanente conciencia de derecho al privilegio a base, de manera directa o indirecta, de excepciones jurídicas y de desproporcionadas transfusiones del erario público. Bastaba para ello a los agraciados con esta situación con amenazar con el divorcio para disfrutar, de hecho, de los beneficios de la independencia sin pagar ninguno de sus costes. Pocas cosas favorecen tanto las señas de identidad como una fiscalidad preferente, ni fortalecen los hechos diferenciales como oír y leer a diario un general coro de alabanzas a las extraordinarias nobleza y virtudes del terruño, misteriosamente dotadas de un toque sublime del que, por lo visto, carecen la gente y paisajes de Lanzarote, Chamberí o Betanzos. La lengua española, con ser rica, ha agotado en este tema sus ditirambos y producido en el común de la ciudadanía un hastío monumental. Asunto distinto es que, en una visión menos lírica pero más avalada por pruebas tan resistentes como las lápidas de los cementerios, el hecho diferencial vasco haya residido en un nivel de estrechez de pensamiento, avaricia y falta de escrúpulos muy por encima del de los otros habitantes de la espaciosa España. El Camuñas pistola más soberanía ha logrado siempre colocar en primer lugar la carpeta de su reconversión, primado Altos Hornos muy por delante de astilleros, minería o industrialización de otras regiones mucho más desfavorecidas pero que no incluían en su folklore la demencia racial ni el recurso al asesinat, y, a falta de enjundia cultural, se ha adornado, a cargo del contribuyente extramuros, con un monolito, dedicado lógicamente al arte contemporáneo. No es de extrañar que al sur del impecable caserío idílico y la ría cristalina se abran los abandonados páramos de Castilla, con pueblos a cuyos habitantes no se ha dado los medios para el mantenimiento de la iconografía estética rural y los entrañables usos decimonónicos. Cabe barajar la hipótesis de que tal diferencia obedezca a la superior carga genética de los nobilísimos habitantes de Vasconia, pero también es muy posible que tenga en ello bastante que ver el desigual reparto de subvenciones y fondos de compensación que permiten mantener la verde postal. Ahora ha llegado el momento, en vistas a la pluralidad de inversiones, de sustituir, al menos parcialmente y sin renunciar al activo empleo de un chantaje cada vez más limitado por el insuperable aburrimiento de los chantajeados, a España por las instituciones europeas e internacionales como fuente de ingresos. Con tal fin, desde un principio se ha llevado a cabo con esmero una labor cultural de propaganda exterior e interior para la que no se ha reparado en gastos. Son, en este sentido, notorias, las larguezas y solicitud de las instituciones nacionalistas vascas, oficiales y extraoficiales.

Y además tenemos antepasados ancestrales

Y además tenemos antepasados ancestrales

El terreno se abonó durante varios lustros con un sistema educativo que, en su manipulación primaria, su exaltación visceral del localismo y su falsificación de la historia, parece un paroxismo de la ESO. Como en la España central pero en dosis concentradas por la exigüidad de la probeta y la lluvia presupuestaria asignada a las ikastolas, han desaparecido o se han atomizado historia, geografía, literatura, lengua y, en general, cuanto puede representar amplitud, calidad y universalidad. Para los alumnos de las castizas tierras castellanas florecidos en el sistema logse actual la censura franquista impidió, salvo limitadísimas excepciones, que entre 1939 y la muerte del dictador, en 1975, hubiese novela, teatro, poesía; fueron cerca de cuarenta años de desierto que, dada la vaguedad de su visión cronológica, se emparenta con la represión propia de Felipe II, los señores feudales o los dictadores sudamericanos. La historia-en la que ya, sin duda por pudor, desconocen la fecha del descubrimiento de América-es un vergonzante rosario de agresión a indios pacíficos, campesinos explotados, obreros esclavizados y guerrilleros incomprendidos. Cualquier lengua, sublengua, registro, dialecto y código tiene milimétricamente valor y riqueza semejantes a las demás-ay de quien lo contrario insinúe-y el desarrollo o decadencia de todas ellas obedeció a la dinámica víctima/verdugo. La actividad intelectual debe aplicarse al estudio del medio físico inmediato y a la adecuada apreciación de sus valores, puesto que la observación microscópica de los rasgos del territorio de la tribu no puede sino afirmar la evidencia gloriosa de que éstos son, por propios y sociales, equiparables a los más altos y majestuosos panoramas. La general difusión de listones intelectuales mínimos, de eliminación del mérito y del esfuerzo, de infantilización, la ausencia de responsabilidad y la disolución de ésta en el grupo, la promoción de un curso a otro, el victimismo sistemático de ningún deber y todos los derechos, la carencia completa del concepto de precio de las cosas y de los actos que, por norma y ley educativa del 90, caracterizan al sistema educativo español alcanzan, en zonas autonómicas y, de manera literalmente sangrante, en el País Vasco magnitudes difícilmente superables.

El desmigajamiento de la historia, la eliminación de las Humanidades y la fragmentación de la cronología favorecen la implantación de mitos fundacionales y abonan de forma en extremo eficaz la recreación fantasmagórica de identidades que, si bien se dirigen a estratos viscerales de la más baja racionalidad, toman como sólido apoyo la sustanciosa oferta de bienes y servicios siempre mejorables con las perspectivas de un nuevo edén, tipo islas Caimán, que reúna los envidiables ingresos y la soberanía de los emiratos. Siempre ha complacido a los jóvenes jugar a la guerra; en los mesetarios territorios logse debían conformarse con encañonar alguna vez que otra-sin más consecuencias que una reprimenda-a profesor y clase con una escopeta. En el País Vasco les sale, juguetes incluidos, gratis. Nadie puede negar el atractivo evidente de la capucha, el explosivo casero y el autobús en llamas. Manual escolar ha habido que iniciaba en la fabricación de armas propias para la lucha urbana. Mucho más persistente, y eficaz, ha sido la logística verbal, las décadas de violencia de baja intensidad, violentos, impuesto revolucionario, ejecución, extremista, acción y mártir revolucionario. Sin hablar de la utilísima identificación de español, españolista y fascista que se ha empleado en vecinas cadenas semánticas, al tiempo que también se hacía uso del último término para calificar a un terrorismo que, aunque recurre a una mitología racista, siempre ha definido su militancia por medio del marxismo-leninismo y que marcó la meta de su ideal guerrillero como una república socialista al estilo albanés.

La dolida extrañeza del resto de los españoles ante la evidencia palmaria, tras las elecciones del 2001, de que la mitad de la población vasca prefiere el goteo del genocidio político de los oponentes, la irracionalidad y la sangre y la expulsión de otros, a cambio de mantener cargos y empleos ligados con el nacionalismo y conservar el nivel de vida y de gasto en peñas gastronómicas, generosas subvenciones y aristocráticos fueros llama la atención por su inocencia, por el empeño en ignorar que una red tan rentable de intereses no podía sino reafirmarse, sólidamente enraízada en la aversión tribal hacia la inteligencia y la individualidad. La cándida decepción de los españoles ante aquel rechazo, por impecable mayoría electoral y con perfecta información de las circunstancias, de los que siempre habían sentido como suyos iba más allá del enclave geográfico; se extendía a la conmoción del dogma de la fiabilidad de la democracia, chocaba de plano con la evidencia insoslayable de las decisiones viles tomadas por mayorías, derrocaba del panteón moderno al Probo y Representativo Ciudadano que había sucedido al Buen Salvaje, lo reemplazaba por el Sujeto Electoral que impone la mediocridad y la miseria ética, y se prolongaba hasta los confines filosóficos de la existencia del mal. Un lustro tras otro lustro, un muerto tras otro, habían hecho falta novecientos asesinatos y más de tres décadas para que el miedo de demócratas y liberales diera paso a palabra, protesta y oposición. Mientras, se habían pagado, instalado y mantenido, con el dinero del Estado de Derecho, organismos, cursos, libros, actividades y personas abiertamente dedicadas a la implantación de un sistema de opresión y a la propagación forzada de un pasado ficticio, cortado el conjunto sobre patrones cuya irracional virulencia los marcaba, desde sus comienzos, con el típico cuño totalitario. El chantaje se integra en otro más vasto que se ha valido de una manipulación polarizada de la historia y del mantenimiento de un enemigo cuya sola mención redujera a los disidentes al silencio bajo amenaza de simpatías fascistas. Los Gobiernos nacionales nunca osaron pedir a las autonomías la contrapartida de sus exigencias, ni hacer cumplir en ellas los deberes marcados por la Constitución, lo que otorga a éstas el disfrute, sin cargos, de situaciones artificialmente valoradas y permite confundir la legitimidad de cualquier propuesta de corte nacionalista o federal con la dinámica de absoluta gratuidad y reivindicación permanente. Educación y política lingüística, Cultura y Administración son ejemplos de ello. El recurso al franquismo era, para todos, indispensable, y desde luego hubiese sido preciso inventarlo de no haber existido durante cuarenta años que se han pretendido ajenos a la población del país. El exorcismo, largo tiempo después de la desaparición de un régimen que no había sido derrocado por oposición alguna y que había dispuesto las líneas generales en que se basaba la sucesión, continuaba, alegremente repetido por usuarios que lo asimilaban a cualquier impedimento a sus voluntades y lo esgrimían como amenazadora letra escarlata. Véase la reciente contrición pública del Gobierno por haber osado poner en duda la represión lingüística en las comunidades autónomas durante el gobierno de Franco, y, sin embargo, la larga y perdurable impunidad de los carteles y escritos públicos sólo en el idioma local y no también, como la Constitución estipula, en castellano, los ridículos señalizadores de carreteras que, desde Madrid, mandan a A Coruña, la formación escolar y los innumerables casos de atropello legal en este terreno contra el que ningún dirigente se atreve a alzar la voz.

Algún modesto estipendio diferencial (billete hecho en oro)

Algún modesto estipendio diferencial

(billete hecho en oro).

La tribu cuenta, en realidad, para el próspero mantenimiento del emirato con la premisa del transparente color del dinero: poco importarán a los inversores pasado reciente, entorno y decorados si se les ofrece un paraíso fiscal y un futuro de transacciones internacionales directas sin que medien solidaridades con vecinos de rango inferior. Económicamente es factible. Culturalmente es probable: la logse ha demostrado ya suficientemente que, por grandes que sean la estulticia y los efectos nocivos de una normativa, se mantendrá por la presión de su clientela y el atractivo populista del mínimo común denominador intelectual. Pero la eliminación del individuo puede resultar, a la larga, muy insatisfactoria y generar una pobreza de libertad, progreso y pensamiento que concentre en su crisol la que ya deja adivinar en el resto de España la feroz defensa de la trama de intereses generada por el sistema educativo actual.