11/19/23

QUE NO VIVAN LAS CADENAS.

Que no vivan las cadenas.

Visto el largo historial de sumisión letárgica y acomodaticia, se diría que no hay pueblo más gozosos que el español de lamer, y morder, con la esperanza de digerirlas, las cadenas, hoy de palabras, creadas por herreros anónimos pero aceptadas con entusiasmo como parte ineludible del paisaje y fruto autóctono. Al menos los que en 1823 disfrutaron desenganchando los caballos de la carroza en la que llegaba el rey absolutista y tirando ellos mismos al grito de ¡Vivan las cadenas! para demostrar su amor por la tiranía y su odio hacia los liberales no estaban pagados por ello; a diferencia de los que en el siglo XXI aclaman con fervor al cacique que les garantice el pienso económico y social del que disfrutan los Parásitos de la Utopía, nueva, floreciente y postmodernísima especie. En un cómic sin gracia, parodia de la pequeña aldea gala de Uderzo, defiende su buen vivir y derecho a manutención e incienso perpetuos la tribu Progresía e Izquierdas, atrincheradas tras muros de anatemas y excomuniones y un arsenal inagotable de fachas para cuantos no gozan del reparto de la marmita.

La sumisión cotidiana ha rebasado en la España actual los límites de la simple estupidez hasta un grado que, paradójicamente, sirve a sus autores de blindaje por .el desconcierto y parálisis que produce en observadores externos. Son incapaces de reaccionar ante la completa ausencia de adecuación a realidad, moralidad, evidencia y al propio y siempre cambiante discurso del cacique y sus avatares. Poco importa si nombra cónsul a su caballo o a las hormigas. La mansedumbre popular en la aceptación de lo inaceptable impide recurrir a la justificación caritativa de la violenta coacción externa, la gratificación vaga y dudosa no deja siquiera el consuelo de achacar siempre tal epidemia de servidumbre voluntaria al trueque de libertad y dignidad a cambio de recepción de bienes. El fenómeno va mucho más allá: Millones de personas comulgan en el sentido más léxico del término, diariamente, con obleas verbales que determinan, en el mapa cerebral,, la clasificación de seres, hechos, conceptos e imagen de sí mismos, sin que nadie externamente los obligue a ello pero con el acatamiento a una ley preceptiva que para tirios y troyanos es tan obvia, perenne e inmutable como la de la Gravedad.

Lo más fascinantes de esta gigantesca y omnipresente cárcel de significantes y significa dos es la ausencia del referente: No hay sustancia, presencia histórica, manifestación física en lo que tal cadena de sonidos pretende evocar como suyo. La consigna de la tribu es radicalmente falsa. Hay tan sólo la cruda necesidad de accionar un resorte, de asegurarse un efecto, de mantener aceitada la cerradura de la celda verbal sin la que sería imposible la existencia del amo y la del siervo feliz que ni siquiera se plantea la realidad, nada virtual, de su prisión  ni la existencia de espacios fuera de ella. La cárcel es tan indiscutible como un conjuro y lanza su red metálica sobre el mundo real, percibido de forma que nada quede fuera de la clasificación delimitada por sus mallas. La realidad pasada, presente, futura desaparece. Los gentiles, los ajenos a esta secta amorfa e incontable, deberán transitar por un territorio previamente balizado so pena de ostracismo, rechazo y anonimia.

Los eslabones de la cadena verbal son en realidad un puñado, pero quizás y precisamente por eso se han revelado como indispensables y de asombrosa eficacia. Superan a policías políticas y dictaduras al uso, crean reflejos, conceptos, clasificaciones de la realidad e incapacidad de percepción de ésta. En ellos la sociedad nada, como en un gas, y los respira y asimila hasta crear una adicción que, de faltar la droga, produciría angustia, sensación de vacío y desconcierto. El kit básico se reduce a izquierdas, derechas, progresista, conservador, reaccionario, fascista, facha con aditamentos y derivaciones laterales como franquista, burgués, ultraderecha, imperialista, elitista. A esto han venido a unirse las sucesivas olas que, a manera de plaga, se sustentan en la eliminación del individuo y a cuanto a él corresponde. Hay una ofensiva en toda regla de imposición del mínimo común denominador intelectual, ético, profesional, cultural. Al borrar y difuminar al sujeto humano desaparecen la responsabilidad en los propios actos, los derechos y deberes personales e intransferibles, las capacidades y rasgos de cada persona que ya no lo es. Se la ha reducido a parte de un rebaño de víctimas quejosas distribuidas en rediles de raza, religión, tribu y sexo que, naturalmente, piden a gritos pienso, pastor y justificación de la envidia y  del odio a la excelencia.

Por asombroso que parecer pueda, el arma de imposición y su cerrojo ha sido, y es, la media docena de calificativos que en España, y no sólo, mantienen en su vasta prisión a la masa de ciudadanos, nombran y manipulan gobiernos, otorgan y eliminan bienes y haciendas, quitan y ponen leyes y cargos y disponen a su conveniencia de Historia, Enseñanza, medios de comunicación,  libertades individuales y acervo intelectual. Las palabras-consigna adaptadas para uso logístico en nada corresponden a su semántica cronológica y sociológica reales; no pasan de ser, y de utilizarse, como bombas cargadas de miedo, pero a base de un bombardeo que ni siquiera se percibe, semejante al de la lluvia fina. Cuando se empeña en exhumar y combatir dictadores muertos, crear dualidades y enemigos absolutamente ficticios y fabricar clientelas a golpe de exhibición mediática y talonario tal procedimiento no debería resistir el más simple roce con la realidad sin caer en el profundo ridículo. Sin embargo han logrado imponerse y sembrar de minas el mensaje cotidiano, diluir un vaporoso terror light a significarse, al rechazo, a parecer viejo, al gélido soplo de un espacio exterior privado del abrigo de pertenecer a los Progres. Nada de esto es cierto, la ficción Buenos/Malos desde toda la eternidad es un simple chantaje utilitario incrustado como dogma en los resortes de la profunda estupidez en la que se apoya su uso.

Desde luego hay un qui prodest que ha permitido y permite vivir del manejo de las llaves de esta curiosa dictadura a masas considerables de parásitos víctimas post mortem de dictadores que nunca combatieron. El manejo de las consignas-tatuaje ha otorgado gratis total el lujo de la relevancia social y de la buena conciencia a cuantos sabían, y podían perfectamente saber, el infierno y saldo de víctimas de sistemas totalitarios, véase el eufemismo de las dictaduras socialistas, del comunismo en todas sus variantes y de la maravillosa élite intelectual que permite proclamarse de izquierdas copa en mano, a costa de la piel ajena y gracias a la curiosa ceguera cognitiva, las nulas decencia y empatía y el exquisito distanciamiento respecto a la triste y cruda realidad, bien existente y documentada mucho antes de que se cayera el Muro de Berlín.

 

Revolución Cultural China: Felicidad, abundancia y rojo sol revolucionario total. El Bien en estado puro. Progresismo.

Es posible que la eficacia de la cárcel verbal se explique, sin ser causa exclusiva, por la notoria cobardía -mientras no se demuestre lo contrario-  del pueblo español, que vive, en este sentido, de las rentas de un pasado glorioso y no en vano ostenta en 2023 como mascarón de proa presidencial una figura lamentable de cacique sin  más atributos que la alforja de las coimas y la tropa de parásitos del reparto. Es, como dechado de lo más bajo del fondo, perfecta ilustración del pedestal del mínimo común denominador intelectual, ético y profesional en el que el patético aspirante a algún trono se alza. Los conjuros clave adquieren en este caso cierta utilidad a contrario: Bastaría al pueblo llano, no ya abstenerse de votar, sino rechazar, por risible y repulsiva, cualquier utilización sociopolítica que se identifique como progresista, de izquierdas, y salpique su discurso al referirse a posibles adversarios de fascistas, franquistas, derechistas, fachas, conservadores, ultraderechistas y reaccionarios. Talvez la cárcel no se abra pero al menos algo de aire circularía por ella.

Revolución Cultural China: Felicidad, abundancia y rojo sol revolucionario total. El Bien en estado puro. Progresismo.

 

Revolución Cultural China: Pobre, harapiento, viejo, cansado. Negrura, Tristeza. Sombra. Mal, fatal, antes del Progresismo.

Nada en tal dualidad izquierdas/derechas fue ni es cierto. Era fácil, siempre lo fue, considerarse sin mayor esfuerzo miembro del grupo de Los Buenos, salvador honorario de los (¡cómo se llena la boca al decirlo e incluso al pensarlo!) Desfavorecidos en su eterna lucha contra los Poderosos (aquí el bocado de pastel desborda y pasa de la nata al orgasmo). No ha existido jamás excepto en sociología e historia en una terminología aplicada a momentos, épocas y situaciones concretas por razones de taxonomía y simplificación pedagógica, una dualidad Izquierdas/Derechas que, aunque bastante reciente, se diría eterna y existente desde el alborear de los tiempos. Es una peligrosa y devastadora ficción que ha arrasado con la muy insobornable percepción moral del Bien y del Mal, un tsunami que ha cubierto de lodo el valor de los hechos concretos de individuos concretos y el individuo por sí mismo como centro de ética, libertad, responsabilidad y juicio. Era tan cómodo abrigarse en el lenguaje dual, tanto más si se conseguía, gracias a la artillería verbal multiplicada por los medios, sonrisas, puestos en primera fila, sueldos y estética de yo. Con lo cual se ha instalado, casi insensiblemente y de forma, en cualquier caso silenciada y preceptiva, una especie de universo paralelo, un marco invisible de actos, expresiones y pensamientos en el que el individuo responsable y sin la menor afición a engrosar el club de víctimas de los Malos, Poderosos, Derechosos lo mejor que puede hacer es disimular su existencia y hacer con regularidad profesión pública, y monetaria, de apoyo a la, ésa sí muy real, clase de los Parásitos firmemente asentados sobre el podio de la ficción benéfica.´ La cual se identifica, agotada la ubre Comunismo y en vías de jibarización Socialismo, indefectiblemente con Progreso. En la nueva Diosa Razón todo cabe y no hay parásito siglo XXI que no avente incienso en sus altares, sin el menor reparo respecto a lógica, pertinencia, conveniencia o simples veracidad pura y dura.

El experimento dual a gran escala, olvidado aunque continúa en países, sectores y aspirantes a totalitarios (muchos más de los que se cree) ocurrió durante la Revolución Cultural China, hoy chapada con mercancías, ejército y vigilancia electrónica, e inconscientemente imitada por cuantos predican en Occidente la abolición del individuo como centro de Derechos y Libertades para desplazar así el sujeto a la tribu, la aldea, la religión y el sexo. En tiempos de la Revolución Cultural China progresista era renegar del conocimiento, la Cultura, el Arte. Eran revolucionarios cuantos destrozaban estatuas, humillaban profesores, quemaban libros, degradaban jueces y leyes. En su juvenil y progresista ardor, los guardias rojos propusieron cambiar las luces de los semáforos porque era inadmisible que el color rojo, revolucionario donde los haya, significara detenerse. La moción, finalmente, no prosperó, pero muchos años después, en la otra esquina del mundo, la España del Progresismo, sin el cual no hay salvación, ha impuesto, amén de falditas y parejas en los en semáforos, lenguaje, normas y leyes de una estulticia a cual más sorprendente, sólo justificadas por la imperiosa necesidad de alimentar la dualidad ficticia del nuevo Dios Progreso como supremo bien, puesto que da de comer a un magma de adoradores. Y si el Dios Progreso se rindiera a la extenuación ahí están el Dios Futuro, el Dios Agenda Milenaria, Planetaria, Climática y cuanto Olimpo y divinidades se precisen para colocar a la voraz parroquia y sustraer dinero, libertad y recursos.

Para ejemplo de Progresismo concentrado en una más reducida probeta ninguno puede probablemente compararse al llevado a cabo por los Jemeres Rojos en la Camboya de los años setenta del siglo pasado, con el indudable éxito de acabar con un tercio de la población del país. Una de sus revolucionarias iniciativas fue eliminar a quienes llevaran gafas, signo de intelectualismo burgués. Tal vez todavía los turistas que visiten los magníficos templos de Ankor Wat puedan disfrutar además del pequeño museo local que muestra pilas de cráneos de camboyanos que hablan largamente del discreto encanto de las utopías por control remoto.

 

Revolución Cultural China: Pobre, harapiento, viejo, cansado. Negrura, Tristeza. Sombra. Mal, fatal, antes del Progresismo.

El misterioso sortilegio que mantiene encadenada a la población española en una voluntaria y tan eficaz como ficticia Guerra Civil Verbal tiene barrotes de muy útil segundo uso: No ya sólo el emperador sino su ejército y tropa van desnudos, y cada epíteto que utilizan como munición está hueco y sirve, cual marca luminosa, para saber que nunca hay que apoyar, creer ni votar al que los emplea, véase progresista, derechas, izquierdas, ultraderechista, facha, conservador, reaccionario. La menor exigencia de propiedad lingüística en el contenido de tales expresiones dejaría al emperador y extensa corte tiritando con probable riesgo de exterminio por pulmonía, tan largo es el tiempo que llevan viviendo confortablemente abrigados por utopías subvencionadas, lanzadas a moros-dictadores muertos, pieles de desdichadas poblaciones víctimas de lejanas y muy reales dictadoras, heroísmo de salón y quema de la Historia en la que ni figuran ni nunca figurarán ellos por sus méritos. El castillo de naipes, el chantaje verbal no tiene la menor consistencia. Un soplo de realidad, e improbable valor, bastarían.

Rosúa

07/30/23

ESPAÑA, BÚSQUESE UN BUEN AMO.

BÚSQUESE UN BUEN AMO

Búsquese un buen amo, aconsejaba Pío Baroja a la protagonista femenina de una de sus novelas. Porque, en efecto, idealismos y romanticismos aparte, cuando no se sabe vivir sin sopa, cuchara y combustible a cargo de una mano más fuerte en quien delegar la incómoda responsabilidad personal ésta es la mejor y única solución. Tiempo ha, hace mucho aunque fuese hermoso engañarse, que el país en el que actualmente se escriben estas líneas ni vale como tal ni merece serlo. Está encantado de residir en la cárcel de dos títulos, positivo y negativo, Buenos/Malos, tan falsos y ficticios como utilitarios, que le liberan de la penosa tarea de pensar, de juzgarse a sí mismo y a cada individuo exclusivamente por sus propios actos y de pagar cada cual por sus errores, miserias y estupidez notoria y profunda, España, por decir algo porque ni nombre ni lengua tiene, sólo posee una muy justificada vergüenza de sí.

Las soluciones son claras y muy pocas: Ábrase la cárcel de la falsa pertenencia al club dual Buenos/Malos póstumo, parásito e impostado y al mundo de Yupi a costa ajena (siempre es ajena), sométanse a general acuerdo los nuevos nombre de territorio, gentilicios y bandera, y, a continuación espérese de la benignidad y cálculo de intereses de algún país real la adopción de España como colonia, provincia, protectorado o similares. La adoptada siempre saldrá ganando porque ha quedado demostrado hasta la saciedad que ésta es su mejor opción y ella no vale para otra cosa excepto para contentar, como el campesino olfateador de la novela de Delibes, al  amo que garantice la pitanza.

Con no poca sino muchísima suerte, tal vez podrá convencer a Gran Bretaña de que amplíe hasta el Cantábrico su frontera de Gibraltar, con lo que es muy posible que se garantice un idioma común en Administración y Enseñanza y que, de haber atentados terroristas, el por imitación e imposición, que no por su valor, pueblo español denuncie a los asesinos y no a su Gobierno democrático. Es ciertamente dudoso que Gran Bretaña acceda. Sus problemas actuales con el Bréxit son coyunturales y anecdóticos puesto que en nada rozan su dignidad de conciencia de país, de sus instituciones y de sus derechos individuales como ciudadanos. La España aspirante a la adopción no lo tendrá fácil. Mucho tendrá que explicar y ocultar de su reciente historia para que los ingleses imaginen algo como que una panda de asesinos de más de ochocientas personas y sus representantes se hayan sentado en el Parlamento madrileño. Demasiado insólito para gentes con adecuado coeficiente de dignidad ciudadana. Por fortuna se podrán hacer valer el clima, la oferta vacacional, el número de cervecerías y la densidad de camareros. No mucho más.

La elección popular de bandera y signos puede añadir al lote de oferta el simpático toque de país folklórico. Se votará, por una vez, rigurosamente por individuos, no por grupos, etnias, tribus, clases ni sexos, con lo cual la enseña ex nacional española, para distracción y regocijo de las naciones reales europeas, podrá ser, por ejemplo, de lunares bordeada de faralaes y los himnos un rap cacofónico de sonidos, carraspeos, pedorretas, dialectos y acentos con acompañamiento de castañuelas, silbos gomeros y gaitas.

El Big Ben

 

La adopción por el buen amo tiene la ventaja de que sirve de preámbulo y entrenamiento para la cadena de servidumbres que amaga, de menor a mayor, en un probablemente inevitable horizonte: Los españoles se irán haciendo primero a que cuando los visiten sean tratados con el mayor desprecio por amos fácticos internos, catalanes y vascos, que les arrojarán las propinas al suelo y exigirán se les trate según su señorío foral, racial y económico. Seguirá el Club de Amos Representantes del Planeta y el Tercer Milenio, y Fresquito Igualitario, cuya policía verde patrullará las calles con acceso a los domicilios, despensas, librerías, cocinas y camas. Todo lo anterior no será sino el preludio de unos amos benévolos en comparación con los Grande Buenos Amos. China y Rusia junto con su corte de rendido vasallaje oriental y occidental, que eliminarán, con el urbi et orbi on line, cualquier asomo de libertad y criterio personal.

Por lo pronto, en España subasta del país, cambio de bandera y búsqueda de un buen amo es la única solución. No hay otras.

Rosúa

Madrid, 30 de julio de 2023

 

07/22/23

LOS TRES R. I. P. 23 de julio de 2023

 LOS TRES R. I. P.

(Qué estúpida inocencia la de quien escribió esto, la autora de estas páginas que fueron el prólogo de la más mísera degeneración y regresión de su país. Sustitúyase inocencia por estupidez cuantas veces se desee. Nunca serán bastantes).

Hay tres finales que cumple celebrar este 20 de julio de 2023, vísperas en España de elecciones generales:

-Es el final de la era del  desplazamiento del discurso político del cerebro a las nalgas. Esto ha ocurrido, y es visual y empíricamente comprobable, en un fenómeno que, aunque vergonzoso, por su persistencia no deja de tener originalidad, durante los años presididos por un Gobierno español al que el pie no le calza ya en el estribo por la acumulación de estiércol. Basta con observar el abrumador porcentaje de su temática legal, oratoria y mediática sobre la penetración, descripción y uso de, como dirían los clásicos chinos en el empleo de los perfumes, los cinco orificios. La pedagogía, modo de empleo e imposición y promoción continuas de la Constitución Genital han desplazado y empujado, hacia debajo de la cintura y adláteres la atención, trabajo y tiempo oficiales que deberían haberse empleado en tareas de adecuado nivel. Los escritos, proclamas, análisis de los asuntos públicos, normativa, mensajes sonoros o visuales y estudio de los problemas nacionales e internacionales han sido reemplazados por la adhesión compulsiva a la difusión del rito de los glúteos multiformes, variables e intercambiables y los autos de fe para críticos y tibios.

-Es el final de un clímax de estupidez rara o jamás alcanzado, ciertamente no en la esfera civilizada actual, que ha reemplazado por su insólita, general y silenciosamente asumida aceptación, a un peculiar tipo del orgasmo: El de la envidia y mediocridad soterradas respecto a la evidencia de que hay verdaderos países con verdaderos ciudadanos que jamás tolerarían tal ridículo. Es posible que, llegada a ciertos límites, la acumulación, magnitud e intensidad de la estulticia pueda provocar, ,al ser reiterada, un nivel crítico explosivo y expansivo que afecta a la mayor parte de la población española y la hace insensible a que no se emplee su lengua, se dictamine a gusto del dictador-cacique cuál es su Historia y qué debe o no amar, comer, recordar, saber, decir u odiar. Los niveles de irracionalidad, recurso al absurdo, negación de la evidencia y completo e impune desguace del país y sus recursos junto con la lluvia incesante de disposiciones entre el delirio, la insania y el ridículo, no admiten una única explicación. Se trata de un proceso de bases más antiguas y en él se ha insertado en la conciencia colectiva un implante Buenos/Malos con una guerra permanente del Bien y el Mal absolutamente falso en fondo y forma, martilleado desde hace varias décadas verbal, mediática y económicamente, y  reforzado por la obligación ciudadana de apoyar vilezas de gran calado.

-Es el final del último cacique. Hay el sabor inconfundible de esos días en que termina algo, en que se abren los ojos tras un muy largo, mal sueño, erizado de extrañas imposturas tan abundantes que han cubierto la llanura de la realidad hasta alcanzar el horizonte. Nada de cuanto  se ha venido afirmando con la violencia de un martillo pintado con palomas y caramelos, con un País de Oz donde la felicidad se repartiría diariamente con cucharones enormes a filas de ciudadanos con bocas siempre abiertas, nada de esto es real. Los largos años de ficción en los que bastaba con proclamar como mérito no haberlo jamás tenido, condecorarse en batallas nunca presentadas, proyectar en dioses inalcanzables situados en el espacio milenario el derecho a reinar, pastorear y repartirse  este mundo, todo aquello se desmenuza lenta, seguramente. Las bases de un edificio de tierra que el agua de la realidad, largo tiempo retenida, ha anegado al hallar al fin su cauce son por momentos dispersión y múltiples naufragios de cuantos han vivido de cosechas de raqueros.

En España no sólo cambia un régimen político. Simplemente se desvanece una ficción, se detiene la música de un largo baile de esqueletos que permitía la existencia gratuita y confortable de los creadores infatigables de batallas que precisaban que fueran eternas, homéricas, contra un mal que alimentaba la orquesta y empapaba la vastedad del territorio con el reparto de las únicas verdad y bondad creíbles, en las que, sin mayor esfuerzo, tumbarse y justificar, de forma directa o vicaria, las propias subsistencia y existencia. Cesa finalmente la música y caen, como los granos de arena, al suelo los huesos de los esqueletos, a los que sólo mantenía la imperiosa necesidad de recrear, afirmar y nutrir la gran ficción  que se creía y quería perdurable, alimentada por los nutridos con la vileza asumida, el mito fundacional que regalaba  generosas raciones de nobleza junto con el terror a la expulsión del grupo oficial de los bienaventurados.

 

 

Goya. Perro amedrentado.

Todo desaparece y se diluye en este año de 2023 en el que, afortunadamente, por la lógica, y no por el mérito cívico de la rebelión moral de los ciudadanos que sólo se yerguen perezosamente frotándose los ojos, del final de las pesadillas, llega la visión del raspado fondo del recipiente donde los que fueron habitantes de las torres altas del castillo de arena bracean ahora entre los restos de estancias, fragmentos de relatos  falsos, compulsivos, que escribieron con rango de leyes en la playa y que destruye una y otra vez la marea inapelable de la historia y la verdad.

Se acabó el miedo, el pastoso maquillaje que cubría con amenazas, mordazas  y violencia, con la horrible sonrisa del pequeño aspirante a totalitario, con esa estupidez obligatoria, decretada, el natural ritmo de los días, el precio de las pequeñas, felicidades. En el fondo del cubo y del hoyo en la arena se agitan, minúsculos, vacíos de sustancia, los que elevaron muros y cerraban el paso a la inteligencia, el coraje y la libertad.

Rosúa

06/22/23

EL OTRO CURRÍCULUM Ni víctima ni oprimida: seguro desastre).

EL OTRO CURRÍCULUM. Ni víctima ni oprimida: Seguro desastre.

Qué tremendo fallo no haberse considerado víctima de nada, ni de nadie; haber creído sólo en la experiencia directa y en saber pagar por sí misma el precio en riesgo, tiempo, penurias, inseguridad, soledad de los conocimientos alcanzados y, una vez percibidos nunca olvidados. Qué error carecer de parachoques y filtros amortiguadores entre sí y la realidad, percibirla de forma directa, en plena piel, sin grupo, tribu, compañeros. Que segura garantía de fracaso no haber jamás pertenecido a la gran falsedad dual acogedora Buenos/Malos, pezón inagotable de filiación, apoyos, difusión, promociones. Gran desdicha haber rechazado siempre, por puro instinto de libertad y de palmaria evidencia, la creencia en la realidad de  iglesias, Izquierdas y Derechas, fuera de las cuales no había salvación y que jamás existieron, excepto como metáfora literaria y referencia en sociología e historia a efectos de comentario de hechos y sectores concretos, excepto por la simplicidad, comodidad y rentabilidad de su uso.

Hubiera sido hermoso disfrutar de una plaza en el amplio sofá de los salvajemente oprimidos por la dictatura franquista, pero la no-víctima tampoco gozó de esto. Vivió ganándose la vida, y con el firme convencimiento de que nadie tenía por qué pagársela. Estudió con becas, como quiso y lo que quiso. Leyó, escribió y viajó sin tremendas persecuciones. El balance es de números rojos cuando no hay ni una mala represión opresora que echarse al currículum. Suyos fueron mundo y pasaporte, siempre y cuando se pagara el peaje de voluntad, incertidumbre y esfuerzo. A cambio, una cosecha parca: El inigualable, e insobornable, sentimiento de realidad y el conocimiento que solamente otorga la percepción directa. A su lado, y por su hondura, resultan lejanos, ajenos, de escasa e impostada relevancia los avatares, siempre con las dos iglesias como referente social y nutricio, de las tribus intelectuales. Había, y hay, en ellas una reivindicación incomprensible de referencia, como adepto fiel o converso, a una de las dos parroquias. Esto se acompañaba, y acompaña en ellos, de la necesidad compulsiva de martilleo verbal, soy de derechas, de izquierdas, cierto terror vacui a la desnudez identitaria y social. La profesión de fe suele saltar con  red, carecer de vivencias radicales, apuestas decisivas, riesgo y, sobre todo, del sabor del vacío que se abre como una puerta sin retorno ante la desnuda realidad.

Unos repiten el vocablo Izquierdas porque ha sido el indispensable salvoconducto parásito y no hay bufandas bastantes para estar fuera del club. Pero en el caso de otros de clara exigencia moral es difícil creer que gente de capacidad intelectual y espíritu crítico se confinase, pasada la adolescencia, voluntariamente en las fronteras mentales de su iglesia dual pudiendo obtener fuera de ella con mínimo esfuerzo alimentos objetivos más sólidos. Todos ellos hubieran podido, sí quisieran y buscaran en realidad conocimiento, desde muy temprana edad visitar y comprobar los resultados de la iglesia Izquierdas y los estragos producidos por el empeño en mantener la cárcel verbal, en la que ellos mismos colaboran remachando sin descanso la palabra Derechas como si temieran alejarse de la boya salvavidas. Fuerza es reconocer que hay un tribalismo interno más fuerte que el nacionalista, probablemente por un principio de necesidad muy superior al dinero, aupado y abrigado el intelectual del gremio por numerosos coros afines, en círculos que van de la familia a colegas, socios y seguidores, en torno a un podio en el cual él se alza prisionero de su propia imagen. A los fieles de la iglesia Izquierdas, la glamourosa, nunca les faltan parroquias ni púlpitos, ni a pelo ni a pluma:. La Derecha necesita salpimentar su discurso con la conveniente, y siempre acomodaticia inclusión en el club de algún fiel de la grey contraria, el cual se declarará hombre de izquierdas, previo pago de su importe, y tendrá en los sofás de ambos cleros asiento, e ingresos, asegurados. Así, con insistencia semejante a la del adversario, pero con menos glamour que Izquierdas y un aire defensivo, los miembros de la iglesia opuesta repiten el término Derechas, reafirmando así la falsedad dual, eludiendo individuos, lugares y hechos concretos e ignorando actitudes, aspiraciones, sistemas e ideales solidarios, Las conversiones a la iglesia dual opuesta adolecen de falta de credibilidad por carencia del riesgo asumido, del reconocimiento y vivencia personales de la desdicha ajena, de cicatrices en la propia piel por la visión, la indignación y el espanto de las heridas de otros indefensos. La revelación intelectual del converso es demasiado tardía, paulina e inocua para resultar creíble. Pudo haberse caído del caballo mucho antes.

Es de buen tono en una de las parroquias afirmar la maldad congénita del hombre, lo que no puede menos de sumir en la perplejidad a la observadora externa que, en su deambular, ha dependido tantas veces de la buena voluntad, la ayuda, la generosidad de gentes desconocidas, en situaciones de inevitable inferioridad para la viajera, ante riesgos de los que no podían defenderla ni la influencia social ni el poder ni los contactos ni el dinero y respecto a las que estaba en manifiesta desventaja en fuerza física. Hay otros mundos pero están en éste, Paul Éluard dixit, y se sitúan fuera de la probeta confortable, segura, feliz. Esos mundos nada garantizan. Exigen casi todo y ni siquiera permiten esperar al que los recorre que su voraz consumo de la propia y pequeña vida haya justificado la existencia. Queda el núcleo, de una dulzura extraña, de no haberse jamás pagado paraísos con la piel de otros.

Para escapar de los confortable barrotes de la cárcel dual no hay que hacerse eremita ambulante ni indiana jones venido a menos. Basta con rechazar la colaboración con los gestores de la cárcel verbal, negarse a repetir ninguno de sus mantras Buenos/Malos, moverse sin red ni aplausos, mirar por encima del horizonte irremediablemente provinciano, renunciar a la consigna automática y simplemente exponerse a la visión concreta de los hechos en tiempos lugares e individuos cada vez que se procede a la clasificación ética, social y política.

Mal, muy mal negocio no ser víctima, trabajar sin la tibia trinchera de partido, correligionarios, amigos del alma y sólido apoyo del cónyuge, haber recorrido, con o sin precariedad, mochila y sola, propios y contados recursos en mano, más de un centenar de países. Verlos, pensarlos , sentirlos, escribirlos, saberlos propia sustancia. Y, mientras los habitantes de la probeta, como los ricos, se. cansan pronto de sus juguetes, saber que lo vivido sin amortiguador alguno es, está y ha valido la pena.

Rosúa.

06/18/23

Solsticio de verano de 2023.

Solsticio de verano de 2023

Eran los bordes del solsticio de verano de 2023, un año, unos años en el que las inquietudes, los turbios acontecimientos y perspectivas parecían reflejarse en el cielo y que, a la inversa, en el cielo se enfrentaban, como los dioses mitológicos, fuerzas opuestas, sin suaves transiciones, conquistando, perdiendo y reconquistando cada cual sus territorios . Lanzaban quizás mensajes a los cuerpos de los humanos, blandos, perecederos y sumisos que se traducían en tensión, desazón, dolores, desconcierto. Pero los seres de abajo, frágiles como las hojas, no comprendían su lenguaje, buscaban respuestas en el pasado y en el futuro. Nunca en el presente y en sí mismos. Eran los bordes de la mala época, de los límites de huidas imprecisas y exhibición de falsos culpables, incluidos los seres inanimados, las lluvias, los rayos y las piedras Los hombres añoraban los sacrificios, los ofrecían incluso, con pertinaz, lenta y disimulada eficacia, haciendo penosa, ardua y desagradable la vida de los menos fuertes. Y todo era igual y nada era lo mismo.

En el borde mismo del solsticio Una nube brotada del cielo azul se rompió en miles de cristales, con el estruendo de un tambor de guerra, y cubrió con su nieve endurecida en las alturas el suelo, los aleros y las terrazas de las casas. Anteriormente aquel ejército, antes manso, algodonoso, se había alzado en sólidas columnas verticales, prolongado su cuerpo central con una banda semejante a una enorme estrella fugaz, cambiado su ruta acostumbrada, que ya no era de oeste a este sino a la inversa o hacia el norte desde el sur. Con una extraña e inquietante sonrisa a veces el cielo lucía, muy lejos del Sol y sin curvatura, un retazo de arco iris, otras se negaba una y otra vez a la limpidez propia de la época, tronaba como Júpiter en el horizonte augurando males imprecisos, exhibía calores cortados de repente por soplos de un aire otoñal.

 

 

Los augures hubieran sido felices de hacer coincidir los signos celestes con la caída del que se quiso, en un lugar llamado España, César del siglo XXI sin pasar de un gran remedo de cartón piedra empapado del combustible de la propia vanidad propio para atraer los rayos.

Eran días, meses, años irregulares, extraños. Algo había retrocedido al tiempo que se daban enormes saltos hacia el futuro y los antes astrólogos llegaban realmente a los planetas. Llanuras invisibles se iban llenando de corazones que no soportaron el ritmo de la carrera ni su propia exclusión. Alguien se levantó de la cama, en el pequeño planeta Tierra, desalojado de su sueño bajo la ligera sábana por un soplo de aire frío tan inesperado en el cálido comienzo del verano como el aleteo insistente de una golondrina en plena mitad de la noche. Fuera, de repente, una gran lluvia. El verano ha desaparecido, como el recio y crudo invierno, al que un pertinaz cielo arenoso mantenía secuestrado en una de las muchas cuevas dejadas vacantes por la retirada de los Inmortales

 

 

Desciende de las nubes que ahora se abren en abanico, en surtidor, la incertidumbre reflejo de la que corre por el suelo en pequeñas corrientes sin fundirse en caudal alguno. Y pasan, recortados por un lienzo bajo de blanco-gris, pájaros color tinta a razón de un cuadro por segundo.

Rosúa

06/7/23

11 de Marzo 2004-11 de marzo de 2023: Un éxito a largo plazo.

11 de Marzo de 2004-11 de marzo de 2023: Un éxito a largo plazo.

¿Quién puede decir, viendo la situación del país veinte años después, que el atentado en Madrid con bombas en los trenes el 11 de marzo de 2004 no ha tenido pleno éxito? En primer lugar para ETA,  que ha visto prácticamente borrados y exculpados sus centenares de asesinatos en plena democracia, que ha logrado el pequeño reino feudal cuajado de prebendas, regalías y súbditos amalgamados por la complicidad en los crímenes de la vileza vitoreada y asumida y disfruta, a costa del Estado Español, de la seguridad de un envidiable porvenir en puestos oficiales.. En segundo lugar para la larga, inacabada y sin duda inacabable lista de beneficiarios de contratos, ventas, cesiones, acuerdos, leyes, cargos y repartos de un país fallido, de los cuales sólo cabe esperar avidez y no lealtad ni competencia. En tercero la masa parásita local que precisaba imponer una ficción dual Buenos/Malos y lo logró con el monopolio de propaganda, anulación de la igualdad ciudadana y la imposición de leyes sobre el aprendizaje, la Historia, el pensamiento, la expresión, la lengua y la memoria. El atentado del 11 de Marzo de 2004 ha tenido, sin duda, un gran éxito. Las bombas en los trenes de la estación de Atocha han sido una inversión a largo plazo extremadamente rentable. Sin ella, y sin el volumen, cronología, metodología, gestión y utilización mediática del acto terrorista no se hubiera logrado casi en horas veinticuatro la apropiación del poder, el erario público, la legislación, la Educación, la Cultura y la regresión en fin, como tal, del país entero, hundido en la autocensura y presto a asumir la desaparición de libertad, derechos individuales y principios básicos constitucionales.

El pistoletazo de salida se dio inmediatamente después del 11 M, cuando la ciudadanía se vio empujada-pero no por ello irresponsable-a llamar asesinos, no a los autores de la matanza, sino al Presidente y partido elegidos democráticamente y a revertir su presumible reelección, en beneficio de los organizadores de la agitación. No hay precedente en país alguno de Europa, y otros, de que, tras un atentado terrorista, el pueblo haya culpado y atacado a su Gobierno legal. Esos 5, 6 y 7 de marzo de 2004 la población española se empapó del peligroso, por cuanto deja al receptor moralmente indefenso, licor de la vileza asumida. A partir de ahí el tejido de tribus sociales y locales, víctimas retrospectivas y defensores de la mediocridad irremediable ha ido deglutiendo cuanto de valioso el país podía, y debía tener. El botín ha sido múltiple: No hay corrupción, robo, fraude ni cohecho comparables al beneficio neto de la apropiación legal, blincada, ilimitada, indefinida de un país entero; de presupuesto, ingresos, nombramientos, leyes, prohibiciones, imposiciones, Educación, Cultura, modificación ad hóminen y ad líbitum de presente, pasado y futuro para convertirlos en sembrados y cosechas del grupo parásito, aupado en una masa convenientemente manipulada y enfervorecida con la levadura del miedo y el ansia de lapidar sin riesgo. En realidad, sin expresarlo ni expresárselo,  el nada valiente pueblo español estaba rindiéndose a los asesinos, ofreciéndoles las cabezas de sus gobernantes legales a los que había elegido en libertad y democracia, como haría a continuación, continuamente, en los años que siguieron, con los asesinos de ETA, su espesa maraña de cómplices y con cuantos mostrasen presión, amenaza, insulto y violencia contra el Estado y la Constitución legítimos. En un proceso en acelerado crecimiento durante los veinte años siguientes, aquellos días de marzo de 2004 sembraron un bien repartido botín de silencio originado en la inevitable y profunda conciencia de rendición y colaboración en la indignidad y aseguraron, con un martilleo que no cesaría ya jamás, la creencia en la falsa dualidad Buenos/Malos, Progresistas/Reaccionarios, Derechas/Izquierdas, grabada en el imaginario colectivo con la ansiedad  irracional del refugio identitario en la secta.

ETA ha salido probablemente ganador en el ranking de reparto de dividendos, con una situación estable que, aunque sea a largo plazo, sobrepasa quizás sus mejores esperanzas. Desde luego se le deben favores. Durante unas horas, dado su historial, fue presumible culpable, rápidamente exonerado luego en pro de islamistas oportunamente suicidados o diluidos en vagos espacios geográficos, sin que jamás salieran a la luz los autores intelectuales de un atentado de tal envergadura.

 

11 de Marzo 2004-11 de marzo 2023

 

 

La finalidad del terrorismo es el terror, lograr popularidad nominal infundiéndolo,  proclamar como victoria de un grupo concreto la carnicería cometida. En este sentido, es llamativa la ejemplar discreción de los supuestos dirigentes islámicos ideólogos de la matanza del 11 M. Los medios  no se vieron inundados de comunicados, vídeos, proclamas y exaltaciones reclamando su autoría. Se diría que éstos observaron con desdén lo ocurrido, que no les  interesó reivindicarlo y que, si había habido participación de alguna mano de obra musulmana, desdeñaron el detalle y se desentendieron de la paternidad del hecho, lo cual obviamente contradice la la lógica de versión oficial española de la autoría intelectual de un atentado de tal magnitud. Las pocas horas de hipótesis de culpabilidad de ETA fueron extremadamente útiles para acusar de mentiroso y manipulador al entonces Presidente del Partido en el Gobierno y así organizar rápidamente la campaña que permitió a sus adversarios, no ya ganar aquellas elecciones, sino ir fagocitando las estructuras esenciales del país entero sin que un público que había colaborado en la vileza de aquellos días de marzo y una oposición inerme e intimidada se atreviese a alzar la voz.

Quedan, siempre quedan, algunas voces, los hechos y el epílogo del panorama actual, veinte años después.

Rosúa

05/13/23

El terror de las hojas escritas.

EL TERROR DE LAS HOJAS ESCRITAS.

 

No es el pánico ante  la hoja  en blanco al que el escritor se enfrenta sino algo mucho peor que el de la angustia ante la pertinaz sequedad de las ideas y el desierto de la impoluta superficie del folio. Hay un terror infinitamente superior cuando el volumen de las hojas, en todo tipo, soporte y formato, nacidas prácticamente con ese ser humano, marcado para que en todo momento se tradujera su vida en palabras, rodean los últimos años de la que escribe, claman por la existencia, aúllan en cada rincón, esquina de la mesa, estante de la habitación. La condena de sentir la belleza, de percibir de cierta forma, de caminar hundiéndose cada vez en una profundidad no deseada, de observar el desarrollo y final ineluctables de lo que en la superficie es aún sólo tiempo presente es un exigente tirano contra el que no hay rebelión porque el hogar de las palabras, pensadas, escritas, pronunciadas en silencio, nítidas y cortantes como un cristal, son el único hogar que se conoce.

Ahí están. La huida es imposible. Son las pilas de cuadernos, las páginas cubiertas de trazos desde la infancia, la querencia tan celosa del extraño don de la escritura que cuando enviaba cartas pedía al receptor que luego se las devolviera. No ha habido un recodo ni en el espacio ni en el tiempo que las palabras, las hojas escritas, no hayan cubierto. Se han depositado, vivas, agitadas, nunca realmente olvidadas como debieran, en estratos de épocas y años que forman una exigente geología. Porque saben que se acaba el tiempo y la nada va ab riendo ya su boca para transformarlas en silencio. Ese silencio en que solamente sobrenadan, por un tiempo muy breve, libros y artículos apenas conocidos.

Porque las palabras escritas son, fueron, siempre han sido su único yo, desde la más temprana memoria y hasta hoy que navegan por las singladuras más desconocidas porque acechan los monstruos que devoran la memoria, que se sientan a aguardar que flaqueen los latidos del corazón para devorarlo en pedazos.

Quieren vivir. Las hojas escritas, el pavor de la página en blanco y negro, no se resignan a a la inexistencia, a la destrucción y el polvo del olvido. Reclaman, gritan, llenan el exiguo espacio de de la vivienda, resucitan de cajas donde dormían, no admiten nuevos aderezos, podas, amputaciones. Cada una, en su forma, en el engarce de su sintaxis, en su significado, es inamovible, se cree eterna, nació porque era la sustancia esencial de un ser humano, y sin embargo grita porque rechaza la cruda verdad de que nada humano mantiene su existencia.

Páginas, líneas, párrafos, palabras. Cada una en su imagen, en su sonido, en los huesos de letras que la forman es la rúbrica y firma de haber sido, son la llave de algo inalcanzable, apenas esbozado, que era sin embargo lo que valía más la pena. Ellas olfatean cuántos granos le quedan aún al tiempo, afilan como dientes los borden de sus hojas, la espiral de cuadernos de los viajes, los frágiles soportes posteriores de la era de metal sin permanencia.

Rechazan el sonido del barco que comienza lentamente sus maniobras de partida. Es un proceso minucioso, metódico, escalonado, las pasarelas comienzan a alzarse, suenan algunas sirenas, otros esperan turno, piden paso. El muelle de la vida, con cuanto ésta contenía, no se borra de súbito, se aleja por sectores, se difumina en niebla como la vista, disuelve la agudeza de sonidos, aleja del alcance los objetos, los seres, las pasiones, la ilusión, la alegría, la pena que se van alejando centímetro a centímetro como el muelle. El soplo de la orden de partida impulsa por instinto a alzar la vista a la inmensidad fiel, segura, del cielo, a recostarla en el lecho ilimitado, familiar, perenne, del ancho mar. Pero las hojas no quieren descanso, ocultan tanto la costa como el horizonte.

Ellas están ahí, a pesar de todo su densidad no admite que vaya retirándose la escala y la masa de folios se convierta en pura inexistencia. Las palabras escritas cada día de los miles de días se levantan en un muro que contenga el avance de las aguas oscuras y sin forma, Queda la última soga para el desamarre, el mensaje del práctico del puerto para que el barco zarpe ha sido dado, pero va sin prisas. Las singladuras mientras reclaman sus derechos, encerradas en cuencos de palabras que sueñan con flotar eternamente, vivir pese al naufragio, sobrenadar disolución y átomos, escapar en la onda que es el tiempo.

 

 

03/5/23

Una pequeña historia de un gran horror.

Una pequeña historia de un gran horror.

 

La chinita -inventemos un nombre, Li, en esta historia real acaecida en febrero de 2023 en unos grandes almacenes- atiende a la clientela, numerosa, de su país de origen en su lengua, y a los demás en español perfecto. Es menuda, eficaz, sencilla y amable. Mientras espero que termine con viajeras que parecen dispuestas a llevarse al Celeste Imperio buena parte de la cosecha de las rebajas, le digo algunas de las poquísimas frases en chino que conozco y se establece un delgado puente de curiosidad y leve simpatía.

Li es muy joven, no lleva maquillaje. El pelo peinado hacia atrás en coleta, dejando libre y pulido, como un talla marfileña, el óvalo de la cara animado por la negrura vivaz de los ojos; unos ojos sin miedo, sin ese movimiento sesgado típico de los sistemas totalitarios que vigila instintivamente un posible espionaje. Li está contenta y tranquila, le gusta hablar, no esperaba que una española conociera China y menos aún la China de otras décadas, no tantas, de la que su familia procede.

El barullo de gente  se presta a las confidencias, como el ruido de un mar que las sitúa a ambas en el anonimato de su oleaje.

-Mi familia vino de un pueblo pequeño del sur.

-Conozco la China que tú, afortunadamente, no has conocido. La de hace muchos años. Viví entonces allí. He viajado después algunas veces luego.

-Entonces era horrible. La hambruna…Mi familia…mis padres.

El Sol también tiene una cara oculta.

No fueron víctimas de una catástrofe natural, de fatales e involuntarios errores ni de una guerra. Lo fueron de las inapelables medidas del Partido dirigido por un Líder deificado: Mao Tse-tung.

Li habla sin miedo ni reparos, como se narra una pesadilla ajena. Quien vive la pesadilla es su interlocutora. La muchachita china continúa tranquilamente, y el espanto que relata, y que resbala por su rostro como agua por una piedra pulida, en ella, afortunadamente, no deja trazos, viene a hundirse en las cicatrices de la que la escucha y ha escrito sobre ello, la que, sin quererlo, se ha pasado la vida escribiendo sobre ello. Porque hay certidumbres que cuando se ven y se saben entran en la propia existencia y no salen jamás de ella.

Pero Li es feliz, se nota, están a salvo ella y su familia. Por eso puede zambullirse en la peor pesadilla, la que vivieron sus padres, sus abuelos.

-La hambruna. Cuando se intercambiaban los bebés para no comerse cada familia el propio. En el pueblo de mis padres. Muy horrible.

– Lo sé. En esa hambruna hubo al menos treinta millones de muertos.

-Más.

-Sí. Hubo otras, y murieron más millones.

-Es que, ¿sabes?, en China no se puede saber todo eso. No se dice, no está en la Educación, ni en los libros. Aquí, en España, es posible leer todo. Allí no.

La imagen del cuadro de Goya “Saturno devorando a sus hijos”· salta recurrente al cerebro de la que escucha a Li y compensa el espanto con la alegría de ver a esta muchachita china sana, contenta, con toda la vida por delante.

-Mi padre se vino primero, sabía un oficio. Luego mi madre, con la reagrupación familiar Tuvieron más hijos. Antes en China no se podía. Ahora tengo hermanos.

Quedamos en charlar otro día. Vienen clientes que piden colores y tallas.

Recorro hasta los lavabos y la salida la planta de los almacenes en un estado de nubosa ausencia, separada de los otros por algo más lejano que años luz, porque vuelvo del fondo del más negro de los mares, de lo que es aún hoy presente y no recuerdo. Aquí, en Europa, España 2023, aún se alaba al comunismo, aún se transita por una cárcel mental absolutamente impostada, y ficticia de Buenos y Malos, en la que viven cómodamente los parásitos de la más falsa y letal de las dualidades que les otorga carnet social de buenos. Y nada importa, nada le importa a nadie el inmenso saldo de millones de muertos, el peso abrumador de la evidencia, mientras ellos borran frenéticamente la Historia y se pavonean en galas, pantallas, columnas de periódicos.

En los escenarios, en los platós de tv y en los variados espectáculos podrían recitar a Hamlet, utilizando para ello uno de los millares de cráneos que se apilan en Camboya en recuerdo del genocidio comunista de buena parte de la población. Tendrían material donde escoger, todas las edades y tamaños, con la deseada igualdad de género que otorga la muerte. A éstos no pedirán sacarlos de la fosa los especialistas en vencer enemigos muertos.

Recuerdo, sé, recuerdo, consulté, vi, he sabido. Cada uno de los recolectores del peor árbol, el de la completa irresponsabilidad individual en los propios actos, cada uno de los que se nutren y han nutrido de la cosecha de las nueces totalitarias es responsable de haber ignorado esos muertos, esa destrucción de la libertad y de las almas, ese fango de grisura y esa gente devorando los hijos de otros en las hambrunas. Los cosecheros siguen en su afán, y no los ve nadie. La chinita es feliz, bendito sea. Ella sí.. Lo que dice sé que es verdad; he visto la cara del horror.

Saturno devorando a sus hijos.

Francisco de Goya.

Y atravieso los grandes almacenes, los modelos de ropa innumerables, las variadísimas comidas, salgo al amplio cielo exterior. Sin embargo Saturno por todas partes sigue devorando a sus hijos.

Pero….

Individuo versus tanque: Pekín, 1989. Cualquiera. Siempre.

Rosúa

11/30/22

El Castillo de la Bella Durmiente.

El Castillo  de la Bella Durmiente.

Las plantas habían crecido y casi ocultado la vajilla, para gran alegría de los ecologistas, las nubes permanecían estáticas en un eterno abril, las corrientes de aire habían dejado suspendidas, a medio camino entre techo y suelo, las vaporosas cortinas. En el palacio reinaba la mudez y los pajarillos, sorprendidos por el conjuro en su vuelo, habían caído sobre mesas y pavimento, sobre los que reposaban en suspendida animación. Aguzando el oído, podía percibirse el leve latido de los corazones, desde el rumor mínimo del palpitar de los jilgueros hasta el que fue redoble y quedó reducido a un golpeteo pausado en el pecho de los representantes de reino. Las palabras habían quedado igualmente detenidas en las bocas de los cortesanos y reducidas al puré dulzón resultado de asentir, activa o pasivamente, durante tan largo tiempo, a las órdenes de su líder.

El maleficio se había extendido desde la costa hasta la cima de la última montaña, aunque con efecto desigual porque los poderes de Funeralis Konfinátor disminuían con la distancia. Desde la torre, el señor indiscutible, rodeado de los cientos de trovadores que debían cantar sus hazañas, de los no menos numerosos consejeros áulicos y de sus recién nombrados dirigentes de los ministerios del Silencio Selectivo, de la Destrucción Solidaria y del Jolgorio Funeario, contemplaba la parálisis de sus súbditos con sentimientos encontrados. Había sido hermoso, y satisfactorio, el efecto del hechizo, la rápida, instantánea eliminación de todo movimiento impredecible, de cualquier palabra o gesto espontáneos, de la más mínima posibilidad de rechazo. Siempre disfrutó observando a cada uno de los habitantes del dormido palacio congelado en su postura, vestido con el mismo atuendo, incapaz de escoger ni una actividad ni un esparcimiento ni una compañía ni una prenda que de él no dependiera. Pero tenía una inquietud.

Su visir, Polpy, experimentaba con la situación tal felicidad que desde el comienzo del conjuro no había salido del éxtasis de sumo placer, puro erotismo ideológico, que le embargaba y erizaba sus miembros y sus cabellos. Era, prácticamente, la meta de sus sueños, más que húmedos de torrencial lluvia tropical. Ni una frase, ni una mirada, ni siquiera un pensamiento podrían surgir ahora sin su permiso. De sala en sala, desde el primer cortesano hasta la fregona de las cocinas, cualquiera estaría a su completa disposición con esa fidelidad que sólo se logra tras borrar o sustituir los contenidos de la memoria y del espíritu. Aún era, sin embargo, demasiado temprano. Por lo pronto, asistía a los periódicos letargos y despertares, les hacía, en cuanto eran capaces de ello, oír su voz, y era su rostro de los primeros que divisaban al abrir los ojos y el último que recordaban al cerrarlos.

A Konfinátor le inquietaba, empero, la progresiva falta de público que observaba en los paréntesis de vigilia que había programado regularmente a tiempos fijos, de forma que el palacio se animase, aunque de manera controlada, para su aparición triunfal, locuaz, extensa, prolongada con una cabalgata extramuros y actividades que dependían de la programación. El reloj dio la hora en la fecha indicada. El Líder descendió con los suyos para el paseo-homenaje acostumbrado por las salas, patios, jardines, edificios adjuntos y cotos adyacentes en los que había dividido, tras haberlos cuidadosamente señalizado, su palacio y también, su reino. En todos ellos, y repetidos de manera bien visible, grandes carteles e indicaciones de paso franco y de prohibido marcaban los espacios benéficos obligatorios y los maléficos abominables.

Sonó, pues, la hora en el reloj sincronizado al efecto. Los súbditos, apenas despiertos y desacostumbrados a la luz, fueron inundados con trompetas y timbales que anunciaban al Jefe, junto al que caminaba, a la par que Polpy, su mago, el minúsculo pero estruendoso y siempre amenazador Señor de los Hechizos, venido desde la Mar Océana y encargado por Funeralis Konfinátor de mantener durablemente a los vasallos en el lugar que les correspondiera y de hacerlos deambular sólo en las zonas señalizadas como izquierda con el firme convencimiento de que allí exclusivamente se encontraba el Bien, mientras que en los opuestos, derecha, no había sino llanto, sombras y todos los males sin mezcla de bien alguno, por lo que, de caer en ellos, en vez de sueños tendrían pavorosas pesadillas.

Los vasallos, entumecidos y deseosos de dar al menos unos pasos en el espacio exterior, se guardaban  de hacer objeciones, pero observaban en cuantos veían, vecinos, familiares, conocidos, desconocidos, algo extraño: Las caras, cada vez de más gente, cada vez de individuos distintos, se volvían blancas, enseguida transparentes, y a continuación el afectado desaparecía, ya no estaba allí, súbitamente, dejando tan sólo un hueco, sin que ni Konfinátor ni su visir ni acompañantes repararan en ello ni le dieran importancia ninguna. Ahora era el compañero de mesa, a continuación la mujer que venía con platos, luego el grupo de ancianos que se habían puesto a jugar a las cartas. Simplemente, de un minuto a otro ya no estaban ahí, y luego en su lugar aparecía un trozo de papel diciendo que era un proceso natural, aunque nuevo, y que ya no volverían a materializarse nunca ni valía la pena que lo hicieran porque sobraban en el censo por edad, enfermedad o desdén hacia el Líder. Podía que fuese natural en efecto, se decían los habitantes del palacio y de las calles circundantes, puesto que el señor y sus huestes jamás parecían reparar en ello y que, cuando a alguien muy cercano se le volvía blanco el rostro, luego transparente para al final difuminarse por completo, lo ignoraban como si jamás hubiera existido y continuaban la conversación con su más cercano interlocutor.

Los habitantes del palacio, y los de la villa, desaparecían a miles. Uno y otro día, se multiplicaban las caras repentinamente borradas y reducidas a una superficie lívida y lisa, que flotaba unos minutos sobre la transparencia del cuerpo hasta pasar a la nada absoluta. Quien intentaba reaccionar, quien reclamaba a su madre, a su hermano, a su vecino, pero eran tantos los que faltaban y tanta la indiferencia de Funeralis, su visir y su numeroso cortejo, que el vulgo nada podía hacer y, sobre todo, nada parecía que pasase; ni siquiera se comentaban las noticias. Volvía el resto a sumirse en su profundo sueño, el señor y los suyos regresaban a su torre, a donde apenas llegaban los llantos y noticias del suelo, y descendía sobre los pisos inferiores del palacio, como una niebla de un blanco parecido al de las caras, el silencio general.

Para encauzar debidamente, por el camino de la adhesión al Líder y el entusiasmo, los potenciales llantos y protestas, en la torre del homenaje ondeaban, cada vez que Konfinátor Funeralis, su visir y huestes paseaban por el recinto y cabalgaban por los alrededores, pendones variados y festivos, verde, rojo o morado con lentejuelas unos, arco iris otros, blanco con la V dorada de la victoria en abundancia, puesto que a más millares de ciudadanos difuminados en la nada más se concentraba la adhesión a Funeralis en los restantes  del sector adolescente e infantil en el que el Gobierno, presidido por Presidente, Visir  and Co,. pensaba afianzar su durable reino.

-Han desaparecido entre ayer y hoy mil doscientos de vuestros súbditos, amado Líder- vino a informarle solícito el Coordinador de sus asesores.

-Muchos son. Tal vez al Señor de los Hechizos se le ha ido un poco la mano-

Konfinátor Funeralis frunció el ceño, con moderación porque se había especializado en ofrecer una imagen de belleza pétrea, inasequible al desaliento y, por el contrario, plena de confianza y euforia. Por lo tanto ordenó inmediatamente:

–¡Que icen el brillante pendón y tiren confeti!

De la torre descendió una alegre nube de papelitos de colores que el Líder se apresuró a espolvorear también sobre sus hombros y pechera para que no cupiera la menor duda sobre su optimismo e identificación con la victoria, la felicidad y el bien. Al tiempo se escucharon sevillanas alternadas con una música triunfal en parte bélica y en parte adaptación de “Soy la reina de los mares”, favorita de la esposa de Konfinátor.

– ¡Más alegría! Más situación excelente. ¡Que se vea el gozo que reina en Palacio y que las bajas no son sino errores de cálculo en el censo!

dijo Funeralis. Y luego añadió en voz baja y despectiva, por encima del hombro, sin volverse, al lugarteniente más cercano:

-Nada que aluda a factores negativos, nada. Contraataque, vestimenta de contraataque.

Hubo entre los fieles del Líder más cercanos cierta lucha sorda por conseguir ser el primero en ofrecer a su Jefe lo que deseaba. Varios corrieron hacia el almacén de vestuario dando órdenes a gritos. Finalmente el más rápido se presentó jadeante ofreciéndole en una bandeja el chaleco repujado de las festivas celebraciones, que incluso relucía en la oscuridad. Konfinátor cuidaba en extremo su apariencia y disponía de una abundante colección de tales prendas, cada una adecuada al momento. Su visir Polpy le imitaba en sentido opuesto, con lo que llamaba acercamiento a las gentes, y lucía vestimenta de variada y cuidada pobreza pero de materiales de calidad, que conjuntaba con los turbantes que le habían sido enviados, como presente fraternal, desde Persia y que lucía con orgullo para subrayar su rechazo del sistema y Continente opresores en los se hallaba.

No bastaba, se dijo el Líder. Y ordenó que se organizara una gran fiesta, con nutrida asistencia internacional, de forma que se difundiera que, lejos de estar sumido en el letargo y diezmado por el mal de las caras blancas, en su palacio reinaban el bienestar y, pese a los millares de desaparecidos, la alegría de estar bajo su mando. Su dilecta esposa, que solía en las apariciones en el vehículo descubierto, sostener sobre la cabeza de su marido una corona de oro sustraída al museo arqueológico mientras le susurraba:

-Recuerda, querido, que eres un hombre. ¡Y qué hombre!

sería la encargada de organizar el festejo que daría un tono festivo a la baja diaria en el número de sus súbditos y distraería la opinión del enojoso recuerdo, e incluso llanto perceptible en escasos sectores que se resistían al letargo y hacían esfuerzos titánicos por mantener los ojos abiertos.

Y como se dictaminó se hizo

Se dio la gran fiesta, con proclamas para que acudieran los más representativos dirigentes de los países limítrofes, así como nutridos contingentes de heraldos, trovadores, aedos y asesores áulicos. Sin embargo la concurrencia final resultó menor que la esperada y, para completarla, hubo de recurrirse a la movilización de familiares, allegados, amigos, simpatizantes y primos hasta el tercer grado de los cortesanos de Konfinátor, y hubo también que echar mano del numeroso harén, suegras, suegros, cuñadas y odaliscas en lista de espera de Polpy, que practicaba la poligamia inclusiva como muestra de hermandad con los usos y costumbres de sus fraternales aliados contra el Gran Satán del Oeste.

La fiesta fue ruidosa y polícroma. Las señoras lucían, según consigna establecida, cada una un vestido de los colores de la bandera de un país, y Funeralis deslumbraba con su brillante chaleco rojo recamado de luces navideñas. Cuando alguien preguntaba sobre la extraña dolencia de las caras blancas que, se rumoreaba, diezmaba su reino, él simplemente encendía las brillantes luces de su atuendo y pedía a la orquesta que tocara más fuerte. Luego se marcaba unos pasos de danza con la Primera Dama, que había elegido para la ocasión toga blanca de fina seda con bordados de obeliscos y antorchas en pedrería, sandalias a juego atadas con cadenas de platino y tocado de gran diadema de áureas puntas rematada cada una por un brillante de considerable valor.

Corrían los licores, más generosos cuanto que la reducción en el número de súbditos había mermado las cosechas, pero también disminuido, junto con el aumento de los impuestos, el número de consumidores, por lo que Konfinátor ordenó que se bebiera y comiera sin tasa y se sacaran de las bodegas los mejores caldos.

Así se hizo. El aumento de volumen de la música y el del número de las copas marchaban a la par. A los que permanecían en profundo letargo en los salones llegó el estruendo, multiplicado por los ecos que en las vastas estancias ya iba dejando la ausencia de miles de víctimas del mal de las caras blancas. Tantas eran éstas, de las que no se hablaba jamás, que por el vacío resultante se establecieron, en aquella noche tormentosa de nubarrones a los que los asistentes al festejo no prestaban atención, grandes corrientes de aire por las puertas y ventanas abiertas e iluminadas para la ocasión con el fin de mostrar prosperidad y transparencia. El reloj de la señal cayó de la estantería envuelto en la cortina por efectos de una furiosa ráfaga. Sonó su timbre, ahogado por la música exterior. Los durmientes comenzaron a abrir los ojos, asombrados al no encontrar a los vigilantes y conductores palaciegos acostumbrados, ni, en su podio, al Líder acompañado de Polpy y del vociferante Señor de los Hechizos.  Se incorporaron. El viento arreciaba y había tumbado, arrastrado, arrinconado las señalizaciones que estaban obligados a seguir. Ya no existían caminos ni estancias “izquierda” “derecha”, deambulaban en pleno desconcierto, poco a poco sustituido por una extraña sensación mezcla de alivio, libertad y dolor porque comenzaron a sentir agudamente los huecos que había dejado en sus vidas el mal de las caras blancas, empezaron a dudar de todo, de las palabras de Konfinátor, de los rumbos marcados por Polpy, sus bien pagadas huestes y sus heraldos, descubrieron que las señalizaciones no habían existido desde toda la eternidad sino únicamente por conveniencia de los que las usaban. Entonces consultaron listas, comunicaciones de desaparecidos que yacían en el fondo de cajones o apiladas en un arcón, sumaron números, cotejaron nombres. Y sintieron el dolor de la irremediable ausencia cuando pusieron nombres a aquellas cifras y las asociaron con los que echaban en falta, con aquéllos que para quien los recordaba no tenían edad ni debían haber sido empujados al vacío, y los unieron a las circunstancias que rodearon a su desaparición, al gran silencio que los envolvía, los desechaba, los había reducido a gruesos fajos de folios de los cuales hallaron algunos a medio quemar en la chimenea.

Con los ojos ya muy abiertos, y mientras fuera seguía la fiesta, arrojaron al fuego los antiguos carteles que les marcaban direcciones y territorios, y compartieron, sentados junto a la lumbre, su pena, su ira y la vigilia y fuerza que el dolor mismo les daba y que era lo contrario al sopor y la resignación. Entonces fueron hasta las ventanas abiertas de par en par, cambiaron las luces de manera que se fijara desde el exterior la atención en ellas y comenzaron a arrojar a los que estaban abajo cuanto sobre los desaparecidos habían encontrado, nombres, papeles, pertenencias, cuadros. Luego añadieron las vestimentas talares del Señor de los Hechizos, los carteles todavía no incinerados, el podio de Konfinator y la exquisita maqueta de la nueva mansión de Polpy que éste mostraba únicamente a los íntimos en contadas ocasiones.

La fiesta con representantes extranjeros no evolucionó como el Líder había esperado. Ni las generosas raciones de alcohol ni las promesas de partidas de caza y largas entrevistas exclusivas con Funeralis tuvieron efecto. Por el contrario, los reunidos recogieron con avidez lo que se les arrojaba, lo leyeron, comentaron formando grupos. Unos pocos primero y luego muchos decidieron entrar en el Palacio e interrogar a los legendarios durmientes que habían dejado de serlo y cuya historia corría en voz baja de boca en boca. El público cambió de composición, entraron personas del exterior que se unieron a los grupos y comentarios, salieron otros del palacio. Konfinátor y los suyos dejaron de ser el centro de atención, de tal forma que las luces del brillante chaleco se fundieron, la música de un ritmo desconocido apagó el discurso que intentaba declamar Polpy, el Señor de los Hechizos yacía en el suelo víctima del abuso de los caldos de marca y algunos habían hallado en la torre del Palacio, junto a una hermosa durmiente de fino mármol, un libro previo al letargo en el que se describía la anterior situación del reino, la cual, para gran sorpresa de los lectores, no era la del todopoderoso Mal balizado por la obligatoria señalización.

Konfinator andaba de sala en sala, seguido por los fieles de su corte, pero todos comenzaban a tener una terrible impresión de no existencia. Era mucho más angustioso que cuanto habían temido: Agresiones, sublevación, atentados. Los ignoraban. La mujer de Konfinátor corría tras su marido intentando, todavía, sujetar sobre su cabeza la corona de oro y susurrarle las palabras de rigor, pero era inútil y alguien se la arrebató al pasar y le dijo cortésmente que era para pagarse las honras fúnebres de uno de sus familiares. Los cortesanos comenzaron apresuradamente a intentar cambiarse de bando, pero no encontraban la señalización habitual y pasaban errabundos de una a otra sala, sin líder ni distinguir, a falta de los mantras automáticos acostumbrados, la dirección hacia el nutricio y seguro recinto de la tribu, ya como ellos mismos inexistente. Se rumoreó que Konfinátor había intentado iniciar una defensa homérica desde la torre pero que se lo había pensado mejor y se dirigía a caballo a la confortable mansión campestre de su mujer. Enseguida corrió otro rumor: Un vasallo del común, de los que habitaban extramuros pero tenía parientes en el interior del recinto de los que nada sabía hacía varias lunas, quería a toda costa hacer llegar a Konfinator un pliego de rogativas y agravios, en un desesperado intento de averiguar si el mal de las caras blancas había borrado a los suyos de la existencia. Sabedor de que el señor del palacio jamás permitía que se citara la desaparición, vulgo muerte, de persona alguna, surgió ante él repentinamente agitando su escrito mientras con la otra mano sujetaba las riendas del caballo. Funeralis, que estaba convencido de ser invulnerable, recibió el extenso pliego (porque las víctimas eran muchas) en pleno rostro, perdió el control de su cabalgadura, se produjo, con la brusquedad de sus movimientos, un cortocircuito en las luces de su chaleco de gala, que, perdidos los alegres colores, pasaron a parpadear en blancas ráfagas que iluminaban espectralmente en la oscuridad su rostro. El vasallo exclamó espantado:

– ¡También vos tenéis el mal de las caras blancas!

Y, al ver que Konfinator, perdido todo control pero aferrado con ambas manos a la dorada espuela, era arrastrado por la bestia, corrió hacia el palacio para dar a todos la buena nueva.

Respecto a Polpy, su equilibrio psicológico no había resistido la destrucción de la primorosa maqueta de su vivienda. Vagaba de sala en sala intentando convencer a cuantos se prestaban a oírlo ora de que era el Mesías Igualitario enviado para sustituir a Konfinator, ora de que sus genes procedían de Sansón, puesto que su fuerza radicaba en la maravillosa mata que cubría con su turbante, vigor del que, además, daban testimonio sus numerosas concubinas. Finalmente se subió al sillón regio dejado vacante por el Líder y, en pie sobre el asiento, procuró inútilmente atraer la atención. Nadie reparó en él. Polpy fue deslizándose hasta el suelo, pensó en la maqueta destruida de aquella mansión en la que había puesto sus esperanzas, tuvo un ataque intenso de melancolía, se enjugó con el turbante una furtiva lágrima y, antes caer en un sopor profundo, se dijo mirando a los que hubieran debido ser sus seguidores:

-No me merecen.

Había en las estancias del palacio un festivo desorden, muy distinto al que antes había reinado en el exterior, un ambiente agridulce, un hervor de comentarios y búsquedas, como si hubiera mucho que mirar y jornadas que recuperar con febril vigilia.

Alguien tropezó con un reloj roto.

Rosúa

 

11/30/22

El Último Viejo

El Último Viejo

El joven soñó. Estaba libre, libre al fin de la presión del medio social, de aquellos sectores retrógrados que, pese a las directivas de selección programada y a las explicaciones sobre la oportunidad de la medida, se resistían a generalizar la norma. En el reino libre al que se abrían sus párpados cerrados podía aspirar a lo que quisiera. Soñó que despertaba y veía ya realizados sus sueños. La calle era hermosa, recorrida por cuerpos sanos y fuertes coronados por rostros lisos, ojos vivaces y sonrientes y cabello espeso peinado o rapado de diferentes maneras. Correteaban niños sacados de paseo por simpáticas parejas. Todos vestían con ropas de buena calidad agujereadas o desgarradas según la moda y se oían, en los variados tipos de reproductores, canciones clásicas, es decir, de hacía dos o tres años, y la catarata de las nuevas, sin que arruinase la espontaneidad de la innovación cotidiana la intrusión de obras polvorientas, melódicas, sinfónicas, antes incrustadas en la memoria popular como hitos obligatorios. A veces se difundían por el canal oportuno breves relatos, fulgurantes, emotivos, nunca constreñidos por comparaciones farragosas con un tenebroso pasado de estanterías repletas de polvorientas páginas.

De vez en cuando el Consejo Rector del país hacía referencia a lo que, según los días fueran pares o impares, se ofrecía como Relato Histórico y Antiguos Enemigos del Bienestar General, porque, dada la edad media de la población y la  escasez de elementos vivos que sobrepasaran la mediana edad, desde que se llevó a cabo seriamente la selección programada la memoria se había ido difuminando junto con los ancianos de cincuenta o más años y los libros, de manera que se había simplificado extraordinariamente el gobierno y los líderes no temían caer en ninguna contradicción ni desmentido y reinaban felizmente sobre multitudes carentes de recuerdos. Cuanto dijeran del pasado o del presente siempre sería cierto y todas sus disposiciones, que incluían la prolongación de sus poderes máximos, estarían justificadas por los grandes peligros y crisis de los que en su momento ellos habrían salvado a la población.

Lo que más le gustaba al joven era la abundancia. Desaparecida la masa que, como un vampiro, sorbía y acumulaba bajo su piel arrugada y senil los recursos, medicinas, alimentos y excelentes puestos de trabajo, se respiraba el aire puro de quien llega a la cima de una montaña que emerge sobre la cargada atmósfera de ciudades hundidas bajo el peso de su propia ruina. Soñó que, reconfortado por la carrera que había emprendido sin que se interpusieran a su gimnástico y veloz paso peatones torpes, se dirigía al edificio acristalado donde prestaba sus servicios en las salas de selección cronológica. Había que estar muy al tanto porque aún había pendiente una larga tarea de trillado y los sujetos que iban pasando no siempre ofrecían la colaboración debida y, ora falsificaban sus documentos de identidad, ora se maquillaban, teñían y vestían para aparentar edad inferior a la fijada como máxima permitida. Tiempo de gran prosperidad para los cirujanos plásticos, de cuyas intervenciones había gran demanda y ofertas tentadoras en el mercado telemático. Rejuvenecer en apariencia no era fácil ni barato. Sin embargo garantizaba, si se tenía la suerte de pasar por una revisión de edad superficial y apresurada, un plus de esperanza vital.

Pero había un problema: Los buenos cirujanos, dentistas, ingenieros, arquitectos, comenzaban a tener sus años, lo más fresco y nuevo ofrecía hermosas flores pero no siempre nutritivos frutos, y el joven lo descubrió al despertase, cuando, por un inoportuno pinchazo en el molar izquierdo, hubo de introducirse en el reino de la fealdad. Con la dirección que un colega le había proporcionado bien guardada en el bolsillo de su chándal, cubrió con trote elástico la distancia hasta unos edificios alejados, entró, subió ágilmente las escaleras despreciando, por supuesto, el ascensor y a los que lo utilizaban, llamó a la puerta, explicó su caso. Sabía que, en la planificación de la trilla cronológica de la población, se habían dejado, provisionalmente, islotes de permisividad, por razones de emergencia práctica. Le pareció bien. Ya iba siendo hora de que el aún considerable sector parásito al que la población activa se había visto condenada a mantener hiciera algo útil.

Le sorprendió que le recibiese primero alguien de edad todavía admisible, quizás no había cumplido los cuarenta. Luego entró el médico dentista y entonces supo que el ayudante lo era para aprender y practicar. El joven paciente dominó la ligera repugnancia que le producía ver tan de cerca el rostro envejecido, sin embargo, a los pocos minutos de trato y explicaciones, mientras hacía efecto la anestesia y se enjuagaba, observó que había desaparecido su rechazo y que en realidad ya no veía al dentista como perteneciente a un grupo cronológico sino sólo al individuo que le trataba y con el que al final acabó manteniendo una animada conversación. Surgieron temas en parte conocidos pero muy distintos en otros casos de cuanto constituían sus recuerdos y su experiencia propia. Le parecía adentrarse en un planeta simétrico pero complementario del suyo. Hablaron también de regiones, de barrios en los que ocurrieron sucesos de los que él tenía ecos vagos. Y nombraron a gente que había pasado la línea de la selección programada y desaparecido, pero no en las clínicas dispuestas al efecto sino socialmente, huida trasladada sin atenerse a consejos oficiales y trámites, a lugares alejados de sus domicilios, a veces conservada por quienes, en su entorno, se negaban a que se dispusiera de ellos. El joven había respondido siempre a los que estudiaban los casos que se trataba simplemente de un fenómeno conservador, de cierta avaricia que llevaba a retener a los ancianos como quien mantiene en su casa un mueble o un jarrón antiguos. Él mismo, que había vivido con un grupo de escolares y luego adolescentes, era ajeno a aquellos apegos a las ramas caducas de necesaria poda para el árbol, pero podía comprenderlo. Sin embargo durante esa charla, que se prolongó más de lo previsto porque ningún otro paciente esperaba, se sintió en un plano de igualdad, con el médico viejo y con el otro.

Mientras esperaba que le escribieran unas recetas, observó, entre revistas de fotos de puro entretenimiento, unos folletos. Ya era raro encontrar comunicaciones impresas, aunque seguían existiendo. Cogió uno: La apuesta de la especie, rezaba el título.

-Llévatelo- le dijo el ayudante, que salía porque había terminado su jornada.

Caminaron juntos. Se sentaron en un banco y el aprendiz de dentista le comentó el contenido.

Ya en su habitación, con una excitante sensación de clandestinidad, el joven fue leyendo:

En la evolución se va seleccionando a los más fuertes. Pero la especie humana es peculiar. Ha apostado por el cerebro, por la memoria, por el individuo, por los afectos, la inventiva, los cambios. Y empezó pronto, cuando en las cuevas alimentaron a los que ya no cazaban, pero sabían los sitios de caza y agua, cuando contaron los de más edad a los otros largos cuentos.

Siguió leyendo, pero se durmió enseguida. Ya el molar no le molestaba, pero tenía que volver a la consulta.

Tuvo otro sueño: Caminaba por la ciudad poblada exclusivamente por rostros juveniles. Al anochecer, en un parque que tenía una extensa zona de rocas artificiales vio, en la imitación de cueva, una ligera luz. Se acercó. Y allí, en en fondo, había un hombre mayor que calentaba algo en la brasa. Aquel hombre lo miró y le pidió inmediatamente:

-Calla. No me delates.

– ¿Quién es usted? –

-Soy el último viejo. –

El joven se despertó. Y esta vez no había sido un sueño. Fue una pesadilla.

 

 

 

 

 

 

11/6/22

Una vaca entre nosotros.

Una vaca entre nosotros

 

-¡Es una lady!- confió la nueva portera del inmueble a una vecina, compartiendo con ella su admiración y descripción de la señora que acababa de pasar, dejando a su paso, como reza la canción latinoamericana, un rastro de lisura y del perfume que en su pecho llevaba.

Sensible y avezada a las apariencias de los inquilinos y a su propio gusto por el buen vestir, repitió:

-¡Es una lady!

Y lo era. Lady X llevaba en aquella ocasión, y en todas, vestido de fiesta, que la ignorante plebe hubiera calificado de bodas y bautizos, y que en ella a ninguna hora del día resultaba impropio porque lo distribuía en una percha corporal imponente y alta, sin llegar a resultar fornida, lo manejaba, con sus encajes, veladuras, brocados y joyas, con la natural gracia y hábito con los que una flamenca domina en el tablado su bata de cola. Pisaba fuerte y rápido y dejaba que el amplio escote lo coronasen rubia melena, blanca piel, ojos de agudo mirar que siempre, cualesquiera que fuese su color, parecían claros, azules, grises o verdes, cuando dirigían al interlocutor un vistazo de inconsciente dominio, el de quien sabe y acostumbra a transitar entre los afanes de los angustiados por las cosas y deja planear sobre su cabeza sin que desciendan, prohibiéndoles con un gesto el aterrizaje, los aviones cargados de preocupaciones y disgustos que pueblan el espacio aéreo de lo cotidiano.

Lady lo era por instinto, lo poseía, no por genética ni nombramiento sino por palmito, educación y costumbres. El título parecía impreso de alguna forma en ella y cuanto la rodeaba. El cristal, raso, mármoles y oro formaban parte de su hábitat. Y, lo mismo que las rimas de Bécquer son, amén de bellas, inimitables porque bordean, sin traspasarla,  la frontera del territorio de lo que en otro sería insoportable cursilería, en ella no se rozaba la línea sutil donde, sin remisión, se extiende más allá el lujo insoportable del hortera rico. Venía, y vivía, en ese plano por el que, como en las nubes, transitan las clases altas, de familias y amigos de sólido patrimonio e importante actividad profesional, avalado en su caso por diploma y trabajo cotidiano, con el telón de fondo de vastos jardines y mansiones. Nadaba con tarjetas VIPS en aguas de buques insignia urbanos que fondeaban en hoteles de cinco estrellas, con la tripulación de colegas y servicio. Conocía a la perfección sus portulanos, distinguía, y evitaba, a los piratas, veía lo necesario, y los necesarios, para moverse en su mundo. Los demás pertenecían a otra, necesaria en algunas ocasiones y generalmente invisible, realidad. Iba a la oficina, Atendía a sus próximos con instintiva fidelidad tribal. Escapaba a veces en navíos de placer.

La señal

Sobrepasado ampliamente, il mezzo del cammin della sua vita, cuando ya los años han dejado en los que planeaban sobre su cabeza un saldo de aviones negros -el habitual peaje familiar, conyugal, físico que se paga por cumplirlos- y se ha impuesto el sentido de realidad, muy fuerte en lady X, de raspar la felicidad ocasional de cada día, ocurrió lo inesperado, el amor tardío con todo el esplendor de las rosas de otoño, el cambio, la pareja, el futuro que de repente existe. En un marco perfectamente clásico: Un crucero.

 

Al ritmo del mar y de la luna

En el barco para la cena se vestían ellas de largo, ellos de oscuro, gemelos, chaqueta y pajarita. Lady X brillaba con la desenvuelta elegancia que dan el hábito y mejores firmas en la ropa. Él, Mr. W., compartía con ella dignidad y porte y tenía el atractivo de lo opuesto, del inglés social y laboralmente preocupado y activo, de extracción humilde y evangélica sensibilidad ante la indigencia acompañada de  indiferencia similar a lo ajeno a su mundo. El pasado del uno y de la otra encajaron como piezas que se ensamblan naturalmente, por coincidencias de sus respectivos peajes negros pagados por ir cumpliendo años. Lenguas, costumbres, relaciones, ambientes fueron secundarios. Nada que salvar no pudieran aviones, coches, voluntad, llaves de ambos domicilios. Juntos, a partir de entonces. Porque había ocurrido lo impensable, la pareja para el resto de la vida, fuese ésta corta o larga, y la realidad es la que se hace. Amor, amor, amor.

Los destinos se cruzan

Hasta que un día se alzó entre los dos un serio enemigo.

La adaptación a ambos medios, inglés e hispano, había requerido buena parte de la discreción y flema británica, y no menos filigranas sociales y en el estilo diario por parte de la lady. No se dieron realmente batallas y si conato de alguna hubo fue ganada en su mismo comienzo. Hasta que la pesadez del animal se cruzó en su camino.

Los transportes aéreos, que en su momento fueron una grata experiencia, tiempo ha que han derivado en calvario: Larguísimas esperas, anónimo mercado de precios, sumisión a inspectores y a imprevistos, extensiones kilométricas sembradas de pantallas y ajenas al contacto profesional humano. A Mr. W. le llegó de su país una perentoria citación profesional para una reunión física ineludible. Lady X descubrió con asombro que por un billete de avión a la población natal de él se pedían cifras astronómicas y, con indignado sentido económico, se negó tanto a pagarlas como a quedarse ella en tierra. Volarían juntos. Para ello encontró, escala y malas conexiones mediante, un vuelo en KLM con el que, finalmente, inseparables, llegaron ambos al lugar.

Pero la vuelta….

También ella tenía compromisos laborales. Era imperativo regresar como previsto. Y ahí empezó el asalto a la fortaleza de su amor. KLM modificó el vuelo diez minutos antes de salir hacia el aeropuerto.

-No importa. Venceremos, llegaremos, los demandaremos- aseguró, y se aseguró lady X. En peores plazas habían toreado en su ajetreada vida juntos.

Pero la alternativa era volar desde Londres. Se precipitaron a la estación para coger un tren.

-Vamos en primera.- Lady X se recogió el borde de la falda, de fino estampado y corte, decidida a esquivar a los muchos que parecían  igualmente empeñados en sacar su billete.

Mr. W. era de natural reposado, flemático y afable, solía adaptarse y condescender sin mayor esfuerzo, pero esa vez estaba en pleno en su territorio, el de la lucha cotidiana de los trabajadores en la estación inglesa de un pueblo inglés otrora más próspero que cumplía el rito laboral del largo desplazamiento. Mr. W. sintió que debía mantener su conciencia de clase. Y se negó a coger billetes de primera. Había que llegar a Londres, y a España.  Ningún otro transporte ofrecía alternativa alguna. Irían en el tren como iba todo el mundo, sin VIPS  ni tarjetas oro. Como cualquiera.

Descubrieron que el tren estaba atestado de viajeros, que rebosaban de ellos todos los vagones. Ningún asiento libre. El trayecto de horas habría que pasarlo de pie.

El agraciado y bien cuidado rostro de lady X había adquirido una inusual calidad pétrea que desconcertó al bondadoso Mr. W.

-¿Estás incómoda?- osó preguntar.

No hubo la cariñosa, y comprensiva, respuesta habitual. Sólo una mirada de glacial desdén hacia el espacio que ellos dos y su equipaje, sorteado por los que iban y venían a los servicios, ocupaban en el atiborrado pasillo. Tras unos, largos, minutos ella pidió y examinó los billetes de segunda clase, y se los devolvió como quien espera en el póker la jugada siguiente de su contrincante.

 

La temperatura emocional aumenta, peligrosamente.

Había apuesta. Mr. W., aunque realista y poco imaginativo, vio dibujarse en su cerebro una escena de naufragio que se superponía a la romántica noche en el crucero. El barco, en forma de incómodo tren, se hundía en las oscuras aguas de la banal desdicha cotidiana. ¿Perderla a ella? Jamás. Bracearía, de vagón en vagón, en busca de un bote salvavidas.

-Pregunta al revisor si hay, pagando la diferencia, asientos en primera.- indicó lady X, dotada siempre de buen sentido práctico, cuando lo vio partir, viva imagen del desconcierto.

Encontraron.

Ella estaba cansada, mucho más que de costumbre porque tras una jornada laboral intensa antes de dejar Madrid la esperaba otra igualmente dura al volver y le había fallado, como el peldaño de una escalera, el orden, pago mediante, que siempre solía dominar y con el que contaba para navegar diestramente por una vida con múltiples focos que requerían atención. Había acompañado, en un viaje de última hora que se había revelado azaroso, a Mr. W. a su ciudad natal inglesa, que no se distinguía, cerveza aparte, por especiales atractivos turísticos. Sufrió luego la afrenta del cambio en el vuelo. Se movía en el espacio del Derecho, reclamación y demanda. Con su eficaz sistema de reacciones rápidas, se sabía capaz de vencer los imprevistos. Y entonces se encontró con la negativa absurda de Mr. W. a sacar billetes de tren de primera clase, en una especie de declaración solidaria de apoyo social a la masa que atiborraba el tren.

Sólo al advertir la dureza nada usual de su rostro adquirió él conciencia del peligro. Convivencias, amores, matrimonios son edificios con múltiples  pisos, balcones, paredes, cañerías y puertas. Diariamente hay grietas, fisuras, cables que precisan revisión, humedades que afloran, fatiga de materiales. Y la corriente amorosa no siempre calibra adecuadamente peso, dirección y probabilidades. Sentados, al fin, en un vagón de primera, ambos observaron la hora y verificaron el tiempo, bastante justo, entre su llegada a Londres y la salida en el aeropuerto.

En el ambiente, pese a la temporal solución, vibraba  en sordina un rumor, aún soterrado, de peligro, el crujido que pone sobre aviso al habitante de una casa con presumibles problemas estructurales que aflorarían con el tiempo. La vaca aún no lo sabían pero estaba por llegar, como ese toro peligroso que es el último en salir de los toriles. Miraron por la ventanilla para no mirarse mucho. Se había roto la mortecina capa blancuzca del cielo y ahora navegaban por él algunas nubes espesas con forma de navíos que se rozaban y separaban sin alejarse ni superponerse. Tal era su relación, como tantas otras. Afortunadamente ellos dos no planeaban en el mismo nivel ni compartían formación ni origen. De haber sido así su amorosa relación nunca hubiera prosperado, habrían surgido, inevitablemente, confrontaciones de intereses, luchas por territorios, diminutos pero los más importantes: los que determinan la vida cotidiana. Podían deambular, sin enfrentarse, por diferentes espacios, y esencialmente sus planos de formación, referencia y origen no eran tan distintos como podía parecer: En ambos casos  la galaxia tribal de élite de la lady ocupaba una zona de referencia, opuesta pero paralela a la idealización aséptica de él de un mundo beatífico de desfavorecidos al que servir, a conveniente distancia, con la ayuda inestimable de las pinzas y virtualidades telemáticas. Eran planos de ninguna manera antagónicos, sin exigencias de confrontación, entre los que se extendía un enorme territorio, que era el de las gentes medias, los individuos concretos que no cuentan sino con un medido ingreso al mes y carecen de relaciones con influencia. Con esa masa anónima de vulgaridad sin remedio ni siquiera se planteaba implicarse porque para eso estaban la organización del Estado y las Leyes. Ambas nubes podían perfectamente fusionarse por momentos y parcelas, abrazarse en sus bordes, navegar luego con la vista puesta en sus distintas percepciones del cielo, coexistir apaciblemente adaptándose a los cambios de viento y forma. Entre vastos espacios, y nubes, intermedios para ellos dos transparentes.

La vaca estaba, mientras, avanzando por el esponjoso y verde campo inglés, maciza, gruesa, puro principio de realidad.

Nubes amenazantes

Con la engañosa indiferencia de la moderación británica, Mr. W. sobrellevaba, asimilaba, aceptaba las exigencias de tardía adaptación a país, lengua y costumbres ajenas. Pero eso cuando y con quien correspondía: Con ni uno más, ni una conversación, relación, minuto  empleados en algo ajeno a lo que se incluía en la aceptación imprescindible y necesaria al círculo de su pareja o a sus conveniencias laborales, facilitadas, sin fronteras, por la red de la telemática. No existía para ninguno de ambos otra opción. Era el precio de cariño, presencia,  apoyo en una época de la rampa de los años en la que tales encuentros tenían la lógica de lo milagroso. La compañía puede hacer la vida cotidiana mucho más agradable por mucha tribu que se tenga, por confortables que puedan ser los hábitos de los amigos y el pub.  Se estrecharon las manos sobre el asiento. Aún notó él los dedos fríos. Ella, siempre dulce, sonreía sin convicción, con la educada reserva propia de las de su clase, y procuraba cepillar de su vestido el polvo de la batalla. En su interior imponía silencio al genio maléfico que desde lo profundo, más allá de la conveniencia y del respeto a las formas, le decía “Pero ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste, tan vulgar y desagradable, y corriendo desde hace  horas, días, para no llegar tarde a tus obligaciones en Madrid?”. El tren atravesaba un paisaje monótono, neblinoso, turbio, techado por un cielo bajo  y sin horizonte.

El amor, los amores carecen de lógica. Se ama a lo inconveniente, a lo incómodo. Se ama a los que ya tienen muchos años. Se ama a los que ya han muerto y se los sigue amando, aunque no estén, ni sean excepto en nosotros, en la onda en el espacio y en el tiempo que quizás todos somos. Puede que el absurdo del amor no sea tan ilógico después de todo. Permite sobrevivir, expandirse de la única forma posible, la que pertenece al individuo irreemplazable, no al planeta, al futuro ni a la especie. Sólo el amor, en su  absurdo, tiene sentido.

Pero el amor no es tan aleatorio como parece. Se trata de un terreno irregular, de formaciones diversas compuestas, en distintas proporciones, por los mismos materiales. Hay un ingrediente de empatía y otro de imaginación que aparecen en cada caso en cantidades muy distintas y son determinantes en la adaptación mutua. La imaginación puede ocupar una gran parcela de la zona de la empatía o ser en ella  casi inexistente, y ocurre que, sin aquélla no hay comprensión posible y menos aún implicación activa en la problemática de otros. Por esto la fría  defensa de los intereses propios es inseparable de la escasez de las zonas empática e imaginativa, la implicación externa, conmoverse, ponerse en el lugar del prójimo y actuar en consecuencia es imposible. Un amor brotado en los terrenos  del gris pero sólido manejo de la realidad coexistirá a la perfección con alguien similar, estará bien administrado y no admitirá mezclas de afectos gratuitos ni estériles emociones. Tendrá porvenir.

Ambos consultaron, simultáneamente, los relojes, ella el siempre exacto del móvil, que llevaba permanentemente al cuello como un escapulario negro y rectangular; él el que utilizaba en los viajes y era un recuerdo de algo, porque a cierta edad casi todas las cosas lo son y se adhieren al poseedor como caparazones de moluscos a las rocas.

“El tiempo justo”. Ambos lo pensaron, anticipando las nuevas incomodidades, apresuramientos, quizás imprevistos que los esperaban al llegar a Londres y luego coger el avión y aterrizar, por fin, en Madrid.

“En un estado tan lamentable” pensó ella, ajada la frescura del atuendo y la del maquillaje, porque la elegancia requiere espacio  y pausa.

_Llegaremos bien-dijo él. Y se arrellanó con ademanes de tranquilidad excesiva en el asiento tan difícilmente conseguido para infundir la impresión de que los problemas habían acabado y estaban en el eficaz regazo de la puntualidad británica.

El tren frenó súbitamente. No había ninguna parada prevista. Mr. W. consultó guía y horarios. Lady X interrogó a la mágica superficie del móvil. Sin respuesta.

Con retraso respecto a otros viajeros, que buscaban información por pasillo y ventanillas, ella se sumó, a su pesar, a la nerviosa masa de viajeros impacientes. Llegaron al fin explicaciones, que en principio no comprendió. El tren no se movía.

-Una vaca- explicó alguien.

Lady X creyó haber entendido mal. Mr. W tradujo

-Una vaca en medio de las vías del tren..

-¿Y…?-

-Hay que esperar a que se resuelva. El pobre animal está asustado.

Mr. W procuró evitar la mirada de su pareja. En ella se concentraban hasta alcanzar el punto de ebullición las penalidades últimas, los esfuerzos de adaptación acumulados, el escaso aprecio por la exquisita consideración inglesa que permitía detener un tren repleto de viajeros en obediencia al protocolo de retirada del animal de la vía férrea. Ésta se alzaba como un ser totémico indiferente a las consideraciones humanas, adorada por pueblos absurdos que reverenciaban al ganado, la cerveza tibia y el rosbif.

Mr. W esbozó una sonrisa de comprensión que elevó la temperatura de una cólera fría que crecía en ella como la espuma en al leche. El barco, las noches en el crucero, las galantes atenciones, las cenas a la tibia luz de una vela y el amor asegurado en los días futuros de una vida que no por estar rodeada de tribu familiar extensa dejaba de presentar incómodos espacios de soledad, todo aquello se tambaleó como si lo hubiese corneado la fatídica vaca que se alzaba entre ellos.

Mr. W comenzó a intentar explicarle los rasgos del carácter británico que impedían la acción directa respecto al bóvido, que permanecía frente al tren, indiferente al retraso, las conexiones perdidas, los incumplimientos  laborales, las citas fallidas.

-¡!Y no se puede demandar a nadie!. ¡A nadie!- Ella abandonó la búsqueda de un responsable, del revisor y de la observación del exterior, que ofrecía un paisaje mortecino, grisáceo, de cielo opresivo y bajo, y marcó distancia respecto a su pareja, quien optó por salir al pasillo y cambiar impresiones con otros viajeros. La vaca estaba ahí, con sus cuatro patas firmemente ancladas en la vía,  Toda una proclama de que en el mundo existían desagradables, inexcusables realidades que no siempre podían sortearse, denunciarse, olvidarse. La vaca era lo que era, antes de transformarse en filete, caldo, bolso o chuleta.

–¡No llegamos! ¡Perderemos, también, este avión!-Lady X consultaba el móvil con frenesí.

Oscuro horizonte.

Él, en el pasillo,  intercambiaba opiniones con los viajeros sobre temas que a veces no tenían  que ver con el ganado.

Los edificios de uno y otra habían empezado a cuartearse, de una manera banal. Podía no tratarse más que de una pequeña grieta, pero nada garantizaba que no se transforme en fallo estructural.

En el vagón hubo un suspiro de alivio. La vaca, por intervención externa o por aburrimiento e insuficiencia de pastos, había sido retirada y el tren continuó su camino.

 

El sol está detrás

La carrera en Londres fue frenética. Lo más rápido para llegar al aeropuerto era el metro.

De nuevo lady X se halló en una situación francamente impropia. Con su modelo de marca, chaqueta y dos piezas, compartían vagón con la variada muestra de la multiculturalidad inglesa: Una señora negra con turbante, un punky de cresta rosa, dos muchachas cubiertas de velos y una apenas cubierta por cuero negro a la que acompañaba otra con atuendo vagamente colegial. Un sin techo, pero  no sin transporte, monologaba y compensaba los efectos del alto contenido etílico manteniéndose agarrado a la barra. Al otro extremo del vagón charlaba con su móvil una oriental indiferente al resto.

Se abren claros.

 

Al fin el aeropuerto. Con lentitud, empezó a abrirse ante ellos dos el mundo acostumbrado. No aún debidamente pulcro, pero con tan poco tiempo no podían hacer objeciones. Volaron. Llegaron a Madrid.

Las calles, su calle, les parecieron cálidas, sin sorpresas, retrasos ni vacas. Entran en el piso. Podían calentar algo para la cena, comprar pan en la gasolinera, abrir una botella de vino. La grieta, ahora apenas visible, se iba cerrando, era una simple estría en la pared de su relación. El cuadrúpedo tenaz que se alzaba en medio del camino de su felicidad se fue difuminando, El barco, la noche del crucero, que habían zarandeado las olas, emergieron del proceloso mar. Al tiempo que la vaca se perdía de vista en la vía muerta de los recuerdos.

 

Y la vida sigue

 

Rosúa

Octubre 2022

 

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10/23/22

Nuestra Inglaterra

Nuestra Inglaterra.

¿Se habrán dado cuenta los comentadores que se complacen en el mal momento por el que atraviesa Inglaterra, y lo utilizan para azuzar una especie de populismo patriotero barato, de que están yendo en contra de sus propios intereses, de los de sus países y de los de una Europa cuyos principios básicos son y han sido, bajo el oleaje ocasional de las circunstancias, los del Reino Unido?. ¿Advierten que ésta, precisamente, es la oportunidad de mostrar a una Gran Bretaña en momentos difíciles y enfrentada, frontal y fatalmente, al error del Brexit y a otros, el apoyo, la solidaridad y comprensión de los amigos? ¿Se hubiera producido tal error, que apenas gozó del voto afirmativo del cincuenta por ciento del escrutinio, de haber presentado otros países una opción clara y decidida de defensa de la libertad, de los derechos individuales y de afirmación de los sistemas democráticos frente a la rendición económica y moral a dictaduras y a partidos empeñados en la demolición del sistema de valores europeos y en la sumisión a potencias sin escrúpulos y a programas totalitarios?

El Big Ben, y el tiempo, no se han detenido.

Algunos medios de comunicación, y comentadores de supuesta inteligencia, se han embarcado en un maratón de mezquindad aprovechando la crisis al otro lado del Canal de la Mancha. Los buitres se están poniendo perdidos camisa y corbata a base de hundir pico y cuello en las heridas de Inglaterra. La anglofobia, nutrida de mal disimulada envidia, de sonrojo reprimido por la constatación, silenciada, de la mansa cobardía hispánica (que no es la única pero sí primus inter pares) y de la impotencia ante la indignidad diaria en el propio país, ha visto su oportunidad en los males que aquejan a la Albión pérfida y aletean alrededor de su cuerpo. Siempre puede rebuscarse en el baúl de los agravios. Si no hubiera  Gibraltar habría que inventarlo.

No es un buitre. Eros en Piccadilly

El regimiento de abuelos cebolleta sale frotándose las manos para rememorar el valor de los Tercios de Flandes, el Descubrimiento de América, Isabel la Católica, el Dos de Mayo. Desde entonces, a día a hoy, olvidan que Inglaterra ha creado y mantenido la mayor riqueza que en un país darse pueda: Ciudadanos, auténticos ciudadanos que se sienten partícipes y protegidos por un sistema de derechos y libertades, que conocen su Historia, que aprenden, hablan y valoran su lengua, que se unen en el respeto y la defensa de sus símbolos nacionales, sean bandera, patrimonio cultural o entierro de la Reina. Un país que ciudadanos de otros, por residencia ocasional, permanente o estancia breve han apreciado, además del de origen, como propio. Porque en ninguno se sintieron como individuos tan libres, seguros y respetados y tienen hacia él, además de agradecimiento, cariño y admiración.

Amigos y pub

A fin de cuentas, las actitudes de anglofobia son el recuelo del no menos resentido y mísero antiamericanismo, porque Estados Unidos tuvo iniciativas imperdonables, dando vidas de sodados y fondos de defensa y reconstrucción en Europa, defendiendo explícitamente Constitución y libertades y alcanzando una prosperidad que hace agolparse emigrantes en sus fronteras. Es mucho más placentero recostarse en la mayor dictadura que ha habido, la china, depender de sus mercancías, productos básicos y de sátrapas que controlan las espitas de petróleo y gas y negocian con vasallos locales y prohibir en suelo propio cualquier iniciativa industrial, energética, militar y alimentaria.

 

Monumento a los héroes de la Batalla de Inglaterra.

Los abuelos cebolleta del ilustre pasado hispánico no alcanzan a asomarse a la ventana, a ver que el mundo es ancho, que las libertades son frágiles, que el sistema que Europa alumbró y se ha extendido porque es el mejor, más próspero y garante de superior calidad de vida se halla en una crisis infinitamente más peligrosa que la actual del Gobierno inglés, que esa misma crisis, caos, confusión, nombramientos, dimisiones son sólo posibles en un gran sistema democrático, nunca en los infiernos tan defendidos, tan infiltrados, en realidad tan próximos, de teocracias fundamentalistas, de Partido Comunista único que controla, utilización espuria de la informática mediante, a toda una población, de aprendices de brujo a base del chantaje del átomo y de la fuerza, de regresiones al caciquismo de un Presidente al que nunca se votó en elecciones generales y que se ha enquistado en el  parlamento de un estado fallido europeo que se pretende democrático y no es sino un zurcido de tribus amantes del desguace de la nación y de la destrucción del Estado de Derecho.

Por las calle inglesas circula el aire, el sabor inconfundible de la real conciencia de ciudadanía. Saldrán delante; se lo merecen. Sobre los hispanos llueven disposiciones ante las cuales están siempre, por absurdas, estúpidas y perjudiciales que sean, indefensos, con la peor de las indefensiones que es la rendición previa,, la que ni siquiera se plantea lucha ni protesta alguna, segura en su fuero interno del poder del cacique y de la muralla intangible de anonimato, lejanía e irresponsabilidad personal instalada aprovechando el Covid y la imposición online. Exactamente lo opuesto a la actitud británica: Cuando atentados terroristas se llevaron  por delante vidas de ciudadanos los británicos siempre se unieron como uno solo en el apoyo al Gobierno y a su país y contra los asesinos. En España tras las muertes las manifestaciones no fueron contra los asesinos sino contra el Gobierno democrático. Los Tercios de Flandes tienen poco que hacer en un remedo de Parlamento poblado por defensores de terroristas, mafias especializadas en la rapiña victimista y amigos del caciquismo de reparto. Los Hernán Cortés y los Pizarro irían directamente al paro, o al frenopático, de encontrarse en un país que se ha convertido, por méritos propios, en una nación fallida que se avergüenza de nombre y bandera y en el cual está prohibido en los colegios enseñar en español. Al lado de esto la crisis inglesa, donde los primeros ministros ¡incluso dimiten! y los partidos de uno y otro signo se saben representantes de la nación, resulta de conmovedora insignificancia e incluso envidiable.

Siempre nos quedará Peter Pan.

En el extremo opuesto, sólo el peligro cercano y el valor, al principio solitario, de un Presidente y de unos hombres y mujeres, los ucranianos, decididos a resistir, a mantener la dignidad al precio de su vida, han logrado zarandear el cómodo edificio de la conveniencia, del tibio buen vivir burocrático, de la inercia globalista mientras paguen y proporcionen materias necesarias otros. Ha hecho falta ese soplo de aire a la casa de paja para dejar al descubierto algo que podría, en su desnudez, ser lo mejor de Europa, su oportunidad de rectificación, de unión, de progreso, una casa con las paredes sólidas de unos valores que defendió y defiende Inglaterra, a la que se necesita ahora más que nunca y que más que nunca ella necesita, los amigos de un hogar que es el suyo y que tienen también, como ella, grandes errores que reparar y mucho más, con nuevos compañeros, por defender, proyectar y construir.

Pero Nunca Jamás (Neverland) también está aquí.

Rosúa

Octubre de 2022

09/24/22

Muerte de Isabel II y comentadores españoles.

El provincialismo (casi) irremediable.

Tras la muerte de Isabel II, comentarios en España.

Septiembre de 2022

La muerte de Isabel II ha sito una ocasión perdida para que al menos algunos de los medios de comunicación españoles, por una vez, al fin se inclinaran por el lado de la grandeza y no por el de la envidia. Ésta última, fea, amarillenta y estéril, tiene sin embargo una hermana hermosa: la aspiración a la superioridad propia admirando y apreciando la ajena. Quedan en el limbo del papel impreso, de las imágenes fallidas, portadas abiertamente pedagógicas, tan necesarias como ingratas para el gran público español, en las que figuraran, a cincuenta por ciento de espacio, las multitudes tristes, correctas, unánimes en su civismo, en su pena y en la conciencia del momento histórico y de la fidelidad al país para el que trabajó y al que simbolizó su Reina. En el otro cincuenta por ciento, el contraste de Gran Bretaña con la Piel de Toro (se supone que el nombre-símil estará pronto prohibido) es flagrante. España existe como tal de forma nominal, pero carece hoy por hoy de identidad, símbolos, bandera, lengua común y ciudadanos, puesto que lo que se entiende como tal, y es sustancia de Inglaterra de puertas adentro y puertas afuera del Parlamento, el exterior y Westminster, en España no es sino una amalgama de sálvese el que pueda, expósitos de nacionalidad y aspirantes a víctimas de opresiones remuneradas.

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Cuando los ingleses vieron que St. Paul había sobrevivido a los bombardeos de Hitler supieron que ganarían la guerra.

Gran Bretaña es una pequeña isla sin relevancia comparativa en los mapas. Pero la ocupan ciudadanos reales, con conciencia de igualdad y de derechos y con un cariño hacia ella y hacia la libertad, sus tradiciones y formas de gobierno que le dan y darán una fuerza y un peso extraordinarios, hoy plasmados en el duelo y la unánime nobleza sin estridencias de sus reacciones, y antes en la valentía solitaria en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Nada es tan poderoso como una idea. Ni tan dañino como su ausencia. En patético y mísero contraste, ahí están los comentarios de algunos redactores españoles empeñados en marcar territorio mediático e imagen iconoclasta propia a base de escoger en tiempo y forma cuanto puede introducir en la imagen de personajes de talla excepcional pinceladas de bajeza: Churchill, el grandísimo Winston Churchill, será ante todo un borracho, los que llaman a Isabel II la reina más grande unos torpes patanes deslumbrados por la imagen británica y olvidados de la muy grande, pero anterior en unos cuantos siglos, Isabel la Católica, tal filósofo era un cretino, tal legislador un remedo tardío de brillantes, pero mal conocidas, lumbreras hispánicas, los merecedores del calificativo de imbécil, ignorante, estúpido, se contarán por centenas. A esas fotos magníficas y nunca bastante envidiadas de un Parlamento Británico absolutamente unido en el bien del país, todos de luto riguroso, les falta el contrapunto del triste gallinero tribal español, aferradas las aves asistentes al palo y comederos nutricios y atentas a las señales del jefe para cacarear al unísono y lucir, o no, consignas y corbatas.

George Orwell siempre actual, en un teatro de Londres.

No podía faltar en la presentación mediática del fallecimiento de la longeva reina británica la exhibición en primer plano, no de su servicio infatigable durante siete décadas a su país, ciudadanos, valores y aliados, sino el que Gibraltar continúe no siendo español. Visto lo visto, y el contraste entre uno y otro lado de La Línea, y no sólo en absoluto por prosperidad debida al mercado negro y empresas fraudulentas en la zona británica, surge un lamento irreprimible por el hecho de que los ingleses no continuaran su ascensión hacia el norte de España. Y eso porque ser ciudadano de verdad, con igualdad de dignidad y derechos, en un país auténtico que no se avergüenza de sí y de su bandera y utiliza a todos los niveles la lengua de Shakespeare,  tiene un atractivo comprensible. Más si se compara con ese remedo de amor patrio que es el patrioterismo cerril y el populismo de saldo.

Hay comentadores políticos a los que la muerte de Isabel II les ha ofrecido la oportunidad de bajar varios escaños, los que median entre la imagen de servidor implacable de la verdad y la del esclavo de la necesidad de distinguirse, de hacerse notar con una independencia que no es sino incapacidad de apreciar, y hacer apreciar, la grandeza, prisioneros de la cárcel de su propia imagen, sometidos a la dura disciplina de épater le bourgeois, alzarse como intelectual a la violeta insobornable, ajeno a las flaquezas del vulgo, semejante, en esa recia servidumbre, al escritor clásico español que se quejaba de la esclavitud de la rima consonante que le obligaba en su poema a llamar puta a una mujer honesta.

Dije que una señora era absoluta,

y siendo más honesta que Lucrecia,

por dar fin el cuarteto la hice puta.

Francisco de Quevedo.

 

Hay quien prefiere esto…

Cabe esperar el corolario de noticias del corazón, y otras vísceras, para que, a falta de méritos nacionales, políticos y sociales, se ofrezca al acomplejado, y con razón, pueblo español un menú mediático de taras e historias sórdidas sobre la familia real inglesa; jamás la comparación y emulación del sistema británico de valores. La virulencia de algunos comentadores, que alternaban la omisión de un evento de obvia relevancia mundial con explosiones pueriles de bilis ante la sola mención de la monarquía británica, hacía bueno el dicho de que ningún gran hombre lo es para su ayuda de cámara, pero es porque su ayuda de cámara no es un gran hombre. El fallecimiento y honras fúnebres de la Reina Isabel II ha revelado en algunos difusores de opinión que se creía agudos y honestos amantes de la verdad el peor envés del noble dicho castellano de que nadie es más que nadie. Quienes con ínfulas de superioridad intelectual y democrática lo capitalizan, con pretensiones bastante ridículas de despreciar lo británico cubriendo de anatemas y nada cariñosos epítetos al más tímido disidente, han revelado una mal disimulada aversión a la grandeza, les han resultado insoportables los mejores y más sinceros sentimientos de millones de personas y de todo un país que se distingue por la calidad de sus instituciones, y sólo les ha quedado refugiarse en la mención apresurada, la animosidad patriotera o el exabrupto. Halagarán ciertamente a buena parte de su audiencia. La atención pública hispana cuando el dedo señale a la Luna continuará fijándose en  el dedo; que apunta hacia abajo.

A esto.

 

 

08/20/22

El club unipersonal Pelosi

Nancy Pelosi, por supuesto. Porque en este momento, agosto de 2022, en ella se concentra la dignidad, perfectamente inútil. inoperante, reprobada incluso, de habitantes del planeta que vienen rendidos de fábrica a cualesquiera fuerza, millones de adversarios, billones de armamento, dictador y totalitarismo con tal de que les permita la ración diaria de sopa boba, pantalla, zapatillas de marca, contratos, mercancías y de que deje planear sobre sus cabezas sin que descargue el nubarrón atómico. Acuñada en un metal más raro que ningún oro, esta mujer ha hecho, lleva haciendo a lo largo de su vida, aquello a lo que apenas ya nadie se atreve: El acto gratuito, y por ello de inmensa valentía, de la acción moralmente justa, de la denuncia por exigencia y compromisos con la verdad y la solidaridad, sin plantearse victoria alguna, con perfecta consciencia del preceptivo fango de coyunturas, reparos y estrategias. Porque su sustancia, su valor son otros, de una aleación ya prácticamente desconocida: La de la persona, el individuo que ha luchado por serlo, que sabe que la humanidad es sendero empinado que se conquista. Aunque en buena parte se halle laminado en finas y moldeables láminas por la oportuna irresponsabilidad personal que le presta el anonimato de la tecnología y el ciudadano acepte el vasallaje incondicional a entes y dimensiones que siempre lo superan. Pese a que cacique, clero y heraldos lo sometan a diario a la ducha de consignas de falsos dioses planetarios, cósmicos y milenarios de mandamientos inapelables y de que lo bañe el líquido amniótico que disuelve la exigencia de responsabilidad individual y hace la ética y libre albedrío inconcebibles. Nancy Pelosi ha dicho y hecho lo que cabía y se debía hacer, en el momento más oportuno por incómodo y desesperado, cundo un gigante como la China del gobierno de Pekín parece poder aplastar de un manotazo a pequeños, libres países de Extremo Oriente, como Taiwán o Corea del Sur, infinitamente más valiosos y respetables que la enorme dictadura asiática y su homóloga rusa al otro extremo. Frente a ambos goliat se alzan empero calidad humana de vida, de derechos y bienestar, a una altura que la fuerza bruta de los gigantes no podrá alcanzar jamás.

Olvidados y aplastados. China. Tien An Men 1989

Taiwan: China, pero libre.

Por supuesto sabe que se enfrenta a una lluvia de denuncias de  enriquecimiento de ella y los suyos en negocios con China. La corrupción es un arma al alcance de todos, la más barata y sólo ausente en los sistemas totalitarios. Cualquier aspirante a cortesano, a periodista de columna o a político puede ganarse un sueldo y un hueco entre los gusanos del queso de la envidia rebuscando en las vidas personales, ninguno osaría perder audiencia pasando la mano a contrapelo a la bestia de la opinión pública, y escasean más que el lince ibérico los que arriesgarían la milésima parte de su vida y haberes disgustando al poder y enfrentándose a la policía china en su propio territorio. Nancy Pelosi no ha esperado ni considerado alianzas, apoyo, defensa por parte de los europeos ni de otros. Lleva muchos años diciendo lo que hay que decir a quien y cuando cumple decirlo. Y eso es exactamente lo que una persona que merece ese nombre hace, en solitario porque siempre hay el individuo primero, por mucho que se hayan creado escudos de razón de multitudes, de sacralización de la bajeza bajo capa de igualitarismo, de alabanzas de todo tipo de la mediocridad, y oportunismo y, por encima de todo, de viscosa sumisión alimentada por el miedo y la envidia. Ella defendió siempre a los disidentes y los derechos humanos en China, tuvo el cuajo de desplegar 1991 en plena plaza de Tien An Men, en Pekín, un cartel pintado a mano en chino que rezaba “Por los que murieron por la democracia en China”, con la consiguiente represión de la policía y encarcelamiento de los periodistas que intentaban cubrir la noticia. Esto en conmemoración de los miles masacrados en aquella plaza la noche del 3 al 4 de junio de 1989 por el Gobierno, muchos de ellos jóvenes estudiantes que pedían democracia y habían erigido una ingenua estatua de la libertad. Una sola línea de ese cartel-por poner un ejemplo europeo de extrema cobardía de un país que ni se atreve a tener nombre, símbolos, lengua ni bandera- vale más que el Gobierno de España en pleno con cuantos lo mantienen, apoyan, viven de él y se suman a la masa oportunista de deseosos de probar su filiación incondicional al club bienaventurado y rentable de “progresismo” e “izquierdas”, que les permitirá cobrar y ser aceptados a pelo y a pluma, junto con los intelectuales y rebeldes a la violeta que corean todas las consignas contra el “imperialismo norteamericano”. Del rosa al amarillo, ninguno dejará de exhibir su desafío virtual al “sistema” y el “liberalismo”, el comunismo habrá pasado a ser una “autocracia”, un rasgo étnico-cultural, y ficharán, con la esperanza de que los hagan corresponsales, en las críticas a Nancy Pelosi.

Taiwan. Antes.

No todos. Es difícil decir más verdades en menos espacio que en el artículo de Iñaki Ellakuría “La verdad es tóxica”, página 2 del periódico “El Mundo”  del 19-VIII-2022. Hay en él un genuino amor por la libertad y la verdad y una desolación ante las sumisiones que nada tienen de las servidumbres al uso.

Pelosi recordó en Taiwán, en su reciente visita de 2022, que hacía veintiocho años que había viajado hasta la plaza de Tien An Men para honrar la valentía y sacrificio de los estudiantes trabajadores y ciudadanos en general que se alzaron en defensa de la dignidad y los derechos humanos que todo el mundo merece, y que desde entonces y hasta hoy ella y los suyos mantenían el compromiso de compartir la Historia con el resto del mundo. La congresista, que ha visitado la frontera de Corea del Norte e intentado hacer llegar a los dirigentes de Pekín peticiones para que fueran liberados disidentes como Liu Xiao Bo, Premio Nóbel de la Paz al que el Gobierno no permitió ir a recogerlo y que murió de cáncer en reclusión en China, no está ni mucho menos exenta de correr graves riesgos con sus denuncias. El status de político extranjero no ha impedido al Gobierno de Pekín hacer desaparecer limpiamente a norteamericanos que le incomodaban. La talla humana de esta mujer resalta más por contraste con la maraña de parásitos europeos de las utopías subvencionadas y la mísera avidez nacionalista de las colas de ratón. Su trayectoria vital, profesional, intelectual y ética es exactamente el polo opuesto de las clientelas del paraíso gratuito y verde a libre disposición de los gestores del nuevo edén totalitario.

Taiwán ahora

Como el grano de levadura o el justo que podría salvar de la aniquilación a ciudades, según  el best seller no siempre recomendable llamado Biblia, la señora Pelosi representa algo difícilmente soportable: Una conciencia sin temor ni pudor respecto a efectos prácticos y críticas públicas, segura de la valía irreemplazable de los actos aquí y ahora por parte de individuos concretos en situaciones concretas, sin pretensiones de David, con la honda de sí misma y la desnudez de la verdad, la justicia y la palabra, incansable en la defensa de valores universales, de olvidados y oprimidos como en el caso del Tíbet y en el de esos solitarios individuos que reclaman libertad y respeto. La unánime ola de temerosos reproches que ha levantado su visita a Taiwán es la mejor prueba de en qué platillo se rencuentra la justicia de su acto. Recuerda al pesado de las almas en la mitología egipcia: En un platillo los hechos en vida del difunto, en el otro la pluma de Maat, la diosa de la verdad. En este caso está claro quienes se apiñan en el platillo de los suspensos, donde se sitúan los actos concretos de individuos concretos, que es referente real de entidad y calidad, y no las falsas dualidades “derechas”, “izquierdas”, etc., etc. ad nauseam. La estadística es también sumamente ilustrativa. Véase como ejemplo, tras el reciente y gravísimo intento de asesinato del escritor y defensor de la libertad Salman Rushdie, el exquisito cuidado con el que los redactores de prensa evitan emplear la palabra islamista que es exactamente la que define, en toda propiedad, la motivación del crimen.

Elecciones en Taiwán

Tiene, en este contexto, España una gran utilidad como ejemplo de país europeo fallido y avergonzado de sí. En una población acobardada de gentes que se saben vasallos, que no ciudadanos, que siempre bajan la vista y la voz ante disposiciones absurdas, despilfarro flagrante y señoritos inatacables, que responden con un resignado “Está mal, pero ¿qué podemos hacer?” el grado de sumisión, rendición preventiva y negación de sí es difícilmente superable por nación alguna. Hace desde luego añorar que Gran Bretaña se detuviera en Gibraltar y no continuara península arriba. Como sus pares europeas, Inglaterra es un país que sabe y quiere defenderse. No hay punto de comparación entre su unidad sin fisuras, como la norteamericana, tras atentados terroristas y la miseria de las manifestaciones españolas tras la masacre del 11 M de 2004 en Madrid en las que el nada valiente pueblo no insultaba a los asesinos que pusieron en los trenes (crimen del que , por cierto, nunca se ha sabido la autoría intelectual) las bombas sino al Gobierno democrático, expulsado en las elecciones generales que estaban convocadas tres días después. Sin olvidar que sólo Gran Bretaña rompió relaciones con Irán tras la llamada islámica al asesinato del escritor Salman Rushdie. Dos países europeos en dos extremos: El de ciudadanos, ejemplo de valor y dignidad, y el de los que no merecen serlo.

La regresión al cacique

En España, lugar tanto más simpático cuanto que carece de entidad competitiva y se distingue por el afán en demoler su Educación e Historia y por la imposibilidad de emplear, en amplias extensiones de él, administración y centros de enseñanza incluidos, su lengua, a lo que se añade el temor a utilizar nombre, símbolos y bandera propios, se da además, lo que no carece de lógica respecto a lo anterior, la veloz regresión hacia el caciquismo. En él se aceptan con sumisión ovejuna las más ruinosas, necias y nocivas disposiciones de un Gobierno nunca votado en elecciones generales y de una corte de parásitos que son imagen rediviva del señorito provinciano del siglo XIX. De uno a otro extremo de la piel de toro, ahora buey como mucho, los vasallos inclinan la cabeza con mansedumbre ante cualquier orden del Poder y responden “Pero ¿qué podemos hacer?”. La espuma inconsecuente de las protestas en mesas de café no pasa del aperitivo y de la puerta, el Parlamento no es sino un Casino donde se reciben sueldos, se escenifica modosamente el papel de representantes y se amplían despachos y mobiliario para acoger a la inagotable clientela de paniaguados. No resultaría extraño ver utilizar durante la caza como perro rastreador a quien el señorito dispusiera, al estilo de la novela de Miguel Delibes, y luego excelente película, “Los Santos Inocentes”, y el sumiso sustituto del can respondería a la orden, o Decreto-Ley, de tirarse al suelo y olfatear “Sí; está mal, pero ¿qué le vamos a hacer?”.

Los sabios no están tumbados siempre.

En tal contexto, actos como los de la señora Pelosi o la valentía de cuantos, como Salman Rushdie, se enfrentan, por defender la libertad, a amenazas de muerte, consumadas o por consumar, la entereza de Taiwán y el valor de Ucrania resaltan, por contraste, con un brillo extraordinario y adquieren el peso y categoría de los que pasarán, por su mérito y riesgos asumidos, a la Historia. En el otro extremo, de Europa y en el moral, España es interesante como ilustración de la velocidad regresiva a la que lo que se llamo en su mejor sentido Occidente huye del reconocimiento y del simple enunciado de los valores universales de defensa de los derechos y libertades del individuo como tal. Las personas pasan a ser elementos determinados por el hierro del ganadero que los marca según latitud, longitud, aprisco y promesa de pasto, irresponsables por lo tanto de sus actos, que no les pertenecen sino en función de genética, localidad, pastor y etnia. Y sobre ellas gravitan, inalterables como un olimpo cortado a la medida de variados rebaños, dictámenes anónimos y dioses respecto a los cuales toda rebelión y reclamación son imposibles porque se sitúan en dimensiones inalcanzables: Futuro, Milenios, Planeta, Clima, Colectividad, Progreso Mundial. Esto con la ayuda inapreciable de la implementación espuria de la telemática y el miedo sumiso de la pandemia. Nada tiene que hacer, ni nadie a quien dirigirse, el individuo, aquí, ahora, diverso, aferrado a su única e irreemplazable vida y a lo que su conciencia, experiencia e instinto le presenta como malo. Lo baña diariamente una ola de consignas, repetidas con la puntualidad de las mareas y respaldadas con una reiteración de la palabra “democracia” que ha pasado a ser lluvia fina de dictadura destinada a crear y proyectar en pantalla supuestas mayorías  e inexistentes urgencias que todo lo justifican. En este sentido, el fallido país español practica de continuo tanto el uso de la palabra “democrático” como acciones antagónicas del más puro corte dictatorial, en forma de deyección incontinente de Decretos Ley y Leyes de urgencia, sin control ni discusión parlamentaria alguna. El manejo de la intimidación, de la certidumbre ciudadana de la impotencia y el falso argumento de necesidad apremiante por exigencias externas son instrumentos habituales de la manipulación de masas pero la aceleración y generalización de su uso han adquirido una velocidad sin precedentes. La dictadura actual permea hasta el último resquicio de la vida cotidiana de forma nunca, con ningún régimen, antes vista, y lo sitúa en un estado de completa indefensión ante agentes sin responsabilidad personal, inalcanzables y anónimos.

El lenguaje, la cultura y la Historia cuentan.

La ficción de las tribus felices y las aldeas asamblearias, cara a quienes viven de ella, es mercancía golosa y de fácil consumo; y gran peligro por cuanto anula al sujeto libre real, al verdadero ciudadano con sus deberes y derechos. Las sociedades complejas implican necesariamente gobiernos representativos, leyes, separación de poderes, concepto de igualdad de los individuos. Si se eliminan en la práctica el control ciudadano real y la ley igualitaria atenta sólo a los individuos y si se acaricia, no la solidaridad, sino la envidia, que es el peor pelaje de la bestia, entonces no hay sino la promoción de la mediocridad del mínimo común denominador y la ruinosa regresión e indefensión, en todos los órdenes. Es palmaria la diferencia entre el “Nada podemos hacer” del español y el control del gasto y de los políticos en países reales como Suiza o Gran Bretaña.

Taiwán. A toda velocidad y adelante.

Se ha instalado una eficaz máquina de un género nuevo de neocomunismo, de populismo a base de clientelas-parásito, para las que resultó providencial la eliminación de la responsabilidad personal y la indefensión implantadas utilizando la pandemia y el virus. El uso espurio de la telemática ha sido, en este contexto, una bendición  para Cacique y corte. Nunca estuvo el otrora ciudadano tan indefenso ante la multiplicidad de la dictadura sin rostro, materializada, virtual, inapelable e intangible en el Cacique-Presidente, un histrión especie de maniquí de cartón piedra relleno de materia revenida segregada por él y para su propio uso, en un decorado vistoso propio del gran muñeco de feria que halaga los instintos de los admiradores del tahúr con éxito y el rico sin esfuerzo que distribuye entre sus vasallos dádivas.

El Cacique al mando segrega, además de la lógica clientela estomacal que de él depende, miles, e incluso millones, de caciquillos a tiempo parcial, habitantes del país que, en vez de del de ciudadanos, han asumido el doble papel de complacidos seguidores incondicionales del Jefe que disfrutan del vasallaje y del tratamiento despótico y, por otra parte, ejercen con fruición el rol de comisario de sus convecinos que no siguen las directivas descendidas, sin mayor razonamiento, de lo alto. El Covid fue una providencial escuela de sumisión que permitía al Cacique las mayores y peores arbitrariedades, sin asomo de consulta a terceros ni tramitación legal. Dejándole campo franco para ilusionarse con autocracias perdurables levemente veladas por simulacros de sistema asambleario. Puede incluso degustar el máximo placer del Poder, que no es la riqueza sino, como bien dijo George Orwell  en “1984”, hacer sufrir, someter a otros a humillantes, dañinas, inútiles, estúpidas disposiciones, y ver a los súbditos aceptarlas en silencio, sin reproche e incluso con admiración y amor por el Gran Cacique Hermano.

Esto se enlaza y camina a la par de la técnica del envilecimiento asumido. Cuando se ha conseguido que, como tras la masacre del 11 M, el pueblo en su mayoría insulte y se manifieste no contra los terroristas asesinos sino contra el Gobierno, y una y otra vez se ha forzado, por presión y chantaje mediático y pandemia mediante, a aceptar disposiciones ilegítimas, sumisiones vergonzosas, manipulaciones e imposiciones del más bajo jaez y de notoria falsedad en la Educación y la Historia y la población ha aceptado esa vileza, entonces éste se ha situado a un nivel de vasallaje voluntario de muy difícil rescate.

Las rejas de esta cárcel hispánica a la que la mayor parte del país -véase el resultado de las votaciones- se somete sin resistencia son duales y falsas, pero no por ello menos cómodas y eficaces. Ni existen ni han existido nunca, excepto como recurso literario y  metáfora sociológica  en tiempos y temas históricos concretos, dos Españas, ni tampoco una especie de dualidad zoológica derechas/izquierdas, pero esta ficción nefasta exhibida con diferente vestuario y abrumadora orquesta mediática ha sido y es determinante para asegurar poder, manutención gratuita, predominio social y múltiples nóminas a una clientela parásita que lleva décadas multiplicándose a costa del empobrecimiento intelectual, moral y económico de la nación y ejerciendo un chantaje sin parangón en otros países europeos. La palabra “comunismo” y sus efectos históricos reales o se evita o goza de una especie de aura vaporosa afín a la generosa solidaridad. Los muertos, silenciados, quedan a beneficio de inventario porque en realidad las clientelas de la utopía viven y medran de esos réditos. La cárcel dual amplió y reformó instalaciones con el mito de la Guerra Civil de 1936 y su república maravillosa, que no lo fue, y el de la dictadura franquista uniformemente horrorosa, que tampoco lo fue. De estas fábricas inagotables y rentables de víctimas a posteriori han vivido y esperan vivir miles durante décadas.

“Somos así. Aquí somos así”

La frase es común respuesta en el país fallido a cualquiera que observe una deficiencia, un fallo, un retraso, incuria, comportamiento indeseable, errores garrafales, despilfarros del erario público, mentiras flagrantes del líder político. La primera persona del plural se emplea sistemáticamente, se diría que incluso con cierto placer o tibia complacencia de no distinguirse del rebaño y participar, con él, de la cuota de vileza. El “somos” en este tipo de resignada respuesta ante conductas negativas es rasgo típico hispánico, y nada alentador. Implica reconocimiento de inferioridad e incapacidad irremediables de estar a la altura de lo que de un ciudadano de un país moderno y democrático se espera. No es propio de otros lugares este «somos” y está relacionado estrechamente con la parálisis, la ceguera voluntaria, la indiferencia ante las palmarias fechorías del armazón parásito en el poder que deyecta a diario todo tipo de disposiciones de claro corte totalitario en una injerencia sin precedentes, propia de los regímenes comunistas pero maquillada a lo juvenil y  a la europea, en las vidas privadas, acompañada por amenazas de pérdidas de hacienda y libertad y blindadas por el general convencimiento de que no existe defensa posible.

Los últimos no serán los primeros pero es posible que para el país fallido, precisamente por su posición irrelevante, desmembrada y amorfa, se le presente una oportunidad de ascenso y cambio, de abandono y repulsa del “Somos”, que suba escalones, traspase las rejas de su cárcel verbal y advierta que éstas no existían, que eran simple proyección defensiva del peor de los clubs: El del mínimo común denominador intelectual y la amoralidad estúpida. Tal vez pueda hacerlo. La libertad está al otro lado.

El club individual.

Es, por lo tanto, el momento de pertenecer al club de los riesgos que valen la pena. Precisamente por el valor del acto gratuito y necesario, sin rentabilidad alguna. El valor individual, la denuncia explícita, el simple uso cada día, cada vez, de las palabras adquiere en este contexto un valor extremado porque son de las pocas armas que quedan al ciudadano, al humano que pretende serlo. No todo el mundo puede ponerse, como Wang Weilin, frente a los tanques en la plaza de Tien An Men, en 1989, en China, sin más arma que su bolsita de plástico, ni enfrentarse como Zelenski al dictador ruso que invade su país y negarse a entregarle trozos de éste como le aconsejan viscosos editoriales de algunos periódicos europeos, Pero las palabras, su elección y la estadística en su empleo no son inocentes. Tampoco lo son la supresión, inclusión o no en un texto, la eliminación de fechas y datos numéricos o la amputación de la Historia. Como todo nuevo rico, el Gobierno de Pekín no se conforma con la exhibición de riqueza, poderío y armas. Necesita el reconocimiento de los que, sin decirlo, siente como aristocracia, desea la simpatía de sus pares, no soporta la riqueza de libertad de la que gozan sus vecinos taiwaneses, el aire próspero y limpio que respiran, que cualquier visitante de Taiwán percibe y no se puede comprar con tanques ni contenedores de todo a cien circulando por la red mundial. El contraste próximo con países abiertos da al traste con el tópico racista de la incapacidad china para la democracia y con el argumento de la uniformidad de mil trescientos millones de habitantes sólo capaces de seguir al autócrata de turno, al Partido Comunista Jefe, sin aspiración a democracia alguna. La falacia del número es el peligroso simulacro de argumento utilizado tanto por la dictadura totalitaria china como por los oportunistas de Occidente. Mil cuatrocientos millones se presentan como un bloque, uniforme que excusa, por el peso del guarismo, toda oposición y todo análisis. El individuo, gran enemigos de los peores, no existe, está indefenso, silenciado bajo el abuso, la violencia, el terror, las peores dictaduras, las leyes y usos criminales. Y sin embargo la fuerza de una idea, que siempre nace primero en alguien, que alguien defiende solo en algún sitio, es lo que cambia el mundo en el que se vive y la única  arma que a quienes sepan denunciar y a atreverse a usarla les queda.

Taiwán. Sin miedo al gran dragón.

Rosúa

 

07/9/22

Breve Crónica de la Gran Nieve

Breve Crónica de la Gran Nieve

8 de enero de 2021

La otra acera se ha vuelto inalcanzable. Alguien se está empolvando furiosamente en las alturas. Una diosa particularmente mala sacude su vestido de lunares y éstos caen, incesantes, sobre losas y bordillos no acostumbrados a ello.

Impera, en segundo plano, tras la aparente inocencia de la ausencia de colores, la negra perspectiva de la condena a prisión por plazo indefinido.

Un señor con su perro, pequeño y muy bien abrigado, me ofrece su ayuda para atravesar la carretera tan carente de apoyo como un brazo del ancho mar. Acepto de inmediato.

El puerto del portal abre sus puertas.

Comienza la clausura forzosa.

9 de enero de 2021.

No amanece. Todavía no amanece. En cuanto baje el embozo el enemigo se me echará encima. La cama cálida es casa, iglesia, cueva, brazos amantes, hoguera ancestral con danza de chicos de la tribu.

Ofrecen seguridad y refugio Humphrey, mi edredón, y la espesa y protectora colcha-buti que me permite dormir cada día con el príncipe gracias a su bordado de castillo, caballero, dragón, doncella y toda la nómina, sin madrastra mala ni importunos enanitos.

 

06/22/22

TRANSIBERIANAS. TAL VEZ TRANSEURASIA- Nuevo libro. Junio 2022

Transiberianas. Tal vez Transeurasia.
Junio de 2022

 

 

De Moscú a Vladivostok y mucho más allá, en el espac io, la Historia y el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De un continente a otro.  Y al futuro que puede ser.

04/4/22

TRANSIBERIANAS. EL LARGO VIAJE.

TRANSIBERIANAS, El largo viaje.

 

Tramsiberianas se gestó en un viaje de quince días de Moscú a Vladivostok que fue luego, al hacerse libro, de más de tres años, página a página, palabra a palabra, con una intensidad en el sentimiento del tiempo y del espacio que la autora jamás sospechó al emprenderlo. El tren fue la envoltura, el huso de hierro que iba dejando su contenido en ciudades crecidas, como cosecha, a su abrigo y luego lo recogía para depositarlo en otra parte, mientras ofrecía por sus ojos de vidrio rápidas estampas de plantas luchando por florecer, llanuras sin más límite que el horizonte, superficies líquidas tan anchas y abundantes que hacían pensar en los días imprecisos de la Creación, cuando aún las fuerzas estaban atareadas separando la tierra de las aguas.

Los recuerdos anteriores, la visita a la que fue Unión Soviética, empalidecían hasta distinguirse sus perfiles apenas en la superficie engañosa, frágil de las muchas memorias superpuestas, de la amplitud e implacable belleza del mundo, de la llamada tenaz de voces distintas. Rusia imponía su desconocido que siempre se creyó, en parte, conocer, empujaba, al atravesarla, siglos arriba y abajo, de manera simultánea. Meses, años después, en el libro Transiberianas surgían, sin ser invitados, por sí mismos, personajes de distintas épocas y lugares que tomaban carne con rapidez pasmosa, como si siempre hubieran estado esperando en los andenes. Rusia eran ellos, había que hacerles sitio, su doble alma llevaba épocas llamando a las puertas de Europa sin abandonar por ello las casas propias. Porque el tapiz se extendía de un océano a otro y era Eurasia.

Kairos, Heródoto, Lenka, Irena. Valentina, Nicolás, Ikreyh, Eusebio. Irina, Sonia, Huang, Misha. Shush, Mirza, Uhu-bek, Vladik. Ruy González, Basil, Pior, Nina. Vladimir, Borsek, Li-Mi, Marioska. Y otros, incluido un perro testigo en primera línea del asesinato del zar, acompañantes y familia. Todos aparecían con absoluta urgencia, y a todos observaba la fuerza tranquila de una naturaleza que sabe que la muerte de los seres que en la tierra cría es sólo aparente y sobrevivirá al hielo y a las nieves.

Llegó febrero de 2022. En esos días se había terminado el libro y la última línea coincidió con la invasión por el gobierno de Rusia de Ucrania, lo que obligó a añadir un epílogo, escrito con cierto estremecimiento al repasar páginas en las que se aludía a la codiciada zona del Mar Negro.

El epílogo es éste, junto con el agradecimiento a los ucranianos y a su Presidente que, en 2022, han mostrado que aún hay personas capaces de arriesgar la vida por la dignidad y la libertad.

 

Epilogo

El puente más oscuro: La vía muerta del Transiberiano.

24 de febrero de 2022: Rusia bombardea e invade Ucrania.

Hay otro extremo del puente que pudo, que podría ser, y el puente mismo es otro. La embriaguez de la diferencia y la distancia, el sabor anticipado de la sal del Pacífico y la materialización de los topónimos han relegado a un segundo plano la existencia de los pilares occidentales del cinturón euroasiático, de esos lugares asomados al siempre codiciado Mar Negro. Deltas y estuarios, llanuras repletas, como un vientre incansable, de cereal, países del siglo XXI que fueron  escapando en el XX, con valor, tenacidad, ilusión y esfuerzo, de los escombros de la cárcel en que se había transformado Rusia: la Unión Soviética. Eran los del Este, las colonias de Moscú, y en cuanto pudieron dieron la espalda a sus antiguos dueños del terror y los tanques que aplastaron en Budapest y Praga sus rebeliones, renegaron de los señores de las hambrunas provocadas, de los espías de las vidas de los otros, de los muros para evitar las fugas y de los planes para lograr el dominio internacional. Desde las pequeñas y bellas naciones bálticas hasta las valientes Polonia, Hungría, Rumanía, Checoslovaquia, Bulgaria, Ucrania, todas ellas se fueron sacudiendo un pasado de servidumbre incomparablemente superior a ninguna conocida, una especial sumisión gris, impersonal,, ubicua, omnipotente, caracterizada por el anonimato, por su aspiración a controlar hasta el menor resquicio, interno y externo, de los ciudadanos, por su completa ausencia de responsabilidad moral y por su inigualable e inigualado dominio de la propaganda, que logró convertir el mundo, y en él comunicación y cultura, en una interminable batalla de Buenos y Malos, Derechas e Izquierdas en la que los Buenos eran, siempre, los que, de una u otra forma, apoyaban al comunismo y afines e instalaban por doquier, aprovechándose de sistemas plurales y abiertos, plataformas de simpatizantes y de parásitos que repartían rentables certificados sociales de pensamiento correcto.

La ola de adhesión, de fervor incondicional y pertenencia afines a los de una secta religiosa, no fue en sus orígenes ni siempre la propia de militantes políticos. Tampoco la guio, en todos los casos, el interés espurio de los amplios sectores que se valieron de ella e hicieron y hacen de su marca un próspero negocio social. Se sustentaba aprovechando sentimientos nobles como la solidaridad y la indignación contra la injusticia, sentimientos que pronto se mezclaron con la envidia y la fácil explotación del victimismo. De ahí que la división Malos/Buenos, Progresistas y Burgueses, Comunistas/Liberales pareciera, pese a su reciente aparición en la Historia mundial, haber existido desde el alba de los tiempos, y que se impusiera con una fuerza tal que bloquea la percepción misma de la realidad y condiciona la mente con la más férrea censura interna que haya existido jamás.

El nuevo credo se benefició además en su nacimiento de óptima conjunción de circunstancias, surgía en el momento adecuado, los lugares idóneos y entre los actores oportunos. La industrialización, el ambiente fabril, significaban la convivencia de grandes contingentes de personas con intereses laborales comunes. Los medios de comunicación se alzaban como una  fuerza de difusión y, al tiempo, de propaganda. Los líderes políticos y sus patrocinadores surgían, exponían y se profesionalizaban. La revolución rusa de 1917 gozaba, y goza, del status de Belén y de Jerusalén, de revelación que, fácilmente, lo explica todo. A cualquiera. Que exime de la responsabilidad en los propios actos, elimina normas y leyes y libera del penoso ejercicio de pensar y de la aún más incómoda constatación objetiva de los hechos. Sin necesidad de leer las obras completas de Marx y Lenin. Y proporciona, sin mayores méritos, el marchamo de superioridad y el derecho a apropiarse de los bienes ajenos. Así, los actos, primero de la URSS, después de la R. P. China, gozaron de la mejor impunidad, del casi total silencio, la indiferencia, rechazo o incomodidad ante las críticas por parte de los países fuera de su órbita y de las simpatías, si no alabanzas, de la mayor parte de las élites culturales y mediáticas .Hasta épocas muy recientes, hoy incluido, las críticas han coexistido con una floración de neocomunismos en la que sólo ha hecho brecha definitiva la brutalidad extrema de la agresión y destrozo en 2022,  por parte de la URSS rediviva, de un país europeo.

A diferencia de la victoria de 1945, la desaparición de la Unión Soviética no fue una guerra ganada, en su implosión no hubo sino demérito de los países libres de Occidente, éstos no liberaron a nadie, se complacieron en hacer bueno respecto a Estados Unidos el dicho No sé  por qué me odia si no le he hecho ningún favor y en coger con una mano la ayuda estadounidense y su escudo protector, que les ahorró gastar en su propia Defensa, y en pintar con la otra mano “America go home” en los muros de las ciudades europeas. Pero el muerto régimen soviético estaba bien vivo, y paría y nutría seguidores continuamente. Había hallado, como China, la fórmula de la riqueza personal y la embriaguez nacional y revanchista, y engordaba sus fuerzas con justificado desprecio por los angelicales programas de los mal avenidos partidos democráticos en nombre de la paz gratuita universal, la energía milagrosa, el edén selvático bajo cuyo verde terciopelo se esconde la más descarnada ley de la selva, que abomina de viejos y débiles como bien supieron los nazis, y la adoración de las diosas madre, de los dioses Planeta y Culturas. Ha cristalizado el neototalitarismo new age, la respetuosa  política de bloques según las supuestas nuevas leyes de Historia y Cambio de Ciclo que exigen en el bien remunerado clero la abominación de Derechos Humanos universales, de igualdad, libertad y defensa del individuo. Hasta que el bárbaro, el déspota, el terrorista llaman a su puerta.

En cuanto pudieron, regiones, países e individuos huyeron del paraíso comunista, aprovecharon la implosión de la Unión Soviética. Y dejaron tras de sí la estructura totalitaria, burocrática y policial de un régimen que volvía a ser, en apariencia, la eterna Madre Rusia, ahora empeñada, como China, en logros económicos repartidos entre los afines al Gobierno, en un rearme vertiginoso y en un control energético en proporción inversa a la dependencia y debilidad europeas. Democracia, libertad y derechos individuales, siempre incompatibles con los padres fundadores de la revolución de 1917, eran todavía más inaceptables en el poroso y movible mundo del siglo XXI, tanto respecto a las naciones fronterizas como en el interior y en los propios ciudadanos rusos. El impulso totalitario de las remozadas o nunca extintas dictaduras comunistas, ahora bautizadas con el eufemismo autocracias, ha mantenido y sigue las mismas estrategias y procedimientos que antaño, con leves maquillajes de forma. Se atiene al mundo dual de denuncia de las democracias occidentales y aliados, exportado esta vez el mensaje, de grado o por fuerza, en un mix global por áreas internacionales de penetración, presión y asentamiento.

La invasión de Ucrania ha desnudado las matrioskas del líder de Moscú, todas presentes, propias de los estratos de su vida y todas en activo, decisivas, laqueadas, sucesivamente, por un proyecto común de dominio antitético de libertad y derechos individuales, revestido en su último avatar de una amalgama de exaltación de nacionalismo paneslavo ruso y fervor religioso ortodoxo. El conglomerado religión y Grande e Imperial Rusia encaja perfectamente con las matrioskas interiores en cuyo núcleo se sitúa el policía secreto del régimen que el líder comunista siempre fue y del que conserva la típica indiferencia por las vidas humanas y la certidumbre en la infalibilidad de sus actos. La matrioska del zar, una de las que el líder encierra, no tiene de aquél sino el icono útil de símbolos y título y la ambición del derecho divino que el Partido y Credo que conoció y la corte que lo rodea le proporcionan. Su reino es de este mundo, expansivo por naturaleza, sin relación con imperialismos zaristas, una sucesión de matrioskas semejantes al las escobas del aprendiz de brujo, de multiplicación, por su propia dinámica, imparable. La última reúne lo peor de cada casa, y la polémica comunista o nazi es estéril porque la integran ambos:  El poder del Partido en el que hacen piña Jefe Supremo, cuerpo rector y autócratas billonarios, y la descarnada brutalidad del nazismo con sus justificaciones étnicas y lingüísticas. El Presidente debe pintar su última matrioska con trazos rápidos por la urgencia del declive físico, particularmente insoportable para alguien que se ha querido y quiere símbolo de la fuerza, identificado con el mando y digno del mejor mausoleo en la mayor catedral de la nación más grande.

Las pequeñas muñecas sucesivas pueden caer, una tras otra, como fichas de dominó, con simples, repetidos, tenaces, numeroso golpes.

En el terreno verbal ha habido pocos cambios: las viejas armas empuñadas por los mismos y sus clones con los mismos propósitos: Se recurre como enemigos por antonomasia a la exhumación de las efigies del Mal destinadas a excitar rechazo automático, El Presidente ruso justifica su invasión y bombardeos en pro de la defensa contra el neonazismo, exactamente igual que en España el grupo de Buenos de nómina, la Izquierda, lleva largas décadas gozando de un cómodo vivir mediante la utilización de fascista, franquista, ultraderecha y facha como medios de ostracismo y chantaje contra los que no considera de su tribu. Todo vale para ignorar la realidad, los hechos concretos y los individuos. Así el Gobierno ruso invoca derechos étnicos y rancio abolengo medieval, que lo situarían como el primus inter pares de los eslavos, mientras sus clientes ideológicos, y con frecuencia materiales, de países europeos sortean la incómoda evidencia del regreso del imperialismo soviético y el periodo 1917-1989 a base de referencias a los zares. De forma paralela a la batería verbal Mal/Bien, tanto en la casa madre neosoviética como en sus franquicias no puede faltar la amenaza de grandes y eternos enemigos dotados de perdurable juventud y maldad infinita. Son recurrentes el Gran Satán Estados Unidos, la cohorte capitalista y los indispensables dictadores por mucho tiempo que lleven muertos: Véanse los nazis (con los que sin embargo al principio de la segunda Guerra Mundial Moscú pactó), en España Francisco Franco, cuyo fantasma lleva décadas trabajando para los que se legitiman dando lanzadas al cadáver, y los fascistas invocados por el espiritismo político.

Erizado de armas, con su dedo juguetón en el botón nuclear y la invasión de un gran país de Europa, Ucrania, que marca un antes y un después en la Historia, el Presidente del Gobierno ruso se sitúa en posición de aparente preeminencia y centro de los focos. Sin embargo el exceso mismo de su actuación, la teatralidad del desarrollo y la impostura del planteamiento delatan la inmensa derrota que se extiende tras los dorados y las águilas bicéfalas. Se sabe vencido por una forma de vida, la occidental, libre y democrática hacia la que se vuelcan cuantos eran sus vasallos, no ignora el vacío que existe tras la aparente rápida victoria por el recurso a la fuerza, le es patente su, en todos los sentidos, ineluctable vejez. La cual contrasta con la juventud y valor, espiritual y físico, de sus oponentes y con la toma de conciencia de la aletargada Europa tras la sacudida. La violencia misma de lo sucedido el 24 de febrero de 2022, con todo su precio de dolor, soberbia y sangre, tiene algo de canto de cisne, aunque éste tarde aún en morir.

El extremo occidental del puente oscuro se hincaba en arenas movedizas, en pilares poco fiables. Los que fueron países del Este se apoyaban en aquella Europa de las democracias, las libertades y los derechos, no olvidaron las invasiones del señor antiguo pero aprendieron rápidamente a hacerse un presente y un futuro, tejieron su independencia sin que por ello dejaran de mostrar en sus ciudades unos peculiares museos de la opresión, los comisariados y las cárceles socialistas que a los admiradores platónicos del comunismo a costa de la piel de otros les repugna visitar. Cuando llegó, en febrero de 2022, la invasión rusa en el extremo ucraniano del puente oscuro los invadidos sintieron y temieron, bajo la súbita lluvia de bombas y disparos, que la Europa de los derechos y libertades en la que habían creído no existiera que fuese polvo, como las momias expuestas al aire, ante la brutalidad de la fuerza, que, mientras las instituciones liberales de Occidente reposaban en espera del beso y las ayudas del príncipe, lo peor de la antigua Unión Soviética siempre había estado allí y que los jefes de Rusia, en vez de transformar su país, que no es para viejos ni para individuos libres, en país para todos, querían la gran dictadura de inacabables fronteras, la cual los coros occidentales de las consignas se apresuraron a denunciar como ambiciones zaristas cuando, en realidad, correspondían a las del Buró Político de Moscú.

Sus argumentos, como los ancestrales orígenes en Kiev y la tribu de los Rus, de donde viene el nombre Rusia, son de perfecta inoperancia. En las  oscuras edades de la Alta Edad Media, existían señoríos  diversos, como los khazar de Kiev, convertidos al  judaísmo en el S. VIII. Había un trasiego intenso con alternancia de enfrentamientos y pactos comerciales, imperaban la codicia por las ricas llanuras fértiles próximas al Mar Negro que se extendían tras los bosques, y por los puntos de comercio norte-sur, desde el Báltico y Escandinavia. El primer estado ruso, Kievan, no pasaba de ser un principado feudal marcado, en parte, por vikingos y nórdicos y, por otra, por el contacto con Bizancio. Los ríos, como bien sabían los vikingos, eran las grandes vías mercantiles y pronto se advirtió que la venta y trueque regulares de pieles, esclavos, ámbar y colmillos de morsa podían ser más rentables que la guerra. Los principados luchan o se alían entre sí, se ven acosados por nómadas y mongoles que llegan desde oriente y cuya especialidad es el saqueo, Kiev, tan eslava como los rus y ucranianos, prospera gracias a sus lazos con Bizancio y a la entidad afín  que le proporciona su conversión al cristianismo, un factor que, en paisaje político tan difuso y carente de fronteras, otorga sensación de pertenencia. Moscú pasará, y va a ser desde el S. XII, centro comercial de mayor importancia mientras que Kiev, unificado en el S. XI como estado ruso, se desintegra en principados independientes y en las más conflictivas zonas del sur pasará, sea a ser Lituania, sea a situarse en el khanato de la Horda Dorada.

Con el comienzo de la Edad Moderna, Rusia, ya imperio, se resiente, y esto será una constante, de su aislamiento, quiere acercarse, formar parte de Europa occidental. Kiev vuelve de Polonia a Rusia, Crimea, además de indispensable salida al mar, es más que nunca centro de comercio. Han llegado, desde el siglo XV en adelante, colonos germanos y flamencos llamados por los príncipes eslavos para que desbrocen tierras, desequen cenagales y loas conviertan, como así ocurre, en tierras de labor. En los siglos XVII, XVIII y sobre todo en el XIX hay una fiebre de descubrimiento, exploración y población hacia el este, hacia Siberia y los inmensos territorios apenas conocidos cuyas posibilidades y recursos comienzan a vislumbrarse. Ahí se engendra el Transiberiano, que es mucho más que un tren, es la nueva Rusia de la nueva época. El gobierno, los zares y las élites anhelan unirse a la revolución industrial, se impulsa la explotación de las minas de carbón en Crimea, se crean fábricas. En el siglo XX la extensa y rica en cereales Ucrania logra su independencia, que le durará bien poco, de 1917 a 1920. En la Unión Soviética será diluida en un enorme territorio, el Kazakstán. Tras la revolución de octubre, unos años después, entre 1932 y 1934, en Ucrania se vivirá, y se morirá, el Holodomor, el Holocausto ucraniano, por la hambruna provocada por Stalin, que expolió el trigo y se llevó por delante a entre cuatro, seis o siete millones millones de personas (las cifras son tan vagas, tan fáciles cuando se trata de hablar de exterminio, y de regatear a los asesinados incluso su derecho a haber muerto). Ucrania no fue un territorio de rendición rápida ni fácil de controlar. Sufrió luego devastación material y demográfica durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente un status de denominaciones y fronteras cambiantes, hasta su independencia real en 1991 y su reconocimiento como nación democrática en el foro internacional.

Uno de los mejores aliados del Gobierno Ruso y de su Presidente actual, en 2022, ha sido la forma de difundir en Occidente la Historia, la sumisión al maniqueísmo ideológico según el cual el imperio ruso era siempre un desconocido de borroso y agitado currículum entre la barbarie, los personajes pintorescos y un puñado de artistas notables en música y. letras. Apenas nada sobre el titánico esfuerzo para modernizar país tan vasto y de condiciones climáticas tan extremas. Los zares eran presentados como monstruos de crueldad o figurones ansiosos de fusilar oponentes y azotar a los siervos, el país una extensión inabarcable y en gran parte baldía de estepas semidesérticas, nieve, bosques, jinetes y miserables chozas de madera. Rusia ha sido la gran desconocida. El asesinato del zar, que ya había abdicado, y de cuantos lo acompañaban es unas líneas en el libro de texto, las colosales obras de transporte, urbanismo e ingeniería, el esfuerzo ingente de modernización un evento ajeno a los zares que sin duda brotó en tiempo récor del verbo salvador de Lenin y Stalin. Ni qué decir tiene que millones de muertos causados por el régimen soviético están ausentes en la mayor parte del relato occidental. La invasión y agresión de Ucrania en 2022 se atribuye hoy tranquilamente en no pocos medios a un revival de las regias ansias imperiales saltando limpiamente sobre el bien documentado, largo y reciente imperialismo soviético y pasando por alto el hecho palmario de que los zares nunca protagonizaron invasiones como la de Bucarest o Praga ni aspiraron a expansión internacional, no causaron la muerte de millones de seres humanos; ni alzaron muros, organizaron milicias y servicios policiales y blindado fronteras para que sus ciudadanos no huyeran del país.

El envés de la nueva Ruta de la Seda

Extasiados ante las nuevas oportunidades de comercio, relaciones y oportunidades, los asistentes a una charla-conferencia, diapositivas incluidas, en el International Institute (Instituto Internacional norteamericano de cultura situado en Madrid) aplauden como un solo hombre a las exposiciones sobre la China actual, floreciente, rica y prometedora. No hay prácticamente disidentes ni críticos (alguno, alguna), ni incómodas alusiones a la naturaleza del régimen. En la pantalla esquemas del Dragón de Hierro, ahora sedoso, al que numerosos occidentales ansían acariciar el lomo. No todo es grandeza, beneficio y maravilla en el origen. La Ruta de los Contenedores Benéficos Chinos, que distribuyen puentes, carreteras, ferrocarriles y regalos múltiples en países del Tercer Mundo, tiene también un reverso oculto y sombrío. El regalo incluye la mayor indiferencia y/o apoyo en las alianzas a tiranos, dictadores y prácticas de la más descarnada criminalidad, el más perfecto desapego ante las situaciones concretas de los individuos, la gélida aceptación en los tratos de situaciones y prácticas inhumanas. Porque en regímenes como el oficial chino y en pueblos adiestrados en la larga práctica de la ausencia de libertad, responsabilidad y moral individuales no existen sentimientos sino intereses. El Dragón de Hierro vestido de seda también defeca, e irá dejando lo que en su origen ya le sobra: los cielos grises de humo, grúas y trabajadores avasallados, las bocas amordazadas, las noches urbanas sin luna ni estrellas, veladas por la contaminación, el invisible y radical desprecio de los amos de la raza homogénea han y de un país sin la menor conciencia de los derechos e igualdad humanos respecto a los destinatarios del humo y los desechos del dragón.

Para el que se atreve a despojarse de la dualidad estúpida pero confortable Buenos/Malos que le ha permitido medrar, ahorrar neurona e ignorar la evidencia hay otros mundos de albedrío donde se respira mucho mejor y que están en éste, pero no son los del molde, ya casi instintivo, que le hace someterse al Izquierdas/Derechas. Descubrirá el valor de los actos por sí mimos, el nadie es más que otro si no hace más que otro de Cervantes, la posibilidad de vivir, pensar y expresarse sin unirse a la consigna coral, a la alabanza o el silencio, se sacudirá el miedo al ostracismo y el rechazo social, verá tal cuales son y han sido los sistemas totalitarios, el comunismo hoy, la triste grisura del miedo a lo otros y la censura tan bien plasmados en la película de Alfred Hitchcock “Cortina Rasgada”, de 1966, sobre el ambiente de la Alemania del Este durante la Guerra Fría. Quien salga de la cárcel del pensamiento y la palabra bipolares no se explicará cómo se ha mantenido la extraña dictadura del pobre y dirigido pensamiento. Podrá sin embargo hallar respuestas cuando observe que no hay dualidades pero sí una masa de clientelas parásitas de las utopías subvencionadas que han fagocitado en cultura y discurso la bondad, justicia, solidaridad social. Y descubrirá además que una tergiversación y rendición de tal envergadura sólo se explica, en buena parte, amén de por los beneficios obtenidos, por la vergüenza en ocasiones inconsciente de la propia cobardía, la del voluntariamente sometido a la servidumbre.

El puente oscuro viene dejando en su sombra a los rusos mismos, a los numerosos entre ellos que, como en los ex países del Este, quieren vidas libres y mejores, no sólo en ventajas materiales sino en dignidad, autonomía, respeto, en la existencia civil e individual de todos los días. Ninguno quiere vivir como la gigantesca dictadura de Pekín, por muchos juguetes electrónicos y PIB que eso represente. La simple imagen del Congreso del Partido Comunista Chino, con sus gigantescas Hoz y Martillo de fondo y las filas de clones con los mismos gestos, vestimenta, rostros y aplausos inspira auténtico terror y, por el contrario, justificados temor respecto a su destino, admiración, solidaridad y aprecio las gentes de Taiwán y Corea del Sur, que por sus regímenes democráticos, su valía y esfuerzo desmienten el determinismo étnico, genético y geográfico y son prueba viviente de que los sistemas en que se vive determinan más que factor alguno las conductas. En mayor o menor grado, la semejanza entre coreanos del norte, chinos del nuevo Mao, cubanos y fieles descendientes de la KGB rusa son, más allá de maquillajes folklóricos, obvia. Taiwaneses, sudcoreanos y disidentes rusos también confiaron, y confían en los que, al otro lado de otros puentes, defendían sus valores. Como confió Ucrania. Pero la blanda, medrosa y somnolienta Europa del oeste necesitaba de un revulsivo para que aflorasen  el valor y la fuerza para hacerse y hacer respetar los Estados de Derecho. Había confiado  su suerte al azar, a la inercia del confort asegurado, a la asistencia de primos musculosos en improbables casos de emergencia. Hasta que la bella princesa durmiente se despertó porque una bomba había estallado en su misma puerta.

El increíble dictador menguante.

Hay algo que sobrenada y sobrenadará, y pervivirá a toda esta sangre e injusticia: La perfecta ridiculez de un tipo que se va haciendo más y más pequeño en sus desesperados esfuerzos por hacerse grande, que mengua cada día que se empeña en cruzar puertas cuyas hojas abrumadas de oro buscan algún zénit y lo aplastarían de desprenderse una de sus molduras, que es inseparable de la prótesis del trono solar desde la que, a distancias siderales, puede vigilar las evoluciones de la corte gris de sus planetas, de manera que la lejanía no revele la disminución progresiva de su persona. El dictador menguante necesita, continua, fatalmente, aumentar la altura de sus podios, subirse, afirmarse, presentarse sobre trofeos, ruinas, edificios reducidos a escombros, tanques, pilas de monedas, de guardianes, de espaldas inclinadas, de altares, balaustradas, desde el balcón más alto, a la mayor distancia, pues conoce su fatal pequeñez irremediable, que le persigue como  propia sombra.

Morir morimos todos, pero el suyo es destino en especial patético, contraste de su empeño y sus ficciones, del gran engaño que le obliga a situarse como la encarnación de un vasto imperio, el cuerpo y la cabeza de un gigante fabricado por él para sí mismo, la cáscara y la máscara del raquítico afán de su persona. Cada vez parece más mínimo al otro lado de mesas con dimensiones de piscina olímpica en las que tal vez imagina que nada dejando atrás a todos sus interlocutores. Aferrado al extremo con la ansiedad de erguir el cuello y rostro, se va muy lenta, irremisiblemente, hundiendo mientras lanza gélidas órdenes de César redivivo. Puede auparse sobre nuevas víctimas, y sobre el sueño, que querría cierto, de hongos atómicos. Lo protege, como un palio, la leyenda misma de la irresponsabilidad de su mente, et terror de su conducta imprevisible. Pero tal vez se olvida cuán fina es la línea de la locura, la tierra de nadie en el cerebro entre la razón y las construcciones irracionales, donde se erige el frío, pero lógico edificio de la monstruosa conveniencia. Él es ya la lamentable y diminuta figura que huye desesperada de su talla real, que pretende empinarse angustiada sobre el tiempo y no ignora, en el fondo tenaz del ser reseco que mengua con el sol de cada día, que otros que van muriendo, que ya han muerto, serán y morirán mucho más grandes que el dictador menguante, desdeñado incluso por el polvo.

Rosúa

 

Y ahora añadir un agradecimiento a Ucrania, a Zelenski, a cada uno de los que han demostrado que, como dice Cervantes, por la libertad como por la honra se puede y se debe arriesgar la vida. Cuando en una Europa vendida a las sumisiones, en la que se aconsejaba a los ucranianos la inmediata rendición, cuando la cobardía y mediocridad son de precepto, cuando hay países fallidos, como España, que se avergüenzan de su nombre, de su lengua, de su bandera, que viven de repartirse despojos y en los que el jefe de partido hace un discurso a la asamblea cuyo resumen es Todos vais a seguir cobrando. (Gran aplauso), cuando llueve la lluvia viscosa de la vergüenza silenciosa cotidiana, gracias infinitas a Zelenski y a la gente de Ucrania porque nos han devuelto un soplo de esperanza en la condición humana.

01/17/22

LAS CLIENTELAS SIN UTOPÍA. EL HOMBRE NUEVO ONLINE 2022.

https://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/

LAS CLIENTELAS SIN UTOPÍA

Nadie es más que otro si no hace más que otro (Miguel de Cervantes).

El Hombre Nuevo Online.

Hubo un tiempo en el que los defensores de utopías, que resultaron encomiables o nefastas, comprometieron en su ideal tiempo, energía, vidas y haciendas. El final del siglo XX y lo que se lleva de siglo XXI viene caracterizándose  por la agresiva, peligrosa y ruinosa transformación de los luchadores utópicos en clientelas de confortables y tolerantes sistemas de bienestar. La mutación de la democracia en populismo les ha permitido incrustarse en el medio en formas de redes de parásitos que subsisten mediante la distribución de victimismo gregario y se imponen con el chantaje verbal y moral continuo difundido por la incesante lluvia de mensajes y por el pacto implícito con esferas de acumulación de bienes y de manejo de opinión, muy interesadas éstas en mantener el espectáculo antisistema y los coros y danzas de grupos identitarios y eternos agraviados. Las clientelas se saben rentables, disfrutan de audiencia y mejor vivir en proporción inversa a su rendimiento social y son, lógicamente, enemigas del individuo libre y de mérito, trabajo, capacidad e iniciativa. Necesitan, absolutamente, para nutrirse, parasitar y dominar, la imposición de la igualdad gregaria y la abolición de cualquier asomo de excelencia basada en cualidades objetivas, valía y esfuerzo personales. Se llena así el vacío político-social, creado por la desaparición, implosión, caducidad y forzada evidencia del fracaso de los regímenes totalitarios, de las dualidades Malos/Buenos que servían confortablemente de marchamo del club Progresistas/Reaccionarios, Izquierda/Derecha y demás letras escarlatas repartidas a conveniencia según el grado de acobardamiento y pasividad social.

Para salir corriendo (pobres clásicos). Florencia

Naturalmente esto tiene límites, marcados por la final carencia de recursos para alimentar a sectores cada vez más extensos e improductivos, pero ese final  puede darse a muy largo plazo y lo que se llamó estado de bienestar colapsar sólo en zonas más vulnerables por su propia rendición silenciosa a la invasión de las clientelas de la utopía del gratis total, de la diferenciación y de la queja. Aunque los defensores de la etnia semiacuática de Arroyoflaco o de los practicantes de la sexualidad con vegetales y el derecho a la regresión arbórea planteen las indemnizaciones que crean les corresponden por las eras de represión sufridas, es improbable que, llegado el momento, existan fondos suficientes para satisfacerlos.

 

El virus providencial

En el ataque a la conciencia del valor de la vida, individual y concreta, aquí y ahora, de cada ser humano confluyen en los nada felices años veinte del nuevo milenio enemigos de muy diverso signo y época, potenciado esto por un fenómeno epidémico y, a falta de estudio detenido, externo de globalización del miedo y aprovechamiento de la sumisión que carece de precedentes. Se superpuso a un claro esfuerzo preexistente de hacer desaparecer del centro de la atención y de la Historia al individuo libre, de vida limitada, irreemplazable, concreta, sustituido por una especie de antivitruvio, si pensamos en aquella imagen radial, que lo va desdibujando e impone en su lugar simulacros, nuevos dioses invisibles, abstractos, invulnerables, que prometen perfección a siglos vista, invocan mandamientos planetarios y que, mientras, van reemplazando a la humanidad por ganado, bueno para para el pasto, las marcadas tareas y los balidos que llenen de satisfacción a profetas entretenidos en la fabricación de robots.

Sin recurrir a grandes conjuras ni a cerebros maquiavélicos, de forma consciente o inconsciente (una no excluye la otra) nunca se había difundido con tal impunidad la exigencia de la supeditación de las personas, de cada una de ellas, de sus derechos,  bienestar, opciones, forma de vivir cada día, elecciones de felicidad o desdicha e incluso tiempo de esperanza vital a proyecciones utópicas externas coercitivas, imposiciones del sentir y del pensamiento, alabanzas del servilismo y la delación. Comenzó a hacerse con las ficciones duales a partir de la Lucha de Clases y demás credos de Buenos y Malos y demás sinónimos de una cómoda y eterna guerra Bien/Mal en la que cada humano pertenecía siempre a uno de los dos bloques por imperativo prácticamente zoológico. Se trataba de un  razonamiento de gran facilidad y mínimo esfuerzo intelectuales al que acompañan las consignas automáticas recuperadas por lo que se ha dado en llamar lenguaje políticamente correcto y es inseparable de la ofensiva contra el individuo. Son maneras de tergiversar y eludir el análisis de los actos concretos de individuos concretos con sus rasgos específicos, evolución, variaciones y responsabilidades. El salto cualitativo se dio en el siglo XX con los dos totalitarismos, el nazi y el comunista, que no en vano coinciden en su expansión y poder de dominio con la comunicación de masas. Ahí se afincó la dualidad aplicada pronto en beneficio del último, que ha continuado en su ocupación del espacio cultural y el marchamo de superioridad moral hasta hoy y que, aunque por su duración y efectos haya sido mucho más letal que el nazismo y conviva con la realidad de haber causado muchos más millones de muertos, no ha sido objeto de lógica reprobación.

El punto de inflexión se situó más tarde, cuando la dualidad real se desplazó a Parásitos y No Parásitos, es decir, cuando los que en tiempos corrían riesgos e invertían esfuerzos para materializar utopías pasaron a vivir a costa y en los estados de bienestar que denigraban, ejerciendo un chantaje de supuesta superioridad moral apoyada por todo tipo de plataformas culturales. Entró entonces en escena el aliado más poderoso de la sumisión; El miedo. El tercer gran salto. estado de shock incluido, se ha dado gracias a la inestimable ayuda de la mutación y extensión de un virus de la vieja conocida familia de la gripe con variantes por inesperadas más graves y alarmantes. El Covid permitió casi en horas veinticuatro ver cumplido el sueño de cualquier dictador con aspiraciones a totalitario, incluido cerrar durante meses Parlamentos, aislar en sus casas a poblaciones enteras y prohibirles y reglamentarles la comunicación, sustituyendo ésta, lo que ya es sueño húmedo, por simulacros telemáticos que se hizo creer avance perdurable de la técnica nacidos para quedarse y reemplazar a la libre sociedad.

La congelación social vino precedida de todo un despliegue de promoción mediática de consignas de sospechosa uniformidad, que coinciden en señalar al desdichado ciudadano  afanado en vivir a su manera lo mejor posible su fugaz hoy por hoy, culpable de existir y pretender pensar, hablar, disfrutar, comer, amar y desplazarse como mejor le parezca. Para esta ardua tarea de laminación de todos los individuos libres hay que trocear al enemigo, arrancar sus raíces y destruir sus fuentes de memoria. Por ello resulta particularmente útil la eliminación por franjas de edad, de los de más avanzada, que conviene hacer ver como elementos particularmente infectos, infectados, infecciosos y hacerlos salir a horas marcadas. El estigma ya está logrado, es irremediable confundir persona de riesgo con elemento contagioso. Los mayores resultan particularmente molestos porque son memoria viva, escépticos ante los nuevos profetas, poseedores de un acervo de conocimiento y experiencias que desmiente los fundamentos mismos de la nueva doctrina ajena a la humanidad concreta en sí, enemiga del saber, la tradición, la realidad palpable y el presente y necesitada de presentar a la juventud terreno que repoblar, horizonte de hombre nuevo, planetario y verde con reparto de juguetes deslumbrantes de nueva generación.

-¿Cómo logró usted que toda la gente del país lo siguiera en disposiciones tan tremendas, tan aberrantes?– se preguntó durante los juicios de Nuremberg a uno de los responsables de la  política nazi durante la segunda guerra mundial.

Muy fácil: Con el miedo. Si la gente  tiene miedo puedes hacer con ella lo que quieras.- respondió tranquilamente el oficial alemán interrogado.

Y era y sigue siendo cierto. Ha bastado en el siglo XXI el riesgo, no ya de muerte inmediata a manos de nuevos nazis ni ola de Peste Negra espectacular sin remedio, esperanza de conocimiento del origen ni posibilidad alguna de cura, sino de una variante viral de la de la gripe, un virus que lleva y llevará millones de años cohabitando con otras formas de vida en el planeta, para que se instale, de norte a sur y de este a oeste, un general ambiente de agresividad respecto al prójimo como enemigo potencial, una floración de comisarios vocacionales deseosos de denunciar, al más puro estilo de las dictaduras comunistas, a sus vecinos, y una plaga profundamente negra de sumisión al cacique y de renuncia a la libertad, el juicio crítico y los derechos del individuo.

La advertencia sobre los gravísimos riesgos sociales de enfocar la situación como una nueva peste que, terror generalizado y extendido mediante, convierte a cualquiera potencialmente en sospechoso e indeseable y da todo el poder a gobernantes sin escrúpulos, totalitarios y mafias y hace de sociedades e individuos libres sus primeras víctimas ha brillado por su total ausencia. Nunca en plagas anteriores se había sembrado, y utilizado, el miedo a nivel planetario de tal forma, ni se han hallado los ciudadanos en un estado de indefensión, control y desconcierto semejantes frente a las disposiciones de fuentes invisibles, repentinas, indiscutibles y variables que condicionan absolutamente sus vidas nada menos que bajo peligro de muerte.

Lejos de acompañar, de manera simultánea a las disposiciones oficiales, la información adecuada y mesurada sobre la naturaleza del agente patógeno, la inevitable recurrencia del fenómeno y las medidas, (vacunas e higiene) para abordar tales problemas, se han utilizado y extendido el pánico, la histeria, las opciones imposibles, véase el encierro indefinido, y con ello un dominio tan absoluto de las poblaciones como jamás se había logrado en regímenes totalitarios ni se ha alcanzado hasta el día de hoy con el comunismo en China, Cuba, Corea del Norte y aprendices mientras se está ensayando con el populismo étnico, nacionalista, sexista, etc. estilo siglo XXI. No es detalle menor que la más vasta dictadura actual de este tipo, China, ya no se denomine en la prensa occidental dictadura ni comunista sino que haya pasado a ser autocracia. Las palabras no son inocentes, ni lo es que escaseen los comentarios sobre la cuna del Covid y la imposibilidad de investigar su origen. Casualidad sin duda el rechazo a denominar una variante del virus por la letra griega xi, a la que sigue en el alfabeto heleno la o, ómicron La xi se asemeja a la inicial del nombre de Presidente del imperio asiático que siempre se vio a sí mismo como del Medio, hoy en plena expansión hacia los extremos, al que ha vendido Europa, a cambio de la inundación de mercancías todo a cien, la expectativa comercial y la compra de deuda, su dignidad y su independencia.

A pesar de la Peste Negra. Duomo. Florencia.

El volumen del miedo y disposición a la servidumbre, circulando a pleno galope por la red de comunicaciones moderna, y la parálisis y confinamiento de los países afectados no significan que la epidemia del Covid haya sido ni mucho menos el fenómeno más letal y la mayor ola de seguidismo irracional de masas que se recuerda: En el siglo XX la Primera Guerra Mundial desató una masacre colectiva absurda excepto por los intereses que la aprovecharon y dejó países en principio civilizados cubiertos de cadáveres rajados por bayonetas, gaseados, comidos por los parásitos, el frío y el lodo. La mal llamada gripe española no se quedó atrás, la tuberculosis, hasta el descubrimiento de los antibióticos, segó millares de vidas mientras las vacunas y la simple higiene han salvado innumerables; y las doctrinas totalitarias tienen en su haber millones de muertos, sin que los hombres civilizados hayan decidido rechazar, combatir las causas ni denunciar crímenes, estupidez ni fanatismo.

 

La mercancía del miedo

Lo pintaron, pero no se rindieron al miedo. Caravaggio. Florencia

La capacidad mercantil del miedo no es, ciertamente, nueva. El miedo vende, como bien sabe el periodismo. No se compra un periódico lleno de buenas noticias, pero, aliado con las técnicas de comunicación, esa mercancía vende mucho más, su rentabilidad se multiplica exponencialmente. La pandemia desciende sobre poblaciones que invierten gran parte de su dinero y atención en el estado y la apariencia física, en dietas, belleza, mimo del cuerpo y ropa de marca. Dios está aquí y se lleva puesto. Los enemigos del aspecto saludable son doblemente enemigos y los testigos visibles del deterioro de la enfermedad  o la vejez deben ser ocultados o mantenidos a la mayor distancia.  La confusión y los gobiernos de caciques han permitido además con la pandemia la floración de múltiples negocios, grandes ingresos, mafias, fraudes, estafas, cohechos y la constatación de que objetos de fácil fabricación y escaso coste, como mascarillas o desinfectantes, no se hallaran en el mercado y hubiera que importarlos de otros países. Como China.

Muy mayor negocio  ha sido, es y pretende ser la absoluta y fulgurante  imposición online, para gran alegría de empresas del ramo, programadores y comisionistas estatales o privados y con carencia absoluta de críticos, porque ¿quién se atrevería a pasar por desfasado reaccionario que añora épocas de atraso y es incapaz de apreciar los milagros de los nuevos tiempos?, ¿y las cuantiosas ayudas económicas que para ello la generosidad de los gestores universales le ofrecen?

El paso del miedo al pánico se mide por la percepción del agente de la pandemia como una especie de diminuta bestia rabiosa suelta que transmite su veneno fatal por la respiración y vapores de cualquier prójimo. Esto se traduce en la indefensión y desconcierto totales e inevitables. La racionalidad ofrece panoramas más templados  y desde luego mucho más lógicos y prácticos. Véase la visión de la vida como el micromundo de seres unicelulares, bacilos, virus, bacterias, microbios, que coexiste desde siempre, y por siempre, con otras formas, el macromundo, en el que se sitúa la especie humana, con interacción y reacción variable de ambos entre sí, en formas tan distintas como el bacilo de Koch, responsable de la tuberculosis, o las bacterias indispensables para la existencia del hombre a las que se debe, por ejemplo, la fermentación.

El Covid ha sido una pandemia de terror global porque había medios para ello. Era un miedo difundido y renovado en cada disposición, dato y día, acompañado por la indefensión completa, puesto que se inserta en un elemento absolutamente nuevo en el planeta: El sistema de comunicaciones informático. Y éste, que en principio debería haber actuado sólo como factor de apoyo positivo, ha multiplicado exponencialmente los daños sociales y políticos del Covid a causa de la gestión y porque se inserta en poblaciones que, previamente, se hallan en la situación de dependencia, no más peligrosa pero sí mayor, que la humanidad ha vivido jamás con el advenimiento de la telemática, que, al tiempo que sus indudables beneficios, tiene un lado oscuro: Su utilización de forma particularmente espuria y totalitaria.

 

El gran timo online

Moisés recibiendo los Mandamientos (sin online.). Florencia.

De repente, y con voluntad de permanencia, se ha privado al común de los ciudadanos de la atención directa, so pretextos profilácticos que no corresponden sino a un abuso permanente de las circunstancias, de la confusión y de ese excelente cómplice de todas las vilezas que es el temor. Robots, cintas grabadas, mensajes de correo sin posibilidad de respuesta, llamadas a números de teléfono que no responden jamás, soberbia, prepotencia y falsos pretextos de ocupación desbordada, desprecio del infeliz que intenta obtener la antes eficaz y rápida atención médica y que se encuentra con citas a más de un mes vista, organismos en los que donde había seis empleados hay dos o uno visiblemente inactivo pero que exige cita previa, fechas para vacunas de la vulgar gripe que se dan con más de treinta días vista so pretexto de agenda de enfermería completa y que cuando el citado al fin acude comprueba que es el único representante de la supuesta apretada agenda, desdichados que piden recetas de medicamentos necesarios y se encuentran con una especie de antidisturbios bloqueando la puerta y al habitual y conocido empleado transformado en furibundo cancerbero, organismos oficiales que funcionan visiblemente a ínfimo rendimiento, sospechosa unanimidad en las alabanzas al online y en el crudo hecho de que en absoluto reemplaza a la atención presencial, que se aprovecha y se quiere aprovechar para una amputación brutal de servicios y una segregación de la población y, que, en cambio, ha anulado la responsabilidad individual, no hay recurso posible ni respuesta y que jamás el individuo ha estado a tal punto indefenso ante la dictadura de dictadores invisibles.

La pesadilla burocrática, véanse los viajes y aeropuertos, a golpe de documentos noreply de inatacable estupidez binaria, el manifiesto desprecio e imposición a las personas concretas favorecen reacciones inútiles y negativas de rechazo a vacunas y a medidas aconsejables porque se produce un efecto de válvula de escape ajeno a la lógica y producto de la imposibilidad de control, de la impotencia ante la manipulación de la existencia cotidiana dispuesta por gobiernos ávidos de recibir dádivas y alabanzas de los señores que rigen y dosifican energía, autómatas y datos. Mientras, en las calles intentan conseguir empleos  y alimentos miles de seres humanos en paro que ofrecerían los necesarios atención y servicios, a los que se suman olas de emigración nada telemática. En la práctica, los ruidosos grupos antisistema son extremadamente útiles porque canalizan la atención, rechazo y reprobación de la opinión pública, que ve en ellos defensores del contagio y desahoga el volumen de agresividad y frustración acumuladas.

La maniobra de manipulación y sumisión de masas goza sobre todo de la mayor impunidad, está blindada ante el más mínimo ataque porque toda crítica y análisis de la opresión que ha provocado automáticamente se deriva al vertedero de los vomitados por la historia, de los incapaces de adaptase a la era luminosa del Progreso y sus ineludibles avances que permiten posibilidades jamás soñadas. Y son, además, cambios absolutamente irreversibles.

 

La dictadura invisible

La realidad es que se ha impuesto, de la forma más antidemocrática posible, el online como sistema de comunicación exclusivo, aunque no sea sino un recurso más que debía adaptarse a las necesidades y servicio de ciudadanos. Con una mezcla de papanatismo provinciano y afán de captar subvenciones basadas en la mutación telemática, se ha dejado a millones de personas en estado de necesidad y carencia, impotentes y atemorizadas, amordazadas además física y psicológicamente por la vergüenza de ser tachadas de incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos y de ser torpes rémoras del progreso. Son por millares víctimas de un robo legal y cotidiano que ni siquiera pueden denunciar. Se hace en silencio e incluso con sonrisas. Coexiste el tratamiento online de apestados con las campañas de los bancos, pródigas en anuncios y carteles con sonrisas y ofertas de cariñosa atención simultáneas de unas directivas dignas de los lazaretos medievales para rechazar al usuario, limitar su entrada, blindar el recinto, reducir a mínimo horario y servicios, eliminar empleados y oficinas- Todo esto en un sector, el bancario, cuyos trabajadores gozan de un horario reducido de verano de seis meses amén de diversas ventajas fuera del alcance del común de los mortales.

Peor que el Infierno: El de la estupidez. Florencia.

El individuo sobra. Hay respecto a la población franjas de él más eliminables o despreciables que otras, las de mayor edad, y esto es bienvenido por las clientelas de la grey victimista de nómina y por los caciques, y el Cacique. Les hace sitio y, con su presumible pronta desaparición, minimiza gastos de mantenimiento. Clanes y clientelas de nómina imperan. Ahora bien, el canon del mínimo común denominador intelectual tiene sus límites por mucho que se lleve haciendo un intento tras otro de eliminar todo saber, conocimiento y humanismo de los estudios y se prohíban la reflexión y la memoria. Como ocurre con la economía, la resistencia de materiales no es infinita y hay un derrumbamiento final del país famélico, carente de recursos materiales y humanos. Pero hasta que se alcance ese límite del canon de la estulticia y mediocridad como norma puede transcurrir bastante tiempo y mientas hay espacio clientelar para algunas generaciones que disfrutarán de todo tipo de juguetes tecnológicos.

Excepto de la libertad y la cuota de incertidumbre e irremediables sentimientos de soledad y tristeza inherentes a lo humano, y de la felicidad de no deber lo que se obtiene sino a sí mismo.

Infierno: El más indiferente. Florencia,.

 

Tiempos de genocidios light

El genocidio light, que tiene la bandera verde, de un verde un tanto lívido porque el reverso de los inacabables bosques del planeta futuro es la deseable desaparición del idílico y sano panorama de cuantos no cuadran en la perfección juvenil y deportiva, ha encontrado su grande y segunda oportunidad, después de los programas de eliminación física y los burdos intentos totalitarios del siglo XX: Sobran cuantos no vean números diminutos en pantallas diminutas, sobran los que no tabletean con agilidad en pantallas, sobra el que no ofrece la feliz imagen de dar corriendo vueltas a la manzana provisto de zapatillas de marca, está de más el de lectura y dicción de online precarias, por no hablar del osado y por fortuna raro contestatario que se atreve a dudar de la deslumbrante bondad y acierto del sistema. Molesta además especialmente por densidad comparativa, por la constatación de que posee autonomía de pensamiento y un almacén personal de saberes de los que al veloz interlocutor se le ha privado por abolición de estudios y del concepto de superioridad y excelencia de los conocimientos.

  • El indeseable ciudadano que ha perdido el look de la juventud es expulsado de cada metro de reciente asfalto con el que se impide el paso del transporte con el fin de construir en ciudades grises desiertos parameros e inmensas aceras innecesarias donde antes había seguridad, tráfico, posibilidad de desplazarse y animación urbana. Porque la ciudad, con su plural oferta y animación, es la libertad. La epidemia ha dado su oportunidad de oro a la ola de desprecio, hostilidad y eliminación de percepción y contacto con la que se trata a los mayores. Existen muchas formas de exterminio, en pequeñas dosis, maquilladas por campañas de solicitud gregaria oficiales. La  eutanasia, en tal contexto, será muy bienvenida, los suicidios difuminados en el hastío del abandono y el rechazo. Hay que hacer a los que no dan la imagen del Hombre Nuevo online la vida tan incómoda como sea posible, atizar la segregación, sacralizar al espécimen joven del nuevo mundo telemático regado de alabanzas y subvenciones. En el viejo se ve la imagen lamentable de lo que se llegará a ser, de lo que la propaganda de la juventud impecable, eterna y sin memoria niega. Toda agresividad, desdén, omisión son pocas, como saben muy bien las oficinas bancarias, los servicios públicos, las entidades y recepcionistas de servicios médicos. Los dioses Futuro, Online, Planeta Verde, Porvenir Climático exigen sacrificios, la pandemia providencial ha acudido en su ayuda, el Hombre Nuevo carente de pasado y de recuerdo se multiplica en los jóvenes.

Antes de que el comando igualdad de género lo destroce. David, de Miguel Ángel. Florencia.

A éstos la dictadura invisible les ofrece y ofrecerá compañía garantizada y gratificación instantánea. A ningún régimen totalitario le faltaron juventudes fanatizadas. El más torpe de los dictadores sabe acomodarse y sacar partido de ellos. Mayormente en un país colgado, como probeta de experimentos mal conseguidos, al extremo occidental de Europa y que es en ella la nación fallida, débil, irrelevante y patética, única que rechaza nombre, símbolos, lengua propia, historia y bandera, envidiosa con razón de su vecina Francia, defensora de su falsa Leyenda Negra, miembro mendicante de la U.E y que tiene como presidente un maniquí huero al que nadie votó en elecciones generales y que se apoya en el desecho de terroristas reciclados y en clientelas ansiosas de desguazar el país. La dictadura invisible online no admite reclamaciones, es blindada, abstracta, anónima  e invulnerable. El cacique presidencial es el mascarón de proa de las clientelas parasitas tras el que se apiña, con aplausos, la tropa tragaperras, que tintinea consignas -a -o cada vez que se introduce en sus ranuras el sueldo.

El maniquí modelo Hombre Nuevo cuenta con  tres amigos: la Trinidad: Planeta, Futuro y Progreso a la que se suma el caprichoso dios Climático, que garantiza la irresponsabilidad del Líder y su distanciamiento de cuanto pertenezca a lo presente, inmediato y comprobable. No hay culto más cómodo ni dioses más inapelables. A más vacío personal y mayor capacidad de fraude y flatulencia ideológica mayor devoción espectacular por cuanto se sitúe a siglos, milenios, millones de años vista. El parásito se sabe en ese terreno libre de dar explicaciones a críticos y adversarios y dueño de repartir a sus fieles huestes larguezas. Planes, proclamas, promesas, expolio de bienes y derechos, leyes y normas diarias y abundantes, disposiciones arbitrarias y contradictorias, invocaciones, prohibiciones, sacrificios, todo se justifica en el ara del dios Futuro, del dios Planeta, del dios Progreso, del sagrado Cambio Climático. No hay medio ni posibilidad alguna de comprobar cuanto el Líder proclama, de acomodar sus disposiciones al presente, de introducir en la escena del hoy y el ahora al ciudadano y su breve vida. Ninguno de tales dioses existe como tal y su misma entelequia los protege y da a los líderes invisibles y a sus representantes patente de corso para hacer y disponer cuanto quisieren, desparece el presente, lo único real y cierto, para ser sustituido por imágenes virtuales futuribles y profetas que evangelizan, en un rasgo de conmiseración, a los torpes mortales apegados al disfrute de los bienes y alimentos terrestres de su día a día.

La pasividad de poblaciones narcotizadas por la difusión del miedo no impide, sin embargo, la percepción del esbozo de sociedad que se está intentando imponer: No es el mundo en el que se desearía vivir sino la antítesis del proyecto democrático que con tanto esfuerzo se había ido materializando, el de derechos y libertades individuales, valoración de la excelencia y el mérito, admiración por la belleza, la inteligencia, las obras sublimes de la investigación y del arte, los logros del trabajo y del esfuerzo.

Lo que apunta es el lado más oscuro del empleo de la ciencia, el menos democrático, en el que un abismo separará al individuo del común de una élite provista de contactos, fondos, tarjetas oro y express y equipos de asesores que resolverán para ella cuantas gestiones presente la vida diaria. Es una élite de físico y nacimientos seleccionados por especialistas en genética que les asegurarán la vida a la carta, la ausencia de defecto alguno y la previa eliminación de cuantos no consideren humanos, dignos de respirar ni de pertenecer a su núcleo dinástico. La élite planeará, sin mancharse, sobre el confuso enjambre de la plebe, lucirá, en el caso de que quiera reproducirse, bebés impecables y no tendrá jamás el menor problema de gestiones, pagos y suministros, no existirán para ella robots telefónicos, silencios, noreply ni esperas y, con sorpresa genuina, sabrá a veces de las angustias de cuantos habitan los tan lejanos mundos exteriores. Entonces verificará el móvil que lleva como un escapulario y lo considerará una transmisión defectuosa.

Naturalmente hay un olimpo, y en él profetas y gestores de felicidades virtuales disfrutan, además de de los bienes de este mundo antes de que lo cubra el uniforme tono verde, del mayor de los placeres: El dominio total, aquel que los dominados agradecen y alaban, pasada ya la línea de la crítica, la perplejidad, la rebelión y el sufrimiento e instalados en las tierras del olvido de lo que en el pasado fueron y sintieron.

La utopía recuperada

La sustitución de una forma de vida y un sistema razonablemente libres lleva camino de aprovechar las circunstancias para instalar de forma permanente un nuevo totalitarismo anónimo, una fusión, más que revival, del nazi y el comunista, con la dualidad masa/élite blindada por la aparente neutralidad de la ciencia y los inmensos avances y beneficios que ésta ha procurado. Esos mismos descubrimientos, la complejidad alcanzada, hacen el manejo de lo que concierne a su vida diaria ajeno e inaccesible para la mayor parte de la población, que debe remitirse a su uso y dar las gracias por el milagro de la comunicación y la información instantáneas. La toma de disposiciones sin la menor participación de los interesados, y contra su voluntad, beneficio e intereses ha introducido riesgos gravísimos de un tipo de dictadura y control telemáticos que exige la anulación de cualquier otro medio de expresión, representación y contacto. Se plantea pues una tarea nueva, por demás insólita: Recuperar la utopía.

La Belleza existe. Botticelli. Florencia

En este caso se trata, y sería la primera vez que tal fenómeno se produce en la Historia, no de luchar por una utopía inédita, sino de recuperar la más feliz forma de vivir que, sin rechazo de los progresos actuales y con plena conciencia de la historia reciente, reivindique sin complejos ni temores de exclusión, omisión ni ostracismo, las formas de relación personal y laboral que se intenta erradicar y sustituir por opciones mecánicas vacías de responsabilidad personal y de calidad humana. Se trata, en esta época gris, de la utopía de reemplazar la envidia y el odio a la excelencia por la abrumadora alegría ante la superioridad ajena, por la plataforma que ésta a todos ofrece de despegar de la angustia, mezquindad y de los males inevitables. Si, por poner un ejemplo, la ciudad italiana de Florencia fue capaz, en el siglo XIV, a pesar de la feroz Peste Negra de 1347, que mató a más de un tercio de la población, de alcanzar la cumbre de un arte que llamamos renacentista y edificar la maravilla del Duomo de Brunelleschi, grabar las puertas del Baptisterio de Ghiberti, pintar y esculpir los infinitos tesoros de la Galería de los Uffizi, de la Galería de la Academia, si lo hicieron Miguel Ángel, Botticelli, Leonardo, Fray Angelico, Rafael, Caravaggio, con el olor reciente de la muerte, el terror y la pérdida, es posible que poblaciones que han sufrido infinitamente menos salgan de su estupor, rechacen la sumisión y el miedo, afronten la vida y la posibilidad de crear y sentir, más allá.. Lo hicieron otros hace siglos, en condiciones y con existencias mucho más duras y breves, y  supieron, sin embargo, dejar para sus contemporáneos, para nosotros y para sí mismos, una porción de eternidad.

Rosúa

Madrid, enero de 2022.

 

 

 

 

09/13/21

La Rosa y la Torre. 11S 2001-2021

La rosa y la torre -Madrid, 11 de Septiembre de 2021

Sobre la mesa, fugaz, extemporánea, había una rosa,

 

Era el 11 de septiembre, la tarde volviendo a ver las imágenes, siempre recordadas, nunca olvidadas, del atentado terrorista, de la Torres Gemelas y los siguientes.. Una y otra vez descendían hasta el fondo del alma esas personas lanzándose al vacío, la masa de llamas, humo y metal que no les dejaba elección, los miles de asesinatos, el polvo, el terror y el desconcierto de la gente que corría dejando tras sí una masa negra, impenetrable, la nube descomunal de humo, casi sólida, como esas películas de bestias prehistóricas que avanzan por Nueva York, ciudad a la que en ese momento quise más que nunca, y querré como algo mío.

La angustia de hace veinte años no había menguado ni una gota, estaba simplemente depositada en la ira, la amargura y el desprecio hacia quienes, en la prensa occidental, ocuparon el espacio mediático, más que abominando de los asesinos preguntándose cómo reaccionaría el Gobierno estadounidense. El sabor de la vileza volvió a los labios. Porque ni ante asesinatos masivos de tal envergadura obviaron muchos la consigna de estar, fuera como fuese, contra Norteamérica.

Las imagen seguían resucitando algo que nunca estuvo, ni estará, muerto. Las torres implosionadas se hundían arrastrando en un infierno de metal candente a los miles de personas de imposible rescate, y caían sobre los bomberos que, sin apelar como los terroristas a ningún dios espantoso, intentaron salvar vidas.

Los medios han reproducido abundantemente, aunque con reparos por respeto, las imágenes atroces de los que saltaban al vacío, la solitaria y patética del que intentaba atraer atención agitando una tela blanca desde la ventana de una de las torres. Luego se aproximó la cámara, y se detuvo largo tiempo en aquella figuras que movía  sin cesar su tela blanca para atraer la atención sobre su existencia, sin saber, o sabiendo quizás, que nada ni nadie podía llegar hasta él. Continuó ondeando su pañuelo o camisa hasta que fue humo tras una agonía de pánico y desesperación. Seguirá siempre agitándolo en el interior de los ojos de los que lo hemos visto. Era como podíamos ser cada uno de nosotros. Y la repugnancia ante toda la cobardía que ha ido cubriendo con su marea fétida estos veinte años, las infinitas concesiones, silencios, retiradas, cegueras selectivas, ante la amenaza de brutalidad y muerte de los bárbaros y la cruda verdad de la firma en todas ellas del Islam sube hasta los labios, anega el pecho, llega hasta el piso muy alto donde alguien agita inútilmente un pañuelo blanco. Impide respirar.

Sobre la mesa está la rosa, un contrapunto de paz y rojo sangre, una señal absurda de que en el mismo mundo puedan existir las imágenes y los hechos terribles, repugnantes, de la mayor vileza y, a la vez, algo perfecto, diminuto , bello, silencioso, cuyas hojas caerán como esa gente que se precipitaba al vacío, como todo finalmente cae hacia la muerte.

Pero la rosa está ahí, estará siempre, en alguna parte, odiada por los mismos y los hijos de los mismos que no merecen verla, que la quemarían como la cara de sus mujeres sometidas a una esclavitud peor que apartheid y comercio de africanos alguno, una indignidad de la que nadie, por miedo, estupidez y cobardía, habla. Mientras se aprovechan de los trabajadores musulmanes en Alemania, en Cataluña , en tantos sitios, y permiten sin rebozo que esas hembras sean fardos arrastrados unos metros por detrás del propietario.

Con esa indignidad, tea a tea, llama a llama, centímetro a centímetro de retirada, todos los días, todos los años, ha tejido Occidente las dos últimas décadas. En nombre de la igualdad de culturas y el respeto a religiones asesinas. Y ha surgido y medrado la peor clase parásita que vive de sembrar el odio a Estados Unidos y a cuanto y quien la sobrepasa., rebozándose en y esparciendo la envidia, la peor ignorancia voluntaria y el rencor.

La amargura está ahí, y el hombre del pañuelo. Siempre. Pero también la rosa.

Rosúa

09/11/21

TIEMPOS TELEMÁTICOS

Tiempos Telemáticos

El timo más grande jamás contado

Madrid, septiembre de 2021.

En 2021 se extendió, expandió y ocupó todos los espacios sociales absorbiendo hasta los últimos resquicios de la autonomía individual un curioso fenómeno que, en brevísimo espacio de tiempo y sin consulta ni recurso de apelación posibles, impuso a millones de personas un cambio radical en sus vidas, ubicuo, repentino, perdurable y que los situaba en un estado de indefensión como la humanidad no había conocido jamás. Al tiempo ofrecía la omnipotencia del conocimiento universal instantáneo y la comunicación ilimitada. Cualquier tipo, no ya de resistencia, sino de objeción por tímida que fuese a la forma de implantar el sistema, cualquier duda sobre el grado de calidad vital que pudiere proporcionar, cualquier análisis de sus daños colaterales estaba descartado, relegado al desván de las herejías, eliminado de la forma más eficaz: Por autocensura de sujetos conscientes de su irreversible clasificación como generación incapaz de adaptarse al progreso.

Llegó  así el advenimiento de “Tiempos Telemáticos”, en los que la rueda de Chaplin ha sido sustituida por una tuerca azul giratoria y un “Sin respuesta” y el capataz digital es inalcanzable, inapelable y anónimo, recostado, quizás, en alguna nube astral de logaritmos ajena a las personas y sus breves raciones temporales de bienestar. Evidentemente desde las cavernas hasta la fecha se han conocido épocas infinitamente más peligrosas que la actual, trabajosas, arriesgadas, de corta esperanza de vida y continúo acecho de enfermedades, depredadores y Naturaleza, pero en todas ellas cupo al individuo enfrentarse, por mínimas que fueran sus posibilidades, a la dificultad, el problema, la incógnita o el peligro. Los dioses y elementos mágicos se situaban claramente más allá del ámbito terrestre, en una esfera ajena y arbitraria a la que se recurría según circunstancias, usos y creencias de cada cual. Los objetos, una vez obtenidos, eran fieles, se disponía de ellos, tenían la consistencia de cuanto se había hecho para lograrlos, de forma similar a las personas y el entorno. La mente, la técnica y la ciencia cambiaron, mejorándolas, las existencias y su marco físico, de forma, se creyó, paralela al disfrute del desarrollo individual de cuanto distingue a la especie por las particularidades irrepetibles de cada uno de sus miembros. Hasta que vino, súbita y más inapelable que las decisiones de los antiguos dioses, la marea del gran timo, en la que la ciencia y el progreso fueron utilizadas como señuelos por una red de tahúres seguros de su inviolabilidad.

Gozaron de un auxiliar inesperado: El miedo, físico, generalizado, alojado desde el principio de los tiempos en la zona más primitiva del resto de cerebro reptiliano, el miedo y la disponibilidad al sometimiento a cuanto pudiera garantizar la supervivencia. El virus de 2020, la pandemia, natural o artificial, combatida con diversa eficacia y utilizada políticamente por la oportunidad de perdurable control social y laboral que ofrece, resultó una ayuda inestimable para una maniobra de inmensas dimensiones: el retorcimiento de un logro en principio excelente de la ciencia que garantiza la comunicación e información instantáneas distribuidas por acumuladores que, como estrellas artificiales, giran en el espacio y envían datos para su dosificación y comercialización. Hubiera podido ser indiscutible beneficio  de no haberse aprovechado para imponer, en todos los campos y circunstancias la obligación online, de una manera que, paralela e irremediablemente, criba, culpabiliza y elimina cualquier asomo de coexistencia con el contacto directo, el mundo real, la relación física y que, con ello, establece una vasta, inédita, inatacable dictadura que no precisa de coacción alguna puesto que los sujetos excluidos, avergonzados de sí mismos, de su supuesta incapacidad de adaptación y del rechazo social, callarán y se esforzarán por aparentar entusiasta adhesión.

The Economist 14th August 2021
El relleno de las viñetas con online es de la autora de esta web

El carro del dios Futuro Online, tiene campo libre, como el del dios  hindú que va aplastando a sus fieles, en un panorama de vía única en el que cualquier disidente sin más bagaje que su propia y limitada vida actual, sus preferencias, necesidades y deseos sobra. Bruscamente, en el más puro estilo totalitario, se le priva de relación directa con personas concretas, de intercambio necesario, de calor humano, de la conciencia misma de la realidad, reducido a un mundo en el que se desdibujan los límites entre la auténtica vivencia y la ficción. Ya no existen responsabilidades con nombres y apellidos, aquí y ahora, la blanda sustancia de la Historia se disuelve, carece de sentido, la masacre del 11 de Septiembre de 2001 aflora a la conciencia los segundos que se tarda en pulsar un botón.  El reverso de que se sabe todo es que nada se sabe; y muy poco procura felicidad.

Ocurre que las personas, al contrario que el Dios Futuro, sí son reales y los actos producen efectos en la existencia de los vivos del presente. En la implantación absoluta del Tiempo Telemático debe haber sólo la ideal profilaxis de las  pantallas, indistinguibles de los supuestos emisores, vehículos de mensajes enviados desde un espacio desconocido que lanza ante cualquier pretensión de pregunta y contacto del receptor un “No replay”. Nadie de la ciudadanía del común prefiere hablar con un robot, tras larga espera y música telefónica, mejor que con una persona física, ni optaría por atención mecánica de corta y pega en vez de por alguien real que le responda y escuche. Nadie ha escogido la completa indefensión de la sumisión a los fallos y limitaciones de un programa, ni, por ejemplo, la transformación de la antes eficaz atención en citas a meses vista. La pena de ostracismo y desprecio  gravita sobre quienes se atrevieren a blasfemar de los nuevos dioses y de sus preceptos en pro de la Parusía Verde y Planetaria. El inmenso y costoso timo online se ha impuesto, en todos los minutos de la vidas de todos, sin espacios de coexistencia con otros posibles, básicos y valiosos medios, maneras y recursos que, lejos de ser incompatibles con la revolución telemática, siguen teniendo un papel esencial y forman parte del núcleo de algo tan frágil y tan necesario como la felicidad cotidiana.

El timo ha permitido, en pro de la buena causa futurible, técnica y aséptica, que haya desaparecido la atención presencial de entidades con empleados de sueldo fijo garantizado y que éstos reduzcan a la enésima parte su rendimiento laboral. Lo que funcionaba correctamente pasa a someter al desdichado usuario a largas y deprimentes colas de espera y a atención escasa, despectiva y visiblemente molesta por la incómoda existencia de personas que intentan obtener un documento o información. La jaculatoria de la petición de cita online es precepto de exhibición permanente y providencial para los vastísimos servicios minimizados y que hacen, además, lo imposible para que los que logran acceder a ellos se sientan un desecho de tienta de la Historia, restos en liquidación de una especie pretécnica que escupen de sus bocas el planeta verde y el Dios Futuro.

Con la inestimable y providencial ayuda de la pandemia, se amputa a la amedrentada y temerosa ciudadanía de la atención que realmente necesitaba y que nunca se atreverá reclamar porque vive bajo el falso chantaje mediático de que el avance científico tiene indudablemente ese precio, en lote, y que el rechazo del abuso de la extensión totalitaria del fenómeno significa una reaccionaria, ludita y senil oposición al progreso, a hablar por el móvil, a los avances médicos y a utilizar una ordenador. Debe asentir al obvio deterioro, brutal y absurdo, de la calidad de vida cotidiana. Al timo se acogen los bancos, ansiosos de justificar la desaparición de oficinas y personal, las mutualidades y cuadros médicos que antes atendían de forma correcta al usuario y ahora huyen ante el que miran como enemigo, la masa de antes servidores públicos, los grandes almacenes que se apresuran a hacer planear sobre sus empleados el fantasma de su obsolescencia programada y en los que ya nadie atiende, los dirigentes parásitos, que en España son legión, y privan a jóvenes y escolares de sabiduría, referencias, conocimientos y memoria de forma que no exista frontera entre donde empieza la pantalla de la respuesta instantánea y donde se halla el indefenso y desprovisto cerebro del usuario.

Bajo la gran timo telemático se encuentran millones de personas, tres y medio españoles más los emigrantes que vayan llegando, que buscan empleo, con cuya atención personal ningún robot sería comparable y que corresponden a lo que desean y necesitan los ciudadanos, aquello por lo que sin la menor duda éstos optarían si se les ofreciera la menor oportunidad. De que no la tengan y ni siquiera la imaginen se guardarán mucho cuantos, acunados por el espejismo del maná tecnológico y monetario prometido por la bien pagada burocracia de la Unión Europea y los gurús de Davos, viven confortablemente instalados en el gran timo y el endeudamiento sin fronteras. Disponen de una ciencia pervertida como marchamo de sumisión y dependencia, invisible tatuaje de números invisibles en cada  piel, excepto en la de los capos, rabadanes de un rebaño aterrorizado ante la simple idea de que les priven de su juguete. El Edén en el que se ven  instalados es demasiado prometedor de eternidad y distancia sideral de la plebe como para renunciar a él: Nada menos que gozar del mundo auténtico, de comer alimentos no sintéticos, charlar y beber con colegas, pasear por paisajes no virtuales y, sobre todo, disfrutar de lo que otros ni tienen ni pueden rozar Se ha construido, en horas veinticuatro, una élite inalcanzable, tan incognoscible como los antiguos misterios de Dios, ante la que sólo cabe el agradecido aprovechamiento de simulacros y la obediencia.

Si la mayoría de la población quiere vivir estabulada, con piensos prefabricados regulares, un nivel intelectual mínimo y paso diario por el canal de lavado de consignas de cómo ser bueno es su problema. A fin de cuentas la regresión existe, está abierto el paraíso asnal de Pinocho y cada aldea tiene su Davos listo para repartirse las meriendas, comer, pensar, comunicarse y vivir la buena vida autentica siempre que sea a costa de otros. Es el envés más oscuro y real de la democracia, su simulacro ya previsto hace casi dos siglos(Tocqueville dixit). Pero esa mayoría de “Tiempos Telemáticos” no vivirá felizmente. Lo harán los que la ordeñen a diario. Porque el futuro es el dios más cómodo que existe, al que no hay que rendir cuentas y que permite repartirse el pastel  del presente.

Rosúa

08/1/21

Tiempo de Caciques- Madrid, julio de 2021

No espero nada.

No temo nada.

Soy libre.

Nikos Kazantzakis. Epitafio.

Escritor de Creta, Grecia. Un país orgulloso de  su historia, alegre, libre.

 

Tiempo de caciques.

Hubo un breve tiempo aceptablemente racional, de transición y confirmación del país moderno que de hecho España ya era.

Luego hubo un largo tiempo de chantaje, mayormente verbal, cultural y en el manejo de la opinión pública, destinado a crear un pasado de dictadura atroz, uniformemente satánica, que justificase la ocupación de grandes y rentables espacios por gentes sin méritos para ello.

Le siguió un tiempo de caciques, con voluntad de afincamiento eterno apoyado en mitologías, ancestrales, pasadas y futuribles ajenas a todo control y verificación.

No existieron, ni habían existido nunca, dualidades de perfectas maldad y bondad, jamás hubo dos españas más allá del discurso poético y del fácil recurso al simplismo verbal. Sí existieron, y existen siempre, por una parte, responsables de crímenes, robos, fraudes, asesinatos. Por otra, aquéllos más peligrosos a causa de su anonimato, mimetismo, voracidad y gran número, sin valía ni obra propia, dispuestos a vivir mejor y a costa de los demás alegando pertenencia a colectivos presentes, pasados o marcados por inescrutables designios de la Historia para cumplir los decretos del dios Futuro y su Mesías, encarnado en un bíblico Cobrador del Frac a cuyas puertas hace cola la inagotable cantera de víctimas de género, etnia, historia, número y caso. El planteamiento dual se traduce siempre en chantaje, extorsión y anulación de los hechos y derechos concretos del individuo concreto por parte del grupo depredador, que absorbe de la limitada y presente vida de las personas beneficios, poderes, haberes y territorios proporcionales al vasto robo del erario público. cultural y mediático, implantado afianzado y explotado, sistemáticamente por la gigantesca bolsa de clientelas en las que se asienta el sistema parásito.

Que la monumental excrecencia haya logrado en España imponerse como el ruido de una tamborrada se impone a la buena música y que las simples y profundas estupidez, ignorancia, mediocridad y envidia se erijan como norma sólo puede explicarse por la aquiescencia implícita o explícita de una gran parte de la población a lo que objetivamente es malo, ridículo, ruinoso, absurdo y falso. Ni hay dos Españas ni ha habido un absoluto Mal encarnado hasta 1975 en una dictadura sin la cual hubiese imperado una república parangón  de dicha y libertades. Lo que sí hubo sin lugar a dudas durante los años siguientes fue un país como los otros que se propuso y logró resolver múltiples conflictos. Existió un tiempo de altura de miras, realidad y desprendimiento, imposible de concebir ni tolerar por los grupos ávidos de apropiarse de lo que por sí mismos no hubieran conseguido jamás.

Vino el largo tiempo de chantaje, la fabricación del monstruo dual, el montaje póstumo de defensores de la Luz y del Bien, el tiempo en el que la sola inclusión verbal en derechas, fachas, burgués, franquista, reaccionario significaba ostracismo social y económico. Desaparecieron la realidad, la educación, la historia, la lengua, el territorio nacional, la igualdad ante las leyes, hasta extremos que precisamente por su insólito nivel de irracionalidad y estulticia resultaban inatacables y producían desde el exterior reacciones entre la indiferencia ante lo inane y la hilaridad por lo ridículo, mezcladas con la conmiseración que despierta en el foro internacional  el pobre actor que cree llenar con deslumbramiento estético el escenario y paga a la clá los aplausos.

Lejos de ser el valiente pueblo español que muchos quisieran creer, la mayor parte del  manso público local digiere sin el menor esfuerzo, sin incomodarse siquiera por el tamaño, olor y sabor de las píldoras, las mayores necedades, los más flagrantes absurdos, las más patéticas sumisiones a la irracionalidad, las injusticias más obvias, la impunidad de los delitos. Deglute, mientras no falte el pienso, como integrados en el menú cotidiano la mentira continua, la impunidad como norma, la desaparición bajo sus pies de lo que llamaron país que sólo se ha vuelto un remedo fallido de tal, una patética anomalía, el único sin posibilidad de exhibir en numerosos territorios bandera ni símbolos, de emplear ni estudiar la lengua española y donde no hay ciudadanos con derechos y deberes iguales sino un amasijo de clientelas y caciques que compran la fidelidad de sus mesnadas a golpe de fabla, habla, sexo, distribución generosa de aprobados en ignorancia, falsos diplomas, doctorados ficticios, cátedras y bachilleres inexistentes y erradicación de la libertad, el saber y la memoria. Tendidos quedan en el campo de batalla gramática, semántica y sintaxis, repartidos como botín  de los asaltantes las infelices vocales y los desdichados morfemas.

La liturgia es estricta, con premios a la repetición de jaculatorias de los nuevos y cómodos dioses y excomunión, oprobio y anatemas hacia los disidentes. Es un olimpo creado a imagen y semejanza de sus profetas, compuesto por Futuro, Online, Planeta, Verde y, en fin, con soma[1] a discreción pagado por Benefactores sostenibles, lejanos, virtuosos, virtuales, planetarios, climáticos y telemáticos. Son dioses cuya fuerza precisamente reside en que no existen, en que en lo inmediato, en el concreto vivir de las personas concretas, carecen de entidad. Su responsabilidad se proyecta en una dimensión fuera, en la práctica, del espacio y del tiempo, sin apelación, responsabilidades ni reclamaciones por daños ni denuncias por fraude, lo que permite a los gestores del tiempo de caciques la mayor impunidad que imaginarse pueda, la barra libre de condena a los disidentes, la imposición continua de realidades ficticias y de inapelable superioridad moral. Es religión que otorga a su clero, muy en este mundo, derecho de control, manipulación, cohechos, la apropiación legalizada de cuanto desee, la agresión cuando y a quien plazca, según la momentánea conveniencia del Cacique Máximo, aderezado y diseñado éste, como en la antigua filmografía del salvaje Oeste, según el mudable criterio de venta de imagen del sheriff. No existe blindaje comparable al del régimen que apela a esos nuevos dioses de obligada obediencia y que se beneficia de la sonrisa, entre condescendiente, burlona y cómplice, de los dirigentes de democracias auténticas con ciudadanos reales.

Nunca hubo control de la población mayor, indefensión semejante del individuo que carece del apoyo de las mafias legalizadas, sociopolíticas. En comparación, la vieja dictadura era, en la vida privada, mucho más libre.. En 2021 el sistema sabe todo de todos, puede arruinar al individuos cuando lo desee, se está a años luz de la igualdad de derechos y deberes. La tranquilidad, bienestar, los ingresos de los que se goce dependen de la adhesión implícita o explícita a los mantras de las nuevas religiones laicas, del pago de infinitos diezmos y primicias a su parroquia, de la obediencia al clero de los nuevos dioses y de la aceptación de los juicios de valor que ellos impongan. Se está sometido diariamente a una ducha de consignas sobre qué vida llevar, qué comer, qué decir, qué pensar, qué escribir, cómo ser bueno, aceptado, guapo, sano, joven, fuerte, con una injerencia en la vida personal que sólo en las dictaduras totalitarias -comunistas y nazis- se recuerda, con la salvedad de que la actual, gracias al empleo espurio y malsano de las tecnologías, es infinitamente más eficaz, inapelable, ubicua, absoluta.

Por lo tanto, nunca el conglomerado parásito ha tenido a su disposición botín más fácil, más indefinido ni más rentable: España es un ejemplo de manual: Un país entero, con sus instituciones, empleos, subvenciones, leyes, cargos. No hay negocio mejor ni más impune que la instauración, siempre bajo cobertura de supuesta democracia europea, de un Gobierno de parásitos sostenido por terroristas de carrera, jefes sólo expertos en crear y justificar tribus, vendedores de rentable victimismo y cabeza visible de un Presidente Figurín jamás votado en elecciones generales y encargado del reparto de dádivas. Cuando no se le llama ya miedo al miedo la dictadura es inatacable y se trata de un sistema nuevo, moderno, mediático, de caciques supeditados al filtro online y de ciudadanos que han optado por dejar de serlo.

Es el tiempo del mínimo común denominador, del rancho barato o gratuito aliñado con servilismo y cobardía en el mejor estilo, remozado, de Los Santos Inocentes[2]. A fin de cuentas entre el propio campestre utilizado como perro de caza y el propio 2021 que acepta sin rechistar una lluvia de decretos, normas y órdenes jupiterinas aprovechando, sin asomo de consulta parlamentaria, un impuesto y turbio estado de alarma sólo median las formas, no la disposición de los súbditos. El virus ha venido a potenciar la vocación de vasallo y servidumbre, la decidida y probada, mientras no se demuestre lo contrario, opción de buena parte de la población hispana por el dueño tribal, que ahora nombra a sus mujeres y a las de sus pretorianos ministras y catedráticas .El resultado del desguace es la prueba, enmascarada por los juguetes tecnológicos, de la posibilidad de las regresiones y de la veloz, acelerada lejanía del país que ya no es y que pudo ser.

Rosúa (Madrid, 28 de julio de 2021)

[1] Soma: Droga repartida a los individuos en la novela de Aldous Huxley Un mundo feliz.

[2] Miguel Delibes, novela. 1981. Película de Mario Camus 1984.

 

 

06/7/21

Homenaje al homeless

HOMENAJE AL HOMELESS (En inglés persona sin techo)

 

La acción ocurre en un aeropuerto de Londres, llegadas internacionales, junio de 2021.

Los cansados viajeros hacen cola ordenadamente para que, pasados los controles de inmigración, policía y sanitarios, puedan acceder a Gran Bretaña, en la versión reducida que el Brexit impone, y tomar sus vuelos internos de correspondencia. Hay retraso y, parafraseando en versión light a Mao Tse-tung, cierto desorden bajo los cielos.

Visión profética de una terminal de aeropueto

Inglaterra remoza el rule Britannia y decide marcar al orbe su diferencia: Sólo entrarán los que muestren pruebas innumerables, antes, durante y semanas después del vuelo, de que no están infectados por el virus maléfico, ese germen de una gripe virulenta regalo del todo a cien chino que ha sembrado en la antaño libre Europa (y en el resto del Globo) la plaga de la más completa sumisión, del Estado de Sitio a la carta de intereses políticos, de la desconfianza y miedo al semejante y de la certidumbre para los gobiernos del poder sin límites respaldado por el pálido terror a la muerte.

«1984» en un teatro de Londres. Orwell siempre actual.

Justo cuando la muerte estaba tan olvidada, cuando era de tan mal gusto aludir a la ineludible fecha de caducidad de la vida, cuando las matanzas, hambrunas, estúpidas guerras, crímenes terroristas sea ocurrían lejos, sea se hacía cuanto era posible para que se olvidaran o disolvieran en la adoración de dioses abstractos, sin relación con el individuo concreto de aquí y ahora, dioses nuevos tan lejanos como inapelables: El dios Futuro, el dios Planeta, el dios Verde, el dios Climático, el dios Género. Nunca los dictadores, los totalitarios y sus aprendices dispusieron de liturgia, ritos y parroquias más cómodas.

Vino, además, como otras veces pero repleto el cargador de infinitamente más impunidad y miedo, el virus del Celeste Imperio, cabalgando en las máquinas del Apocalipsis, plantando los cascos sobre individuos encerrados y abrumados que ya no contarían como tales y pasarían a ser estadísticas, cifras, franjas de edad, potenciales enemigos.

El homeless hacía cola en el aeropuerto, provisto, como único bagaje, de su tarjeta de identidad británica. ¿Dónde están sus pruebas, documentos preceptivos, abundantes certificados, todos adquiridos y luego enviados al móvil con profilaxis exquisita, paquetes de test dejados en el descansillo para que no haya contacto físico ninguno, batería de prescripciones legales que permiten o impiden la entrada en el país?

-No tengo dinero para pagarlos.

En la cola de cansados y hambrientos viajeros (porque tampoco la profilaxis permite que el bar ni el avión suministren comidas o bebidas) comienza a cundir la impaciencia, aún moderada por la reserva británica.

El bobby (guardia inglés) mantiene la flema que de él se espera. No en vano recibió su bautismo de fuego en horas de soportar, a pie firme, la curiosidad de los turistas. Recorre la cola una ondulación de indignación contenida y temor a perder las conexiones mezclada con inconfesables deseos de que se elimine, de la manera que sea, al homeless y con todavía menos confesable envidia respecto a ese tipo que no ha pagado nada ni ha hecho nada de lo que ellos han estado obligados a hacer.

El guardia, esfinge añil y afanosa, apunta en su librera y pasa al apartado siguiente:

– ¿Dónde pasará usted la cuarentena? ¿Domicilio?

– No tengo domicilio.

La onda, en la cola, se manifiesta en toses, carraspeos, arrastrado de pies, miradas ansiosas hacia el reloj, el panel de vuelos y el lavabo.

El homeless parece compadecerse, reflexiona. El bobby repite su pregunta;

– ¿Domicilio? Debe darme un domicilio.

– Bueno, tal vez vaya a casa de unos amigos….

El bobby apresta bolígrafo y libreta, olvidado, por lo crítico del momento, de las ventajas del online y del programa informático que debería contemplar, pero no lo hace, la situación.

– ¿Dirección de sus amigos? ¿Calle? ¿Teléfono?

– …Es que es posible, muy posible, que no estén…O que no les venga bien alojarme. De hecho, hace tanto tiempo que no los veo…

El bobby deja caer el bolígrafo, pero no la mecánica del procedimiento.  En la cola cunde ya el franco desánimo de las irremediables catástrofes. Mientras, la sala se ha ido vaciando de otros empleados y de viajeros. A nadie se puede recurrir, los mostradores son lanchas de salvamento vacías, abandonadas por capitanes de líneas aéreas insensibles al hambre, sueño, cansancio, sed de los viajeros que empiezan a plantearse cómo se sentirían los leprosos en su lazareto medieval. Alguien, que pretendió alegrarse el viaje antes de comenzarlo con dos whiskeys, sueña con un inmediato futuro de reducido grupo de personas que deambulan en la soledad nocturna de calles sin comercios ni restaurantes -ubi sunt los pubs?- y van cayendo junto a las puertas cerradas, no víctimas del virus, sino del desfallecimiento y la repugnancia que leen en los ojos de los escasos semejantes.

– ¿Otro domicilio?-insiste el bobby.- ¿Su familia?

– – Mi madre. La casa de mi madre.

Corre por bobby y cola un hálito de esperanza.

-….pero mi madre ha muerto.

Desesperación general.

By by mi vuelo

Para colmo, el homeless no despierta compasión alguna. Es un hombre en la treintena, bien parecido, con aspecto de moderada salud, ni escuálido ni andrajoso. Ha, visiblemente, decidido vivir al margen. El reducido grupo de viajeros que ha ido quedando en la sala desierta le desea, fervientemente en el fondo de su corazón, aunque nunca dejarían tal deseo sobrenadar hasta la superficie de su conciencia, que coja el coronavirus, que lo pase muy mal, que vague por calles inhóspitas y sórdidos garitos, que, si no tiene dinero ni trabajo, pase hambre. El homeless no es una incomodidad, es un insulto, una visión de que hay libertades, que se pagan a muy alto precio, que les están vedadas. Como si el hombre sin casa ni dinero poseyera llaves que ellos ignoran, que ellos de ninguna manera querrían usar pero que ponen en tela de juicio el perfecto armazón de seguridades, de tarjetas de crédito, de relaciones influyentes, clanes familiares, clanes bancarios, Uno de los frustrados viajeros, que ha perdido por culpa del retraso su vuelo doméstico, se siente, y lo manifiesta, particularmente indignado, derrocha educada elocuencia con cuanto empleado atisba, apenas ninguno. Él es un británico que acaba de perder, además del vuelo, la ocasión de materializar de forma inesperada su vocación de auxilio social a los desfavorecidos que ha ejercido desde la adolescencia en diversas organizaciones benéficas, muy bien reglamentadas, y que se indigna y predica contra las injusticias y la pobreza en el mundo. Justo es reconocer que este desfavorecido no  parece acomplejado por ello y, tras ser conducido por el bobby a la puerta del aeropuerto como única opción a la excepcionalidad del caso, se funde con el silencio de las ocurras calles de la periferia de Londres. El inglés con fuerte vocación benéfica continúa pidiendo justicia y asistencia para él y su pareja sin el menor éxito. Su compañera, una dama con sentido práctico y de posibles, lo rescata y conduce al alojamiento que les permita tomar, al día siguiente, otro vuelo.

Entrar en Londres y después morir

Estamos en junio, no hace demasiado frío y las noches son cortas. El homeless camina sin prisas Si llueve será un chaparrón; ya se meterá en algún sitio. Está en el país en el que, finalmente, como suyo, no puede negarse la entrada a un individuo. Está en casa.

Todavía tú estás.

ROSÚA

05/8/21

La ciudad amanece libre. 5 de Mayo de 2021, tras las elecciones del 4 de mayo.

La ciudad amanece libre

 

Madrid, 5 de mayo de 2021,

tras las elecciones del día anterior

Escribir estas líneas es una curiosa, insólita experiencia. Nada tiene de impostada, intelectual, elaborada, dirigida a alguna finalidad, motivada por algún deseo, por vago que éste fuere, de adhesión a un grupo, de necesidad social, de perspectivas futuras. Es, incluso, vulgar puesto que cuanto trata de política y políticos concretos debe, indefectiblemente, serlo, y es tema reñido con la reflexión distanciada, la tibieza y escepticismo de buen tono y el elegante desapego del hastiado especialista en crítica, observación y contabilidad de ilusiones perecederas.

Exterior inquietante

Y sin embargo, en la orilla misma y la corriente por donde discurre el caudal de la vida, el de la inocente, espontánea alegría del pueblo llano, se produjo un cambio enorme en el Madrid, España, del 5 de mayo de 2021, consecuencia de la radical disolución de una situación imposible estancada en un tiempo que ya parecía inmemorial y con visos de irremediable y eterno. La gente estaba secuestrada, por un Gobierno nefasto, el peor que nunca habían tenido, al que nadie había votado en elecciones generales y que parecía controlar hasta tal punto todos los resortes de propaganda y poder que nada podría abrir brecha en el muro que a los ciudadanos separaba de la libertad. La libertad, a cada nueva disposición abusiva, ridícula, arbitraria, se hacía más lejana, más débil, más confinada tras la pared a la que se añadían nuevos ladrillos, no para preservar de la pandemia sino para aumentar la indefensión, el control y el vago temor a penas infinitas, a sanciones, denuncias, comisarios instalados en la espesa cúpula totalitaria que se iba coagulando sobre sus cabezas.

Amanece, que es mucho.

Y en Madrid, capital de esa España maltratada, desmembrada y risible para quien desde el exterior considere que es un espécimen de nación fallida donde se rechazan nombre, bandera y lengua propias, apareció, como en los cuentos, una mujer que hacía y defendía la buena política, de ilusiones, libertad e ideas. Es reconfortante, y nuevo para la escritora, que siempre ha rechazado la cita de nombres propios, que sabe de la condena por mal gusto y la inmediata sospecha de adulación y personales intereses que la alabanza personal conlleva, permitirse ahora, tras el hartazgo de mediocridad, grisura y cobardía, citar a la única en tantos años que, al fin, le permite sentir como propio, de nuevo, el país que habita, la ciudad que ama, la gente que ha visto como nunca ansiosa de votar al fin, tras habérselo impedido por todos los medios. Ha habido algo de milagro en el operado por la Presidenta de la Comunidad, que ha sacudido el fango de anteriores componendas, el mísero, pálido y constante temor de su partido y otros a presentar batalla, los diezmos de la venta de derechos y tierra, y ha hecho retroceder, caer, verse reducidos a las reales dimensiones de sus mezquinos términos a los malos de esta pobre y que siempre fue falsa película dual Nosotros Buenos Ellos Malos. El comienzo del fin del chantaje, del final del reino parásito ha comenzado.

Elecciones del 4 de Mayo de 2021

Memorial a las víctimas de la pandemia. Plaza de La Cibeles. Madrid

Quien esto escribe, y escribe desde que tiene uso de razón y lo hará hasta el final y siempre, tiene que saldar una deuda con Isabel Ayuso, y por primera vez no le importa poner el nombre propio. Le debe haber recuperado el aprecio por su país, por sus paisanos, a ella, a quien ha convocado en Madrid las elecciones y luchado sola. Gracias a ella me he despojado de la capa de vergüenza que sentía al decir mi nacionalidad, al leer y oír las noticias, al palpar en la calle la mansedumbre, el acobardamiento, el acomodo con la indignidad, la falsedad notoria y el cacique. No es poca deuda. Quien esto escribe comenzó al sentir por primera vez sonrojo al mostrar el “España” de su pasaporte a raíz y desde el 11 de Marzo de 2004, cuando un tropel llenó las calles manifestándose, no contra los asesinos que pusieron las bombas en los trenes de la estación de Atocha de Madrid y se embolsaron doscientos muertos y un cambio en las inminentes elecciones, sino contra el Gobierno legítimo. A partir de aquellas inmensas vergüenzas y tristezas la distancia gélida y el exilio interior no la abandonaron ya nunca, y a ello se añadían paletadas impunes de propaganda burda mediante la cual una masa parásita pretendía, lograba y logró, en su beneficio, obtener cuanto ni merecía ni por sí hubiera merecido. La falsa dualidad impuesta e impostada, el chantaje mísero, rentable y perdurable, el secuestro de las palabras, de la educación, la difusión y la cultura ha durado largas décadas. Hoy parece haber sido breve, fútil, insustancial, como una niebla oscura y aceitosa que de repente se levanta. Y la ciudad se llena de luz, y descubre que aquella nube espesa, cargada de rencor y envidia, no es eterna. Hay un sentimiento de liberación tan evidente, tan difícil de expresar con palabras que probablemente en los cuidados círculos del cuidado pensamiento será omitido. Porque es de mal gusto alabar, agradecer a un político, y hay que desdeñar los placeres del vulgo y conviene redactar, levantado el dedo meñique, en el prístino reino de las ideas. Pero quien esto escribe sólo cree en los actos concretos de individuos concretos, ha residido en cinco países y viajado sola por más de un centenar, viviéndolos más en profundidad y tiempo que en extensión, y sabe del valor de la libertad y del suave roce roce de su ala, que nunca se olvida.

En Chamberí, tras la gran nevada Filomena

Hubo suerte

La mañana del cinco era como si las gotas de luz hubieran disuelto un hechizo, el hechizo mísero, barato, de mercadillo provinciano de país de provincias, que mantenía bajo su red y trama, encadenada a su chantaje Nosotros Buenos, Ellos Malos, a la población entera, obligada a inclinarse, temblar y enmudecer para que no se les atacara con huecos dardos verbales, instrumentos adiestrados, como canes, para servir al dueño y garantizar a los que los prodigaban el disfrute inmerecido de bienes ajenos, de guerras que no ganaron jamás, de riesgos que no corrieron, .El día 5 todavía resonaba el eco de la caída del pesado decorado, zurcido y repintado hasta la náusea, el retablo de la representación, frente a un público cautivo, del esperpento de héroes de ninguna batalla. Del enjambre ruidoso y ocioso que ocupaba la escena llegan el eco y el polvo, los actores aferrados a la lágrima de mártires y víctimas de pago desaparecen confundidos con la polifonía de la calle y el latido de algo que comienza. El hechizo se disuelve con rapidez, en la transparencia de una mañana no como las otras y que sabe como el aire que se aspira, tras, en el mar, tocar fondo, darse impulso y salir a la superficie.

El 5 de mayo en la calle Fuencarral, entre las glorietas de Bilbao y Quevedo, se respiraba un aire distinto, la bañaba distinta luz, y no sólo la que descendía, como de millones de pinceles de Velázquez, de un cielo azul y raso sobre cada uno de los ciudadanos de la Villa, siempre ansiosos de estar en la calle, de fatigar asfalto, de exprimir cada losa, cada mesa y cada silla de su ración de sol, todavía tierno y ya insistente, del comienzo de la primavera. Nada va a volver a meter en una botella opaca, estrecha y sucia al genio de la vida. A Isabel Díaz Ayuso la votaron abrumadora, mayoritariamente, con afán de resurrección, los que caminaban erguidos y los que lo hacían en silla de ruedas, los que confían en el trabajo de sus manos y los que no aceptan que les eliminen ningún día ni posibilidad de disfrute de los que de existencia les queden. En la cafetería-panadería centenaria cuatro señoras de muy avanzada edad, cuidadosamente vestidas y peinadas, se reúnen para dar cuenta de un rico menú del día a diez euros. En sitio alguno del planeta salen tanto las mujeres mayores solas, en ninguno hay menú de pan a manteles, con dos platos bien cocinados, pan, bebida y postre por diez euros. Es la calle propia y querida, moderna y antigua de grandes superficies y tiendas chicas, de viejos joyeros con talleres de los que ya no quedan y nuevas boutiques con jóvenes que luchan por su puesto de trabajo, proceden de diversos lugares, encuentran su rincón y le cogen apego. La cafetería-panadería tiene poco y bien aprovechado espacio que ha visto bastantes reformas. Junto a los ventanales el techo se sustenta en bloques de granito del Guadarrama que por su peso, aspecto y volumen ciclópeo parecen de cuando eran jóvenes los Toros de Guisando. En la misma acera, la casa del jamón embriaga con sus efluvios, más arriba Francisco de Quevedo se distrae con el tráfico, considera que del ayer al hoy no hay tanto espacio y que las parejas continúan besándose como si no existiera la ceniza. En la terraza de un bar alguien diseña lo que mañana serán ilustraciones de su nuevo libro y más abajo la sala Paz defiende cine y sueños y lucha para así y por los que esperan que vuelva a iluminarse la pantalla.

En el café

En la corriente que fluye calle abajo hay una distinta ligereza del aire, un todavía tímido entusiasmo, un agradecimiento y orgullo tácitos pero perceptibles, los de quienes se creen también agentes del cambio, del sabor inconfundible de la libertad, tanto más intenso cuanto soterrado durante largo tiempo. Lo que era falso aparece, al fin, como falso; árboles, viandantes, fachadas de edificios tienen un perfil más nítido. Los ciudadanos han mascado anteriormente cada día, todos los días, la obligación de asentir al abuso, a la ignorancia sacralizada, a la estupidez preceptiva, a las consignas de obligado asentimiento so pena de herejía, han entregado a manera de tributo retazos de su privacidad y albedrío en el pensamiento y la palabra, como si una mano se introdujera cada noche bajo sus sábanas. De repente, en horas veinticuatro, nada es ni será como era. Vendrán miserias, vendrán los mortecinos de fábrica, haciendo ascos a la papeleta de voto, vendrá la espuma sucia que también arrastran las grandes mareas. Pero se acabó la prisión dual, se acabó el miedo. Late el cambio, en las calles como en Santa Engracia, que ha visto el empeño de los ciudadanos en sentarse a beber en sillas y mesas que alzan su modesto Everest entre los montones de nieve de la tempestad Filomena. No será un país de caciques. La pequeña calle es tan ancha que en ella todos caben, millones.  Y apuran el más seguro antídoto contra las dictaduras: El gusto de la vida y de la libertad.

M. Rosúa

04/4/21

CIVILIZACIÓN 3 DE ABRIL 2021 SÁBADO DE GLORIA

CIVILIZACIÓN, AL FIN.

Madrid, 3 de abril de 2021, Sábado de Gloria

El lugar de la cita para recibir la primera dosis de la vacuna contra el virus se alza en un territorio de amplio horizonte que parece de reciente repoblación. La fila es muy larga, serpentea hasta perderse de vista, dibuja los bordes de un mapa de esperas, ya desde hace un año, de esa vacuna que es lo único que puede dominar la pandemia, rodea el novísimo Hospital Isabel Zendal, levantado en un tiempo récord por la Presidenta de la Comunidad de Madrid para atender a las víctimas del Covid. La organización es sin embargo, como el transporte, impecable, la corriente no se detiene, la franja de citados, centenares, miles a la larga, corresponde a personas que pasan de setenta años.

De repente existo. Yo, que se supone que no cuento para nadie según los criterios sociales establecidos y que vivo una vida solitaria en extremo, he comenzado a existir en el territorio, el país, la ciudad que habito. Y más allá de existir, de mi propia y tan limitada existencia, experimento, con fuerza que parece multiplicada por la amplitud del horizonte y por cada uno de los que esperan, un sentimiento totalmente nuevo, amplio, abierto, luminoso, grato;: El orgullo del lugar, de los seres y de la especie en los que me hallo. Estoy viviendo un momento histórico, único, jamás recordado por nadie de los presentes, nunca experimentado por todos los individuos sin excepción, mucho más que una guerra o una catástrofe económica. La pandemia, letal, indiscriminada, veloz, ha sido la señal del comienzo de una carrera  para salvar personas de la muerte. Ha producido, también, vilezas y carroñeros en su camino y dado la justa medida de los peores parásitos, pero, por encima de todo, el sentimiento que despierta esta mañana del Sábado de Gloria de 2021 es el orgullo. Orgullo de pertenencia a un vasto grupo, un remanso de la Historia en el que lo que es la auténtica civilización brilla, la que consiste en valorar cada persona y su vida, sin otro criterio. La fila está compuesta de seres físicamente limitados, enfermos, débiles. Son personas, y basta. Exactamente eso es civilización, ahí se alza el escalón enorme que separa al individuo de la servidumbre a la supervivencia de la especie, del ciego instinto que forzosamente rige el reino animal. Ahí, en cada uno de los que deben ser salvados, vacunados, con todo el esfuerzo que ello supone, está la chispa en la que, de manera confusa pero persistente, sabemos que arde lo mejor de la condición humana.

Frente al Hospital se han sembrado nuevas plantas, todavía unas hojas y un tallo. El metal claro de la cúpula parece haber posado ayer su nave extraterrestre, porque la rapidez de su instalación es asombrosa. El blanco, negro y gris de los interiores no producen frialdad sino la tranquilidad del acceso a un espacio seguro, estable, aireado, cúbico. Los brazos de la ciencia, cubiertos de batas y guantes y rematados por el punto final azul de las jeringuillas, son la meta de un largo camino, de meses de expectativa y tierra de nadie. La pandemia arrasó con los calendarios, se burló de las agendas y los relojes, hizo del tiempo y las fechas señaladas un baldío estéril donde nadie osaba plantar una esperanza. Los brotes, frente al hospital, sin embargo crecen, la fila avanza, entra en el recinto, es bien recibida y orientada. Y, finalmente, en el corazón del miedo se clava una jeringuilla azul.

Sabemos, lo enseñó y aún lo enseña, lo que hubieran hecho con los que están en este fila los regímenes totalitarios, sabemos el desprecio que hacia ellos mostraron políticos indignos y chamarileros mendigos de la imagen. No han vencido. Ahí están muchos otros, sanitarios, gestores, políticos eficaces y decentes, laboratorios que han colaborado, intercambiado, quemado las pestañas y las etapas y gente del común que sin decirlo ni escucharlo sabe que no tiene derecho a disponer de otra vida. Sabemos lo que hubiera ocurrido con los de esta fila en otro marco y circunstancias, nos lo enseñó el siglo XX, y aún brotan y brotarán adeptos a su eliminación, al afán de marcarlos, de una forma u ora, con invisibles estrellas amarillas distribuidas, probablemente, online.

Las personas de la fila sienten alivio y agradecimiento. También cansancio, resignación y premura. A veces reflexionan en voz alta sobre su suerte. No saben hasta qué punto es grande la dimensión de ésta. Por experiencia directa alguien de la fila, que esto escribe, recuerda el contraste del tratamiento y medios con el de otros lugares y países, aquél donde una rata atraviesa la sala de consulta del médico, donde la suciedad pública es norma y se defeca al raso a lo largo de las vías del tren mientras el gobierno lanza satélites, naciones ricas en mercancías y prepotencia pero donde el tratamiento para un cáncer es de pago y la vida, la muerte y la libertad  no están sujetas a las leyes, lugares donde al enfermo por la pandemia sólo se lo hospitaliza si abona cantidades de dinero fuera de su alcance.

Las personas citadas  para la vacunación, gratuita, en ese hospital de la periferia de Madrid que ha surgido en tiempo récord, como un milagro, ignoran que la isla de limpieza y eficiencia en la que se encuentran es rara y vulnerable,  reposa sobre una base detestada, erosionada por quienes sólo buscan arrancar dentelladas del  magro presupuesto del país y cavan túneles para multiplicar despachos y cargos. Se da hasta tal extremo por adquirido y perdurable el bienestar que no se advierte su fragilidad, que sus cimientos, aún firmes, reciben las oleadas de la más antigua y mezquina de las pasiones: el odio a la excelencia, que invade de tal forma a sus portadores que no deja en ellos resquicio para el si aprecio de los hechos, del bien, de sus semejantes. Y  transforma a los atacantes en desdichados seres insensibles a la nobleza de la auténtica solidaridad humana, de la que su furor igualitario es un triste remedo.

Pero hoy el horizonte es amplio, cada cual recibe la porción de vacuna que puede salvar su vida, es tratado con atención y con respeto. Y alguien recupera el orgullo perdido de pertenecer a su especie, de vivir en lo que sí merece el nombre de civilización.

  1. Rosúa

 

03/1/21

Panorama en altura de la Estación de Atocha -Madrid, marzo de 2021 (in memóriam del 11 de Marzo de 2004)

Estación de Atocha. Las vías a ninguna parte.

Panorama en altura de la estación de Atocha.

Madrid, marzo de 2021 (in memoriam del 11 de marzo de 2004)

La noche pone una máscara de terciopelo sobre los peores desastres. Desde el último  piso del edificio frente por frente, al otro lado de la corola de intercambiador, vehículos y viajeros, llegadas y salidas, el círculo es una diadema de luces, acompañada del ir y venir de faros, del parpadeo de letreros, de las diminutas figuras que se dibujan tras las cristaleras. A izquierda y derecha se adivina la penumbra, casi subterránea, de vías, salas, escaleras, aparcamientos. Más allá, hasta la última distancia, se extiende la larga y ancha alfombra del Madrid sudeste, porque el edificio se alza sobre un montículo y la visión desde allí es amplia y abarca, como desde un acantilado, la oscura superficie cuyas luces se van espaciando hasta unirse a la incierta línea del horizonte.

La Estación de Atocha nunca será la misma para quienes la conocen, y la vivieron el 11 de Marzo de 2004.

Frene a ella, como un bolardo aquejado de gigantismo, aderezado de una envoltura blanda y globulosa de un sucio blanco-gris, se alza el cilindro supuesto homenaje a las víctimas de la masacre terrorista que, con la explosión de varias bombas en los trenes, se llevó por delante por la mañana temprano las vidas de doscientas personas y tiñó, para siempre, de recuerdo, incertidumbre y oculta vergüenza el aniversario.

Fue tres días antes de las elecciones generales. Y tras el crimen múltiple ocurrió algo terrible, en Europa nunca visto: El partido que en principio no tenía posibilidades de victoria utilizó el horror, el miedo, la indignación y el desconcierto, para azuzar grandes manifestaciones, en la calle y en los medios de comunicación, culpando del atentado, no a los asesinos, no a los que habían puesto las bombas, sino al partido democráticamente elegido y en el Gobierno. Con el resultado de alzarse aquél con la victoria electoral y de, rápidamente, emprender un giro populista, fanático y ruinoso de la dirección política española.

Estación de Atocha, (Madrid). Memorial a las Víctimas del 11 M (Monumento al olvido)

Nunca se aclaró y demostró la autoría intelectual del mortal atentado terrorista de Madrid, jamás se denunciaron y juzgaron individual y claramente a todos sus autores, ni fueron escuchadas ni respondidas las escasas voces que se alzaron contra la apresurada versión oficial. Hubo después víctimas, las del obligado silencio, las de la impotencia y la amargura, los incapaces de recurrir a la ceguera voluntaria y a la oportuna desmemoria de lo que siguió al suceso, los que nunca ya olvidarían la utilización del horror, aquellos que jamás han podido ya apreciar su país como solían porque lo cubre, invisible, sorda, algodonosa, la capa del color de la vergüenza. La que no han sentido quienes, desde entonces, se lavan inútilmente las manos tras cosechar los grandes beneficios a la medida de un crimen de tales dimensiones. Ahí empezó, y es de largo alcance, la inmensa e invisible imposición de una historia ficticia en la que es forzoso enrolarse en la rentable dualidad, creada al efecto, de Buenos y Malos. La técnica ha sido desde entonces la misma, pero diluida, que la de la brutal y rápida manipulación del atentado y los centenares de muertos del 11 M.

El cilindro, en el centro de la plaza, lejos del contacto y confundido con el polvo y con la bruma, consigue ser metáfora del recuerdo inoportuno y del cuidado silencio. Blindado a comentarios, En él se desdibujan nombres, dolores, fechas insistencias en saber los culpables y las manos que tejieron con bombas el esquema y se anotaron luego dividendos. En el cilindro se hunden, y enmudecen, indignación, preguntas, omisiones, gritos, viejo dolor mal enterrado y quemaduras de vergüenza ajena.

Visión desde la altura de la Estación de Atocha. La corona no será nunca igual de luminosa.

Rosúa

 

02/24/21

EL OTRO CEMENTERIO

EL OTRO CEMENTERIO

Madrid, 20 de febrero de 2021

Algo ha ocurrido. Y que ocurra algo, que haya cambios generales, espectaculares, insólitos en un lugar tan estático como un cementerio es llamativo, extraño. El bien conocido cementerio sur, acceso por la carretera de Toledo viniendo desde Madrid, al que R. acude con regularidad, tres o cuatro veces al año, a visitar la tumba de su abuela y sus padres ofrece ese sábado de finales de febrero una imagen desconocida. No son fechas señaladas de Difuntos, días de la madre, o del padre, ni de melancólico recuerdo navideño. Es una fecha cualquiera de dos años por las cuatro esquinas tristes, de rendición física y social, de un guiso revenido de cobardía cotidiana, de retroceso, de mercenarios y cacique.

2021 Memorial Víctimas del Covid. Madrid. Cibeles

Nada de esto debería advertirse en el cementerio, el lugar que planea sobre las agitaciones de las marejadas externas, que se sitúa en el vasto territorio de la nada y la indiferencia, donde los recuerdos son, como las flores, presencias pasajeras rápidamente disueltas por las horas, los días, los años, el viento, la lluvia.

Y sin embargo ha ocurrido. Todo alrededor, en suelo, nichos, lápidas. El cementerio se ha llenado, fuera de época y en muy mayor medida que lo que nunca ha visto la visitante, de pruebas abrumadoras de un súbito aumento de población y de apresuradas ofrendas, tanto que multitud de ramos, papel para envolverlos, coronas, guirnaldas, hierbas, tallos, flores naturales y de plástico, ramas marchitas, ruedan por el suelo, yacen donde los dejaron con apresuramiento y quizás desconcierto de la notificación inesperada. El lugar es un complejo hotelero en pleno overbooking, desbordado por la ola imprevista de nuevos visitantes para larga estancia y por otros que, sin esperarlo, se han visto obligados a recorrerlo, a dejar ese ramo que lleva el viento de esquina en esquina, a buscar inútilmente agua, servicios limpios, escaleras movibles que les permita alcanzar nichos en lo alto. Fuentes y grifos están secos, las escasísimas escaleras de ruedas son viejos y pesados artilugios cuya escasez habla de la mísera consideración que hacia ésos que no votan tiene el erario público. Cubre el suelo la ola de papel, plástico y planta marchita, y nichos y lápidas ofrecen una inesperada, espectacular y decorativa floración de pétalos un tanto polvorientos, aún respetados por los vendavales, todavía no reducidos a sarmiento y pavesas.

El silencio del cementerio sur habla a grandes voces. Bajo él y hacia arriba se filtra hasta la superficie el cementerio amordazado, encarcelado, escondido bajo la máscara de cemento, no de hierro, en la celda oficial donde se espera que nadie nunca lo encuentre, que solamente se hable, ocasionalmente, de cifras, fortalezas, votos y victorias. El otro cementerio sabe de verdugos con corbata roja, de sicarios que nunca dejaron sobre sus lápidas una flor, de una masa que coreaba “el miedo es libre” y ha pulido, de nuevo, la superficie de las tumbas con su temor, su sumisión y su silencio. El otro cementerio está en pendiente. Por ella ruedan, atropellados, los marcados por la estrella amarilla de la nueva peste que, más letal que en sí la pandemia, figura en las fechas de su carnet de identidad y establece que su estancia en el mundo de los vivos ya no es rentable y dejarlos morir es lo más sabio.

El cementerio sur ya no es un lugar apacible. Es pobre, abandonado y, al tiempo, visitado en exceso, en estancias cortas de personas aún sorprendidas por una definitiva e inesperada ausencia. Repentinamente habitado por inquilinos inmóviles e indefensos que estarán diez, cien o quizás más años. Nunca, nunca, citado por los que tocaron poder y dinero empinándose sobre el borde de sus lápidas, por los que impusieron a los vivos la especial servidumbre de la certeza de su impotencia

El otro cementerio aflora, bajo el peso de los recién llegados y de la historia de oscuridad, de ocultación y criminal engaño que cada uno arrastra. Uno tras otro hablan de abandono, en cada nicho hay alguien que escupe una corbata roja. Y ya no hay el silencio, o es muy otro.

NOTA BENE:

[1] Durante la pandemia de 2020, en España, el Presidente del Gobierno, que había llegado a él por una moción de censura y no por elecciones generales e instauró un Estado de Alarma que desmovilizaba a la población, lució un día tras  otro, mientras la gente moría, corbata roja con el fin de que no se asociara su imagen a los millares de fallecidos ni a signo triste alguno. Ni él ni su Vicepresidente, el cual estaba nominalmente a cargo de asuntos sociales, visitaron las residencias de mayores, donde hubo mortandad masiva, ni los hospitales ni los cementerios. El esfuerzo oficial se centró en la propaganda mediática y en mantener, de forma indefinida, acobardados, empobrecidos y dependientes a los ciudadanos. El clan así instalado en el poder se afianzaba en él, copando todos organismos del Estado mediante apresuradas leyes de excepción y lluvia de nombramientos de clientelas, y quemaba etapas hacia un populismo totalitario presidencialista,

Rosúa

02/12/21

LOS DIOSES MALOS

Los dioses malos

Hombre-Reptil-Mesoamérica

En Madrid, febrero 2021.

Dios Murciélago-Mesoamérica.

Sorprendente sorpresa la manifestada en medios de comunicación (prácticamente todos), comentaristas, analistas y público ante el curioso grado de violencia, polarización, agresiones y ataques de todo tipo a la estructura y símbolos mismos de los países que se consideraban cuna y referencia del Estado de Derecho, la libertad y la prosperidad. La ebullición de una materia desconocida parece haber hecho saltar la tapadera en lo que se solía llamar Occidente: Europa y Estados Unidos. Simplemente afloran de forma simultánea, en diversos grados, la parroquia y cosecha de los dioses malos, que han venido predicando, en el silencio cómplice y medroso general, la destrucción del individuo, la de la justicia igual para todos y la eliminación de raíz de la creencia en el valor de cada ser humano. El individuo ya no es sujeto ni centro de política, filosofía, jurisdicción, pensamiento, y, por lo tanto, tampoco es responsable de sus actos, irreemplazable, libre ni único. Lo sustituyen conceptos ajenos a su valor personal y a sus obras. A este giro copernicano de la percepción, e imposición, social sirven, con ejemplar sumisión, las empresas mayoristas de distribución de tópicos. A ello se suman, sea países que se suponían en la órbita del cambio y que, sin embargo, parecen entregados a una violenta regresión, sea otros en el muy mal llamado mundo árabe, que hicieron un conato de huida hacia la modernidad y no se reponen de la caída tras el frustrado salto. Oriente entre tanto observa. Algunos conscientes del mejor vivir que les ha procurado la adopción de sistemas y principios que vinieron del oeste pero que tienen categoría universal. Otros enquistados en la gigantesca réplica del tradicional y déspota señor feudal, aquél que rebosa de mercancías y bienes, pretende modernidad pero que, en el fondo, no ignora que impera sobre vasallos, no sobre ciudadanos. La extrapolación, imposición y blindaje supremacista del poder informático han venido, además, a resultar herramienta de valor inapreciable para la implantación, acelerada en su curso, de la sociedad sin individuos, extraída de éstos la médula de su valor puesto que carentes de responsabilidad personal. La voluntaria ceguera occidental respecto a los derechos humanos, que se evita cuidadosamente mencionar mientras se aplaude la previsible renuncia a su defensa y el afable acomodo con la República (todas las dictaduras afirman serlo) Popular (título, junto con  Democrática, igualmente reivindicado por todo totalitarismo que se precie) China, es buena muestra de ello.

Olvidados y aplastados. China. Tien An Men 1989

Parroquia, diezmos y primicias.

Es hora, sin mayores subterfugios, de que la parroquia de clientelas del victimismo subvencionado, de la utopía a cargo del presupuesto reparta entre los que no lo merecen el botín de lo que nunca sus miembros se ganaron, y para ello necesitan destruir definitivamente al individuo, anularlo, aplastarlo, enmudecerlo, hacerlo desaparecer en fin como finalidad y referencia de lo que es genuinamente democrático, enterrarlo bajo un entramado de cubículos gregarios cuya existencia se justifica y prioriza, en un razonamiento que es pura animalidad. El sujeto pasa a ser un puñado de la masa anónima que se moldea a voluntad y se elige, según convenga, por rasgos colectivos, físicos, étnicos, biológicos, geográficos, ajenos a la personalidad, voluntad,, hechos, méritos y obras de cada persona en sí. La democracia  parlamentaria, que ni fue ni quería ser un dios pero sí es la mejor defensa contra las tiranías, el mejor espacio para los ciudadanos, ha sido sido sustituida por su remedo, una ficción chillona, inquisidora, totalitaria y amenazadora que es exactamente su polo opuesto y la más completa y blindada garantía de servidumbre. La lluvia de incongruencias y despropósitos es tal que no halla respuesta ni apenas se percibe. Pero no se trata simplemente de estupidez, error o incompetencia. Siempre hay beneficiarios activos y pasivos. Se nombra, alaba, concede el premio Nobel, condena o juzga en función del color de la epidermis, de la tribu urbana o provinciana de origen, de si se es transexual, homosexual, mujer o miembro de la secta que más votos prometa. El nombre y apellidos, la singladura vital, la identidad real no son sino aditamentos al icono ofrecido a las cámaras y cuyos atributos responden a los de una sociedad anónima.

La revolución de nómina. Aspirantes a clientela.
Madrid, 2011

 

El evangelio de los dioses malos

Naturalmente el alma misma que, con todas sus desviaciones y retrocesos, animaba a los sistemas occidentales, los Derechos Humanos, las ideas de superior categoría de la verdad, la libertad, la justicia y el respeto debido a las personas por ser tales, sin distinción positiva o negativa en función de rasgo alguno, no tienen cabida en el evangelio de los Dioses Malos, en el culto a la fragmentación, a la diferencia y a la confrontación, indispensable ésta para justificar el asalto al inmenso botín que representa el Estado en sí. Se trata de un evangelio antagónico a los valores gracias a los cuales se han construido con esfuerzo civilización, progreso y un bienestar superior al nunca logrado antes. El antagonismo revierte en el culto al mínimo común denominador en todos los sentidos presentado como igualdad, en la instalación ubicua de tipos de censura patentes, oficializados o, apenas, encubiertos, potenciados con una rapidez inesperada por la pandemia de 2020-2021, que ha ofrecido a grupos de poder y propaganda (valga la redundancia) y a aspirantes a tiranías sinobananeras la posibilidad de capitalizar el miedo, silencio, aislamiento y parálisis institucional y política en los que se encuentra sumida la población. Para que la ola parásita pudiera pisar en tan poco tiempo tan a fondo el acelerador de la instalación de una parodia siniestra de la democracia, para anular ciudadanía y Parlamento en renovadas e indefinidas horas  veinticuatro hacía falta una catástrofe súbita.

Exterior inquietante

El evangelio de los Dioses Malos es, lógicamente, futurista y totalitario, pero desdichadamente con un reino muy de este mundo. Su maqueta del preceptivo paraíso terrestre es un híbrido de comuna hindú vegana, animalista y beatífica regida, eso sí, por la casta de los nuevos gurús que, en la trastienda, se apoyan en dictaduras, ejércitos, policías, armamento y empresas tan concretos como los de los dos grandes países con vocación de imperio actuales: China y Rusia. Los coros y danzas de la felicidad continua exhiben la maqueta de su paraíso, inatacable porque se sitúa en épocas como mínimo a una o varias décadas vista, en el cual, con la propiedad privada, han desaparecido la libertad, autonomía y criterios individuales para dejar paso la más estúpida de las servidumbres. El gran lujo de los grandes ricos es precisamente ése: La exhibición de austeridad, la revelación mesiánica de la simplicidad suma y la comunión universal con vegetales, animales y con cuanto conglomerado de átomos se presente. Acompañadas de un desprecio olímpico por los bienes cotidianos de este mundo, desde el cafelito mañanero hasta el coche utilitario pasando por el sofá y salón propios y por esos objetos retrógrados llamados Parlamentos, periódicos, individuos que se desahogan insultando al Gobierno y que son felices, de vez en cuando, con unas cañas con los amigos o con un traje nuevo.

Los placeres prohibidos

 

 

 

 

 

 

Concentración de ascetas. La India.

El Satán tradicional era un pobre diablo en comparación con el apóstol resplandeciente que, junto con el resto de su club, descubre al ensimismado auditorio que pobreza es riqueza, unidad variedad, hambre salud, fatiga alegría, aburrimiento éxtasis, enfermedad experiencia, propiedad engaño, cuerpo banco de órganos.

El lujo del gran rico, ahíto de vulgares placeres terrenales y que revisa, con hastío, la extensión universal de sus empresas, es la gastada túnica versión chándal y el bosque, el ashram hindú, que no en vano aparece en el país de más férrea división en castas. Son bienvenidos el budismo new age y las imitaciones de cueva tibetana, pero guardándose muy bien de entrar en detalles, como que China invadió y ocupa el Tíbet, asesinó, encarceló, destrozó los templos y obligó a huir al Dalai Lama y a miles de personas.

El Dalai Lama durante su visita a España.

El Padrino oriental es tranquilo, afable y comprensivo, ofrece grandes ventajas a los que transiten por la Nueva Ruta de la Seda, pero cuando de dominio real se trata tiene bien aprendido el código siciliano y no admite que parroquia y clero cuestionen ni un milímetro su dominio estratégico e ideológico. El Padrino oriental, siguiendo la tradición, no se prodiga, es discreto y, como en el teatro de sombras, la ópera local y el kabuki, simplemente esboza, alude, señala una realidad que, ésa sí, es única, muy precisa, no contempla alternativas y deja claro que no existen salvación, episodios, argumento ni personajes otros que los marcados. Se trata de una planificación de gran envergadura que toma como escenario espacio-temporal los cinco continentes, a través de las vías estratégicas y comerciales en proyecto o en uso, y comprende este siglo y los venideros, fiel al mañana cantarín del comunismo clásico.

Asambles reciente del Gobierno y Partido Comunista Chino. (El Parlamento más zarrapastroso es prefererible. Esta foto fue tomada de una de las proyecciones en pantalla mostradas durante la conferencia sobre la Nueva Ruta de la Seda, en el American International Institute de Madrid, centro cultural estadounidense. En un ambiente de cordial visión y entendimiento  del Gobierno Chino.)

Demografía del Olimpo

En la cima de este Olimpo los Dioses Malos y su alto clero podrían encontrarse, sin saberlo, con otro colegio apostólico entregado como ellos a la suprema embriaguez: La de la Nada tras tener y haber tenido todo. Se trata del perfecto terrorista islámico. Ben Laden había poseído y gozado de cuanto puede ofrecer la vida a un príncipe árabe. Llegó entonces al punto en el que el lujo extremo es la voluntaria carencia, pero no en un solitario retiro, sino como activa doctrina que reciban y acaten los fieles. Descubrió el placer inigualable del abandono de las pasiones terrenales a cambio de una pasión mayor. Él, también, tenía una divinidad de referencia, no terrenal como los Doses Malos pero sí cómodamente abstracta, indiscutible, lejana: La anulación de lo existente, de las sucias sociedades de pensantes y variados individuos. La pureza letal es indispensable para el evangelio militante de la renuncia, el vacío y la nada, únicos que permiten, tras la gran limpieza de cuanto complace los sentidos y el intelecto, el establecimiento del mundo ideal según las naturales leyes, que comienzan por la radical selección física y mental de los seres humanos. Los Dioses Malos se sorprenderían de hallar en la colina de sus bienaventuranzas el rostro beatífico, la sonrisa  del líder que ya ha degustado la embriaguez de la soledad de altura, de élite perfecta, del desprecio a la turbia corriente de la vida.

A los Dioses Malos de Occidente los anima parecida soberbia, la de la humildad extrema, la del Sumo Sacerdote que renuncia a la cruz de oro y vestimenta que llevaron sus predecesores  no por sí mismos sino por razón del cargo, y que exhibe la cruz de plata y las zapatillas de fieltro proclamándose el más modesto de los modestos, digno de la simpatía fraternal de los que han alcanzado la cima del desdén por su propia riqueza y desprecian comodidad, apariencia y esos objetos propios del anhelo de los pobres. El Sumo Sacerdote predica la carencia de bienes de este mundo, en franco contraste con las genuinas caridad y humanidad cristianas de un dios que comía cordero y pan, bebía vino y animaba a ocuparse de los enfermos e inválidos. El público ideal de los Dioses Malos es otro, una Humanidad ya pasada por el filtro selectivo de la nada tierna Madre Naturaleza, seres jóvenes, vigorosos, resistentes, voluntariosos en el seguimiento de consignas, más dados al empleo de la energía en el deporte que en el cerebro, con buena imagen y sonrisa propia de la felicidad permanente. El Hombre Nuevo en fin, no tocado por alusión alguna a la enfermedad, la decadencia, la tristeza, la muerte Tampoco por los surcos de la reflexión ni por el peso de la memoria. Elástico, fresco y desdeñoso de la buena comida popular y del agua caliente pero admirador de todos los signos de jerarquía y dominio en los que el austero apóstol se complace. Réplica en fin del líder incombustible, a imagen y semejanza, en menor formato, de los nuevos dioses.

Paraíso VIP

Topografía del Olimpo

Finalmente es un evangelio que carece de originalidad pero no de muy material e inquietante estructura. De hecho, nunca, gracias al uso pervertido y monstruoso de la telemática, su poder había sido tanto. El reino que se pretende implantar en este mundo y cuyas consignas se escuchan en millones de canales y mensajes no es otro que el viejo comunismo remozado, el afán totalitario, el manual de fabricar en serie el Hombre Nuevo y ponerlo a disposición de los mandarines. El neocomunismo actual, todo sonrisas y verdor, tiene como música de fondo los aplausos del partido único Chino y las más toscas pero muy convincentes amenazas de las mafias rusas, de Moscú y de los controladores del paso de materias primas. Corresponde al temible empeño de destruir desde el interior, por franquicias interpuestas,  países e individuos libres, arrebatarles cuanto poseen y la idea misma de trabajar por ello, empujarlos a un redil donde disfruten, y agradezcan, la igualdad del pienso. Ahí reside la felicidad de los auténticos ricos: sobrevolar la grey, soldar sumisión y devoción en el vapor que a ellos les sirve de perfume, escuchar por doquier dos y dos son cinco, cosechar abrazos y sonrisas. Y gozar luego con su corte, una vez  revisados en múltiples pantallas los informes, de los bienes y placeres debidos a los líderes.

De la Comuna Celeste al Cielo.

Sin embargo la fractura entre los núcleos que imponen, sin asomo de consulta democrática, cambios radicales en el tipo vida y la indignación e inquietud que sienten aquéllos forzados a someterse a decisiones ajenas que repugnan al sentido común y a la profunda y legítima aspiración a la propia autonomía y al bienestar cotidiano, la negativa a sacrificarse en nombre de dioses en los que no creen, la oscura conciencia de opresión y fraude han alcanzado dimensiones y presiones propias de placas tectónicas. Y el magma no encuentra puntos de salida porque se les ha arrebatado la dignidad y la palabra, precisamente arrojándoles simulacros de comunicación infinita y de quimérico y perdurable reparto de beneficios que recibirán por la pantalla sin moverse del asiento o reclamarán en monólogos interminables con grabaciones telefónicas mientras en las calles se hacinan parados que podrían y querrían ofrecer mucho mejores y desde luego preferibles servicios directos físicos.

Ni moderno ni online

Los apóstoles online

Desde América hasta los confines de la desgajada y desgarrada Unión Europea, el hervor y explosiones consecuencia de la presión llevan gestándose mucho más de los diez años que suelen atribuírseles, aunque hayan saltado al primer plano recientemente y adquirido un pico de notoriedad con las últimas elecciones presidenciales norteamericanas y la permisiva y teatral, atrezzo lumpen incluido, toma del Capitolio. Es la perfecta ilustración, en trazos muy gruesos, de lo que se presenta como masa compuesta de los despreciables, zafios, atrasados, impresentables y malos, a los que no puede menos de personificar alguien como el Presidente saliente, que reunía esas cualidades y no dudaba en exhibirlas.

Las élites miméticas de la norteamericana, la beautiful people de Europa y aledaños, no han dudado, con conmovedora homogeneidad, en analizar y comentar cuanto sucedía recurriendo al instrumento del que llevan sirviéndose varias décadas y que han incrustado en la cultura, los mensajes y la conciencia popular. Se trata del chantaje dual, tan fácil como falso, servido por la reciente plantilla de dioses y evangelios, provistos de tópicos bienaventurados, de un bien remunerado sacerdocio y de una red de inquisiciones. Se han secuestrado lenguaje, medios de comunicación y a la expresión y gestación mismas del pensamiento en una especie de implante cerebral de autocensura mediante el cual grandes contingentes de población creen que se hallan en un mundo en el que prácticamente la especie humana se divide, y ha dividido desde la aurora de los tiempos, en Buenos/Malos,  Éstos deben identificarse -y ay del que automáticamente no lo haga- por una parte, en los primeros con el marchamo de izquierdas, progresistas, socialistas, comunistas, antifascistas, trabajadores,, feministas de género, inclusivos. centristas .dialogantes. En los segundos, abominables sin paliativos, las etiquetas fatales son  derechas, liberales, fascistas, capitalistas, burgueses, nazis, conservadores, propietarios, emprendedores, reaccionarios, machistas, extremistas, crispadores, racistas. En el caso de España, vergonzante donde los haya, en la que la visión política ciudadana se ha revelado incapaz de ir más allá de la comunidad de vecinos mal avenidos, es preceptivo añadir como Buenos nacionalidades, multicultural, identitario,  ancestral antifranquista (Nota Bene: post mortem), foral, diferencial. Los Malos gozan además en este caso de epítetos constantes: facha, centralista, franquista, nacional.

Las Tablets de la Ley

Los nuevos dioses se sitúan, en un espacio lo suficientemente alto, difuso e incontrolable como para servir a las proclamas de cualesquiera líder y élite que, en su nombre, culpabilice e imponga diezmos y vasallaje a la grey a la que él graciosamente favorece y salva. La franquicia oficial del mesías invoca a sus pares celestes. El Dios Planeta, el Dios Futuro, el Dios Clima, el Dios Energía Bondadosa, el Dios Medioambiente, el Dios Género y el Dios Victimas y Víctimos son perfectos para el perfecto totalitarismo anónimo. La utilización mercenaria del nuevo Olimpo, del socorrido santoral a siglos vista, ejerce exactamente el efecto contrario al que se proclama, impide medidas y estudios razonables, ceñidos a situaciones, lugares y seres concretos. No habrá dictador que no se deshaga en alabanzas a la nueva red de Burós Políticos Verdes, Dialogantes, Progresistas, Ambientalistas, Ecológicos, Inclusivos, Policéntricos y Multiculturales. Se trata, además, de dioses que resultan extremadamente adaptables en mantenimiento y sacrificios y que, como Futuro, el más cómodo de los dioses por cuanto inexistente, están exentos de críticas so condena de herejía.

Bueno y Malísimo (y feo).

El arma del  dualismo preceptivo es un instrumento de chantaje, continuo, social, cultural y, sobre todo, económico, puesto que significa llanamente la promoción e implantación de capas de parásitos exclusivos dueños y administradores de plataformas y sumisas audiencias, de las que extraen beneficios a escala de los Estados, lo cual rinde mucho más que corrupción alguna, gracias a la intimidación que su monopolio oficial supone y a la consiguiente extorsión ejercida contra los que sí producen, crean, valen. En suma, una sustitución del mundo real por el irreal de explotación a distancia. Un márketing de proporciones tan colosales se consigue con un dominio de los medios de comunicación abrumador, gracias a la feliz confluencia de la ola de clientelas parásitas de utopías subvencionadas (fenómeno históricamente nuevo) y el imperialismo informático. No se trata, ni mucho menos, de un simple fenómeno pasajero de manipulación semántica y demagogia. Su dimensión  se está revelando día a día, por la implosión de estructuras básicas de los países, por la inclusión en el índice de ideas prohibidas de los valores universales, por el abandono de la defensa y mención de éstos cara al exterior y por una regresión obvia y acelerada, ante la que las víctimas y afectados por la plaga parásita permanecen mudos, acobardados y desarmados a causa de la presión ambiente, de la necesidad de aceptación laboral y social, de la convicción de impotencia y por el franco temor, que se palpa incluso en las más informales conversaciones, de verse incluido en el bloque de los Malos, reaccionaros, fachas, derechistas y de ser objeto de rechazo, agresiones u ostracismo. En este sentido, se está viviendo la época de menor falta de libertad, literalmente, y mayor atentado contra la vida privada que se recuerda. Todo un logro.

Al desgajarlos de su contexto histórico para construir el mito dual, términos de muy real peligrosidad, como nazi, genocidio, totalitarismo se han banalizado y por lo tanto, al no existir delitos per se y responsables, criminales y crímenes, se ha abierto una tierra de nadie ética en la que puede acampar cualquiera y hacer y afirmar lo que le plazca mientras se cobije bajo una bandera y goce de audiencia suficiente. Hacia ese descampado se precipita un muy especial lumpen que se ve excluido y despreciado por la nueva e inalcanzable élite y que carece de formas de expresarlo, tanto más cuanto que el placebo del diluvio de mensajes es inversamente proporcional a la reflexión, el conocimiento y la significancia. El interesado mito dual ha producido también efectos nefastos en el polo demonizado de los Malos. Las víctimas de la nueva inquisición están lógicamente a la defensiva, no ven sino ataques en cualquier alabanza del sector público y se enquistan con frecuencia, sin análisis objetivo ni racionalidad algunos, en puntos ideológicos abstractos, pasionales y ajenos a la complejidad de las situaciones individuales reales y al valor de la solidaridad

 La plaga dual es pandémica, ha anegado múltiples países, pero ninguno es un ejemplo tan claro como España, porque en ella se ha llegado al evidente extremo de país fallido, lamentable zurcido de piezas y remiendos que prohíbe el uso de su propia lengua, se reparte entre clanes, abomina de su historia y es la única entre las que deberían ser sus pares que ya no merece el nombre de nación. Su caso ilustrará probablemente capítulos de estudios sociológicos por su especial explotación del mito dual a fuerza de recrear el fantasma de una pasada guerra civil de forma que sirva de perpetuo instrumento para mantener a la población bajo chantaje y monopolizar, con intención de eternidad, poder, control y economía .por parte de la clase parásita. Figurará en los manuales como ejemplo del paso de país a anécdota.

Revolucionarios esperando su momento. Madrid 2011

 

El Antiguo Testamento

La extrapolación de vocablos que sólo son válidos referidos a épocas y situaciones concretas y únicamente pueden ser utilizados en estudios históricos y sociológicos no es, finalmente, sino una de las facetas de un fenómeno de mucha mayor envergadura que puede, y está de hecho logrando, sumir en la indefensión a millones de personas. El obligatorio dualismo tiene una semilla, de considerable tamaño por sus efectos aunque relativamente reciente, que se ha utilizado para explicar nada menos que la totalidad de la Historia desde que el homínido bajó del árbol. El dogma de la Lucha de Clases, que trata con apariencia científica y definitiva cualquier faceta humana, reduce en realidad a los sujetos a rebaño, a categoría animal cuyos miembros nacen, viven, se reproducen y mueren definidos por una especie de genética semejante en cada uno a la de los demás de su grupo, homogéneo éste en comportamientos y rasgos con variaciones puramente zoológicas. Establece un dios colectivo e inmutable llamado Trabajadores que ignora la evidencia y el presente y sacrifica vidas y haciendas al Dios Futuro. Desgajado de circunstancias concretas, de análisis, el dogma es simplemente falso, y su énfasis en su igualitarismo enfermizo delata de por sí la pobreza del razonamiento, su agresividad en la imposición da idea de la carencia de base real. Se trata de una construcción en la que desaparece el individuo como sujeto, y con él  cuanto lo protegía, las leyes iguales para todos, la  pluralidad de las formas de expresión, la búsqueda independiente por parte de cada cual de la existencia que considere más dichosa.

Los viajes perdidos

Su mutación actual, del siglo XX al XXI, consiste en dominar órganos de propaganda, alimentar continuamente variables de rencor victimista, disponer de vastísimas clientelas dependientes en lo material, cultural y laboral de satrapías anónimas que les reparten lo que ellos ni se merecen ni se han ganado por sí mismos y reservar para la nueva e inalcanzable élite lo mejor de lo anteriormente producido. Poco importan los cuerpos, en este contexto. Es mucho más útil el dominio, desde el interior, de los comportamientos dirigidos por la diaria ración de consignas disfrazadas de ideario preceptivo que tiene un mandamiento cardinal: No percibir la realidad, los actos concretos realizados por personas concretas, es decir, lograr la desaparición de la responsabilidad individual, la desaparición del planeta auténtico, que es el cotidiano, y su sustitución por construcciones virtuales, eternas y universales. Éstas son al mismo tiempo transitorias, puesto que cada una reemplaza impunemente a la anterior sin posibilidad de réplica ni aun de recuerdo, porque  memoria y conocimiento han quedado abolidos y su frágil, limitado y manipulado espacio es el de una pantalla cambiante que carece de reservas propias gracias a la destrucción de los fundamentos del saber por obra de Reformas Educativas diseñadas para ello, y que no por azar son acérrimas enemigas de Humanidades, Historia, Estudios Clásicos, Arte y de cualquier acto y persona que muestren grandeza o que hayan sido guiados por caridad, desprendimiento, heroísmo, honradez y excelencia.

El saber sí ocupa lugar

El limitado espacio de la percepción y la memoria es ajeno a la omnipotencia cognitiva que parece ofrecer la lluvia de comunicación. Lo que está ocupado por Me Too, por normas sobre el color rosa,  por la felicidad sin propiedad y el eterno San Valentín prometidos por China y la vasta mafia oficial rusa no deja oportunidad ni lugar para hablar de los millones de muertos, de sus campos de concentración y de sus presos. Ni tampoco hay sitio para la mayor discriminación que ha existido y existe: La de las mujeres en el Islam, véase la teocracia iraní.

La máscara de hierro islámica

 

 

 

El ser humano aquí y ahora, irreemplazable, de vida corta y derecho durante ella a buscar su propio camino, es objeto del mayo desprecio e impune agresión por  parte de los nuevos dioses. Su mayor enemigo es la mesnada de Hombres Nuevos diseñados por los subalternos del olimpo, de cerebros y rostros lisos y sonrientes y mirada fija en el futuro luminoso mientras ignoran y pisotean a los hombres reales.

Naturalmente, en tan idílico panorama a la memoria y la evidencia las sustituye el relato, una construcción momentánea de los hechos presentes y pasados sobre la cual es fácil colocar al dios Futuro, y cambiar su apariencia según conveniencia del momento, de forma semejante a cómo se cambian los canales en pantalla. El evangelio relato pasa a ocupar el espacio de cuanto era conocimiento, análisis, historia; en él Europa desaparece y se amputan sin rebozo desde la cátedra y el discurso sus raíces, muy presentes y profundas, del Derecho Romano, la cultura clásica grecolatina, el cristianismo. Libertad, individuo y Derechos Humanos desaparecen por el sumidero junto con la necesidad de correr riesgos por ellos y defenderlos. Tal defensa no tiene sentido en un espacio que ya no se considera heredero de nada, de nadie ni de civilización alguna puesto que se ha reducido a un flotante y variable archipiélago de entidades diversas prestas a acomodarse a cualquier vencedor medianamente seguro de sí. El empeño de unión  europea, los ideales del siglo XX,  son presentados como vías muertas ocupadas por burocracias distantes y enfrentamientos patentes o larvados, mientras el decepcionado vulgo, ya maduro para la sumisión por el antiamericanismo que lleva escuchando desde hace décadas aunque los gastos de su libertad, defensa y buen vivir hayan corrido a cargo de Estados Unidos, está presto a rendir vasallaje al decidido y abrumador poder del totalitarismo de los nuevos amos. El relato occidental sólo admite pequeñas europas incapaces de sentimiento común, pasión ni nervio alguno

La limitación de espacio no atañe ni mucho menos tan sólo al cerebral y psicológico. Tiene otra faceta de paralela envergadura: La material, la económica, la distribución de un muy definido presupuesto, de medios y partidas que se miden en números y que si no van a un sector van a otro, sumas que las parroquias de los dioses malos se disputan con uñas y dientes, con tanto mayor ferocidad bajo la fina capa de angelismo cuanto que los beneficiarios son conversos cuyo exclusivo mérito es el control de la comunicación, la propaganda y la repetición de consignas de amor, paz y felicidad planetarias, multiculturales, verdes y eternas.

Ambos espacios, el cognitivo y el material y económico, están ligados como nunca en siglos pasados había ocurrido, porque se ha impuesto, técnica y puñado de monopolios comunicativos mediante, a una cantidad abrumadora de habitantes del planeta una realidad virtual, un deber ser venido de las alturas y predicado desde Sinaíes inalcanzables por Moiseses de sociedades anónimas. La relación entre las sucesivas cruzadas y la evidencia observable es nula, el uso espurio de la informática obvio, la ciencia está secuestrada mientras los fondos van a subvencionar cruzados y comisarios de las sectas. La élite del bien remunerado evangelio está lejos de ser el jardín temático de millonarios aburridos que juegan a la manipulación utópica. Es el envés indispensable de formas de explotación y dominio muy de este lugar y tiempos y de un plan sin libertad alguna para los siglos venideros.

De sacrificios, timos y callejeros del Paraíso

Los dioses tienen, generalmente, en las mitologías su contrapartida femenina. Futuro no puede ser menos y a su palio acompaña estrechamente Modernidad, en cuyo nombre dictadores y franquicias pueden imponer cualquier cosa, planear en un espacio etéreo ajeno a la menor crítica y cambiar, Tablets de la Ley en mano, sin asomo de consulta democrática, la vida cotidiana de millones de seres. Para mayor poder, riqueza y gloria del nuevo Olimpo, cuyo clero se caracteriza por un tipo de estupidez original, nueva y telemática mezcla de suficiencia, desprecio por el vulgo, ambición y prepotencia que ocupan en ellos el espacio de la memoria, la experiencia y la inteligencia. Naturalmente, por beatífica y desligada de los bienes de este bajo mundo y de sus torpes habitantes que la nueva religión pueda parecer, los dioses malos amén de obediencia y diezmos, necesitan sacrificios, humanos incluso, porque el miedo es, por mucho que se lo vista de austeridad de diseño, garantía de sumisión. Conviene incrustar, tatuar bien en las conciencias que sus pequeñas vidas son deleznables y prescindibles al lado de la salvación del planeta y de la de cuantos animales y plantas lo han habitado. En países donde hasta el más diminuto caniche debe tener sus vacunas y garantías de vigilancia conviene soltar osos y lobos, nada vegetarianos, y considerar sus posibles y presumibles víctimas homo sapiens caídas en pro de una causa mayor. Convencida la sociedad, por medio de los arcángeles del dios correspondiente, de que buena parte de ella sobra, el humano intruso debe manifestar su alegría por contribuir, con sus proteínas, a la reproducción de cualquier ser que no lo sea. Cuando no pueda arriesgarse a andar por el campo sin exponerse a la garra del oso, felizmente desaparecido hace siglos de la montaña hispana, cuando sienta, antes de que le degüelle, el hálito del lobo, cansado del cordero del menú, a su espalda, siempre podrá consolarse, antes de morir, con la esperanza, gracias a la genética, de la próxima recuperación de los voraces reptiles gigantes del Jurásico.

El evangelio de los dioses malos promete un paraíso terrenal de parques temáticos de minorías agraviadas sustentadas, sin mayor mérito que su identificación gregaria, por sectores acotados al efecto y sometidos por la policía del clero del nuevo culto a las víctimas diferenciales. Con la ayuda inestimable e indispensable de la dictadura paralela online, que, en vez de integrar naturalmente en límites prácticos de utilidad general las nuevas tecnologías, se esfuerza en crear una red de absoluto control y dependencia en un grado jamás conocido y que, lejos de procurar progreso y bienestar, está eliminando hasta la más mínima posibilidad de expresión democrática, autonomía, intimidad y defensa de derechos. La desaparición del individuo y la ocupación de su espacio significan la erradicación de relaciones físicas, comunicación directa,  privacidad y autonomía, y la sustitución de muy queridos usos cotidianos  por la esclavitud entre cuatro paredes y una pantalla, mientras las élites gozan de los placeres de la vida real. Nada más grato que este panorama para el dictador y su corte, que sacarán ritualmente en procesión a los dioses malos con Futuro a la cabeza, ante cualquier asomo de protesta y reinarán sobre el rebaño ideal segregado por el Estado de Excepción, tan prolongado como sea posible, que pronto se confundirá con los usos habituales.

 

El rescate

En cualquier lugar……

Y sin embargo sobrevive

La persecución del individuo ha sufrido y sufre un ataque de inusitada, pero organizada, violencia en todos los frentes. Y es inseparable de la destrucción del fundamento mismo de cuanto ha hecho mejor, universalmente adoptada, libre, próspera y grata una forma de vivir, pensar y organizar sociedades. Hay una mezcla de depredación impune, codicia, envidia, rencor social y odio sembrada en ingentes cantidades, una degeneración, que sería caricatural si no fuera por lo letal de sus efectos, del término democracia, que no en vano emplean indefectiblemente todas las dictaduras. El sistema del que ha desaparecido el individuo en sí como centro ha sido tomado por elementos ajenos a la libertad y valores de la persona, véase etnia, lugar geográfico, sexo, color de la piel, ritos tribales, usos comunitarios religiosos, historias míticas. Exactamente lo contrario al progreso y la civilización, que han sido claramente, y con no poco esfuerzo y retrocesos, una lucha por la independencia de las cadenas externas, predeterminadas por factores ajenos a la libre voluntad, una toma de conciencia del valor de esfuerzo, trabajo y méritos propios sin los cuales no hay solidaridad ni bienestar algunos, un ascenso hacia una humanidad que sin el ejercicio del libre albedrío ya no lo es.

Alguien avanza.

Precisamente por eso, y porque el revulsivo de la pandemia ha venido a poner en evidencia en toda su crudeza la fragilidad de lo que se daba por adquirido y perdurable, es buen momento para aprovechar la oportunidad del rescate, de la forma mejor de vivir que se quiere destruir y reemplazar, de la idea del individuo con todo lo que conlleva, de las bases fundacionales de Europa que fueron y son capaces de universalizarse por la común aceptación y comprobación de su excelencia. Es tiempo de rescate en la reflexión sobre China, que no es una masa amorfa de millones de autómatas ni un alien de monstruoso tamaño y lejanía, sino seres con capacidad de diferencia, disidencia, voluntad y cambio. Tiempo de rescate y denuncia de la falsificación de la historia y del antiamericanismo de salón, de la delegación de la autonomía personal y de la conciencia de su precio. También rescate de la indispensable revolución técnica, de la tecnología adaptada, y no a la inversa, a la necesidad y deseos reales de la gente concreta. Con clara percepción de que se puede morir de seguridad y no de amor, vivir miserablemente bajo la aparente comodidad instantánea de nuevas dictaduras, perder cuanto por simple instinto se sabe que es mejor y estimable.

La confrontación con la desgracia, el desconcierto, la indefensión inicial ante la pandemia han desnudado el hermoso cuerpo de lo que por civilización se entiende, lo han hecho, por ello más vulnerable pero también más propicio a recuperación y diagnóstico, más accesible al aprecio por la conciencia de que puede perderse y de que es forzoso luchar por él. Sin temor a los falsos dioses, Rescatando así cada uno lo mejor de sí mismo.

Viva la vida. Ésta.

 

 

 

 

El arma más poderosa

Hay algo que es más poderoso que todo: Una idea, cargada de libertad, de respeto por el individuo y de amor a la vida. Es arma lenta, con pausas y retrocesos, pero su poder nada lo iguala. Es exclusiva de la especie humana, los colmillos, astas, garras y veneno del primate desnudo e indefenso. Anida quizás en un recoveco gris de su cerebro mas no es sólo cerebro. Quizás se desplaza por su médula y navega en su sangre. Corre a más velocidad que el guepardo, hiberna y se aletarga durante largos períodos. Puede hacerse invisible como el agua bajo la luz. Pero luego crece, se afirma, resplandece, y muestra esa cualidad única que es la capacidad de dar lo que no se tiene: Fuerza, esperanza, ánimo.

Ancha es Castilla.

Siempre es primero la idea, y luego se materializa en un objeto, en un plan, en actos. Inexplicables serían si no la extensión de proyectos, los descubrimientos e invenciones, los cambios de gran envergadura a  partir de pobres orígenes y aislados individuos.

Tiene su reverso, de temor, cobardía, servidumbre, que, como carroñeros al acecho, siempre esperan su oportunidad temporal. Sin embargo el arma es tan poderosa que sobrenada crisis y bajezas, prende, y ya no se extingue, erguida como una vela a imagen del hombre frente a los tanques, saboreando,  junto con el reprimido instinto de la fuga, el sabor de su propia dignidad.

Para envidia de los malos dioses.

Rosúa

01/12/21

EL MAR, BACH Y LOS REYES MAGOS

EL MAR, BACH Y LOS REYES MAGOS

Madrid, 6 de enero de 2021

 

De repente toda la belleza del mundo se levanta como una ola. Ha quedado atrás la costa oceánica, el tiempo, el espacio, la circunstancia. Y sin embargo  la ilusión, las más pura del año,  la expectativa de algo maravilloso traído por unos reyes de oriente, el empeño compartido de quienes se despojan de la capa de briznas de parda realidad, del polvo y las esquirlas de afanes y luchas mascados por relojes de afiladas agujas para transformarse en hacedores de magia, esa ola no desaparece. Se agranda, toma por base la del océano, la de Bach, el brillo de los ojos que aún desconocen la red de las arrugas, la transformación, que vibra en el aire y augura, tras la nieve, primaveras, el rescate, por un día y una noche, de la generosidad y la alegría gratuita de observar la alegría en otro, la certidumbre de que en el fondo del oscuro mar de lo que serán juventud, madurez, vejez, inexistencia se ha depositado la piedra blanca de un brillante recuerdo, de un perdurable reflejo de absoluta felicidad.

El mar, su simple existencia, su recuerdo. inundan en este día de los Reyes Magos la ciudad mesetaria, cubre y se alía con su cielo del azul más puro, intercambia tonos y ribetes de vapor y espuma. Mientras, del suelo en el que innumerables aprendices y becarios de los Reyes Magos ensayan sus encantamientos, se eleva una niebla benigna, inusitada, de inocencia completa y perecedera, de olvido del mar y de generosidad gratuita. El sol, largo y oblicuo, ha levantado las sábanas al comenzar, con la impaciencia del descubrimiento y el regalo, el día, y ahora deja al ponerse un fino embozo de sorpresas y paz.. El mar, siempre cercano, la ciudad, las estepas y montañas acunan con el viento las mareas, de agua, de aire cristalino, de frío, de hojas con escarcha y pensamientos. El océano, abajo, continúa otorgando su alimento, moviéndose con Bach y con cuanto se piensa y se percibe. Formando incluso el significado de cuanto y cuantos lo contemplan.

Sal, dispersión, ácidos, inacabable descenso donde la luz jamás llega. Todo está está en ti en el seno de la ola que seguirá a la cresta de este día en que el borde de la tregua y la ilusión tocan el cielo. Mientras, se intenta sujetar el caballo desbocado de Neptuno, las riendas de un Poseidón que no conoce quietud alguna, ni siquiera en la aparente firmeza de la meseta, de las montañas que tienen sus puertos, de las paredes con ventanas que ofrecen refugios y se abrieron de par en par a la magia, transformadas durante unas horas en el acceso regio a la esperanza, adornadas de dulces y sonrisas, del más bendito insomnio, de un sueño que escapaba en burbujas donde todo podía reflejarse.

30 del XII de 2020. Teguise. Llovió por la noche, como predije ayer por el movimiento de las ramas de los árboles.

Y resulta que es 30, y mañana 31, el último de este año nefasto.

Pero me han alimentado, cada día, la fuerza y belleza del mar, su fidelidad por estar simplemente ahí y dejar que lo contemple. En toda su grandeza, con el lenguaje de matices de azul con los que me habla cada día su superficie. El mar, que es la libertad misma, pertenece, sin embargo, a cada individuo que lo mira, entabla con él una relación personal, se absorben. Todo el mar cabe en cada humano que lo experimenta, contempla, toca, deja entrar y circular por su cuerpo el aire y las sales que él envía. El mar todo cabe en unos ojos, en las manos que lo tocan y lo saborean llevándolo a los labios, en su ritmo de cuna y de latido. El ancho pecho del océano moldea por un instante el del que lo mira, se adhiere a su piel, lava sus pensamientos oscuros con la blancura de su espuma. El mar es el gran camino donde la gravedad y las pesadas ataduras de la tierra no existen y todo es llanura accesible para viajeros y mercancías. El mar es muerte y peligro pero al tiempo enseña cómo se hacen, disueltos en su sustancia, los elementos que formarán nuevas vidas. El mar es el gran amigo, hosco, respetado, distante pero dispuesto para incontables abrazos, para dejar en los labios la presión y pasión de su sal.

Sólo él es capaz de ofrecer el círculo perfecto del horizonte, la curva planetaria de la Tierra; sólo él concede la completa ausencia de fronteras, la promesa de nuevos litorales, la audaz inocencia de quien pretende descubrirlo todo. Sólo él acepta sin reservas a cuantos lo penetran. Él, el arisco, encrespado en su orgullo sin arados ni rebaños, es sin embargo repartido entre millones y guarda al tiempo siempre una virginidad intacta, un amanecer tras otro distintos siempre, con trajes nupciales bordados de rosa por el amanecer y la espuma. Y guarda, él guarda en su fondo, un desconocido planeta inverso, abrigado por el fango abisal donde empezó todo y donde, en días sin luz ni amaneceres, la tierra exhalaba calor, lava, humaredas, y acoge animales y plantas, que ocupan las raíces de los que, en la superficie, brotaron de su árbol genealógico.

Ahí estás, mar, tu pecho ancho, resonante, respirando, chocando sin descanso y sin fatiga, danzando con la luna en las mareas, dejando alfombras vivas de hierbas y animales a tu paso.

Y te poseo.

Rosúa

01/10/21

LA GRAN NIEVE

La Gran Nieve

Madrid, 8-9 de enero de 2021

Una montaña de nieve se desplomó desde el cielo.-A la mordaza de la mascarilla de la pandemia se superpuso una nueva, blanca, espesa, extensísima, nunca vista en el medio siglo, que iluminó la noche con un aura espectral y con la amenaza -recordando siempre el alto precio de la belleza- de las prontas cadenas de hielo, con la prisión añadida a la del temor a la enfermedad. Sumó barrotes transparentes, gélidos a los que ya encarcelaban a los ciudadanos para los que la libertad era un lejano recuerdo, a los que, aprovechando todas las oportunidades y su propio temor, se había ido confinando en reductos cada vez más estrechos que la nieve venía a sellar.

El mundo se había hecho minúsculo, los itinerarios precisos, las paredes múltiples, las distancias inalcanzables. Venía la nieve, que escondía, como todo ser dotado de extrema fascinación, un fondo inseguro, quebradizo, con la forma de una prisión magnífica para cuantos por falta de equilibrio, asidero o fuerza no podían pisar en ella. Las rutas, las aceras, las vías urbanas se volvieron ríos intraspasables, espacios imposibles, se alzaron, cubiertas por placas cristalinas y sonrisas traidoras de estrellas geométricas, como inexpugnables almenas, fosos sin puente levadizo alguno, páginas de algún cuento que siempre alberga una bruja, la vieja bruja que, al desfavorecido por el paso inseguro, le asirá por los talones cuando intente pasar de una acera a otra, le negará la entrada al más necesario y cotidiano paraíso, lo empujará y derrumbará sobre una pila de ese hielo sucio que es la vejez de los hermosos copos de nieve.

Madrid, quedó cubierto, cubiertas sus carreteras, accesos, casas, fuentes, vías urbanas. Cubiertas ramas y techumbres, que se derrumbaron con el peso, cubierto el congelado río, pespunteado el paisaje por un súbito álbum de fotos del polo norte, de esquiadores, patinadores, de trineos incluso con perros, de alegres invitados al festival de la nevada insólita, a la aventura de la pendiente y el muñeco, a las fotos innumerables del yo y el histórico acontecimiento, a la celebración de una visión única de pura nitidez y resplandor, de perfecto grabado y rostro terso en la perfección de su traje nupcial.

La gran nieve, implacable, fría, silenciosa, mantenía mientras aherrojados durante horas y días a humanos en sus vehículos, en desangeladas salas de espera, en paralizados estaciones y aeropuertos, en túneles subterráneos, en espera de calor y movimiento. Ciudadanos que cada vez lo eran menos, que habían adquirido, como el pájaro, como el animal doméstico, la costumbre del bozal y de la cárcel, de retiro, mientras éste durara, al cubil seguro, el hábito del silencio afelpado y de la resignación ante un orden de cosas en el que ya se confundían las catástrofes naturales, la pandemia y las disposiciones del Gobierno. La capa blanca, que se iba levantando en el límite mismo de los  hogares, como un muro más, como una nueva limitación y frontera a la ya menguada, racionada y mínima libertad individual, extendía su insignia como una bandera de obediencia, servidumbre y silencio, una afirmación y pasaporte indiscutibles para un mundo donde sólo a los dueños del blanco rebaño les estaba  permitido lucir corbata roja y pasearse, inalterables, junto a la general parálisis, el eco cada vez más apagado de las voces, el recuerdo de la libertad que un día hubo y que en el tiempo de cárceles perfectas ocultaban las nubes en un horizonte casi boreal.

La nieve, insólita en su abundancia, descendía, se apoderaba de lo cotidiano y sus perfiles, tomaba coches, villas y espacios aéreos, imponía vestidos y comportamientos, hacía realidad el sueño oficial de la sumisión múltiple, del rostro helado y cubierto que no musitará una protesta, de las aspiraciones, en vez de a libertad, al calor de la manta y de la sopa. Sin discordancias, humildemente agradecidos a los señores de la indiferencia.

 

Breve Crónica de la Gran Nieve

8 de enero de 2021

La otra acera se ha vuelto inalcanzable. Alguien se está empolvando furiosamente en las alturas. Una diosa particularmente mala sacude su vestido de lunares y éstos caen, incesantes, sobre losas y bordillos no acostumbrados a ello.

Impera, en segundo plano, tras la aparente inocencia de la ausencia de colores, la negra perspectiva de la condena a prisión por plazo indefinido.

Un señor con su perro, pequeño y muy bien abrigado, me ofrece su ayuda para atravesar la carretera tan carente de apoyo como un brazo del ancho mar. Acepto de inmediato.

El puerto del portal abre sus puertas.

Comienza la clausura forzosa.

9 de enero de 2021.

No amanece. Todavía no amanece. En cuanto baje el embozo el enemigo se me echará encima. La cama cálida es casa, iglesia, cueva, brazos amantes, de las sábanas y del calorito de mi cuerpo, mi mejor amigo, hoguera ancestral con danza de chicos de la tribu. sueño de chimenea, ventanal orienttado al mediodía.

Ofrecen seguridad y refugio Humphrey, mi edredón, y la espesa y protectora colcha-buti que me permite dormir cada día con el príncipe gracias a su bordado de mago, dragón, castillo, tras cuyos muros se encuentra, al fin, el príncipe, y yo misma al otro lado de la espesa colcha y toda la nómina, sin madrastra mala ni importunos enanitos. No dejaré entrar en la imponente torre del homenaje a las hadas del bautizo, que en mi caso fueron todas perversas, y me alegrará, por fastidiar a la gentuza del castillo negro mayormente, que los alegres colores de la bandera roja y gualda animen la almohada.

Aparto el embozo y me enfrento a mi destino, del que hui, para refugiarme en el castillo de algodón, cuando la incesante nevada del viernes ocho auguraba el páramo indefinido cubierto por la sábana del diluvio de copos. El destino, irónico, espera como un gran animal gris entre los conductos de los fríos radiadores que la extrema mezquindad de los dirigentes de la Comunidad ni con la Gran Nieve permiten encender ni a mínimos durante las doce horas de las más largas y gélidas noches. Adiós ahorros, que se deslizan, pendiente abajo, hacia la factura de la luz que ya engorda el indispensable radiador eléctrico.

Empiezan, muy pronto porque amanece muy tarde, las alucinaciones árticas. No amanece, tal vez no lo haga, quizás el adorado, beatificado y simpático planeta se ha cansado de someterse a equinoccios y solsticios. Nunca Mais. La terraza ofrece, en vez de tiestos, arbustos, regaderas, mampara, barandillas y losas, una barrera aparentemente dulce que se rompe los dientes contra las puertas, las clausura y exhibe carteles de prohibido el paso.

Hermosura, no me engañas. No me engañas, guapa de cara. Aunque salgas primero a escena maquillada como una artista de kabuki y ofrezcas, a cada golpe de gong, trineos con o sin perros, muñecos king size, raquetas, fotos para la posteridad (“Aquí yo y el yeti”), equipos completos de esquí urbano. Sé que has arrojado al estanque antes de se hiele las llaves de mis pasos inseguros. Porque no podré dar ninguno sobre un pavimento que resbala.

Hay una duna, de medio metro, en mi terraza y el ginko biloba, que crie desde su infancia hace menos de dos años y ahora tiene dos metros, alza apenas tronco y ramas desnudas. Sólo puedo asegurarle, a distancia, mi solidaridad.

El enmigo espera, hasta que la ducha disuelva su manto de colmillos fríos.

Y no poder cruzar a comprar un periódico.

 

 

11/24/20

SOLOS ANTE EL PELIGRO

Solos ante el peligro.

(“High Noon”, 1952-Director Fred Zinnemann)

Gary Cooper terminó apresuradamente su testamento, lo dobló y lo introdujo en un sobre junto con las páginas que había escrito anteriormente y que le habían retrasado en la declaración somera de sus últimas voluntades. Solo en la muy solitaria oficina del sheriff y forzado a serlo de nuevo para así morir en las que debían ser las pocas horas que le quedaban de vida, dudó entre dejarlo sobre la mesa o metido en el cajón. Ya no tenía tiempo de entregarlo a un notario, que probablemente lo rechazaría para no comprometerse, o al juez, que había huido del pueblo. Incluso, con esa rapidez con la que foguea el pensamiento cuando es inminente el final, se le ocurrió que podía haberlo hecho llegar a alguno de los periódicos del norte, lejanos del temor a los asesinos. Todo era ya inútil. Iban a matarle, en las mismas calles que había defendido, junto a la insignia, carteles y los escasos libros de leyes y Declaración de Derechos que tal vez aventara en breve algún incendio.

Sentía no haber podido redactar con más detalle y pulcritud su testamento porque quería dejar, junto con sus escasos bienes, testimonio de su amor sincero a Grace Kelly, con la que acababa de casarse y que podía ser su nieta. Pero necesitó fijar antes por escrito su incomprensión, su aflicción, su duda hincada en lo más hondo, respecto a los principios de democracia, libertad, dignidad, igualdad, justicia en los que había creído y que se habían ido apagando uno a uno durante su peregrinación denunciando la llegada de los asesinos, a los que, con aplausos del pueblo todo, donde habían sembrado el terror, había detenido, hecho que se juzgaran y que habían sido condenados. Gozó durante cuatro años del reconocimiento y alabanzas de los vecinos, se disponía a dejar la pistola y gozar del merecido reposo de un trabajo pacífico y de una tierna y bellísima esposa. Hasta que los cuatro asesinos, amnistiados, llegaron para consumar su venganza. En su larga peregrinación buscando ayuda nadie, ni uno solo, se prestó a acompañarlo, a arriesgar, como él hizo tantas veces, su vida pare defenderlo. Repasó, en esos minutos finales, su peregrinación por el pueblo.

Gary, vamos juntos, releyendo esas páginas en las que plasmaste tu perplejidad ante la flagrante contradicción entre realidad y principios. Descubriste, como aquí hoy, que bajo lo que parecía sagrado, benéfico, inamovible, Democracia, decisión mayoritaria, pueblo, comunidad, paz social, podían esconderse las mayores indignidades, las peores cobardías, las colinas de cadáveres abandonados y de absurdos e injusticias silenciados, aceptados, asimilados con el alborozo de quien espera que la bala y el puño del que manda pasen junto a él y no le toquen. Descubriste, también, que la democracia podía ser eso: Un pueblo entero que te mira pedir ayuda y se calla mientras sólo resuenan los clavos del que será tu ataúd. Lo es, como lo es igualmente el país silencioso en el que, aprovechando una epidemia, el Parlamento no es sino ausencia y nóminas. Te miraron inútilmente en la iglesia, les hablaste. Se inhibió el párroco. Ninguno te acompañó a la puerta. Tampoco en la sala de la supuesta y moderna representación democrática impidió ninguno que se dictase, por el dictador con aspiraciones de totalitario, la imposibilidad de control legal, de manifestaciones, de oposición al absurdo, al reparto a trozos de país y presupuesto, de rebelión contra la imposición forzada de normas de servidumbre y patentes de aprovechamiento a la medida del  grupo en el poder. Gary, viste salir gozosos a los niños de la iglesia, pasaste frente a la escuela, donde aprendían en inglés, lógicamente. En otro lugar lejano pero semejante alguien ve con estupor como en las escuelas se ha prohibido el uso de la lengua propia, la del país, en fenómeno equivalente a si el inglés se prohibiera oficialmente en Gran Bretaña o Estados Unidos. Y el solitario testigo observa atónito como la inmensa mayoría del país calla, se avergüenza de sí y contempla impasible la destrucción de su patria. Gary, al menos el párroco de tu pueblo no animó a su rebaño a protegerte pero tampoco se decantó por los asesinos. En el país lejano párrocos y laicos los han apadrinado, han alabado sus ritos de sangre con cálices que no contienen la consagrada, los han paseado en triunfo hasta sentarlos en la sede del Gobierno. Tu pueblo, cobarde, era mejor que el nuestro. De casa en casa, de vecino a vecino, pediste ayuda a hombres escondidos en el dormitorio, tras el mostrador de la tienda, afanados en limpiar la barra del bar en espera de la la celebración del crimen por los asesinos generosos. Pero era un pequeño pueblo, no millones de cobardías sumadas hasta hacer el aire sin libertad ni dignidad irrespirable. Tú peregrinaste solo, convencido quizás al principio de que los elementales dogmas de que la razón asiste a la mayoría y de que cuanto se presenta como democrático es intachable eran ciertos. Descubriste hasta qué punto no lo son, que, finalmente, la dignidad de los propios actos, de la solitaria defensa de la verdad, la justicia y la libertad, es lo único que existe y que vale, pese a todo, la pena, un supremo bien del que nunca gozará quien no lo mire, y se mire, de frente y pague su alto pero inestimable precio.

Gary, tú eres eterno, lo llevas siendo desde tu primera aparición en ese pueblo. Eres la soledad y el desconcierto ante la injusticia, el error y el abandono cobarde de la mayoría. Y eres la esperanza en lo único y tan olvidado que merece crédito y avala, en el fondo de la Caja de Pandora, la esperanza: la responsabilidad individual de los propios actos, la decisión final, tan solitaria como el nacimiento y la muerte, de vivir honradamente o no la existencia, de detenerse ante la línea roja inconfundible que marca la frontera de la vileza del aprovechamiento, del daño causado a otro para beneficiarse, del mal favorecido por omisión, del oscuro rencor ante la valentía y la grandeza ajenas. Tú hubieras despreciado, sin mirarlos a los que se protegen en la cárcel de las falsas dualidades izquierdas/derechas, conservadores/progresistas, buenos/malos. Sabías perfectamente que las cazas de brujas, en países comunistas con el resultado de muerte, en otros con la oportunidad a los mediocres de aislar y denunciar a compañeros, son repulsivas de por sí, no por ideales aludidos.

Paseamos hoy, solos, por las calles de tu pueblo.

Rosúa

11/12/20

LA INESPERADA BELLEZA DE MADRID

La inesperada belleza de Madrid.

Yo iba al Museo del Prado a ver los cuadros de El Greco que se habían traído provisionalmente de la iglesia en obras de Illescas. Crucé en Neptuno aún indiferente, o casi ajena, a la variable composición del espacio que sobre las cabezas se desarrollaba, nieblas de noviembre coaguladas ya en nubes, ejércitos de plumas perdidos en ese día de la Almudena, patrona de la Villa, y llevados al azar, modelados con diversas formas. Había arietes de vientre redondo, infantería ligera, prolongaciones en lanzadas finas, destacamentos en espera. Todos en pacífico asalto de la superficie intacta del cielo, pulida de extremo a extremo, con el azul pétreo de una piedra preciosa, de una meseta paralela que siempre ofrecía a la de abajo seguridad y refugio.

 

 

 

 

 

Iba a ver los cuadros del Greco y antes de llegar me detuvieron  los árboles de las anchas y siempre libres, pese a las conjuras infinitas contra su serena grandeza, avenidas. Ramas, verdes, rojos, dorados, gotas temblando en las agujas de los pinos, transparencia, formas, roce, a guisa de saludo, de especies vecinas. Caían blandamente, suspendidas como el polvo y como la vista de quien las contemplaba, marcaban un ritmo en los escasos paseantes, mermados por la peste, algunas figuras, en vez de las multitudes habituales.

El pincel más oblicuo, el del sol que se aproxima al solsticio, derrama  en estas breves horas y días de noviembre la mayor riqueza de tonos, vuelca una cesta otoñal, perecedera, como el recuerdo de cuantos el mes evoca,, fugaz y al tiempo eterna, e infinita como la belleza percibida, en todo su poder abrumador, por quien, sin esperarla, la recibe. La belleza, la repentina marea luminosa, el gratuito don de un milagro de colores y formas, ha desplazado cualquier triste sombra, ha cubierto desde los troncos hasta las más altas ramas, ha arrinconado con su desprecio la espuma sucia de las acciones bajas, de la miseria de covachuelas y contubernios, de la pobre ambición de roedores que luchan entre sí por su mendrugo. A ras de las losas de piedra de un gris nítido, fiable, resistente, lamido por los pasos y las lluvias, hoy ha avanzado la marea alta de pura luz y, tras llenarlo todo, ha chocado con las paredes y columnas nobles del Museo, real y neoclásico, ha dejado su huella en las ventanas y pintó en los cristales la arboleda.

Desciende de  las ramas un relato de sosiego, un tapiz vertical de hilos cambiantes que protegen, abrigan y resguardan de la mediocridad que anida fuera. Hay poca gente, algunos paseantes que andan lentamente y se detienen, observan a los pájaros, examinan enfrente el volumen de limpia geometría que defiende al Arte y a la Historia, que con cada columna y cada friso aspira a eternidad y a inteligencia, intuición oscura, temblorosa, de que hay un más allá de aspiraciones que no podrá cegar la sucia espuma.  Todo se da en El Prado en este día, todo se ofrece a quien acepta verlo y que a ello se abre sin esfuerzo. Cae la hoja, desciende hasta posarse en el fondo interior del pecho abierto. Caen las hojas, pentágonos, triángulos, rojos de terciopelo que duplican en las salas de enfrente los de El Greco, verdes inalterables de los pinos, sembradas sus agujas del cristal de las gotas de la niebla, dorados fastuosos que añaden esplendor renacentista al sendero de piedras y se hermanan con alas de los ángeles que están en el Museo.. El oscuro marrón, sus transiciones hasta el ocre, el marfil, el casi blanco, cuenta historias de tiempo y de modestia, aún cantan juventud las ramas de hojas todavía verdes, emerge del dorado las seriedad madura de los troncos, que miran esos juegos por el aire, el vuelo de las hojas desprendidas, con la condescendencia de los años.

 

Sobre el banco de piedra, el alma de Velázquez ha pintado una precisa constelación de hojas. A su lado un  espeso lugar de aterrizaje donde se van posando y descansando las hijas de los árboles, liberadas en un único vuelo que les permite conocer reposo y tierra. Arriba, en la fina escritura de las ramas, hay semillas, hay frutos que allí esperan con la tranquilidad de su paciencia, con la generosidad de quien da todo, en acuerdo perfecto con cada cuadro, con cada columna, con la ciudad, con el azul de un cielo pintado arriba por muchos velázquez, cada día, cada hora. Con el pincel bañado en la luz del Madrid indestructible.

Rosúa, 9-XI-2020

[i ]A unos metros, en lo que fueron Las Cortes, se han arremolinado los desechos, basura, ajena y enemiga del esplendor vecino, nido de insectos ansiosos de sorber la materia descompuesta, parodia de justicia y hoy remanso de lo que fue Gobierno y es reparto. Zumbido de parásitos que lamen, rascan, tragan los escaños. A unos metros tan sólo del glorioso morir de la arboleda, del granito que alberga la excelencia y la esperanza de lo perdurable. Ya no hay escalinatas, sólo rampas con el pliegue curvado de una espalda. Los leones contemplan los insectos chupando de la piel desamparada, cortando trozos, para su despensa. Y olfatean hedores del cadáver que otros días llamaron Parlamento, y es alijo, botín, febril subasta de los despojos que el señor les deje.

 

11/8/20

EL TOTALITARISMO ANÓNIMO

https://www.elrincondecasandra.es/articulos-varios/El totalitarismo anónimo.https://www.elrincondecasandra.es/articulos/

El ponente, docto y seráfico, expone, siguiendo los puntos que se leen en la gran pantalla[i], las cuatro premisas que determinan las condiciones de las principales ayudas económicas europeas a los países de la, aún, Unión que se encuentran en situación más precaria. Como autoridad acostumbrada a tratar con altos dirigentes y miembro habitual él mismo de la cúpula, evita cualquier alusión directa a la gestión culpable de gobiernos concretos, muy en especial del suyo, y enumera a dónde se destinarán los miles de millones de euros. Éstos se clasifican en tres bloques, y el más codiciado y señalado en rojo por su volumen monetario está dirigido, por este orden, a programas de desarrollo nacionales centrados en los siguientes objetivos:

– Cambio climático.

– Descarbonización del transporte y de los sistemas de climatización de los edificios.

– Digitalización y puesta al día de la tecnología del país.

– Política de recursos humanos.

Los otros dos bloques vienen en muy segundo y tercer lugar de prioridades y representan cantidades notablemente menores. La exposición es tan tersa, tan simple y aparentemente intachable que se diría planea, en su proyección sobre la pantalla blanca, por encima del bien, del mal y de cualquier crítica. Sin embargo enciende en el interior de la observadora externa, lega en materias de economía pero no totalmente desprovista de sentido común y fibra humana, una gran interrogación que parpadea con las luces rojas de la alarma. Aquí, de la manera más civilizada del mundo, se está disponiendo de la forma de vida de millones de personas sin la más mínima consulta ni asomo democrático. Con el chantaje subyacente de o esto o ni un céntimo y a pasar hambre, y el peligrosísimo corolario del que el gobernante a quien se le entregue con tales condiciones tal suma tiene nada desdeñables posibilidades de promocionarse como dictador fáctico aplaudido por una corte de parásitos y por una población aislada, confinada, menesterosa y online. A la ciudadanía se le está robando para siempre lo que cotidianamente prefiere, sin que medie consulta, sin términos medios, sin razonable proporción entre avances técnicos y el sistema (fusionado con el cambio de régimen) y arbitrariedad que se pretenden imponer. El afable profesor está presentando, como un nuevo Moisés que desciende del Sinaí del Banco Central Europeo, en nombre de una entelequia llamada Futuro y que aventaja con mucho al viejo fundamentalismo religioso, un totalitarismo de última generación tanto más peligroso cuanto anónimo y, aparentemente, irrefutable, blindado por lo que se presenta como necesario ritmo del progreso científico ante el cual sólo decrépitos reaccionarios y estúpidos luditas presentarían objeciones.

¿Dónde está, en el esquema, la prioridad aquí y ahora de las personas, prioridad que en este caso aúna urgencia, evidencia e importancia? ¿Por qué han desaparecido aquéllos que quieren, pueden y saben ofrecer un trabajo y servicios que son los que la inmensa mayoría de los ciudadanos eligen,  prefieren y que no pueden eliminarse de golpe y masivamente para sustituirlos en bloque por medios telemáticos y control estatal? ¿Dónde están la felicidad, la salvación, la existencia real, limitada, perecedera, única, de los seres humanos concretos, no los de un utópico futuro ni los imaginarios habitantes de sociedades y ciudades de cálculo y proyecto, ni los pobladores de un planeta verde, cristalino y preferentemente despoblado, mediante selección planificada, del desagradable e irrelevante lastre de los reticentes a programa tan impecable? ¿Quién escogería esperar conexión y dialogar con una grabación y una máquina si puede ser atendido por un ser humano de entre los millones disponibles para reincorporarse a su empleo.? ¿Quién exige ver calles desprovistas de pequeños, medianos y grandes comercios para, en su lugar, comer y consumir cada día lo que les ofrezca la pantalla? ¿Dónde está la multitud que arde en deseos de sustituir su pausa del café, la tortilla y los amigos por el holograma y el vídeo?.

El esquema no por atildado y escueto es menos terrorífico. En  las prioridades de la Unión Europea para inyectar fondos según programas nacionales no figura en modo alguno la que debería ser meta primera de sus desvelos y sus esfuerzos: Los que los necesitan y lo que ellos realmente quieren, el tipo de vida que votan por vivir y respecto al cual nadie les ha pedido opinión. Éstos, en finalidades de los que desde las alturas los ignoran, no aparecen, aunque su rango sea muy superior a las mutaciones de un planeta que no cesará nunca de cambiar ni de variar el ángulo de su eje. Se desdeña alegremente a los individuos porque se impone la concentración del interés y del dinero en la vasta, universal y completa implantación de un sistema absoluto, anónimo, infinitamente gregario bajo su apariencia de paraíso de las diversidades.

El cacique bonsai

Naturalmente las directivas tienen una transposición local mucho más tierra a tierra que lo que con tan etérea nitidez exponen los parámetros económicos del Banco Central de la Unión Europea. El reparto de miles de millones a programas abstractos que recogen tópicos populistas ajenos al control, a la eficacia y a la más elemental empatía con los destinatarios es terreno perfecto para gobiernos, presidentes, asesores y políticos, a los que se deja manos libres para embolsarse, repartir y malversar el botín. No pueden pedir mejor esquema logreros sin nivel moral e intelectual alguno. Es el ideal de los caciques siglo XXI para disponer, sin oposición, de un ganado acobardado por la pandemia, silenciado por el régimen de excepción perdurable y envilecido por la impotencia servil, una ciudadanía que ha dejado de serlo porque está sumergida en el especial totalitarismo sin líder, sin doctrina, sin límites, previsiones ni horizontes, en el que deben aceptar que cuanto sucede o es inevitable o, gracias a las disposiciones oficiales, el menor mal, sin responsabilidad personal ni eficacia controlable. Es de esto buen ejemplo, la España de 2020.

En este marco, las catástrofes de origen externo, naturales o no, -véase la pandemia vírica- son para los dirigentes de lance un regalo de los dioses siempre y cuando el gran jefe evite escrupulosamente asociar su imagen al lado oscuro, el de la enfermedad, el error y la muerte. La calamidad externa, gestionada cara al público, lo exime de responsabilidades, controles, plazos, reglas, críticas y leyes y le entrega a una población indefensa, dependiente, atemorizada, empobrecida e incapaz física y psicológicamente de contestación y resistencia alguna, tanto más en sazón para el totalitarismo siglo XXI cuanto que se sabe, por pasivo apoyo (regado por la peor ignorancia, que es la aparente lluvia de noticias) partícipe por omisión en la vileza de disposiciones nefastas. La gran calamidad es providencial: Permite excepcionalidades indefinidas que aseguran dominio absoluto y justifican, como los estados de guerra, la anulación de todos los derechos individuales y jurídicos propios de una democracia y la apropiación del país y del Estado. Viene, además, oportunamente a reemplazar los otros mitos, ya desgastados, utilizados en la ficticia lucha mediática y verbal contra un eterno enemigo creado, exhumado y maquillado al efecto. Sumado esto al vaporoso milenarismo de dogmas climáticos, genéricos y planetarios, la sumisión general, la anulación de las libertades y la completa impunidad dirigente están garantizadas por incomparecencia de contrario. El inexistente dios llamado Futuro ha desplazado del Olimpo a todos los demás. Con la ventaja de que con él la iconografía sale gratis, las profecías son de imposible verificación, la elección para el cuerpo sacerdotal no requiere títulos ni calificaciones, los dones son gestionados, a beneficio de inventario, por la élite del nombramiento recíproco, y las víctimas de los sacrificios, perecedero lastre a fin de cuentas, son eliminadas social, -y físicamente,-pandemia mediante- por imperativo absoluto de exigencias de la Modernidad y el Progreso. Futuro es el dios más cómodo que existe. Porque no existe.

En el extremo inferior de lo que parecen altas decisiones, tomadas por expertos despegados de la contingencia banal y que dictaminan sub specie aeternitatis sobre circunstancias y temas impersonales de tinte pseudocientífico y cargados de la obligada aquiescencia de lo religioso, existe una dimensión nada abstracta, un polo bien hundido tierra a tierra en el aquí y el ahora, la de cuantos  parasitan, en nombre del nuevo evangelio y mandamientos, al resto y viven como nunca por sus merecimientos habrían soñado. Al Jefe repartidor y dueño fáctico de vidas y haciendas sus  propias mediocridad y vaciedad le aseguran el puesto. Es precisamente su ansia de poder, dinero y súbditos, desnuda de méritos, el pilar más sólido de su permanencia y la substancia que une su destino al de sus clientelas. Nada hay en este armazón visible más que la dureza inamovible de la armadura de ambición y codicia que recubre la nada, a la que ni siquiera acompaña al menos el aura negra del criminal, del dictador sanguinario, del mercenario audaz Aquí no existe sino el completo vacío de inteligencia o moral. Sólo instinto, placer del podio y la sumisión y embriaguez de los vítores tras el reparto. Su necesidad de agentes exteriores, en forma de propaganda y distorsión de los hechos, es proporcional a la vacuidad interior, a la ausencia, debajo de la corteza de apariencias, de cualquier elemento sólido, válido o significativo. No utiliza, es propaganda.

El cacique primario desconcierta al analista del siglo XXI, al comentador, que no espera tal vaciedad acorazada. El analista no advierte que este tipo actúa sobre terreno sembrado, que él es el fruto y reflejo exacto del mínimo común denominador que ha procurado abonar en el país que lo produce, que el emperador-bonsai somete a ya sometidos y con decidida vocación y entrenamiento de serlo. El miedo de la epidemia añade un ingrediente exculpatorio al asentimiento al cacique. Es bien recibido por un pueblo ejercitado en el odio a cualquier grandeza y en la abominación de las nociones de país propio, igualdad nacional y ciudadanía. La impotencia ante el sistema anula la responsabilidad propia, El imperativo online y el anonimato de sectores enteros de los que no se puede esperar respuesta corren paralelos al enriquecimiento de los mercaderes informáticos que, a su vez, alfombran camino a la ausencia, indiferencia, negligencia y virtual desaparición, excepto a la hora de embolsar beneficios, del sucedáneo de representantes democráticos en parlamentos que ya no tienen de ello más que la fachada y el nombre. Los supuestos grandes proyectos, a décadas y siglos vista, verdes, ecológicos, amigos del planeta y de la ingeniería social, ofrecen el inapreciable don de la perfecta imposibilidad de auténticos medida y control y el simultáneo derecho de pernada sobre cualquier aspecto de la vida cotidiana de los antes ciudadanos y ahora sujetos. El grupo del cacique y su entusiasta o temerosa corte pueden hacer con ellos cuanto quieran, quitarles el transporte público donde y cuando les plazca, dictaminar sobre sus actos más íntimos, eliminar libros, condenar palabras y pensamientos, gravar alimentos a su antojo, condenarlos por leyes fabricadas al efecto, anular cualquier vestigio de los derechos y libertades anteriores, ordenar rituales de adoración planetaria y beatificación de delincuentes. Es importante que la arbitrariedad, como la omnipotencia, se hagan norma porque nada somete de forma más férrea que la inseguridad.

La tercera fase

No en vano sólo en el cuarto punto de los programas marcados por la U. E. aparecen los seres humanos actuales, como una parte de la biosfera que no habrá más remedio que tener en cuenta en espera de que el tiempo, los virus y el hastío e impotencia ante el mundo que se les ha impuesto procedan a la necesaria selección. Se los aprovechará como mejor se pueda, su felicidad, opinión y albedrío a nadie importan, ni al consejo de doctos programadores y directivos ni al puñado de grandes empresas telemáticas ni a su fiel corte del tándem gobierno/oposición, colaboradores y clientes de un totalitarismo en el que las personas están radicalmente inermes, en un grado jamás conocido, frente a un sistema sobre el que  no tienen la menor posibilidad de control, blindado ante cualquier crítica so pena de acusación de caducos luditas culpables de abominable rechazo a la modernidad y la ciencia. Se han vivido épocas más peligrosas, inseguras, pero ninguna, en la historia toda de la Humanidad, la dependencia e indefensión han sido semejantes.

Como los grandes ríos, el curso creciente y ahora arrollador del totalitarismo anónimo tiene un reducido punto de nacimiento, aquél en el que dejaron de considerarse los hechos concretos de individuos concretos y se pasó a clasificar, como a ganado de genética inmutable, a los humanos en grupos de dualidad opuesta que los situaba en el Bien o en el Mal. Se abandonó la valoración racional, la evidencia, el valor concreto de sucesos e individuos, y se sustituyeron juicio, cambio, análisis, pensamiento por dualidades tan gregarias y gratuitas como falsas, que automáticamente colocaban en la zona benéfica o en la maléfica y eliminable. Véase la Lucha de Clases, Derechas/Izquierdas, Progresistas/Reaccionarios, y toda su progenie. Minorías (siempre oprimidas/Mayorías (siempre opresoras), Víctimas/Verdugos. Como el victimismo vende bien y la comunicación debe colocar su producto al por mayor mientras que el individuo responsable de sus actos, y de sus méritos, no es rentable, la falsa dualidad goza del mejor de los mercados. España ha cultivado el chantaje dual hasta la extenuación, con tan especial ahínco y tan abundante cosecha de parásitos que se ha ganado por sus propios méritos el título de país fallido, como no podía ser menos en el caso de uno que abomina de nombre, símbolos, historia, entidad nacional y lengua propios,

El dualismo no ha cesado de avanzar armado del chantaje verbal, cultural y mediático, en espera de la deseada, y que ya comienza a ser real, confrontación física. Hasta implantar un clima de guerra civil social maniquea que prolifera como la peor pandemia.

Tiempo de dictaduras anónimas, que, con objetivos milenarios,  mitología pseudocientífica y planteamientos de un frío fundamentalismo, sustraen derechos, libertades, placeres, pasiones, evidencias, contacto directo, reunión, expresión, gozo, tristeza, pasiones, soledad, honradez elemental y cuanto constituye el núcleo humano del individuo. En las contabilidades de un puñado de empresas y de los aspirantes a pequeño césar, de los gestores, asesores, presidentes y grupos políticos sin más horizonte que conservar y aumentar cotas de poder y cantidad de ingresos, país y Estado pasan a ser un simple botín, la democracia deja de existir, la palabra civilización pierde su sentido. De no pasar a la defensa de valores y logros infinitamente mejores que los que se pretende imponer, se va al tipo de sociedad ya esbozada por varias obras de ciencia ficción, con sólo dos clases de hombres: la masa del ganado productor, consumidor y servil y la capa rectora, única en tener acceso al jugoso fruto de la vida real y libre.

Rosúa

[iC]iclo de conferencias sobre la situación de España en Europa. Madrid, octubre 2020. Caixaforum Cátedra.

09/19/20

UN MUNDO FELICÍSIMO

UN MUNDO FELICÍSIMOhttps://www.elrincondecasandra.es/diario-de-la-pandemia-madrid-13-marzo-de-2020/

 El tsunami de estupidez, densa, creciente, inagotable, avanza a tal rapidez que parece situarse sin esfuerzo a la altura de los labios, de los ojos, haber anegado totalmente el cerebro y paralizado en las extremidades cualquier acción defensiva, sin permitir siquiera la simple huida. Con perfecta tranquilidad un análisis socioeconómico anuncia el cambio inevitable de forma de vida al que no cabe sino someterse. El suplemento económico dominical [1]pontifica que baja de un irrefutable Sinaí la nueva Ley: nada volverá a ser como antes […] fin de la era analógica […] se acabaron las tiendas de barrio y la asistencia a las grandes superficies [… } se reorganiza el ocio, con una vida más casera […] Se acabó el tiempo no digital […] El mundo tal y como lo conocíamos en febrero se ha acabado. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el virus por España, ahí tenemos instalados a una dictadura, Leyes, a un Presidente y a un Gobierno con visos de eternidad por imperativo telemático postmoderno. Nadie los ha elegido, ninguno los ha aprobado, es la maniobra más antidemocrática que imaginarse pueda de imposición general, irreversible, ubicua y absoluta, aupada, naturalmente, en la excusa de que cualquier asomo de alarma y oposición sería una retrógrada y absurda rebelión ludita[2] contra los avances de la ciencia. La destrucción de cuanto hay de grato en el vivir cotidiano exige el todo o nada, y goza como acelerador de un proceso previo de chantaje en una población habituada a la estúpida falacia del terror a ser tachada de no progresista- El anunciado robo es de una talla nunca vista e impresionante. Se sacrifica nada menos que la voluntad, el libre albedrío, los derechos más elementales y el vivir cotidiano del conjunto de los ciudadanos en el ara de la devoción a la existencia online, al puñado de empresas que la manejen y a los escogidos y nunca antes tan privilegiados núcleos gubernamentales y fácticos unidos a ellas. La España de 2020, en su desastrosa gestión de la pandemia, el nivel ínfimo y ridículo de su Gobierno y la sumisión bovina, acobardada y resignada de sus ciudadanos es un excelente ejemplo. Los privilegiados se guardarán muy bien de vivir de tal manera y les faltará tiempo para huir, en cuanto se apaguen el micro y los focos, a entornos y experiencias verdaderos.

Qué mejor que pasarse la mayor parte del tiempo estabulado entre cuatro paredes, pendiente de un transmisor audio-visual, comiendo paquetes encargados a distancia, vistiendo, bebiendo y tocando perfiles ficticios, charlando con guarismos millonarios de amigos inexistentes. Y pagando para mantener una jauría de sueldos, dietas, prebendas, pensiones a perpetuidad, cargos, asesores, ministerios inútiles, ridículos y espurios a los cuales además, -y ésa es la mayor desgracia- su nivel ínfimo no les permite sino idear consignas e injerencias en la privacidad e incluso sentimientos y pensamientos de la gente, ésa que, a su pesar, los mantiene con los impuestos a su trabajo.

Agotado por el uso el chantaje de  “Es usted un facha, reaccionario, franquista”, etc., etc., amanece el nuevo: Todo online o nada. De lo contrario se quedará sin móvil ni aplicaciones, lo cual es peor que la muerte. Aprovechando una vez más el trayecto del Pisuerga virtual y las reales ventajas que su adecuado uso ofrece, se impone de facto como horizonte mucho más allá de la pandemia una reclusión domiciliaria perfectamente controlada, horarios y disponibilidad laboral indefinidos y censura social a gogó para los individuos y amantes de la  vida real críticos. Con un poco de suerte, se incluirán en el plan pausas-café con proyección de compañeros virtuales y gafitas nocturnas para simular caricias que pueden llegar, según tarifa, hasta el orgasmo

Uno de los bienes colaterales de cambio tan excelente es, por supuesto, la supresión de esos sectores lentos, improductivos, y nada fotogénicos que son los viejos, de discutible calidad informática, reacios a abandonar memoria, cultura y trato humano, convertidos en forzosos robinsones de pocos metros cuadrados a base de roerles vías transitables eliminando transporte público, amigos de la sinceridad y la evidencia e incómodos partidarios de alzar la voz y denunciar el tsunami de estupidez y atentados al más elemental sentido común. Con el benéfico virus se han conseguido importantes logros en este meritorio rasgo del progreso técnico: Ya ha habido selección de los que no valía la pena que siguiesen estando vivos  y lo que se ha hecho y aceptado socialmente una vez (siempre hay nuevos judíos y estrellas amarillas) se repetirá. Ya se ha conseguido que se los mire como leprosos y fuentes de contagio. Puede que la siguiente propuesta de un avispado becario de las empresas online sea estabularlos frente a pantallas gigantes.

Europa, y España, no poseen enormes reservas de petróleo, ni exportan gas y minerales raros, pero sí tienen un bien principal, tan valioso y único que ha sido imitado y adoptado por el Globo entero: Una mejor, más grata, feliz, segura y libre forma de vivir. Si no son capaces de reconocer y defender esto están haciendo un pésimo negocio, ellas y el menú exportado desde Silicon Valley y empleado a gigantesca escala por el Partido Comunista Chino.

El gran golpe de estado es de tal magnitud que su dimensión ni siquiera se advierte ni su efecto se concibe. Sin exposición ni acuerdo ni permiso ciudadano alguno se roba a la población lo más valioso: Su modo de vida, el que prefieren, el que es más grato y más humano y les proporciona, día a día, fragmentos modestos pero seguros de real felicidad. Deben y deberán desaparecer los contactos directos, pequeños comercios, restaurantes, bares, los paseos por galerías de tiendas, la comida servida en mesa, el camarero conocido, las cañas, las tapas, la librería con su librero. Todo deberá en la práctica ser prohibido, quedar fuera del alcance, ser anatema, resto decadente de un pasado ineficaz ¿ Ineficaz para quién? No para la inmensa mayoría a la que esto le proporcionaba satisfacción, calor, humor, atención, dicha, compañía, ejercicio de su libertad, descubrimiento de otros. Cada cual deberá encerrarse con su ordenador, recurrir para absolutamente todo a su pantalla, ignorar la existencia del mundo externo excepto por el repartidor que llame a su puerta y los fotogramas que el rectángulo escoja y le presente. Ya no habrá, no hay, empleados conocidos en los bancos, ni oficinistas a quienes recurrir, ni informadores. Habrá, para todo, larguísima espera, pantalla, líneas, la completa dejación de responsabilidad personal puesto que todo depende del programa informático, la inmensa pérdida de tiempo acumulada en intentos de contacto con voces mecánicas y sedes vacías y el grado de indefensión más grande que ha conocido jamás el ser humano.

Nadie, ningún ciudadano ha elegido ese mundo horrendo, ninguno ha votado tal programa ni ha dado su beneplácito para que le arrebaten, so pretexto de eficacia y necesidad de implantación online,  por completo su forma de vida infinitamente más grata y mejor. Ni uno solo optaría sinceramente, si se le diera la opción, por la grabación, las pausas, la respuesta mecánica en vez de la atención personal. Sin embargo el gran golpe de estado se ha impuesto y el virus ha sido providencial para acelerarlo, tergiversar el secuestro de libertades e imposición total y totalitaria que condena y denigra cualquier resistencia como simple, torpe y caduca incapacidad de adaptarse al progreso, a la nueva era comunicativa y los avances científicos. Se trata de utilizar de forma fraudulenta y desmesurada recursos puntuales técnicos útiles, y justificar un descomunal fraude y ataque contra una población privada de defensa, fichada y controlada al máximo, desorientada y manipulada por el chantaje de ser calificada de reaccionaria y opuesta al cambio moderno. El proceso no comenzó ayer; se ha amasado con el culto a lo nuevo, lo reciente, lo joven, lo gregario y lo fácil y con el paralelo desprecio al humanismo, la historia, la memoria, el individuo, la vida privada y el esfuerzo, a lo que no está bajo la tecla y el millón de mensajes sino en el camino recorrido hacia el conocimiento y la merecida libertad.https://www.elrincondecasandra.es/siempre-hoy/pandemia-y-pandemias-2020/

Rosúa

[1] El Nasdaq anuncia el fin de la era analógica. Actualidad Económica. 6-12 septiembre 2020. Por Josef Ajram.

[2] Ludismo: Movimiento, que comenzó en Inglaterra en el siglo XIX, de artesanos opuestos a la introducción de nuevas máquinas por el peligro de pérdida de puestos de trabajo. Se ha asimilado, erróneamente, a general tecnofobia.

09/18/20

El gran carnaval

“El gran carnaval” versión española.https://www.elrincondecasandra.es/diario-de-la-pandemia-madrid-13-marzo-de-2020/

https://www.elrincondecasandra.es/siempre-hoy/pandemia-y-pandemias-2020/

 

Hay que montar un gran carnaval centrado en el espectáculo y aglutinado en el jefe y su entorno como núcleo y símbolo de sentimientos e imágenes positivos. Debajo, una finalidad totalmente espuria: Lograr, afianzar y monopolizar un botín económico y social. Ésta es, a partir del accidente ocasional de un hombre atrapado en una mina aprovechado por un inteligente y ambicioso periodista sin escrúpulos, la trama de una  película de 1951 de gran actualidad, dirigida por el genial Billy Wilder: “Ace in the Hole”, traducido (y no mal por esta vez) como “El gran carnaval”. En ella  sólo había un muerto, asesinado en realidad por la innecesaria prolongación de su rescate, forzada por el periodista para aumentar el morbo y la cotización de sus artículos, por el el sheriff corrupto, que busca popularidad y reelección, y por la indiferente y codiciosa mujer de la víctima. Acuden masas y medios de comunicación al espectáculo, del cual el periodista se ha asegurado la exclusiva. Pero ese villano, Kirk Douglas, se redime con un final noble.

En España el montaje tiene como pedestal miles de muertos silenciados e innumerables seres humanos segregados y a veces abandonados y condenados a causa de su edad. El foco mediático se centra en el Presidente Líder, que tiene que ser fuerte, en flor de madurez, fotogénico y jamás asociado ni en imagen ni en actividad algunas con la enfermedad, con los ancianos (ya no hay “mayores”), la fealdad, los infectados, los hospitales y la muerte. Véase la pandemia de 2020, en la que el Gobierno español se lleva la palma de la desastrosa gestión y manipulación mediática., Nunca, ni él ni los suyos, el consejero áulico y su alter ego en la Presidencia, los visitaron, no evitaron en el momento oportuno las grandes manifestaciones creadas ad maiorem gloriam suam, (ningún muerto vale perder minutos de televisión y propaganda). Vistieron alegre corbata roja, atuendos deportivos, simpáticos disfraces de ganador de concursos televisivos acordes con la sonrisa equina y el rostro pétreo. Promocionaron, como si de una feria se tratase, canciones, bailes, gastronomía casera, historietas, chascarrillos y gozo juvenil. La triada que controla la visión popular de la plaga promocionó, como si de una feria se tratara, canciones, bailes, gastronomía casera, chascarrillos, historietas y actividades de vital gozo juvenil. Detrás, en una silenciosa fosa común mediática, se van apilando las víctimas.

El botín  ahora es enorme, incomparablemente superior a los pocos miles de dólares de Kirk Douglas. Es nada menos que el presupuesto, cargos, medios y fondos de un país entero. Y la asimilación de los aguafiestas críticos y de los escasos que se oponen al robo incluye, naturalmente, como desde hace décadas es norma en España, el chantaje habitual con metralletas cargadas de denuncias de facha, reaccionario, derechista por parte de los que desde los años ochenta viven del lucrativo negocio del antifranquismo post mortem.

El Kirk Douglas de “El gran carnaval” es un personaje de una valentía y capacidad de honradez resplandecientes en comparación con la vileza de la maniobra en la España de 2020, que ha teñido de pasiva complicidad a buena parte de la población. Ha habido en el país presidentes y gobiernos malos, pero ninguno ha inspirado la repugnancia que el actual. Su espectacular fachada de ausencia de escrúpulos y de moral, su exhibición de egoísmo cerril y prepotencia huera y el feroz e incondicional apoyo del grupo Parásito, que es y ha sido el gran enemigo real y no la falsa dualidad izquierdas/derechas, son infinitamente más míseros que cuanto pudo imaginar Billy Wilder.https://www.elrincondecasandra.es/articulos-espana-politica-transicion/

Rosúa

08/25/20

Daños Colaterales

DAÑOS COLATERALEShttps://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/

 “¡Ojalá acabe en un hospital!” A voces, sin venir a cuento, en el vestuario de la piscina de un centro deportivo de Madrid que se esmera en la higiene, una mujer joven se ha colocado de repente a unos centímetros de otra que no lo es, la acusa de no llevar mascarilla y, entre otras invectivas, grita estos buenos deseos. La mujer mayor está secándose tras salir de la ducha, en su cubículo sin nadie a los lados y frente a su taquilla. Naturalmente es imposible llevar mascarilla en esa circunstancia. La explosión de agresividad, violencia e histeria es absolutamente gratuita. Pero no por irracional menos explicable. Consciente, inconsciente, estúpida o estratégicamente se ha hecho todo para fragmentar a la población y someterla haciéndole asumir una segregación a veces en apariencia protectora pero que, en la práctica, la ha envilecido llevándola a asumir una segregación.

Caza, acoso, rechazo, denuncia del viejo que ya no es es “mayor” sino anciano, ramas secas que que sin embargo aún consumen agua, alimentos y recursos y el virus benéfico ha venido, enviado por la sabia Naturaleza y el Dios Planeta, a podar. El subconsciente colectivo se va empapando del mensaje de las dos clases: Juventud sana, fuerte, hermosa y prometedora y Vejez inútil desagradable, fea y parásita de los bienes que, lógicamente deben corresponder al sector (ahora edad sustituye a raza) elegida. Las circunstancias de la pandemia no sólo no han hecho a la gente más fuerte, sino que están haciendo aflorar en buena parte de ella lo peor. Están creando un clima malsano de animosidad, desconfianza irracional y agresiones impunes, bajo excusa del peligro sanitario, y, simultáneamente, de sumisión ante quien se ve como el dueño de la vida y la muerte. El ecosistema ideal para aspirantes a jerarca totalitario. La desdichada frase de “Los mayores son de riesgo” se ha interpretado, no como que en ellos el virus es más letal, sino como que lo transmiten más, lo que es falso. Precisamente la torpeza en consignas de segregación ha favorecido la impunidad y actitud irresponsable de los jóvenes, que se ven dueños de un reino que, mientras no demuestren sus méritos, no se les debe.

Pero como los humanos no somos una camada de lobos (aunque, regresión mediante, se hagan méritos para ello) y su éxito como especie se debe a órganos más arriba de las patas y el brillo del pelaje, pongamos el cerebro y los recovecos de la memoria y la conciencia, la progresión e implantación de los daños colaterales pueden ser mucho peores que el virus.https://www.elrincondecasandra.es/siempre-hoy/pandemia-y-pandemias-2020/

Mercedes ROSÚA

 

Madrid, 24 de agosto de 2020

 

 

07/13/20

El País de No Pagarás

El País de No Pagaráshttps://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/

 https://www.elrincondecasandra.es/siempre-hoy/pandemia-y-pandemias-2020/

Había una vez un país en el que nada se pagaba nunca y esa era su divisa, su credo, su proyecto, su visión del futuro y su firme creencia de cuál había sido, o debería haber sido, su pasado. Cada mañana, a la que el sol salía, sus habitantes esperaban que iba a iluminar un territorio nuevo en el que, a diferencia de oscuros tiempos anteriores, no quedaría apenas rastro, como de un mal sueño, de los desagradables usos y costumbres de la era antigua, injusta y trabajosa. Se encontraría cada cual, en la misma proporción, calidad y peso, su desayuno, y así ocurriría con todas las pitanzas. De manera semejante, y según gusto, cercanía y apetencia, se instalaría cada uno, por horas días, años o semanas, en la casa que fuese de su agrado, desplazando, si necesidad de ello hubiere, a los ocupantes. De igual forma se procedería con la vestimenta, vehículos, objetos y con cualquier tipo de servicios.

En el País de no Pagarás se valoraba, sin embargo, en extremo la consecuencia, de manera que el conjunto, de los mayores a los menores actos, correspondiera estrictamente a la divisa. Hubiera sido de abominable mal gusto y de reprobación unánime la exigencia de algún tipo de contrapartida para ocupar oficios, trabajos, cargos, ocupaciones de cualquier índole. Se entraba tranquilamente en el despacho, sala, aula, consulta, obra, centro de cualesquiera operaciones, y de la misma forma se abandonaba, como era frecuente, en breve por fatiga o hastío, o por exigencia del siguiente ocupante. Grandes dispensadores de lo que se vino a llamar, por pura estética ya que así figuraba en la letra gótica de las introducciones, títulos se situaban en zonas ajardinadas que ocupaban espacios que otrora se llamaron universitarios. En cada máquina bastaba con la impresión de la palma de la mano para que aparecieran sucesivamente, a elección del consumidor, diplomas diversos de la categoría que se deseara. No existía, lógicamente, la menor contradicción en el número de sus poseedores puesto que aquellos decorativos documentos en modo alguno implicaban conocimiento ni especialización de ningún tipo ni eran, en el feliz País de No Pagarás, remunerados o exigidos. De hecho, cada mañana el césped aparecía sembrado de ellos hasta que eran oportunamente dispersados por el viento.

Las reuniones nunca eran de menos de mil individuos y transcurrían en un cordial intercambio de abrazos y besos animados por la afectuosa consigna “De gente a gente”, en un clima de homogéneo disfrute de la seguridad en la homogeneidad y gratuidad de los días y en la certidumbre de que, en cualquier caso, jamás existirían diferencias ni remuneración alguna entre los miembros de la “gente”. De hecho, se había borrado del léxico como obsoleta la palabra “envidia” puesto que en No Pagarás carecía de sentido. El vocabulario había experimentado un sano proceso de adelgazamiento, perdido buena parte de la grasa verbal que obligaba a manejar sutilezas y múltiples significados que incomodaban en las vastas reuniones a los asistentes. Cabía incluso el peligro de que el entramado de conceptos y palabras los llevara a hacer un esfuerzo, lo que chocaba frontalmente con los principios y leyes en vigor

La vida social y política era en No Pagarás mucho más animada de lo que hubiera podido suponerse. Cada día se fabricaban y exhibían un pasado y un futuro nuevos, con personajes, preferentemente colectivos, cortados a la medida de “Gente”, intercambiables y por encima de todo en absoluto susceptibles de despertar inquietudes de emulación ni desazón comparativo. Se trataba de un divertido pasatiempo semejante al de ir incrustando diminutas piezas en el tapiz de un rompecabezas de grandes dimensiones al que se debían adaptar, sin perfiles discordantes ni aristas, las figuras del pasado que desordenadamente fueran surgiendo y las que pudieran añadirse en el tejido futuro de la nación dichosa repleta de gente bienaventurada. País feliz hasta tal punto que ni siquiera lo turbaban arcaicos recuerdos de la vieja nomenclatura o asuntos de trámite respecto a los vecinos. Ningún rasgo ni símbolo comparativos eran en él aceptables por cuanto implicarían contrapartida de atención y esfuerzo, conocimiento del pasado y enojosas categorías, tanto tiempo ha abolidas, de valor y mérito. Bajo la guía paternal de “Gente”, se habían repartido hacía mucho tiempo fragmentos de fronteras, accidentes geográficos, hablas, flora, fauna y fenómenos atmosféricos, y se hablaba con temor y hostilidad, en voz baja con tono y miradas huidizos, del tiempo oscuro de las diferencias, los esfuerzos, la obligatoriedad de tareas y los pagos. Luego se elevaba la mirada agradecida hacia el cielo homogéneo, sin nubes, tormentas ni pájaros, del infalible salvador Gente, incorpóreo y semejante a una acogedora cúpula de mullidos materiales.

Los países de la comunidad Pagamos se habían acomodado sin esfuerzo al trato con el apéndice extemporáneo que representaba el País de No Pagarás. Atravesaban sus inexistentes fronteras, pasaban en él temporadas extremadamente gratas y disponían ventajosamente de cuanto les parecía oportuno. Disfrutaban de lo que en él les apetecía, enviaban a los aborígenes indispensables pero bien calculados suministros, les impedían cortésmente el acceso a sus propias naciones exteriores y a los beneficios que en ellas sus ciudadanos pagaban y de los que, lógicamente, disponían, y controlaban la situación de modo parecido a los grandes complejos hoteleros: Cada habitante del País de No Pagarás llevaba una pulsera electrónica con la que se medían gastos subvencionados por los de Pagamos. Así las naciones vecinas del País de No Pagarás se solazaban satisfechas y con saldo favorable en el vecino parque temático que, por añadidura, ofrecía a los visitantes románticos e inquietos un placer especial, de lo distinto, mezcla del sabor de lejana tribu, de las utopías idílicas de las viejas historias y de la seguridad de la pitanza. Con un deje añadido a la satisfacción por la propia generosidad cuando se han dejado unas monedas al pobre de la esquina.

En el País de No Pagarás la gratuidad absoluta no impedía, muy al contrario, una intensa vida política. Los miembros del núcleo Gente Para La Gente recibían de por vida el más generoso estipendio en especie conocido tras una estancia, por efímera que fuese, en el cargo, y tal bienaventuranza manaba y se arremansaba en nucleolos, como GMG (Gente Más Gente), JP (Jamás Pagar) o VV (Víctimas y Víctimos), que, por serlo, tenían garantizada la continuidad vitalicia de su mirífica situación. Eran seres tan fugaces que apenas se recordaban sus nombres, pero se consideraba indiscutible la consideración que se les debía, que se cimentaba en la sólida, inalterable, inamovible decisión colectiva de no pagar jamás, de la cual se consideraba a Gente Más Gente encarnación y garante.

Rosúa

07/12/20

VIRUS VÍCTOR. DE CIRCE A PINOCHO-

Virus Víctor

De Circe a Pinocho

(EL DIARIO DE LA PANDEMIA COMIENZA EN MARZO, PERO TRANSCURRE DESDE ENTONCES HASTA LA ACTUALIDAD, A LO LARGO DE 2020 Y EN UN DESPUÉS INDEFINIDO)

https://www.elrincondecasandra.es/diario-de-la-pandemia-madrid-13-marzo-de-2020/

Tratar a la gente como al enemigo puede ser peor que la pandemia. Es a lo que el virus y sobre todo la manipulación del miedo que despierta han abierto las puertas. Se trata, una vez más, del viejo sueño totalitario que, unido por la coyuntura temporal al imperio de la imagen, puede ser letal haciendo de la sociedad un lugar invivible para los individuos con pretensión de libres y poseedores de cierta dignidad y exhibiendo como prototipo un maniquí de cartón piedra prefabricado cada día a golpe de circunstancias.

La regresión está servida, de Circe, que transformaba a los hombres generalmente en cerdos -animal no desposeído de alguna inteligencia y de gran utilidad- , a Pinocho, quien, ya entrado en la edad moderna, pasaba de narigudo a borrico por sus propios méritos y decisiones y por la elección como mentor, no del sabio y bondadoso Gepetto y del atento Pepito Grillo, sino del embaucador que ofrecía un panorama sin fin de golosinas que desembocaba en la completa transformación de los niños (ahora población infantilizada) en bestias de carga vendibles al mejor postor.

El timador que enarbola el virus en la cartuchera no es sino pura imagen apetecible por talla, sonrisa soldada a un rostro sin resquicios de inquietud ni inteligencia, repetición incansable de la misma caja musical y promesas de gratuidad infinita. El Estado Postvirus promete en el mejor de los casos, porque del cerdo todo se aprovecha, la mutación de Circe, en el más probable la de Pinocho, un ganado medroso hecho al ronzal y los rediles y ansioso de identificarse y mostrar su apoyo a la imagen, multiplicada por todos los espejos a todas las horas, de un aparente humano ajeno a la fealdad, la vejez, la incertidumbre y la muerte.

A los Gepettos y Pepitos Grillo ni los hay ni se los espera, porque, de existir, se ocultan con prudencia y sólo les cabe esperar a que pase, si es que pasa, la ola regresiva. Mientras, ven aumentar, entre el general asentimiento a las mutaciones, las orejas de asno y el paso de la voz y el discurso humano al rebuzno, al que inmediatamente se califica de lengua protegida y rasgo cultural. La imagen acartonada que resume el ideal imperturbable e invulnerable de admiradores y partidarios rezuma una pócima que, al estilo de la de Circe, potencia, en una suspensión de microgotas mucho más poderosas que la del virus, lo peor de cada ejemplar humano, que pasa de racional y responsable a frustrado aprendiz de comisario ansioso de demostrar sus méritos con excesos de celo y múltiples denuncias. Nunca algunos habían ofrecido y ejercido sobre tantos tales cotas de poder hacia mutaciones regresivas de extraña, pero no sorprendente, y nueva animalidad.

https://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/

Rosúa

07/8/20

TESIS DOCTORAL MERCEDES ROSÚA-ENLACE TEXTO COMPLETO

TESIS DOCTORAL DE MERCEDES ROSÚA SOBRE EL LENGUAJE TOTALITARIO. LA  ENSEÑANZA DE LENGUAS EXTRANJERAS EN LA R. P. CHINA EN 1973-1974-Enlace al texto completo.

Tesis doctoral de Mercedes Rosúa basada en su experiencia y material recogido en la R.P. China durante 1973-1974. Estudio y reflexiones sobre el lenguaje totalitario.https://www.elrincondecasandra.es/china-1973-74-tesis-autora-lenguaje-totalitario-introduccion/

ENLACE AL TEXTO COMPLETO

https://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=drive_web

Enlace a la revista de sinología SinoELE en cuya bibliografía figurahttp://www.sinoele.org/index.php/proyectos/bibliografia/por-areas-tematicas

05/28/20

TESIS DOCTORAL PARTE 3

PARTE 3 150 ppi

La extensión del documento de la tesis doctoral ha obligado a dividirlo en tres partes.https://www.elrincondecasandra.es/china-1973-74-tesis-autora-lenguaje-totalitario-introduccion/

Texto completohttps://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=sharing

05/28/20

TESIS DOCTORAL PARTE 2

PARTE 2 150 ppi

Por su volumen, el texto de la tesis se ha fragmentado en tres partes.

Texto completohttps://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=sharing

https://www.elrincondecasandra.es/china-1973-74-tesis-autora-lenguaje-totalitario-introduccion/

05/28/20

TESIS DOCTORAL COMPLETA ENLACES https://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=sharing

 

Figuran aquí: el enlace a la tesis y los enlaces a la página web de la revista de sinología en la cual, entre otros estudios y obras, figura esta tesis.https://drive.google.com/file/d/1Ab0QQInWpfLVFeJ4427QJCBrEqvEx6pm/view?usp=sharing

/https://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/

http://www.sinoele.org/index.php/proyectos/bibliografia/por-areas-tematicas

La enseñanza del español en China en 1973-74. Estudio sobre el lenguaje totalitario en el maoísmo.

TESIS DOCTORAL. ENLACE DE LA TESIS COMPLETA

http://www.sinoele.org/index.php/proyectos/bibliografia/por-areas-tematicas

http://www.sinoele.org/

La enseñanza de lenguas modernas en China Continental: Interdependencia entre el aprendizaje de una lengua, estructura mental y visión del mundo.

http://www.sinoele.org/index.php/proyectos/bibliografia/por-areas-tematicas

05/20/20

CHINA 1973-74 fOTOS

https://www.elrincondecasandra.es/china-1973-74-fotos/CHINA: VISIÓN Y MEMORIA DE 1973-74

FOTOS Y PALABRAShttps://www.elrincondecasandra.es/tesis-doctoral-completa-china-1973-74-lenguaje-totalitario/

De M. ROSÚA

 

Un ciclista lee un tadzupao

 

Un ciclista mira los tadzupaos (escritos en grandes caracteres) pegados en un muro en Pekín.

Pocas cosas son tan engañosas como la aparente libertad, la multitudinaria, siempre apoyada en colectivos, pueblo, gente, en grandes y visibles adhesiones y reuniones públicas y carteles que pegas por doquier, mientras que en las librerías sólo encuentras las obras del Líder, del Tetramorfos del Comunismo (Marx, Engels, Lenin, Stalin -fue hermoso mientras duró-, reemplazado luego por Enver Hoxha -mientras duró fue hermoso) y poco más.

Los tadzupaos llamaban al pueblo (siempre colectivos) a la rebelión con la frase de Mao “Hay que ir a contracorriente”, a la cual un extranjero apostilló: “Cuando todos vayan contra corriente yo iré contracorriente”.

 

 

Shanghai 1974, durante el breve viaje al sur y una de las pocas fotografías de él que se salvaron del expolio por los dirigentes en el aeropuerto.

 

 

Pekín: Llegada. Recepción. Visitas.

 

El Hotel de la Amistad. (Tenía muy poco de ella en lo que al ambiente se refería).

El “Hotel de la Amistad”, en Pekín. El enorme edificio de estilo soviético albergaba a los cooperantes extranjeros y fue residencia de la autora. Las principales ciudades del país tenían estos alojamientos, todos semejantes en nombre y en estilo, con el típico gigantismo socialista y tocados de tejados de diseño local para darles un aire chino. Estaba, y se supone que está, en las afueras de la capital.

La utilización de la palabra “Amistad” para este tipo de edificios era preceptiva, e inversamente proporcional a la relación personal, cálida y sincera que tal palabra implica. En esta clase de regímenes el mundo se divide siempre en amigos y enemigos, según la consigna imperante. Los individuos del país, bañados por una propaganda indistinguible de lo que sus sentidos podrían llegar a percibir o experimentar, hacen suya la terminología, que modela la realidad y las ideas y pueden cambiar radicalmente de opinión de un día a otro según la consigna.

 

 

Museo de Historia. Pekín. Bandera de la revolución campesina, con un arado.

El Museo lo era de una Historia recortada, purgada y seleccionada según los criterios del Partido Comunista. La Historia se modelaba según las consignas del momento. La realidad, los hechos concretos, no existían como tales. Como en el plano físico, el Partido seleccionaba también en el temporal e intelectual lo que correspondía a la imagen mental fijada como ortodoxa, pero en sí muy insegura, pues dependía de la voluntad cambiante del Líder.

 

 

El puente del Palacio de Verano. Fiesta Nacional.

Fiesta Nacional. Pekín, Palacio de Verano. La neblina ha ido levantando durante el día y permite apreciar con mayor claridad la hermosa simetría del puente del Palacio de Verano, punteado por los globos y banderas rojos (todo siempre en rojo y sólo rojo) de la Fiesta Nacional.

 

 

 

Típico cartel con los iconos del régimen.

Típica iconografía del Partido Comunista Chino: Obrero (estrechando los libros de Mao), Campesina y Soldado dispuestos a aplastar ideológica y físicamente a los “enemigos” del régimen socialista.

 

 

En la Fiesta Nacional.

La gente acude a la Fiesta Nacional. Obsérvense vestimenta y expresiones.

 

Más banderas rojas, que, junto a los farolillos igualmente rojos, es la decoración monocroma de la Fiesta Nacional. El león es una estatua antigua, con símbolos del poder y fuerza del país, por lo que se salvó de la destrucción artística de la Revolución Cultural. Funcionarios y visitantes -chaquetas azul y gris- deambulan por el recinto ferial.

 

 

 

 

Niños bailando y cantando las alabanzas a Mao y el Partido.

Espectáculos de danzas infantiles durante la Fiesta Nacional. Todos los niños llevan el pañuelito rojo de pioneros del Partido y cantan sus alabanzas.

 

Representantes oficiales de las minorías nacionales con el enorme cartel de propaganda al fondo y paneles con diversas fotos y textos sobre los éxitos del régimen. En primer plano se encuentra el del Tíbet, país invadido por China en 1950 y ocupado hasta la fecha. Hay también uigures, hui, etc. Todos sonríen.

 

Los actores se preparan para el espectáculo

 

 

 

Los empinados escalones de la Gran Muralla.

 

 

La  Gran Muralla parecía lindar con la nada.

 

La Gran Muralla, los otros muy pequeños.

 

El largo camino hasta la torre de vigilancia. A veces en la Gran Muralla había incluso soledad.

 

En el camino a las tumbas Ming. Acompañantes.

 

Escalinata real.

 

Pekín. Entrenamiento en un parque.

Pekín. Artes marciales.

 

 

Pekín. La grande y solitaria avenida.

 

Pekín. Puerta antigua o imitación de las antiguas, destruidas durante la Revolución Cultural.

 

 

Pekín. Arco y puerta antiguos.

 

 

Pekín. Moto de limpieza.

 

 

Pekín. Un cooperante francés.

 

 

Pekín. La cooperante española.

 

 

Pekín

 

 

Pekín

 

Pekín. Día de fiesta. Fotos en la plaza principal.

 

Pekín

 

Pekín.

 

Pekín

 

Pekín. Gigantescos palacios del pueblo (=edificios oficiales). Entremedias bien poco.

 

Pekín.

 

Pekín.

 

 

Pekín. Museos, etc.

 

 

Pekín. La entrada al parque.

Pekín. La avenida, como siempre semivacía y con carteles gigantes.

 

Pekín; obviamente.

 

Pekín centrísimo.

Pekín. Alrededores.

 

 

Pekín. Carteles de las óperas-ballet revolucionarios (siempre los mismos), en alabanza de Mao y del Partido Comunista Chino. Esa media docena de espectáculos eran los únicos.

 

 

Pekín. En un centro de enseñanza. Carteles con consignas

 

 

Pekín. Consigna gigante

 

 

Pekín. Jóvenes mirando tadzupaos (escritos en grandes caracteres).

Pekín. Habitación de la cooperante española.

 

 

Pekín. Desde el balcón de la cooperante española en el Hotel de la Amistad.

 

Pekín. Habitación de la cooperante.

 

 

Pekín. Mercado.

 

 

Pekín. Pared con tadzupaos y observadores.

 

 

Pekín. Tadzupaos y gente.

 

Pekín. Leyendo tadzupaos.

 

Pekín. Guardia urbano, Lenin y Stalin.

 

 

Pekín. Abuela con pies vendados.

 

Pekín. Tadzupao.

 

Pekín. Leyendo los tadzupaos.

 

 

Pekín, lector y tadzupao.

 

Pekín. La gran plaza.

 

Pekín. Una guía.

 

Pekín. Garita de seguridad.

 

Pekín. Profesores durante la sesión de trabajo manual.

Profesores en trabajo manual

 

Pekín. Calle.

 

Pekín. Señora con pies vendados

 

 

     SIAN

 

 Sian. M. Rosúa, profesora de español, frente al Hotel de la Amistad, donde se alojó toda su estancia. Había tres huéspedes, extranjeros: Un matrimonio mayor, de Sri Lanka, profesores de inglés, y ella.

 

Sian. La profesora de español en una fábrica, con el profesor de español y traductor Chü-ye, un dirigente local del Partido y otros acompañantes.

 

Sian. Trabajo manual en el instituto con la cosecha de algodón.

 

Obras y alumnos en trabajo manual.

 

Sian. Rosúa, profesora española.

Sian. Alumnos y profesores de español, y la profesora española, en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Sian.

 

Sian. Alumnos en trabajo manual.

 

Sian. Trabajo manual en el instituto.

 

Sian. Niñas amigas de la profesora de español.

 

 

Sian. El niño del profesor Chü-Ye y los cerditos.

 

Sian. Consignas en el Instituto.

 

Sian. Niños.

Sian. Director y profesores.

 

Sian. Señora de una comuna cercana.

 

Sian. Señora de la comuna.

Sian. En la comuna.

 

Sian. En la comuna.

 

Sian. La pagoda de la Oca. De hecho, en Xian había dos pagodas: la de la Pequeña y la de la Gran Oca. La autora no puede decir con certidumbre qué Oca era la que visitó.

 

Sian La pagoda. Era un hermoso edificio antiguo, de los pocos que se habían salvado de la Revolución Cultural. El número de pisos representa las etapas a la perfección espiritual. Se conservaba y enseñaba para mostrar que el Partido Comunista respetaba las religiones, en este caso el budismo.

 

Sian. El airoso tejado de la pagoda.

 

Sian. El remate de los tejados es con frecuencia una campanita.

 

 

Sian. En la pagoda. La profesora española. Era un lugar hermoso y de paz.

Sian. El monje de la pagoda.

 

Sian. El monje en la pagoda. Era afable, tranquilo, distante, educado, resignado ante los manifiestos ignorancia y desprecio hacia la religión de los miembros del Partido que dirigían la visita de la profesora española

 

Sian. En el camino a las tumbas reales, la mayor parte aún no excavadas pero claramente bajo las colinas artificiales. Allí estaba la del emperador y los famosos guerreros, pero se mantenía en secreto.

 

Sian. El camino real y las estatuas guardianas.

 

 

Sian. León guardián de las tumbas reales.

 

Sian. Antigua estatua de guerrero en el camino real.

 

Sian. Caballo alado en el camino real.

 

Sian. Los guardianes reales.

 

Sian. Los caballos del sendero real.

 

Sian. Con las estatuas decapitadas.

Sian. En el Museo Arqueológico. Decoración mural.

 

 

 

Sian. En el Museo Arqueológico.

 

.

Sian. En la visita a la zona de enterramientos reales. La profesora española con el intérprete de José Castedo y el simpático guía del lugar.

 

Sian. En la visita a la zona de enterramientos reales. Antiguas esculturas de caballos, elefantes, etc. La profesora española.

 

Sian. Estatua de guerrero guardián.

Sian. El fiero y muy antiguo guardián del camino a las tumbas.

 

Sian. Estela y guía.

Sian. Caballo de piedra del camino a las tumbas reales.

 

 

 

Sian. Una de las estatuas del camino real.

 

Sian. Una de las estatuas del cortejo hacia las tumbas reales.

 

Sian. Estatua del camino real maltratada por el tiempo.

 

Sian. Estatuas del camino real decapitadas (¿Revolución Cultural?)

 

Sian. Pilar del camino real.

 

 

Sian. Estatua de camello bactriano. Avenida a las tumbas reales.

 

Sian. Intérpretes y José Castedo, que vivía en Pekín e hizo una visita a Sian. Castedo era el único español que se había quedado en China durante la Revolución Cultural y se proclamaba absolutamente maoísta comunista y del sector de Álvarez del Vayo. Decía, con cierto furor, ¡Yo estoy con los chinos siempre!. Parece que esa fidelidad incondicional, de ideología pasional, y su trabajo de años, no fueron luego reconocidas como correspondía por las autoridades chinas.

Sian. José Castedo.

 

 

Sian. El intérprete de José Castedo y la profesora de español.

 

Sian. Chü-Ye, profesor de español.

 

Sian. Zona antigua y museo. Intérpretes, acompañantes y la profesora española.

 

Sian. En la habitación de Rosúa, la profesora española, con el acompañante de Castedo, que era un dirigente del Partido Comunista Chino.

 

 

Sian. Visita a una fábrica, con un dirigente, el profesor Chü-Ye y la profesora española.

 

 

Sian. En el Hotel de la Amistad (todos lo eran), un profesor de francés de paso, su intérprete y la profesora española.

 

 

 

 

Sian. La pagoda de la Gran Oca.

 

Pequeña pagoda

 

Sian, de oca en oca. La pagoda de la Pequeña Oca (tal vez, y la otra es la Gran Oca).

 

Sian. En el Instituto. Un grupo folclórico, directivos y profesores chinos y profesores extranjeros. En el centro un matrimonio de Sri Lanka, profesores de inglés, y la profesora de español a su lado.

 

 

   

 

Viaje por el sur

 

Kweilin.

 

 

En el viaje por el sur

 

Obreras del astillero de Shanghai.

 

En el sur de China. Bicitaxi habitual. Los automóviles eran en los setenta escasísimos y reservados para altos cargos y usos oficiales.

 

Los grandes ríos del sur en plena época de lluvias, con su transporte en barcazas.

 

Kweilin. Por el río en una lancha. El poco fondo obligaba a que se ayudaran de palos para impulsarla.

 

 

.

La niña y las plantas del sur.

 

 

 

 

 

En Cantón. Ciclista.

 

 

 

 

 

 

PEKÍN

 

Pekín. Trabajo manual en el Instituto; donde el ambiente era muy diferente de Sian, sin cordialidad alguna. El centro tenía fama de haber sido una plaza fuerte de la Revolución Cultural y rezumaba comisariado maoísta.

 

Pekín. Trabajo manual en el instituto.

 

Pekín. Trabajo manual en el instituto.

 

 

Pekín. Trabajo manual en el instituto.

 

 

Pekín. Trabajo manual en el instituto.

 

Pekín. En el mercado.

 

 

Pekín.

 

Pekín. Una de las óperas revolucionarias, único espectáculo teatral que había.

 

Pekín. Entrada al Instituto de Lenguas Extranjeras.

 

Pekín. En el instituto. Trabajo manual. Alumnos.

 

Camino a las tumbas. Estatua de elefante sumiso

 

 

Camino a las tumbas.  Caballo en espera de jinete.

 

Camino a las tumbasPerro fiel y feroz, según con quién.

 

Pekín. Películas revolucionarias (las únicas).

 

 

 

 

Shanghai 1974

Segundo viaje al sur, antes de hacerme salir del país y quedarse con buena parte de mis fotografías.

05/8/20

CHINA 1973-74 TESIS AUTORA LENGUAJE TOTALITARIO INTRODUCCIÓN Y RESUMEN

Biografía Y Bibliografía. Libros y ArtículosTESIS DOCTORAL DE MERCEDES ROSÚA DELGADO

DEFENDIDA EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, UCM, DONDE LA AUTORA HABÍA CURSADO TODOS SUS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS DE ROMÁNICAS (LENGUA Y LITERATURA) EL 16 DE ENERO DE 1978.https://www.elrincondecasandra.es/china-1973-74-tesis-autora-lenguaje-totalitario-introduccion/

La enseñanza de lenguas modernas en China Continental: Interdependencia entre el aprendizaje de una lengua, estructura mental y visión del mundo. Madrid, 1978.

Contiene documentación original, textos docentes, sobre la enseñanza del español en la República Popular China, donde la autora impartió clases en 1973-74. Es un estudio sobre el lenguaje totalitario. Se calificó con Sobresaliente cum laude.

Su título original rezaba …en la República Popular China, lo que hubo de cambiar, a indicación de su director de tesis, por en China Continental.

importa añadir a mi descripción de esta documentación que deseo sea útil a quien lo precise,  pero que no pertenece a ni debe ser capitalizada por organización alguna. Es fruto del trabajo y experiencia de una persona independiente y para independientes.

Resumen de la tesis doctoral de Mercedes Rosúa

https://www.elrincondecasandra.es/publicaciones/

 

 NOTA SOBRE LA LEGIBILIDAD DEL ORIGINAL: El documento original fue mecanografiado y, con el paso del tiempo, se ha hecho en diversas páginas difícilmente legible. En espera de que alguna vez pueda transcribirse en su totalidad, se incluyen aquí siete páginas, las de mayor dificultad en su lectura, transcritas. Éstas son las p.p. 6, 7, 25, 27, 28, 97, 98. Se añaden en apéndice separado a continuación para que el lector pueda intercalarlas.

 

 

 

TESIS DOCTORAL DE MERCEDES ROSÚA DELGADO

DEFENDIDA EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, UCM, EN 1978, DONDE LA AUTORA CURSÓ SUS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS DE ROMÁNICAS (LENGUA Y LITERATURA).

La enseñanza de lenguas modernas en China Continental:

Interdependencia entre el aprendizaje de una lengua, estructura mental y visión del mundo. Madrid, 16 de enero de 1978

Contiene documentación original, textos docentes sobre la enseñanza del español en la República Popular China, donde la autora impartió clases en 1973-74. Es un estudio sobre el lenguaje totalitario. Se calificó con Sobresaliente cum laude.

Su título original rezaba …en la República Popular China, lo que hubo de cambiar, a indicación de su director de tesis, por en China Continental.

 

 

Importa tener en cuenta que la autora desea que este documento, fruto del trabajo y experiencia de una persona independiente y para independientes, sea útil a quien lo precise, pero que todos los derechos sobre él pertenecen a la autora, incluidos los de edición física o electrónica, sin que pueda efectuarse ningún cambio, omisión o añadido respecto al original e indicando siempre fuente y autoría.

 

 

Nota sobre la legibilidad del original: El documento original fue mecanografiado y, con el paso del tiempo, se hizo en diversas páginas difícilmente legible. En espera de que alguna vez pueda transcribirse en su totalidad, se incluyen aquí siete páginas, las de mayor dificultad en su lectura, transcritas e intercaladas junto a las originales (p.p. 6, 7, 25, 27, 28, 97, 98).

Téngase también en cuenta que la grafía latina de nombres propios es la que se utilizaba en la época.

 

 

Deseo dedicar este trabajo a Li-Yi-She, pseudónimo de los tres ex-guardias rojos que tuvieron el valor de exhibir en Cantón, en 1973-74, una serie de carteles murales en los que defendían la democracia y la lucidez. También a Wang Weilin, que se puso frente a los tanques en la plaza de Tien An Men, en Pekín, durante la masacre de junio de 1989.

 

INTRODUCCIÓN

 

Este trabajo es el fruto de anotaciones, reflexiones y vivencias durante el curso escolar 1973-74 en la República Popular China como profesora de español, y de una labor de búsqueda bibliográfica, comparación y comprobación de datos, análisis y síntesis durante los años siguientes. Se centra, partiendo de la observación de la enseñanza del castellano, en la interdependencia entre el lenguaje enseñado y las directrices político-sociales del sistema, en la visión del mundo y en el universo mental que de ello resulta.

Es conocida la dificultad de obtener documentación sobre cuanto acontece en China Popular. Las publicaciones oficiales no abundan y están escritas en el rígido marco del perfeccionismo estatal. En cuanto a los libros y estudios efectuados por occidentales, existen bastantes y no pocos de interés, pero, como cualquier extranjero, sus autores han debido ceñirse, durante su estancia en China, a las reglas del sistema, que han delimitado estrictamente sus pasos y su acceso a fuentes de información. Buena parte de las obras sobre China adolecen, además, de una irracionalidad partidista que las hace tanto o más perfeccionistas que las oficiales. He incluido en la presente obra una serie de lecciones y textos empleados por los profesores chinos de español para sus clases, y elaborados por ellos mismos. La prohibición gubernamental, por razones políticas, de sacar material pedagógico fuera del país explica el escaso número del recogido, y le otorga, al tiempo, el valor de su rareza.

La época que trato, el canto de cisne del maoísmo, el grande y temeroso retorno tras la Revolución Cultural, es enormemente significativa. A partir de los años setenta la enseñanza superior, entre ella la de lenguas, comienza a resucitar; vuelven del campo estudiantes y profesores, se reorganizan escuelas e institutos, se reconsidera la contratación de cooperantes extranjeros; se habla de “Revolución Educativa”, presentada por los dirigentes chinos como continuación necesaria de los sucesos de 1966-1969, y por la prensa occidental con los títulos sensacionalistas de “Segunda Revolución Cultural”.

La experiencia concreta de la que parte este trabajo fue, por fortuna, sumamente variada, puesto que, en el espacio de un curso escolar, enseñé en tres centros y visité varios. La primera experiencia pedagógica es ciertamente la más especial: Dos meses y medio en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Sian, a mil kilómetros de Pekín, en el interior, no lejos de Yenán. Un matrimonio de Sri Lanka y yo éramos los primeros cooperantes extranjeros que aparecían en esa ciudad de dos millones de habitantes tras la marcha a sus respectivos países de los profesores occidentales de 1957. En Sian, precisamente por la falta de costumbre de aplicar el férreo encuadramiento que rodea a los extranjeros en Pekín y por factores personales, establecí relaciones humanas de una riqueza y naturalidad inusitadas con mis colegas chinos, se me dieron facilidades para documentarme, y se me permitió llevar a cabo encuestas minuciosas entre profesores y alumnos.

En Pekín, tras una corta etapa, que desde el principio se había acordado como provisional, en el Instituto de Lenguas Extranjeras, pasé al Instituto N.º 2. El Instituto de Lenguas Extranjeras presentaba la peculiaridad de, por una parte, encargarse de la formación de adultos destinados a ocupar puestos en el extranjero, y, por otra, de recibir estudiantes de chino venidos de países con los que Pekín había establecido acuerdos bilaterales. En cuanto al Instituto N.º 2, era, como el de Sian, una escuela superior de lenguas vivas.

El régimen de vida de alumnos y claustro, el material pedagógico, la metodología didáctica, los textos, su temática, estructuración y vocabulario, todo ello configuraba uno de los más puros ejemplos de una etapa histórica totalitaria, de la apoteosis agónica del maoísmo, de un monopolio en literatura, arte, pensamiento, posiblemente jamás igualado. Actualmente las exigencias de la modernización obligan al sistema a entreabrirse, a relativizarse. Pero el calco verbal de esos años es una huella inestimable.

Mercedes ROSÚA DELGADO

 

Nota Bene: Pueden consultarse sobre el tema libros y artículos de la autora, y las referencias en su web www.elrincondecasandra.es

 

EL VOLUMEN DEL DOCUMENTO ESCANEADO HA IMPEDIDO HASTA AHORA PASARLO A ESTA WEB.  SE ESPERA PODER PONER UN ENLACE CUANDO SEA POSIBLE.

ÍNDICE

 

ÍNDICEhttps://www.elrincondecasandra.es/wp-content/uploads/2020/05/Resumen-de-la-tesis-doctoral-de-Mercedes-Ros%C3%BAa.pdf

 

 

 

 

04/23/20

POLITICAL ASYLUM. OPEN LETTER FROM MADRID

https://www.elrincondecasandra.es/carta-abierta-a-casi-todos-los-gobiernos-del-mundo/From Madrid, but urbi et orbi and sine die

Open Letter asking for political asylumhttps://www.elrincondecasandra.es/siempre-hoy/diario-de-la-pandemia-madrid-2020/

to (almost) any country in the world,

From a country, Spain, where citizens’ life and freedom are at risk, in great danger and extreme uncertainty. This is so no just by epidemics tragedy all over the world, but mainly because in this country right now its Government itself is a real deadly plague. Danger concerns anyone and specially aged people. Spain has had, so far, more than twenty thousand (and that could be up to thirty or even more) deaths, 0,43 % of population affected, which means to be in the very top of the world, the highest rate of health workers with virus because no protection provided by the State, and the whole of citizens living in confinement at home more time and in more harsh way than any other in Europe. Big demonstrations where allowed on 8th March, when the coronavirus was already in full swing, because the main official concern is propaganda. Prospects about when and how to have back the normal, free and democratic existence are none. Forty days in home-jail, in Alarm Status that lets no room for protests and keeps people in fear, silence and helpless under the worst Government they ever have had. They are dying every single day by hundreds. Seniors by thousands, lonely and abandoned in nursing houses or at home. Many, being aged, couldn’t get proper care in hospitals because there is triage and, having no means to deal with all, they are supposed to choose the younger ones.

May those Spaniards, at risk of their life and being denied any freedom, apply for political asylum if they prove not to be affected by the virus? They do need to flee from Spain, which has become a very dangerous place, and they are in desperate need of acceptation in U. K., in New Zealand, in Germany, in any country who refuses the selective elimination, which could have happened in Spain. They do need awfully to get in a nation which has respect for every human being’s life and rights, equally, with no regard of their birthdate. An enormous number of people have passed away in nursing homes, in appealing conditions, or all alone at home. Everyone fears to be chosen after their supposed life expectancy, deciding then if the person is worthy of help to breath or just good to die.

The extend of this catastrophe has nothing of casual. It comes straight from the Government’s improvidence, lousy management, fanaticism and incompetence, and from their thirst of propaganda and of remaining in power at any price. By the by, many senior people were possibly not going to vote them. The Alarm Status means endless situation of no rights, no freedom, maybe in the future, if allowed to step out, social selective discrimination with tags and shades (which colour for stars in the clothes?). It is so easy to push public opinion, neighbours, against aged people pointing at them as plague bearers. Government loving totalitarian systems, as they have already showed enough, needs scapegoats, whistle-blowers, public guilty.

We need help, human and honest Government, any place. We need to flee the selective triage and the lost of all dignity, respect, rights and freedom, besides life itself. When and how to apply for asylum?

Rosúa

04/19/20

CARTA ABIERTA A (CASI) TODOS LOS GOBIERNOS DEL MUNDO

https://www.elrincondecasandra.es/carta-abierta-a-casi-todos-los-gobiernos-del-mundo/Desde Madrid, pero urbi et orbi y sine die

Carta abierta a (casi) todos los Gobiernos del mundo

 

Esto es una petición de auxilio y de acogida. El lugar que muchos de ustedes conocen por sus vacaciones ha demostrado, definitivamente, que es invivible y, gracias a la prueba del algodón de la pandemia, ha alcanzado y puede alcanzar, con activa cooperación o pasividad sumisa, las mayores cotas de peligrosidad y estupidez.

Aquí no hay ciudadanos, ni individuos que pretendan serlo. Hay una mayoría ovejuna con probable carga genética de los perros de Pávlov que tan sólo sabe reaccionar a la contraseña condicionada y a que le arrojen el hueso de subvención o de cuota, mientras se van hundiendo ellos y la perrera. Los actos de generosidad, la espontánea bravura que ustedes, desde el exterior, románticamente exaltaron en el pueblo español era simplemente puntual, obra de impulsos en ocasiones concretas, sin conciencia ni compromiso ciudadanos, ruidosos enfados a los que sigue siempre la obediencia y temor al cacique. La palabra democracia es un simple traje de los domingos que le presta una promoción inmerecida. A la hora del filtro de elecciones y defensa conjunta de lo que debería ser su país, leyes y derechos no hay sino la vieja tribu y el acostumbrado amo que paga la borrachera de rencor y envidia y reparte raciones de emergencia.

Inglaterra, si me acogieras. Tú valiente, convencida de esos valores que hay que defender, Inglaterra, país de ciudadanos, no de vasallos, no de resignados al “Es lo que hay”. “Hay lo que nos echen”. Inglaterra, país de libertades y de respeto por los individuos, por su vida privada y por la ciencia, la cultura real y la grandeza. Nunca debí dejarte, y aun antes de dejarte te añoraba, presintiendo tristezas de tu ausencia. Siento que te detuvieras en Gibraltar, que no subieras mucho más hacia el norte. Habría dignidad, no rendiciones. Nunca supe de libertad tan honda, del respeto en la vida cotidiana como en ti los sentí. Por ello estás en la primera de las muchas puertas a las que llamo, mientras atrás dejo la vergüenza de mi propio país de nacimiento que se complace en ser por siempre víctima, mendiga de limosnas y amargada por la valía y bienestar ajenos. Si me abrieses tus puertas, si lo hicieras…Todavía, quizás, de cuanto tengo algo hay que yo pudiera darte y compensar lo mucho que me diste y que hasta hoy en día me alimenta.

Quizás ni lo conciben ni lo advierten, países de esa puerta a la que llamo. En mi triste nación, hoy el líder mundial de fallecidos por millón de habitantes y en cabeza de enfermos, sanitarios infectados, no ha habido protección, ni mascarillas ni pruebas sobre el virus. Aquí se muere solo, hay un triaje según la edad para obtener o no respiradores, está prohibido el negro como el luto, como la libertad, no queda espacio sino para la loa y propaganda. De todos en Europa, este pobre país está en cabeza del más largo y total confinamiento, camino llano hacia la dictadura, para el control sin límites ni leyes En el triste país que ha sido el mío nada extraño tendría que el Gobierno, ese amasijo de maldad y torpeza, esté ya fabricando, a manera de estrellas amarillas, marcas según la edad, largos listados de población caduca, prescindible, ajena a su interés y sus votantes, títulos de apestados. No bajarán de trenes, no saldrán ni a la puerta de la calle. Les darán el color que corresponde, con amables sonrisas protectoras, indicando el camino del encierro de su lento exterminio.

Nueva Zelanda, tu lejana puerta podría ser mi hogar. Conozco tu pureza y tu belleza, te he visitado en varias ocasiones. A ti quería volver cuando estalló la peste. Y ahora, un simple refugiado, si hay seguridad de mi limpieza, de que nada hay en mí que contamine tu especial hermosura, tu cristalino espacio, entonces considera permitirme el acceso y comparte la paz y limpidez que a ti te sobra. Algo te podré dar. Hasta el alma los virus no han llegado. Tal vez la blanca y verde altura, tus montañas, el mar lleno de vida, los helechos gigantes y las flores violeta, los volcanes, los raros animales refugiados en ti, a mí semejantes, vuestro respeto por cada individuo, tendrán poder para curar recuerdos del mísero temor, de las mentiras, de vileza esparcida y aceptada en mi anterior país.

Lo que era mundo, horizontes infinitos, se ha vuelto fortaleza, vallas, muros, sin aeropuertos, trenes ni aviones. Pero sabed que os llamo y os preciso, y que vosotros, exclusivamente, disfrutáis del poder de rescatarme. Dejadme entrar donde vivir aún pueda y ser una persona como otras y sacudirme el polvo y la vergüenza de lo que fue el lugar en que he nacido. Alemania, demuestras que aprendiste la terrible lección del genocidio y hoy abominas de segregar viejos, dices que todas vidas son iguales, con la clara nobleza que te honra. De España te separa la elevada frontera de los muertos que tú no has tenido, la ordenada manera de aislar lo imprescindible, respetando las libertades, exactamente iguales para cada uno, mayor, adulto, niño, ciudadanos al fin, justo por serlo. A cuantos huiremos de la marca, de la segregación, del nuevo ghetto, del acoso anunciado y propaganda que ya el Gobierno incuba para ofrecer carnaza a los vasallos, ofrécenos asilo, danos días de la igualdad debida a los humanos. Pues te honrarás con ello en la medida que un país de verdad siempre merece.

Nunca debí volver. Cinco países en los que he vivido. Y más de un centenar recorrí sola. Nada tengo en común con el que sueña conque haya siempre más inquisiciones, con el gordo parásito que vive de momias y de mitos de una guerra, de un dictador que fue y les alimenta. Nada que ver con quienes no persiguen a los que ponen bombas y prefieren que los azucen contra quien gobierna. Ninguna relación con los que añoran, de todos los sistemas, los peores, sangrientas dictaduras de cuantas hubo y en el mundo han sido.

Países (casi) todos, me es preciso llamar a las fronteras, dejando atrás el viejo, el muy sincero amor que tuve a la nación que un día fue la mía. Ya no lo es y no va a serlo nunca. Solo entre todos, es país que elige odiarse, rechazar su nombre y su bandera, y vota a un amasijo de ratones que quieren lo mediocre a su medida.

Les ruego me acojan dado el peligro que corro si no me dan asilo. La limpieza en forma de encierro, segregación permanente y adiestramiento de la chusma para que acose, persiga, denuncie y arrincone a la gente de mi edad está en camino, es inminente. El volumen de frustración acumulada en millones de personas sometidas a un aislamiento innecesariamente extremo por ser consecuencia de la absoluta imprevisión, manipulación, estulticia del Gobierno es tremendo, buscarán en quién desahogar su rencor, y, como se trata de un país particularmente cobarde, embestirá, en cuanto le abran la puerta del redil, contra el blanco más más cercano, marcado para ello por las leyes de segregación. Esa víctima propiciatoria, nombrada leproso en potencia por todos los canales oficiales, serán los viejos, que, gracias a la sed de propaganda, el sectarismo y la colosal ineptitud del partido en el gobierno, han muerto a millares, de forma angustiosa, dolorosa e indigna, avalada incluso por protocolos la atroz selección de los que convenía dejar morir.

A la memoria vienen las líneas de la última carta de Petronio, el árbitro de la elegancia, dirigida antes de suicidarse al emperador Nerón. (Sí, orgulloso prohombre del Gobierno, sí. Recuerde, Quo vadis? Es latín; ¿sabe? Ustedes prácticamente lo eliminaron cuando destruyeron el Bachillerato y la buena Enseñanza Pública). Petronio dice a Nerón, quien se enfada bastante, que puede excusarle por haber matado a su mujer, asesinado a su madre, por haber incendiado Roma, pero que lo imperdonable es que se empeñe en declamar horriblemente horribles versos: Mata, pero no cantes. Tortura, pero no bailes. Incendia, pero no hagas poemas.). Parafraseándolo, al Gobierno actual español, ese amasijo de tribus nacionalistas y comunismo revenido encalado de fatuidad, codicia y solicitud viscosa, habría que decirle:

Miente, pero no susurres.

Traiciona, pero no prediques

Extermina por fanatismo, estupidez y negligencia, pero no te hagas fotos en la Casa Blanca.

Puedo excusarte el que mientas sin reposo, que desdeñes los miles de vidas, salud y libertades que han costado tu vanidad y negligencia, que ocultes y desprecies el dolor y el luto.

Puedo excusarte el que te alíes con los que odian al país y cubras de dinero y halagos a representantes de los asesinos del País Vasco y a los siempre traidores y mezquinos independentistas catalanes.

Puedo excusarte la infame actuación de los que tomas como mentores y precedentes cuando azuzaron, tras la gran matanza terrorista con bombas en trenes de Madrid, a las masas a asaltar las sedes del partido entonces en el gobierno en vez de perseguir a los asesinos, de manera que los tuyos se apoderaran del Estado y se repartieran sus despojos.

Puedo excusarte que hayas creado una contienda dual guerracivilista como único argumento de propaganda que te permita sembrar rencor y legitimar tus redes parásitas.

Puedo excusarte que intentes por todos los medios desguazar el país y repartirlo entre quienes te sostienen en la Presidencia.

Puedo excusarte el dispendio gigantesco, en un arruinado país, del erario para nutrir a la multiplicación de tus huestes con cargos públicos, ministros, ministriles y asesores y crear votantes dependientes.

Pero lo que no tiene excusa es el fatal crimen estético, el atuendo indeciblemente hortera de tu mujer, vestida de bandera estadounidense, en la recepción en la Casa Blanca, el de la luctuosa familia monster de tu antecesor que allí cuelga como ridícula muestra de España, tus impostados gestos de novicio medroso, tus inacabables arengas en la televisión a tu servicio, el tono con el que susurra a los equinos del rebaño tu visir, el pachulí sentimental con el que anegas al auditorio, la insólita estulticia de los nombres de tus ministerios, la masa de estupidez y cursilería de tus consignas, que hace tiempo alcanzó el punto crítico.

Y la conmiseración mal disimulada que tu oquedad de atributos despierta cuando intentas posar para la foto y te delata la apremiante ansiedad del nuevo rico por ser aceptado en el club de los de arriba.

Ésta es una muy real y seria llamada de socorro. De vosotros depende el cuánto y cómo de una vida.

Así pues, países (casi) todos los que podéis hacerlo, abridme vuestras puertas, acogedme y salvadme.

Rosúa

 

01/6/20

TRISTEZA. ESPAÑA 2019

https://www.elrincondecasandra.es/biografia-bibliografia/Panorama de España 2020.

 

TRISTEZA

Tristeza.

Sin límites, tristeza.

Sin excusa.

La del que pisa el cadáver hecho trozos

del que creyó país al que regresa.

Tristeza de vergüenza viscosa y de sonrojo

que cubren los recuerdos de la infancia,

las calles y los nombres de los pueblos

que tuvieron nobleza y un sentido,

que no fueron de nada ni de nadie,

que tuvieron grandeza sin rencores

y se quisieron por igual de todos.

Manjar de ratas hoy, de subasteros,

de feriantes de feria de desechos,

elogio de avidez y alcantarillas

de los repartidores de carroña.

Donde había montañas sumideros.

Donde Historia censura. Donde Arte

zafiedad obligatoria.

Dónde está, qué habéis hecho,

Qué fue de mi país, hoy desguazado.

Quién robó mi regreso, mi esperanza

y ha teñido el lugar de mis recuerdos

con el color viscoso de la envidia,

con la codicia torpe y sin valía.

Nunca debí volver. No merecía

mi país ser país, ni ciudadanos

los que viven en él.

Son y serán criados

de los países que merecen serlo.

Hicieron su bandera

del pálido terror a la grandeza,

del miserable afán del pedigüeño

que se esfuerza en lamer a los tahúres

por si le arrojan gratis de sus sobras

con dedos largos, fríos, enjoyados

con anillos tramposos de la timba.

Nunca debí volver. No había suelo

donde poner el pie, sólo migajas

y un horizonte hecho de repartos

a ras de conveniencia,

sin futuro, sin leyes, sin Historia.

Mapa para roer el pan ajeno

y no ver más altura que el hocico.

Tristeza del país que no fue nunca.

Capital de la envidia y de no serlo.

Mercedes ROSÚA.2019

11/23/19

DIARIO DE A BORDO

DIARIO DE A BORDO

 

LIBROS

LIBROS

 

 

 

 

 

 

 

   

 

DIARIO DE A BORDO

 

Mercedes Rosúa

 

 

 

ÍNDICE

 

1-Con el diario en las manos.

 

2-El discurso del siglo XXI.

 

3-Consignas para un motín.

 

4-El salón de los ritos excitantes.

 

5-Oda rátida al episodio del buque correo.

 

6-La entrega de llaves.

 

7-El reparto del cofre.

 

8-El enviado de Piratas Irredentos.

 

9-Reparto de cargos.

 

10-Los Mercenarios Light.

 

11-Noticias internacionales.

 

12-La rampa viscosa.

 

13-Rueda de prensa.

 

14-Diktátor.

 

15-Gal

 

16-El Galeón de los Ritos Oscuros.

 

17-El cofre sin tesoro.

 

18-Camino de la Cala de los Malditos.

 

19-La Gabarra de los Lisiados.

 

20-Asamblea en la Sala Místico-Planetaria.

 

21-El dúo de la solución final.

 

22-La cruzada sexual.

 

23-Y en superficie…

 

24-La flota imperial.

 

25-El Congreso.

 

26-Himno del PIL

 

27-Confidencias.

 

28-Cónclave.

 

29-Las armas del Imperio.

 

30-Offing agente secreto.

 

31-El Hallazgo.

 

32-Traición y rapto.

 

33-Dulcita y el Imperio de la Felicidad.

 

34-Reparto de papeles.

 

35-Tercer grado.

 

36-El Foso de las Medusas Venenosas.

 

37-Duelos en Diktátor.

 

38-Hazañas Bélicas.

 

39-Asuntos de familia.

 

40-Santabárbara bendita.

 

41-De entre los muertos.

 

42-Lepóridos versus Mustélidos.

 

43-De Profundis

 

44-El final del imperio.

 

45-Testigos peligrosos.

 

46-Agitprop.

 

47-Desconcierto.

 

48- ¡Exclusiva! ¡Exclusiva!

 

49-El arma infantil.

 

50-Currículum.

 

51-La bandera engañosa.

 

52-Cuerpo a cuerpo-

 

53-Siempre nos quedará Diktátor.

 

54-Descubrimiento de la altura.

 

55- ¡Largad lastre! ¡Royendo amarras!

 

56-El mar era una fiesta.

 

57-El Club de la Eterna Venganza.

 

58-Gente’s News.

 

59-Migración

 

60-El Atolón de la Perfecta Igualdad.

 

61- Faros.

 

62-Los náufragos felices.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIARIO DE A BORDO

 

 

1

Con el diario en las manos

 

Queridas ratas:

Estáis saltando del barco. Hasta ahí todo es normal. La diferencia es que en el barco que, al fin, se hunde la tripulación estaba compuesta exclusivamente por ratas. Y, por muy náufragos que seáis, no puedo compadecerme de ninguna de vosotras.

Pero sí escribir vuestra historia.

 

Hay multitud de galeotes todavía remando en la flota que habéis, si no aprovisionado, sí dirigido mientras roíais hasta la sombra del tocino y el último grano de las bodegas bien provistas cuando os hicisteis con el mando.

En este mar no existen fronteras, ni recuerdos, ni calendarios. Los galeotes acaban amando sus cadenas porque son lo único firme que recuerdan, y les habéis repetido tantas veces los nombres y la orientación que, sin esa referencia, babor, estribor, a mi izquierda, a mi derecha, se sentirían terriblemente perdidos. Por eso alzan a veces la vista sin detenerse en formas intermedias: el cuenco mermado y escaso, el remo cansino y el cómitre sentado sobre un queso enorme. Miran directamente el Mito Negro que ondea en lo alto, el mito inverso, como el cliché de una fotografía, tejido exactamente con lo opuesto al valor, el tesón, la originalidad, el humor, la inteligencia, la libertad, el genio, la belleza. La tripulación de la nave capitana, ésa que ahora se disputa los mejores puestos en el barco de emergencia, eligió cuidadosamente su símbolo, que campea en lo alto del mástil y es una versión rencorosa de las filas de estrellas utilizadas al otro lado del océano. Optó por un estampado de múltiples cabecitas rátidas sin mancha de león alguno.

Comprendo, ratas, cuán duro ha debido resultaros coexistir con quienes os superaban (o a poco que hicieran podían superaros) por estudios, trabajo, esfuerzo, dotes, honradez, mérito. Era esencial que los galeotes no mirasen hacia arriba, que amasen el grillete porque los colocaba a todos en los mismos bancos y les prometía un mundo tan plano como la cubierta. Para vosotras, que ahora sois un festón negro pespunteando cada superficie, bote salvavidas, camarote, soga, jarcia, claraboya, y que cubrís incluso el casco en vuestro afán de huida del naufragio, la total igualdad era una cuestión de supervivencia, porque ¿cómo si no hubierais logrado destacar de alguna forma, tomar el mando, someter a la antigua población cuando eran todavía ciudadanos de un país?

Quiero cantar para la posteridad el relato de vuestras tácticas, porque tal vez pronto no quede, de lo que creíais dominio indefinido, más que los huecos dejados por la voracidad de vuestros incisivos en cuanto era susceptible de roerse. Utilizasteis, de segunda mano o de nuevo cuño, la creación de múltiples clientelas, la dispersión de vileza asumida, la potenciación del viejo recurso a la ceguera voluntaria, la sacralización de la cobardía, la promesa de quesos inagotables y del imperio de sectas cortadas a la medida de vuestro tamaño, alimentadas por quienes no tendrían más horizonte que la superficie que les mostrabais, ni otros recuerdos que los difundidos, con leves variantes, por los diversos altavoces.

De Euralia habéis seleccionado, en su apéndice oeste, el No País, la pieza más fácil para vuestra cacería, ese último animal lacerado por mordeduras aún recientes que los chacales escogen como presa. Ninguna se ajustaba mejor al Mito Negro del que ibais a presentaros como los salvadores. Los materiales de una conciencia histórica renqueante, amedrentada, confusa estaban ahí; sólo faltaba ensamblarlos, imponerlos como patrón continuo y podar enormes trozos de memoria. Vuestra talla, la envergadura de vuestros bigotes, crecían según seccionabais del pasado, del presente, de las aspiraciones y vivencias de los habitantes cuanto era grande. Sin anclas ya en sitio alguno, fraccionada la superficie del país en apriscos y cada uno de sus hatos de ganado convencido de su condición de víctima y anhelante del pienso, sólo quedaba zarpar para hacerse con el barco. Fue sencillo separar del continente la península, desligarla de la estrechez de la cadena montañosa como quien se suelta un cinturón. Y disfrutar, sin más contactos ni referencias que los que juzgabais oportunos, en exclusiva del botín.

Ratas, sois numerosas, peligrosas, intercambiables, miméticas con el gris de una mediocridad interminable que solíais disfrazar de afán igualitario y devoción por los humildes. No soportáis a otras especies, que existan animales de dos patas, que difieran sus goces y sus hábitos, que gusten a veces de la soledad, que prefieran la altura al agujero y que rechacen, con la porción de tocino, la alegría complacida del cerdo. Os habéis, sin embargo, apoderado del timón, la bodega y la santabárbara, y habéis hecho la ley durante una muy larga travesía hasta que llegó la hora de saltar. Pero yo tengo vuestro diario de a bordo.

 

 

2

El discurso del siglo XXI

 

El barco cabeceaba suavemente y el Alto Mando Rátida había escogido aquella ocasión de mar estable y apenas brisa para convocar asamblea informativa en el salón principal. En el público hervía la expectación. No se esperaban novedades pero había, desde hacía tiempo, una clara tensión en el ambiente, rumores, vagas alusiones a correos del extranjero e incluso, lo que era más preocupante, los galeotes descuidaban sus obligaciones, aunque desde luego eran inmediatamente llamados al orden, sancionados o hechos desaparecer rumbo a naves de castigo o lugares de no retorno en la temida Costa de las Brumas.

El tema base a exponer, según costaba en la convocatoria, para información y sin derecho a preguntas dada la amplitud de los asuntos a tratar, consistía en una recapitulación general del presente, de los proyectos futuros y de un pasado que no era conocido suficientemente bien por la población y al cual debían, sin embargo, su bonanza actual.

Hubo cerrada salva de aplausos a la aparición de los dirigentes, que no solían prodigar su presencia conjunta. Ahí estaba, en el centro, Rata Primera, que respondía asimismo a los títulos de Igualísima y Rata Máxima entre otros. A su lado, pero sin rozarla y a un nivel levemente inferior, Rata Segunda, conocida como Eminencia Gris, y alrededor lo más granado de la Junta, Rata Ecónoma, Rata Parda, Rata Mayor, Rata Pedagoga y algunas más que no se presentaban habitualmente en público.

Rata Máxima, que resplandecía de una blancura escogida para la ocasión, tras agradecer los aplausos y dar, con un gesto, por iniciado el acto, dejó graciosamente la exposición a Rata Segunda:

“Compañeras, nunca se nos ofrecerá mejor oportunidad en terreno más propicio. Y, lo mejor, estamos en el siglo XXI, y cuanto creíamos obsoleto revive con nuevos bríos gracias al aliado informático. Vivan la comunicación infinita, la omnisciencia a pie de tecla y la ubicuidad sin esfuerzo. Nada de reflexión, búsqueda y contraste. Los galeotes ignorarán todo y creerán saberlo todo desde la infancia. Su aprendizaje consistirá, de la guardería a las aulas universitarias, en fragmentos dispersos suministrados de forma aleatoria, escogidos según el sistema del mínimo común denominador preceptivo y las prioridades coyunturales de nuestra tropa. En vez del Yo sé que no sé nada, estarán convencidos del Ningún saber vale más que otro. Compañeras, creced y multiplicaos. El campo es nuestro hasta extremos que nunca hubiéramos soñado. Arriba la democracia instantánea y mudable.”

“La era, si manejamos adecuadamente los rasgos que la caracterizan al nivel ras de tierra que nos corresponde, en el cual es imprescindible mantener al público que nos sigue, nos es propicia. Porque, gracias a la telemática, nunca la dependencia de la gente en su vida diaria respecto a algo que no puede controlar había sido tan absoluta. Jamás la sensación de omnipotencia había estado tan íntimamente asociada a la completa indefensión ante una pantalla muda, un bloqueo, la interrupción de un suministro.”

“Acostumbrados al mecanismo sin esfuerzo de la nueva magia, a la devoción por el ruido, a la multitudinaria, instantánea compañía que depende tan sólo de la presión de su dedo, ya aspiran casi más a ser sometidos que nosotras a su conquista.”

“Nuestro reino será asambleario o no será, y ruidoso, vistoso, abrumador, festivo, indiscutible. Olvidad los caminos hacia la dictadura igualitaria que soñaron, llevados por el ideal de mejorar nuestra condición, respetables abuelas. Se abren ante nosotras atajos gloriosos. Dictaduras ecológica, informática e indigenista même combat. Tribus unidas nunca serán saciadas ni vencidas.”

“Y ahora, os ruego que, además de los nuevos mapas y organigramas de las sectas y la recopilación de indispensables jaculatorias, admiréis esta galería de retratos:”

“He aquí los Viejos de la Montaña, indispensables para nuestra tarea (lamentablemente no hemos podido localizar Viejas de igual altura). No sé si recordáis a inspirados profetas de dunas, grutas y caseríos, a abades y prelados de masías y monasterios imbuidos de las esencias del terruño, al noble anciano que asesora hoy con su indignada visión anticapitalista y su pureza ecoloplanetaria a la generosa juventud. Ocupan un merecido lugar en la serie de mascarones de proa. Porque, por detrás, su cuerpo no puede estar formado sino por millones de los nuestros.”

“Ni por un instante olvidéis el código, las respuestas y consignas que, al ser idénticas por diferente que sea la situación de cada una de vosotras, constituyen nuestra fuerza. Nadie, y antes que nadie los galeotes, debe ni por un solo instante pensar que el universo se divide en más de las dos partes desde tiempo inmemorial establecidas: babor y estribor, ni podrá caber la menor duda de que los justos líderes están situados, y los conducen, hacia la parte buena.”

“Resumamos, compañeras, resumamos: Nosotras comeremos, comeremos gratis, comeremos todo. Dispondremos como nuestro de cuanto produzca el país, dejando a sus habitantes lo calculado para su reproducción y mantenimiento. Debéis recordar, siempre, con las jaculatorias adecuadas, el Mal con el que vosotras solas os habríais enfrentado, al Viejo Dictador erigido en icono negativo imprescindible, al Enemigo, el que es desigual, activo, brillante, laborioso, del que nosotras defendemos a la masa, prometedoramente informe, de los ciudadanos.”

“Ratas asistentes y ratas del orbe, tened presente en todo momento que ninguna debe sobresalir, distinguirse, haberse ganado el pan y el mérito con su esfuerzo. Y, para que no quepa discrepancia, vuestros chillidos ocuparán las ondas, la repetición rítmica de los términos loables o reprobables llenará el espacio. Debéis chillar sin reposo, sin descanso de un día ni una hora, porque ahí está la clave de nuestro éxito, manutención, proliferación y gloria”.

“Rechazaremos y perseguiremos cuanto nos sobrepasa: arte, catedrales, museos, buenos cuadros, grandes obras literarias, belleza de un rostro, escritura límpida, pensamientos altos, reflexiones profundas, seres excepcionales. Y, a ser posible, lo haremos cada hora y cada día, en cada fotograma y cada columna de prensa, en cada escaño de los órganos de Gobierno y cada sillón de magistrados y jueces.”

“Veo llegar el día, compañeras,….:”

(En este punto, el rostro de Rata Primera, la más igual de las iguales, se iluminó desde el hocico a las orejas, al tiempo que el orador, Rata Segunda, se erguía en postura bípeda y brillaban, mientras entrechocaba mandíbulas y dientes, sus ojuelos ávidos. El auditorio, al unísono, lanzó el hurra de un chillido coral.)

“…veo llegar el día en el que nada ni nadie sobrepasará nuestra altura, degustará manjares distintos de las ralladuras de queso, percibirá algo fuera del alcance de nuestros bigotes. Las vestiduras y colores serán eliminados de los gustos, y se impondrá entre cuantos habitantes posee esta tierra el gris de nuestra especie. Veo…Pero quizás el entusiasmo ante el futuro radiante, ya alcanzado en numerosos aspectos desde que ganamos la batalla del Atentado Oportuno, me ha llevado a extenderme en demasía. Dejo la palabra a nuestro máximo representante electo.”

Y, saludada por una ovación atronadora, Rata Primera, la Más Igual de los Iguales, se dirigió, con su modestia acostumbrada, a la asamblea resumiendo, en breves palabras, lo ya expuesto, garantizando el bienestar y prosperidad crecientes, la globalización de su victoria y su propia fidelidad inquebrantable a servirlas a ellas y a la causa.

Igualísima no gustaba de prodigarse. Además, cuantas más declaraciones más posibles contradicciones posteriores, fácilmente justificadas pero molestas. Lo importante era mantener, y exhibir, los atributos del cargo y reforzar los lazos de fidelidad y dependencia. Así pues el final de su breve intervención de clausura fue una grande y afable sonrisa mirando a las asistentes a los ojos de manera que el mensaje se sintiera como personal.

Aunque no se había previsto coloquio alguno y la guardia ya se ocupaba de canalizar al público hacia las salidas, una joven rata de las de las últimas filas que anhelaba explicar al líder su plan trabajosamente elaborado para reforzar el control sobre los galeotes logró llegar hasta Rata Máxima, le tendió los esquemas y balbuceó emocionada minuciosas explicaciones. El documento mereció una breve ojeada de Igualísima, que lo pasó a una asistente; luego posó su pata unos instantes en el hombro de la autora y le dijo:

– Excelente. Estamos en contacto.

La joven de la audaz iniciativa palideció visiblemente y su hocico rezumó esa viscosidad que en su especie equivale a las lágrimas. Había oído la frase fatal, Estamos en contacto, la que indefectiblemente, pronunciada por alguien de importancia, equivalía a no volveremos a hablarnos nunca más. Como así fue.

Y la Junta Suprema salió de la sala.

 

 

 

3

Consignas para un motín

 

En las bodegas de bajeles secundarios, donde unos galeotes se hacinaban y sorbían las raciones de rancho y otros simplemente vegetaban y se distraían con videojuegos de experiencias virtuales, había empezado a circular un peligroso documento en cuyo encabezamiento se leía: Consignas para un motín.

El contenido era tan insólito y violento que al principio los lectores palidecieron y experimentaron el vertiginoso terror a lo desconocido. Pero luego pudo en ellos la pequeña llama, no totalmente extinta, de la curiosidad; y continuaron leyendo.

“1-Rechazar, por la fuerza si es preciso, el uso de los términos babor, estribor excepto en el caso de situación física en el buque. Desconfiar de cualquiera que los emplee.

“2-Rechazar a cualquiera que se valga, como medida de valor, de una categoría, ajena a las propias de rasgos individuales”.

“3-Desconfiar de inmediato, y negar subvención y privilegio alguno, a quien se integre explícitamente en el rango de víctima genérica o histórica.”

“4-Negar los agravios ancestrales. Desposeer, acto seguido, de bienes y prebendas a cuantos se valen de ello como medio de vida.”

“5-Renunciar a los planteamientos duales buenos, malos, y marcar como objeto de escarnio a cuantos los usen  para ejercer el parasitismo en todas sus formas.”

“6-Acosar, con mofa, befa y denuncia pública, al que medra a costa de dictadores muertos, batallas en las que nunca participó y riesgos que no corrió jamás.”

“7-Establecer salidas regulares de pateras dirección única norte-sur, en las que serán condenados a embarcarse cuantos obtienen beneficios pecuniarios y sociales de la loa de los usos del Oriente Feliz. El pasaje incluirá un bono para la escolarización obligatoria de las hijas de los viajeros en los países de destino. Durante el trayecto, se rifarán puestos de trabajo doméstico en la Casa Real Saudí.”

“8-Cualquiera que se dirija a los galeotes con las expresiones galeotes y galeotas, estudios transversales sobre la Mar Oceana, ideólogos de la pedagogía marítima, oprimidos vitalicios, veteranos eternamente retribuidos o salvadores de la gente será inmediatamente encadenado al banco de remo penoso.

“9-Quien, tras revisión pormenorizada de sus calificaciones, trabajo y obras, no haya vivido sino de las apariencias será condenado a fregar la cubierta, zurcir el velamen y pulir los mástiles.”

“10-Cualquiera que se haya aprovechado del atentado del Buque Correo para lograr poder, dinero y puestos será pasado inmediatamente por la quilla.”

 

Los galeotes descifraban con dificultad el escrito. Todos habían superado con éxito los cursos de formación inversa destinados a mantenerlos en una incultura, no ya absoluta, sino retrospectiva en cuanto al punto cero, caracterizada por la extrema simplicidad y los contados personajes y sucesos que debían colocarse a babor o a estribor.

De hecho, en el silencio de la navegación nocturna, llegaban hasta las naves de la flota situadas más lejos los sonidos del barco-escuela y del bajel universitario. En uno y otro los alevines de galeotes repetían sus lecciones, que consistían sustancialmente en tres premisas:

“Yo soy un amante de la paz.”

“Salvemos el planeta.”

“Viva, mejor que ninguno, mi pueblo.”

Resonaban alegremente las fichas de trabajos manuales con las que, según sus colores rojos o azules, se reproducían perfiles, no exactamente de países pasados o actuales ni de accidentes geográficos, sino de la adecuada clasificación sociopolítica del orbe. En la universidad se elaboraban cuadros mayores que incluían el futuro glorioso de la igualdad completa.

Con mal disimulado orgullo, los diseñadores pedagógicos contemplaban el progreso del alumnado. Las preguntas no eran respondidas erróneamente jamás desde que se inventó la réplica uniforme:

“- ¿Cuántos continentes tiene el mundo?”

“-Babor bueno. Estribor malo.”

“- ¿Qué son los estados de la materia?”

“-Babor bueno. Estribor malo.”

“- ¿Cuándo empieza la Historia?”

“-Babor bueno. Estribor malo.”

La sensación de seguridad y contento se mantenía, entre el alumnado, de curso en curso, sin que la empañaran las cuestiones matemáticas:

“- ¿Cuántas son dos y dos?”

“-Lo que babor diga.”

Existían todavía, empero, algunas preguntas más complejas que requerían respuestas elaboradas:

“- ¿Si de veinte empresarios se eliminan diez cuántos quedan?”

“-Demasiados.”

Las Consignas para un motín eran leídas a los más jóvenes por aquéllos que habían superado la edad de alfabetización. Ésta fue, en su momento, objeto de largas discusiones porque, por muy tarde que se empezara el aprendizaje de lectura y escritura, siempre había quienes superaban rápidamente a los otros y pasaban, sin permiso, de la cartilla a los libros contraviniendo el deseable ideal de total igualdad. Primero se establecieron los cinco, luego los siete, a continuación los diez y los quince años como edad para aprender a leer. Los más avanzados pedagogos incluso propugnaban lo que se llamó analfabetismo de consenso como medida idónea, idea revolucionaria y del babor más puro

Ahora corrían malos tiempos, escaseaba la pólvora para cañones y salvas. Las ratas aseguraban que no había crisis alguna, pero se habían sustituido los fuegos artificiales por bengalas y los faroles de proa por velas de cumpleaños que, según premisa de la campaña económico-saludable, para menor contaminación de la brisa y mayor aprovechamiento, había que encender sólo las noches sin luna. Ese año no habría, quizás, los acostumbrados festejos y celebraciones. Al menos era el rumor que se había extendido desde que alguien preguntó tímidamente a los jefes de la nave capitana dónde estaban las reservas. Las ratas al mando respondieron drásticamente, mientras iban cargando de provisiones sus botes salvavidas, que no había el menor problema y la situación estaba controlada y era la prevista.

 

 

4

El salón de los ritos excitantes

 

En la Alegre Galera de la Revolución Gratuita (que, en su momento, debería extenderse al orbe y resplandecer desde el empobrecido extremo de Euralia hasta, como mínimo, las lunas de Júpiter) reinaba el jolgorio. Alguna rata había reparado en que estaban chapoteando en el agua, pero eso añadía lustre a su pelaje. Rata Primera, la Igualísima entre los representantes de todas las ratas del país, animaba, si no con su presencia física –porque estaba ocupada en la supervisión de la puesta a punto de su yate de emergencia-, sí con la multiplicación de su imagen, el evento. La sonrisa inalterable y el gesto siempre pacificador de sus manos brillaban en paredes, solapas, bitácoras, astrolabios y brújula, que señalaba permanentemente a babor. Su vate preferido había tomado la guitarra. Agrupados por sectores según las diversas pancartas, los asistentes se balanceaban al ritmo de las estrofas equitativamente alusivas: Vivimos como ricos sin palas y sin picos. La Enseñanza al hoyo y a repartirse el bollo.  Los antis a la lucha. Todo para la hucha. El diploma está mal; peor el capital. Abajo oposiciones, vivan las subvenciones. Los yates ocupados; todos gastos pagados. Es eso, es eso, birlarles todo el queso.

A altas horas de la noche, cuando la cuajada embriagadora había producido su efecto, era tiempo de descender hasta el salón de la bodega destinado a los excitantes ritos de los Heroicos Luchadores Contra Estribor. Todas se disputaban el hueco para morder representaciones del Mal Antiguo, del Dios de la Desigualdad, horrendo hasta en el nombre. Todas brincaban y danzaban, al ritmo de la guitarra del vate, orinaban y azotaban con sus colas a las momias de los seres altos y distintos. Luego, en el salón contiguo, las esperaba siempre el gratuito y abundante refrigerio compuesto de sabrosas pilas de papeles. Diplomas, títulos y certificados ya inservibles desde que el reparto automático produjo la deseada igualdad absoluta. Algunas recordaban la primera etapa, anterior a la abolición de los saberes. Fue hermoso anular lo que antes se entendía por educación especializada en temas, edades de los alumnos, asignaturas, categorías profesionales; fue bello perseguir, fragmentar, eliminar a los más calificados; para, acto seguido, simplemente repartir las horas de clase diaria entre los fieles, que llenarían espacios y cobrarían haciendo cualquier cosa con alumnos de cualquier nivel. Mientras, los más calificados del profesorado antiguo eran destinados a la limpieza de retretes.

La siguiente etapa produjo la espléndida cosecha de papeles para todos de tal forma multiplicada que, actualmente, los comensales de la bodega elegían antes de roer, con prurito gastronómico, los pliegos más apetecibles:

-Yo devoro la Física.

– ¿Y eso qué es?

-Algo que impusieron los Antiguos a la clase entera antes de que nuestro Comité Igualitario lo sustituyera por cinco horas en Peluquería, dos en prácticas de Gastronomía Local, tres en Reciclaje de Libros de Literatura y Ciencias en Pro del Bosque Amazónico y diez en diversos refuerzos, permanentes.

-Sé que fue una gran victoria de la que, aunque muchos lo ignoren, proviene nuestro acceso y toma del poder- dijo una rata culta que había ya despachado media tesis doctoral de Filosofía.

-Nunca se agradecerá bastante al Comité su labor, indispensable para invadir los territorios de la antigualla llamada Educación, sustituirla por el A. A., el Adoctrinamiento Adecuado, expulsar o degradar a sus docentes y colocar a los que nada o menos sabían. ¡Ah, el gulag, las purgas de intelectuales! No podíamos llegar físicamente a ello, no disponíamos de medios para la eliminación y el confinamiento. Pero lo hicimos mejor.

– ¿Mejor todavía? – La representante del Gremio Ni Un Día Sin Consigna se atragantó con las migajas de la Antología de Lengua, tosió y luego juzgó de buen tono eructar para dejar patente su inquebrantable igualitarismo social.

-. Mucho mejor. Simplemente nadie podía reaccionar en contra; bueno, hubo individuos aislados, a los que fue fácil injuriar, sobornar o condenar al ostracismo.

– ¡Recuerdo! ¡Recuerdo! –la rata de la tesis filosófica volvió a atragantarse, pero era el momento de citar el papel del Movimiento de Todos a mi Altura, sección del Gremio al que pertenecía. – ¿Para qué estudiar si puedes aprobar?, El puesto será tuyo y el cátedra al trullo., Primaria Universal. Saber más está mal. Éste es el paraíso, sin trabajar y fijo. Con la tribu y con el clan pan y vino que nos dan. No a la discriminación: todos pasta y botellón.

Alguien del fondo, que se aburría por lo conocido de las consignas y estaba ahíto de su legajo, gritó:

¡Compañeras, recordemos el ideal que nos une: ¡Rátidas unidas nunca serán vencidas!

Y el conjunto lo repitió tres veces con entusiasmo.

-Nada tendríamos sin la sagaz estrategia planteada y llevada a cabo con éxito hace décadas. Muchas de vosotras no lo recordáis, pero había ratas flacas. -terció una rata oronda que se deleitaba con las ilustraciones de la reproducción de un códice miniado. –Aunque debo reconocer que en realidad fue mucho más sencillo de lo que esperábamos. No teníamos enemigo. Bastó con hacer a la mayoría, a diversos niveles, mercenarios, y con asustarlos con la continua amenaza de encasillar al que disintiera con Eres de Estribor. Dominamos los cables, ya sabéis que, desde tiempo secular, roerlos es lo nuestro. Simplemente aprendimos a mordisquearlos hasta ciertos límites, de forma que la gran mayoría de la comunicación pública, y, en apariencia, privada pasase por nuestros hocicos.

-A veces hubo que dar un empujoncito. –quien había intervenido, dejando de lado el fajo de hemeroteca, pertenecía a las muy discretas pero siempre presentes Fuerzas de Choque, y tenía una cola singularmente larga y afilada que utilizaba en artes marciales. –Como el Gran Salto Adelante. Ya sabéis, la casual y oportuna explosión, y hundimiento, del Buque Correo.

Hubo un coro de risas sofocadas y chillidos de puro gozo en el que se mezclaban apostillas diversas:

-Sí, sí. El que se atribuyó a un ataque terrorista de Piratas Irredentos. Los que están ahora colocados en la red de Autonomías Sublimes y celebran regularmente concursos de levantamiento de sacas de billetes, explosiones controladas y Juntas Gastronómicas a las que, como miembros de la sección “Amigos del Caviar Beluga”, nos hemos unido en algunas ocasiones.

-El episodio lo sabemos pero, ¡es tan bonito! ¡Cuéntanoslo otra vez! ¡Cuéntanos la peli! -parte de los presentes se había vuelto hacia un ejemplar menudo, de pulidas uñas, especializado en la dieta de grabaciones de filmografía.

Y, reforzando la petición, entonaron juguetonas:

– ¡Euros mil en el cofre del Muerto! ¡Ha, ha, ha, la botella de ron!

-Acompáñame, Rata Cantora.

La interpelada sacó su instrumento y comenzó a pulsar delicadamente las cuerdas, ora con el rabo ora con la fina garra. El barco se balanceaba y el subir y bajar del mar aumentaba el efecto del ritmo de los párrafos y creaba un ambiente hipnótico en cuya penumbra tomaba cuerpo visible el relato.

 

 

 

 

5

Oda rátida al episodio del Buque Correo

 

Reinó el silencio en la sala, anexa a la de juntas, donde se desarrollaba el acto informativo. En la oscuridad, las superficies parecían tapizadas por la afelpada cubierta de ratas y salpicadas por el brillo de centenares de ojos. Toda la atención se concentraba en las imágenes, el recitado y las explicaciones añadidas por las responsables de revivir la memoria histórica. Los grandes episodios que marcaron su ascenso al poder tomaron cuerpo ante el auditorio.

Las más jóvenes seguían, fascinadas, la proyección, levemente brumosa, del episodio de la explosión del buque correo, acompañado por los versos y la música de fondo.

 

Había una vez un tesoro

de más quilates que el oro,

un botín de mucho peso.

¡Era un país como un queso!

 

La incertidumbre reinaba entonces en el reino de las ratas. Antes habían vivido, se habían reproducido durante largos años en el país de la seguridad y la abundancia, eran las reinas destronadas de reinos que habían inventado, y, por ello, había que mantenerlas, rendirles pleitesía y cantar con regularidad, sus alabanzas. Los súbditos trabajaban, se sometían en silencio, dejaban entre sus patas regularmente ricas porciones de quesitos y palidecían cada vez que eran amenazados con la invasión de Estribor. Pero la inseguridad y la gula se apoderaron, con justo motivo, del corazón de los roedores. A sus hocicos llegaba el olor al cambio de los tiempos, el final del periodo dorado durante el que su superioridad, la del Babor Salvador, no era por nadie discutida. Algunos súbditos se habían habituado a alzar la cabeza y descubrían que había múltiples direcciones, y no sólo dos, en la amplia superficie del mar, comprobaban que incluso se podía mirar arriba y abajo. Musitaban que tal vez el relato de las dos fuerzas primordiales de Estribor Oscuro y Babor Benéfico no era sino un mito. Y entonces ¿por qué servirles a ellas queso, proporcionarles confortables cubiles, instalarlas de por vida en despachos, distribuirles diplomas, pasear a sus representantes por los actos públicos, premiar sus obras?

A la inquietud se sumaba la glotonería. El Pobre No País ya no era pobre, su cofre se había ido llenando y rebosaba de los más apetecibles bienes: nombramientos, sueldos, promociones, dietas, homenajes, palmarés, divisas de todos los colores, doradas tarjetas de crédito, premios cinematográficos, ediciones en papel satinado, estrados, micrófonos, cámaras, coros exclusivamente dedicados a repetir sus palabras y denigrar a sus tímidos adversarios. El todo envuelto en un aroma a tocino sin tasa que afilaba los ansiosos hocicos. El inimaginable peligro había llegado; la masa anónima, medrosa, desconcertada, podía optar porque se mantuvieran al mando los que habían llenado el cofre y que refutaban el derecho de las ratas al eterno y gratuito queso.

En ese momento crucial la unidad las salvó. ¡Ah la vieja consigna, la máxima que no había que olvidar jamás!: ¡Rátidas unidas nunca serán vencidas!

 

Vino la oportunidad

en víspera de elecciones.

Por todos los galeones

se difundió la consigna

porque así el pueblo se indigna

contra el monstruo de Estribor:

¡Muertos a más y mejor!

 

El ya lejano episodio del Buque Correo revivía en la pantalla brumosa de la evocación. Avanzaba el bajel un día cualquiera, con el viento a favor de las primicias primaverales, confiado en la rutina de su derrotero, animados sus ocupantes por el desayuno reciente y por el afán laborioso de mejorar, mediante el trabajo, su suerte y, quizás, vencer a las ratas en las que, de forma todavía confusa, comenzaba a percibirse, más que a un salvador, a una carga y a un enemigo.

En los periódicos del día, preparados para su reparto en la bodega, se leían las noticias habituales sobre ataques de Piratas Irredentos al grito de ¡Terror is beautiful! ¡Que los unos maten a los otros! Entre los Piratas Irredentos había un grupo de especial peligrosidad porque servía al Dios del Aburrimiento Sumo y, por lo tanto, precisaba compensarlo con mortíferos brotes de excitación. La aleatoriedad de sus ataques los hacía particularmente útiles para las ratas, ya que todo podía achacárseles. Los piratas extendían a sus refugios y puertos francos la estricta disciplina que reinaba en sus bajeles, en los cuales estaban abolidos canciones e instrumentos musicales, ropajes y adornos vistosos, danzas y juegos de azar y, por supuesto, lecturas otras que las de sus peculiares ordenanzas y salmodias. En las islas consideradas su hogar y en aquéllas en las que atracaban y se reponían las mujeres eran sustituidas, a todos los efectos, por mamíferos hembra que caminaban, con ronzal y correa, rienda o cadena, detrás de sus dueños. Para la reproducción se las reemplazaba temporalmente por hembras humanas sin que la diferencia se advirtiera, dado que iban convenientemente cubiertas por espesas túnicas de pelo de cabra. Los ritos, abundantes, regulares y de estricto cumplimiento, encauzaban su energía y su fervor. Debían mostrar su entrega a la Divinidad tirándose al suelo y dando tres vueltas sobre él diez veces al día y cinco en el transcurso de la noche, al tiempo que gritaban con toda la fuerza de sus pulmones ¡Sí, sí, Él está aquí! Sólo durante los periodos de abordaje, asalto, exterminio y reparto estaban exentos de tales obligaciones, y esto influía positivamente en su eficacia.

-Y entonces se presentó la oportunidad de hacernos con el cofre- La rata del Taller de Historia cuidaba los tiempos, dejó crecer la expectativa del auditorio, dio unos pasos atrás:

 

-Había habido varias acciones de los Adoradores del Dios del Aburrimiento Sumo, con el resultado de una gran sensación de inseguridad y numerosas víctimas en las poblaciones de los Desiguales, los humanos, que nos despreciaban y pretendían, ¡imaginad!, que estudiáramos, trabajáramos y que nos comiésemos solamente el queso ganado por nosotras mismas. Tras la última, espectacular e imprevista en la que, por cierto, disfrutamos viendo reducirse altas torres a unas cenizas y escombros entre las que nos encontrábamos en nuestro ambiente, los Desiguales decidieron unirse en una gran coalición para presentar batalla a Piratas Irredentos. ¿Qué mejores oportunidad y lugar para tomar el poder que la provocación a los santos guerreros?

– ¿Por qué no en Camemberia, el vecino? Los quesos son mejores. – preguntó alguien del público.

-Porque no hubiera resultado. Tened en cuenta que en el pobre No País hay numerosos adoradores pasivos de la igualación, cuanto más baja mejor porque así menos sujetos sufren viendo que otros los sobrepasan. En cualquiera de los demás sitios los ataques tenían el efecto de unir a la gente con los que los representaban. Sólo en el No País, cuyas tramas habíamos roído sin obstáculos, se nos presentaban grandes posibilidades de éxito. Y lo tuvimos.

En el brumoso plasma de la bodega se materializó el Buque Correo que avanzaba tranquilo con su carga mañanera sobre las ondas hasta que un inesperado despliegue de truenos, llamas, humo, vidrios, metal y cuerpos proyectados atrajo la atención de la flota, de la población entera y de los siete mares.

De inmediato las ratas se hicieron con una situación para la que se habían preparado desde hacía meses, entrenadas en la canalización del miedo, la indignación y la sumisión. Sólo podía haber para la opinión pública un culpable, el habitual de los diversos atentados anteriores. Pero el auténtico, y cercano, responsable no sería el brutal, incontrolable e inasible jefe de Piratas Irredentos sino el Gobierno del No País, que había provocado la ira de los Adoradores del Dios del Aburrimiento Sumo.

-Y esto a tres días de la ceremonia de Entrega de las Llaves del Cofre. – apostilló la Rata del Taller de Historia.

– ¡Qué cálculo! ¡Qué precisión! -llovieron los comentarios admirativos.

La oradora prosiguió:

que nos fueron entregadas por decisión popular.

 

El barco hundimos después

con extrema rapidez.

Por pruebas no comprobables

quedan nombrados culpables

unos piratas de Fez.

 

A los tres días está

la hazaña finalizada.

La masa aclama a Babor,

por temor y con fervor,

se expulsa al vil Estribor

y aquí no ha pasado nada.

 

Los restos del Buque Correo descienden lentamente bajo las aguas. Pero el pecio no se ha destruido de forma tan completa como se quisiera. Quedan grandes fragmentos que flotan al albur de las olas. Distraídos los galeotes por urgentes menesteres, nadie repara en las curiosas maniobras de la armada de barquichuelas y roedores; especialmente porque desde largos meses atrás ya se estaba produciendo un ajetreo febril, una continua reiteración de alarmas sobre el peligro de excitar la furia de Piratas Irredentos con la belicosa alianza contra sus Acciones de Igualación. Por ello pocos se extrañan cuando, apenas apagado el fragor de las explosiones, las calles se llenan de gritos, reproches e improperios no dirigidos contra los autores del hundimiento del buque y de la muerte del pasaje, sino contra los dirigentes del No País que gestionan, según las leyes en vigor, y creen poder seguir gestionando, el contenido del cofre.

La noche misma del trágico evento la superficie se llena de diminutos puntos luminosos en los que nadie de los grandes barcos repara. Son los ojillos de escuadrones de ratas que navegan entre los pecios y los golpean y lastran para que se hundan. De cuando en cuando examinan alguno con más detenimiento a la luz de un farol medio cubierto.

-Esto podría ser un resto de la dinamita.

– ¡Húndelo, húndelo bien! ¡Ponlo en un saco con piedras!

El mar parecía casi fosforescente a causa de la abundancia y rápidos movimientos de las ratas, porque en la espesa oscuridad sólo se distinguían ojos y dientes. Habían llegado refuerzos con órdenes drásticas y precisas, y golpeaban con las palas de los remos, no ya los trozos de madera y enseres, sino también a los malheridos náufragos que aún se aferraban a ellos.

– ¡A la cabeza! ¡En los nudillos! ¡Que no quede ni uno!

Y el cuerpo baja desmadejado, y con cara de asombro, rodeado de cartas procedentes de las destripadas sacas de correo.

En el fondo del océano reposan los restos del barco. Poco antes de rayar el día el escuadrón de ratas artificiosas despliega con sumo cuidado banderas de Piratas Irredentos y las coloca sobre algunas tablas de forma que puedan ser halladas a las pocas horas con toda facilidad.

 

 

 

6

La entrega de llaves

 

Sólo faltaban tres días hasta la Ceremonia de Entrega de Llaves. No se desperdició ninguno. Crecía como la espuma el clamor popular para que entregaran a las ratas el cofre. Los todavía sus depositarios legales eran cubiertos de inmundicias cada que vez que osaban salir al exterior.

 

-El cofre nos lo abrirá

-hoy el pueblo soberano

-para que metamos mano,

-y nada les quedará

-al cabo de algunos años

-sino las deudas y engaños,

-miseria y precariedad.

-Porque nuevos amos somos

-de la nueva situación

-y no habrá sublevación

que tengamos ni temamos

-ni queja, juicio o rencor.

-Todo les va a dar igual

-pues los salvamos del mal

-de la perversa Estribor.

 

Tras la ceremonia de la entrega de llaves, que los representantes del amedrentado pueblo presentaron de rodillas para estar a la altura de las ratas, y antes incluso de introducir éstas en la cerradura, Rata Máxima anunció cuáles serían las líneas maestras de su gobierno:

El cofre les había sido entregado por voluntad popular. Su queso nunca ya sería incierto, ni se les exigiría contrapartida alguna por los excelentes cubiles, la dieta refinada de tocino de bellota y los honores garantizados para ellas y su prole.

Las ratas sabían que su largo esfuerzo había sido recompensado. Habían ganado.

 

-Ganamos. Y, presurosos,

-por la labor de las ratas

-apaciguando piratas,

-los ciudadanos dichosos

-mucho nos felicitaron.

-Las llaves nos entregaron

-con el cofre y la despensa

-por el miedo del que piensa

– “Hay que estar bien avenido

-con los grandes criminales”.

-En la gesta me recreo.

-Que figure en los anales.

-Es de lo más divertido

-el éxito que ha tenido

-el naufragio del Correo.

 

 

 

 

7

El reparto del cofre

 

 

– ¿A cuántas botellas de ron tocamos?

– ¿Nos garantizan el derecho al ron vitalicio?

– ¡Todo el garrafón para el pueblo!

– ¡Quesitos para todas!

– ¡Todo el poder a las ratas!

 

En la espaciosa sala, donde reinaba la euforia, cada grupo pedía y aclamaba. Recibían con aplausos los objetos que, como botón de muestra, el Comité de Administración y Reparto les mostraba. Era una parte ínfima del tesoro que contenía el cofre porque aquella gran caja que parecía inagotable tenía la peculiaridad de reproducirse y mantenerse mientras fuese nutrida por el fluido laboral de los individuos ajenos al pueblo de las ratas. La caja maravillosa fabricaba por sí misma papel moneda, nóminas, rentas vitalicias, gratificaciones, contratos, dones, premios, asignaciones, dietas, mercedes. De común acuerdo la asamblea convino, a efectos contables, en denominar al variado conjunto del que esperaban vivir lujosamente numerosos años El Botimagno, y, con un comprensible prurito de orgullo, se propusieron exhibirlo ante los homólogos del mundo entero. Porque ¿qué asalto de buque correo, qué joyas de la corona, qué desfalco, rescate de hijo de millonario, partida de cocaína, comisiones astronómicas, rentas de mal obtenido capital, fructuoso tráfico de armas podía compararse a la posesión sine die de cuanto contenía y podría en el futuro ofrecer un país de talla media?

De hecho, como la memoria de las ratas es corta, se veían a sí mismas como las únicas propietarias, pasadas, presentes y futuras, del Cofre Nacional. Sus pequeñas patas delanteras se hundían en él sin alcanzar ni por asomo el fondo, sus hocicos lo olfateaban en todas direcciones y, corriendo por su superficie, creían hallarse ante un paisaje que ellas habitaban en exclusiva. Imaginaban la envidia de Piratas Irredentos porque ningún botín de los ataques de aquellos sanguinarios bucaneros podía ni lejanamente compararse con el suyo. ¡Todo un país, allí, a su disposición, con lo acumulado por el malvado Estribor y por los que pronto serían galeotes o, como mucho, mercenarios de categorías diversas!

-Ha llegado la hora de las recompensas. Cuantas estáis aquí presentes habéis participado, en grados diversos, en el suceso que nos ha llevado al poder. Procedamos, con orden, al reparto actual de nuestros territorios. Es indispensable verificar, compañeras, que se reúnen las dotes necesarias, que se posee el adecuado programa político y la recta visión social. Ocupad vuestros asientos y mostrad los tocados propios de cada sector- dijo la coordinadora de la mesa.

Siguiendo las directivas de Igualísima para evitar el peligro de que alguien se erigiera en jefe, la asamblea, obediente y ansiosa de recibir su parte del botín, se distribuyó en sectores claramente distinguibles por los gorros que lucían. Los había rojos, picudos y con forma de hucha. Eran las Insaciables del Rincón Este, parientes de las norteñas Servidoras de Aitor, que se tocaban con un adoquín negro en cuyo centro llevaban clavado el escudo nobiliario: la manzana de Adán, que reivindicaban como robada de su huerto, y el hacha de sílex, con la que acostumbraban sacrificar a sus víctimas y sembrar el terror entre los ex-ciudadanos del No País. Su presencia solía inspirar una mezcla de temor, por su presteza en morder a las ratas poco colaboradoras, y avidez gástrica dadas sus dotes culinarias en la preparación del tocino poco hecho y con rico tufillo sanguinolento. El sector Afectados por Discriminaciones se veía obligado, dado su gran número, a enviar representantes de las tres ramas, Ancestrales, del Sistema y Diversas, y se subdividía en delegaciones que mostraban visiblemente los símbolos de sus quejas estampados en tocados con la forma de una gran lágrima. La Cofradía de Danzas, Pelis y Coros insistía en su papel crucial en la preparación de un ambiente favorable al odio hacia los anteriores administradores del Cofre, y agitaba sus vistosos sombreros, triplemente reversibles, que producían un zumbido musical mezcla de La Cósmica Laboral, Verde que te quiero verde y de la conocida tonadilla ¡Viva mi dueño!

– ¡Orden! ¡Igualdad! ¡Orden! –se pedía desde el estrado. Pero la euforia era excesiva y la contención difícil. Hubo de recurrirse a la intervención inesperada de Igualísima, que se lanzó en un vuelo rasante sobre el público, planeó limpiamente con la membrana lechosa que unía al cuerpo sus extremidades y volvió a posarse para recibir con humildad la atronadora ovación. (Hay que decir que en el Diario de a bordo el nombre de Igualísima es el único en escribirse con floreadas letras de oro).

-Compañeras, todas servís para hacer lo que yo hago. Soy cada una de vosotras. -proclamó desde el estrado. Sus ojos, más límpidos que los del resto, brillaban empañados por la más ejemplar modestia. Abrió los brazos. En uno de ellos se posó un loro convenientemente teñido de blanco paloma al que sólo se le permitía repetir ¡Paz, paz, paz infinita!

– ¡Paz! –dijeron al unísono Igualísima y sus adláteres.

El grito fue coreado por la asamblea con un corolario:

– ¡Paz, paz, paz…y la botella de ron!

Igualísima acarició el albo plumaje del loro, que miraba, inquieto, los ramitos de olivo con los que habían decorado su percha. Rata Segunda se inclinó, esquivando al ave, para susurrar en la oreja de su compañera entre risitas contenidas:

-Habrá que ocuparse de los galeotes.

– ¿Para qué? Todavía están desfilando con carteles de ¡Rendición sin discriminación! Se los ve encantado de habernos entregado las llaves. Los organizaremos como previsto. –Y, dirigiéndose a la sala, – ¡Tomemos, troceemos y disfrutemos!

– ¡He aquí los principios de base! -Rata Máxima, por otro título la Víctima entre las Víctimas, se preparó para anunciar el programa en vigor a partir de aquella jornada histórica, pero antes precisaba asegurarse, con un somero examen, de que los asistentes dominaban los conocimientos y aptitudes imprescindibles. El método, rápido y debidamente colectivo, consistía en ir exhibiendo ante la audiencia palabras que expresaban conceptos-clave para el buen funcionamiento del que esperaban su largo reino. La reacción de cada rata del público debía expresarse de forma inmediata y perfectamente audible, y todo miembro de la vasta asamblea tenía la obligación de escuchar además lo que respondían sus compañeras de alrededor, y, en caso de discordancia, denunciarla al punto.

El test oral fue tan vertiginoso como satisfactoria la catarata de respuestas:

– ¿Héroes?

– ¡Jamás!

– ¿Grandes?

– ¡Nunca!

– ¿Mediocres?

– ¡Viva!

– ¿Individuos?

– ¡Colectivo!

– ¿Belleza o asco?

– ¡Asco, asco, asco por igual!

– ¿Monumentos?

– ¡Alcantarillas!

– ¿Cultura?

– ¡No, nunca, ninguna!

– ¿Habéis estudiado?

– ¡Nooo!

– ¿Tenéis alguna un diploma?

– ¡Nooo! –Pero hubo una incidencia. Al fondo se levantaron chillidos acusadores – ¡Ésta, ésta se calla! ¡Tiene uno!

La mesa rectora se dirigió con severidad a la interpelada, que intentaba en vano ocultarse en un hueco. – ¿Es cierto?

-Yo, yo…Residí en la fiambrera de un galeote en el tiempo de los estudios primarios. Daba paseos por el aula. Me aficioné al sabor de la tiza…Hace muchos años de aquello, ya no recuerdo nada. Soy igual a las compañeras.

-Te cortarás a ras los bigotes y con ellos barrerás la sala. –sentenciaron en la mesa.

Se reanudó la prueba:

– ¿Nación?

Se produjo un revuelo indignado porque, no contentos con pronunciar aquellas palabras, Rata Máxima y Rata Segunda habían exhibido el nombre propio, e incluso la bandera, que habían caracterizado en tiempos al No País en el que se hallaban.

– ¡Nación fuera! ¡País fuera! ¡Sólo tribus! ¡Nuestras tribus!, ¡Clan! ¡Nuestro clan! ¡Hato! ¡Hatajo!

Satisfechas por la reacción, las dirigentes arrojaron al público, desde el estrado, la bandera única e ignominiosa que hasta la entrega del cofre había simbolizado al No País. Abajo todas las ratas se precipitaron sobre ella, comenzaron a roer la tela ávidamente, y ésta pronto quedó reducida a hilachas desperdigadas. En su lugar se había desplegado sobre el escenario la enseña multicolor, rematada con una cenefa de rosa-tocino y estampada de cabecitas rátidas.

Continuaron:

– ¿Trabajo?

– ¡Jamás!

– ¿Lucha?

– ¡En ningún caso! -El auditorio recitó sabiamente la consigna: – Rendición, mano tendida, cola bajada, tocino a discreción y soborno.

– ¿Justicia, crímenes, robos?

– ¡Amor y paz para todos!

Hubo aquí un silencio. La asamblea hizo corro en torno a cinco asistentes. La acusación contra ellas brotó de varios puntos y su tono agudo llegó hasta la mesa:

– ¡Son las que no gritan amor y paz con la fuerza debida!

– ¡Sabotean la asamblea!

– ¡Ya lo han hecho otras veces!

Desde el estrado, Igualísima clavó en las culpables la tranquila dulzura de sus ojos verdes. Sonrió. Alzó las garras suaves para imponer silencio y dijo:

-No deberían tener la oportunidad de hacerlo otra vez.

-Ya habéis oído. Proceded-ordenó Rata Segunda sin sonrisa alguna. Por el contrario, se habían erizado sus bigotes y enseñaba los colmillos.

Las cinco acusadas intentaron rectificar, pero era demasiado tarde. Las rodeaban, estrechándose hacia ellas, filas concéntricas que repetían ¡Paz! ¡Amor! frotándose las uñas. Dada su avidez y gran número, formaron pronto una pila cambiante en la que sólo resaltaban, según el movimiento de los individuos, la blancura de los colmillos y los jirones de carne con sangre a que habían quedado prestamente reducidas las condenadas. ¡Paz! ¡Amor! también surgía del montón entre chillidos de competencia y gruñidos satisfechos.

– ¡Brigada de limpieza! –ordenó el comité auxiliar.

De inmediato se dispersó la masa ejecutora y el escuadrón gris oscuro encargado normalmente de tales menesteres lamió el pavimento hasta eliminar pelos, piltrafas y manchas.

Prosiguió la sesión.

– ¿Quiénes son nuestros enemigos?

– ¡Aquéllos a los que no ganamos, a los que no robamos, con los que no nos colocamos!

La unanimidad era ejemplar.

– ¿Qué contestaréis a cualquier pregunta?

– ¡Viva babor! ¡Sólo babor! ¡Somos babor!

 

 

 

 

8

El enviado de Piratas Irredentos

 

-Alguien quiere hablar contigo, bueno, con un representante ejecutivo de la asamblea –musitó a su compañero una de las ratas de la mesa, la cual preguntó en el mismo tono apenas audible:

– ¿Son…ellos? Sabíamos que vendrían a por su parte.

-Es una muy pequeña parte. Realmente sólo han servido…digamos que para un derecho de uso.

-Pero no quieren quedarse fuera. Y algo se les debe. Aunque sea para que no se inmiscuyan.

En otra habitación esperaba el enviado de Piratas Irredentos, y, mientras lo hacía, observaba con curiosidad las fotos y relatos de la explosión y hundimiento del Buque Correo.

Las ratas dialogantes entraron con grandes sonrisas y estrecharon efusivamente su mano al tiempo que aparentaban sorpresa:

– ¡Vosotros aquí! Os creíamos preparando alguna explosión en la plaza de San Pedro.

-Pues lleváis usando nuestra franquicia bastante tiempo. Lo de la bandera fue descarado.

-Elemental estrategia que en nada os perjudica y no hace sino aumentar vuestro prestigio y el terror que inspiráis.

-Aunque esperamos que ninguno de los galeotes os ha visto entrar.

-No. Estaban muy ocupados pidiendo amor y paz. No hablaremos con nadie del tema. Nos contentaremos con nuestra parte.

-Al fin y al cabo, todos nos enfrentamos al malvado Estribor, ¿no es cierto? -afirmó la rata más locuaz.

El enviado de Piratas Irredentos recibió su porción del botín, la guardó en la bolsa de la que se había provisto y, con cierta ironía, dijo antes de salir:

-Afuera tenéis una larga fila de colaboradores esperando.

Y así era. Tan abundantes como los granos de trigo desperdigados al romperse un saco.

Eran los subgrupos de toda clase y especie que habían visto su oportunidad, desde hacía ya tiempo, en la serie de maniobras que culminaron en la explosión del Buque Correo, los focos de sublevaciones que ardieron acto seguido como la yesca y la entrega forzada de las llaves del Cofre. Esperaban gozosos su recompensa, como activos o pasivos colaboradores, los clanes y tribus criados o engordados a efectos de cobro. También las más variopintas asociaciones: Analfabetos Vocacionales, Analfabetos Funcionales, Mujeres Desdeñadas, Hombres Fofos, Bizcos Discriminados (con un gran cartel ¡Bizco is beautiful ¡), Bajitos Segregados (con pancarta ¡Espejos de los lavabos a nuestra altura ya!), Adoradores del Planeta, Feos Irremediables, Orgullosos de la Ignorancia, Prehistoria Ya, Por el Derecho a Roncar, Nadie Sin Doctorado, La Guerra Me Aterra.

 

 

 

9

Reparto de cargos

 

Afortunadamente lo mejor del cofre no era tanto las riquezas que encerraba sino las que generaría, en años venideros, continuamente. Hasta tocar un fondo que a las alegres ratas les parecía tan inalcanzable como el silencioso pecio del Buque Correo, que reposaba, junto con los restos y los testigos lastrados por piedras, en el fondo del mar.

En el salón de actos se continuaba con los puntos previstos:

– ¡Reparto de Ministerios!

– ¿Por qué deberíamos continuar con el sistema antiguo y caduco, que insulta a la igualdad y reproduce el sistema de los galeotes? A este paso volverán a tener un País en vez de El No País que hemos logrado con esfuerzo, tirando y royendo por todas sus junturas. -se objetó.

-Compañeras, compañeras, el mañana es nuestro, y también el presente desde hoy, pero no debemos olvidar que nos hallamos en una fase de transición. Es importante que mantengamos a los galeotes en los estrictos límites que requiere el establecimiento del paraíso de nuestras congéneres. Por ello habrá Ministerios, y la entrada en ellos se llevará a cabo bajo severas normas.

-Comenzaré por lo esencial

– ¿Economía?

-No. Ministerio de Educación: Vosotros, los de la Comisión por la Enseñanza Simple y vosotros, los de la Unión de Simple Enseñanza, organizaréis, dispondréis, amenazaréis, colocaréis y expulsaréis. ¿Quiénes forman el grueso de vuestros simpatizantes?

-Los maestros de A A. de Adoctrinamiento Adecuado.

-Se les otorgarán de inmediato diplomas de profesor, doctor, catedrático.

– ¿Y los que antes tenían diplomas y enseñaban a jóvenes y adolescentes?

-Pasarán a las clases de básica mínima, los catedráticos cuidarán la higiene de las letrinas y los doctores enseñarán manicura y vigilarán los pasillos.

– ¿Y El programa de estudios? Es difícil mantener siempre al alumnado en la etapa infantil.

– ¡Aunque lo conseguiremos! –se alzó una voz entusiasta al fondo entre el público.

-Por lo pronto, de las seis horas diarias, se dedicarán cuatro a lo propio de nuestros seguidores de primaria: generalidades, manualidades, sumas simples, alfabetización somera, talleres de cultivo en latas, de fabricación de cestos, peluquería….

– ¿Y las otras dos horas?

-Tras los segmentos de ocio, habrá No Historia y No Geografía. Se votará democráticamente si la Tierra es o no plana, cuántos son los continentes, quién gira alrededor de quién entre los planetas, la conveniencia de contar sólo hasta donde alcancen los dedos, la existencia de esos extraños personajes –César, Cristo, Platón, Colón, Miguel Ángel- cuyos nombres olvidarán en breve y que serán declarados ficticios.

– ¡Maravilloso!

– ¡Genial!

-Nuestros seguidores y simpatizantes nos otorgarán, y os otorgarán, su incondicional apoyo.

El orador se inclinó. Una de sus compañeras de estrado tomó la palabra para resaltar el mérito de la planificación y del planificador.

-Quiero haceros notar, aunque ya lo sabéis sin duda, que los programas de todos nuestros Ministerios responden al giro revolucionario: Sus premisas se resumen en ofrecer los puestos a los nuestros. El contenido es un punto meramente secundario. ¿Que el gremio de Cortadores de Setos apoya a nuestros ayudantes, síndicos y uniones? Entonces de las seis horas de clase dos irán a teoría y práctica del seto recortado y a nociones de pedagogía sobre el seto y sus afines respectivamente, y ahí se colocarán los que nos votan. ¿Qué los Maestros de Nivel Mínimo nos secundan? Los alumnos tendrán por decreto nivel mínimo hasta los veinte años y los puestos de enseñanza serán para nuestra gente.

-Es forzoso que también hablemos de la Universidad.

– ¡Fuera, fuera! Doctorado para todas y se acabó.

-Estamos en ello. Algunas de nuestras compañeras, aquí presentes vienen de la antigua zona universitaria, en la cual habitan. Es ya difícil distinguirla porque la cubre un grueso estrato de cascos de botellas, panfletos, latas, plásticos, bocatas semiconsumidos y demás detritus. La Ley del Botellón Obligatorio y Gratuito, en la que tanto hemos insistido, ha dado sus frutos.

– ¿Y Cultura? ¿Y Propaganda?

-Magníficas fuentes de empleo. En esta fase precisamos de Ministerios innumerables: de Reflexión Igualitaria, de Vigilancia Doméstica, de Fraternidad Cósmica, de Climatología Universal, de Nueva Historia, de Nueva Geografía. Sin olvidar las Direcciones Generales de Eventos Diversos: la de leyes de acuerdos dialogados, que permitirá la satisfacción y paz más completas, y la de Indiferenciación Absoluta, que consagre lo que entre nosotras es una realidad: la igualdad física.

Las ratas se vanagloriaban de la inexistencia entre ellas de signos excesivamente aparentes que atentaran contra la homogeneidad sexual. Eran ratas, exclusivamente ratas, de la primera a la última, sin asomo, por lo tanto, de discriminación alguna.

-Y más, compañeras. Tenemos puestos para todas. Ministerios de la Alegría y de Distracciones y Ocio. Aquí tratamos un punto esencial. Las masas, como la mayonesa, se cortan si no se agitan, de forma superficial, continuamente. Nos hallamos, además, ante una mesa de infinitos manjares ofrecida a los nuestros y a sus instintivas habilidades. El dinero correrá, para estos fines, sin control. Concursos, visitas intempestivas a los lugares más inesperados como el antiguo salón del trono, los lavabos del Congreso, circuitos de madrugada y a tientas por las grandes bibliotecas –mientras éstas aún existan -, carreras en patinete por las salas, que serán kilométricas, de los museos de arte moderno, escalada nocturna de esculturas y fachadas de centros públicos, submarinismo en fuentes, carreras urbanas, a pie y en bicicleta, arrollando a cuantos se opongan a tan sano impulso, Noche del Decibelio Sin Medida, Noche de Loquillas al Poder, Noche del Tanga Obligatorio, Concurso de Basuras, Conciertos de Toses, Día del Gorrón Exigente, Maratones Sin Fronteras (cualquier día, a cualquier hora, con participantes de uno a unos miles, los corredores tendrán preferencia a cualquier otra actividad civil, excepto las de Bicicletas Sin Descanso).

Hubo risitas porque muchos recordaban el chistoso evento de la señora que había osado intentar atravesar una calle y a la que le habían pasado por encima los ciclistas de la última carrera urbana, decretada ésta por una dirigente de la capital siempre ansiosa de atraerse la simpatía de las ratas.

-Je, je. Se lo mereció. ¿Pues no dijo que prefería los coches?

-Y también, justo antes de que la arrollaran, que estaba harta de que no hubiera autobuses y se paralizara por fuerza el tráfico.

-Lo mejor fue aquel padre que iba con sus hijos, en pequeñas bicicletas, y sujetó el manillar de la de su niña para que no se cayera al tropezar con el cuerpo y pasara por encima sin impresionarse.

-He ahí alguien que sabe educar en la vida sana.

-Antes de cruzar la señora había gritado, a los de televisión, que se empeñaban en entrevistar a la gente para que expresara su satisfacción por el Enésimo Día Peatonal, que en la ciudad no aguantaban a ese alcalde que los freía a impuestos.

-Lo del alcalde por supuesto lo borraron en las noticias. Y subrayaron la fanática incomprensión, propia de Estribor, del solaz y sano esparcimiento de las masas. Y su típica hostilidad hacia el planeta verde.

El alcalde citado gozaba de grandes simpatías entre las ratas. No en vano les había construido, en mármol, una red subterránea de autopistas enlazando las rutas del alcantarillado.

-Estuvo bien, pero aún quedó más lucido el Día del Orgullo Calvo.

La Mesa llamó al orden:

-Venga, venga. A lo que estamos. Ministerio de Política Exterior….

-Eh, eh. Que hay que tratar primero lo más importante. –terció la Rata Adjunta de Proyección de las Administraciones Territoriales. –Aquí tengo –y desplegó listas de nombres para cuya confección había utilizado numerosos rollos de papel higiénico. –a los que tenemos que colocar. Por lo tanto, al efecto, hará falta el número de embajadas, consulados, secretarías, direcciones generales, representaciones y cargos que garantice un puesto muy bien remunerado para cada una de las ratas que aquí cito, las cuales llevarán su correspondiente corte auxiliar y serán tratadas con rango principesco: Equipos Gubernoautónomos de Tufillos del Rey, de Barrilete Alto, de Barrilete Bajo, de Pancetoak, de Panceta y Peseta, de Salazones Divinas, de Mordisquillos, de…

-Basta, basta. Lo pasarás por Registro. Continuamos. Como os decía, compañeras, Ministerio de Política Exterior, con especial atención a la Subdirección de Imagen en el Extranjero y a la de Concordia Universal. Como sabéis, la tarea está casi hecha. Es lo que hemos venido promoviendo, con notable éxito, desde hace no pocos años, aunque de forma irregular según las circunstancias. No siempre hemos tenido acceso a una parte substancial del Cofre.

-Pero siempre hemos dominado el chantaje y las técnicas para paralizar de miedo a Estribor. –reivindicó con legítimo orgullo una de las presentes.

-Cierto. Repasemos el programa. Toda inversión es poca para mantener en el exterior la imagen que nos interesa. Somos para los extranjeros la reserva de lo que les parece, a conveniente distancia, ideal y divino, pero que de manera alguna querrían tener en sus casas donde, desde luego, no vivirían, aunque aquí se pasen estupendas vacaciones. En el No País reina la libertad múltiple de las más variadas y coloridas tribus, luchan, matan y vencen valerosos guerrilleros montaraces, enfrentados al antiguo rey perverso y a sus sucesores. Aquí reparte flores, leche y sonrisas el nominal Ejército, no hay delincuente reprobable ni ley que no se adapte a sujetos y conveniencias, es inminente el advenimiento de la socialización ideal, de la comunidad perfecta y de la abolición de competencia, laboriosidad y esfuerzo. Los peligrosos y temibles Piratas Irredentos nos miran con benevolencia. Los violentos y brutales asesinos pactan con nosotros indefinidas treguas a cambio de honores, dietas y lujosas pensiones vitalicias. ¿Quién no canta, allende fronteras, nuestras alabanzas?

-Nuestro dinero nos cuesta. Es decir, el de los galeotes. –refunfuñó la Rata Ecónoma.

-Pero está muy bien empleado. Repartimos ejemplares innumerables, en varias lenguas, de “Aquí sol, tribus felices y jauja social”, hacemos llegar el periódico oficioso El No País Avanzado hasta el último quiosco de la aldea más lejana de Europa, lo reciben, de forma gratuita, todas las embajadas, miles de organismos. Invitamos a observadores y agasajamos a periodistas, paseándolos por los lugares oportunos y haciéndoles valorar nuestra continua y difícil lucha contra la malvada Estribor, que no ceja en su empeño por resucitar edades pasadas y dictadores y prácticas despóticos. Competimos, lamentablemente sin ganar, en festivales donde cantantes, actores y cineastas glosan y alaban nuestra gesta secular contra el Eterno Enemigo.

Por otra parte, la Subdirección de Cordialidad Universal no puede sino ser alabada por la población, ya que le garantiza, sin el menor gasto –sobornos aparte- y esfuerzo, la existencia más despreocupada. Los ciudadanos del No País gozan por doquier de cierta benevolencia y, aunque no se les respeta e incluso son objeto de extrañeza y risa por su afán de denigrar lo propio, sí son tolerados como nosotras, a quienes ya se parecen en extremo. A ambos se nos mira como a aquéllos que, por su insignificancia y medrosidad, no constituyen adversario ni competencia alguna y carecen de talla, valor, obras que tener en cuenta y capacidad de respuesta cuando se les aparta o se les pisa.

Se escucharon algunas protestas:

– ¿Pisarnos? De eso nada.

-Pisarlos a ellos quise decir. Nosotras no nos dejamos

Pese a la extensión del discurso, el auditorio escuchaba embebido. Tal vez ellas no hubieran crecido un ápice, ni fueran a hacerlo, pero los antiguos propietarios del Cofre menguaban a ojos vistas y estaban a su merced.

 

 

 

 

10

Los Mercenarios Light

 

– ¡Hemos encontrado un infiltrado! Estaba aquí, en uno de los barriles del ron de la Victoria, el que distribuimos tras el hundimiento del Buque Correo.

Hubo enorme revuelo entre las ratas.

¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah! ¿Qué es? ¿Quién es?

Se encontraron, desconcertadas, conque no era fácil saberlo. Por supuesto un galeote, pero con tantos rasgos semejantes a los de ellas mismas que parecía un gran peluche de rata. Era gris y suave, los ojos brillantes y casi sin pestañeo, los dedos encorvados y finos y sienes y orejas cubiertas de una fina cabellera que se prolongaba en el belfo. Advirtieron que no iba solo; un murmullo bajo los toneles de cecina del fondo delató a lo que parecía su guardia, seres semejantes a él, pero toscos y de tamaño intermedio. Llevaban pegatinas que los relacionaban con tribus urbanas que habían sido extraordinariamente activas en los meses que precedieron y en los días siguientes a la explosión del barco correo. Estaban Alienados en lucha, Kasas y koches okupados, Profesores al paredón, Mandar, cobrar y beber y una delegación de Amantes del Planeta, sector delta del Ebro y selvas amazónicas. Se mantenían silenciosos y acurrucados, simple telón de fondo de de su líder, que se adelantó unos pasos, identificándose como Rata Aspirante.

Éste se dirigió directamente a la Mesa con sorprendente familiaridad:

-Vengo para ahorraros trabajo. –dijo.

– ¿Por qué aquí y hoy? Hasta ahora nos hemos entendido con discreción. ¿Qué propones que necesite público? -inquirió Rata Segunda.

-Habéis elaborado un plan de transición sabio y extenso; incluso habláis de Ministerios, programas y política. Lo que habéis dicho se resume, sin embargo, en premisas muy simples que hace tiempo gozan de nuestra aprobación: Cuanto se disponga tendrá como fin primero colocar a vuestra gente para que roa a placer sin aportar sino sus uñas y colmillos. Nosotros os imitaremos y recibiremos lo que nos proporcionéis por nuestra fidelidad y servicios. Lo que acostumbraba a denominarse ideas, teorías, proyectos, propuestas, normas, leyes, no es sino el decorado de la premisa anterior y servirá exclusivamente a ese fin.

-O sea, que vosotros os encargaréis de las tareas de mantenimiento, repetición, distribución, aislamiento o eliminación de galeotes molestos…

-Naturalmente. Tal y como llevamos haciéndolo desde mucho antes de…preparar el ambiente para la entrega de las llaves del Cofre.

– ¿Sois suficientes?

-Nos crecemos gracias a vuestra generosidad. Con la inestimable ayuda de estos compañeros Síndicos de los Gremios A y B, que me han acompañado para tener el honor de saludaros. Y también contamos con el apoyo de las amplias masas de base, los ML.

Procedentes del grupo agazapado en el fondo, avanzaron dos colegas de Rata Aspirante que se distinguían por llevar sendas gorritas idénticas en colores y forma, pero con la visera en un caso a cuadros y en el otro a rayas. Los asistentes recordaron que ya habían reparado en ellos. Resultaban algo molestos por su costumbre de tocar el silbato cada pocos minutos y ejercer estiramientos de brazos. Los dos dijeron a coro:

-Dispuestos estamos a coger lo que pactamos: El barril de tocino, las galletas y el vino.

Y, a un gesto de Rata Segunda, cargaron con las vituallas y se encaminaron, sin dar la espalda, hacia la puerta con grandes reverencias.

– ¿Quiénes son los ML? –preguntó una rata del público.

-Los Mercenarios Light. –le respondió otra dos filas más atrás.

Rata Tercera, especialista en tareas de contabilidad y aprovisionamientos, aclaró:

-Las recompensas, primas y sueldos de mantenimiento pueden ser de varios tipos. Por ejemplo, los síndicos y capataces, como los que habéis visto, obtienen beneficios directos a cambio de elegir a nuestros representantes, asentir a nuestras propuestas y llevar a cabo nuestras iniciativas. Son los Mercenarios, e indispensables hoy por hoy. Sin embargo nuestro imperio reposa sobre un pedestal sólido y extenso constituido por los muchos que, sin obtener un pago, se consideran pertenecientes, y por ello mejores, a la Tribu Babor, la nuestra, que, con mensajes cotidianos incontables, es la Buena y Perfecta en oposición a la Estribor Malvada. Los Mercenarios Light desconocen su categoría, se conforman con los títulos de Amigo de los Igualísimos o piden puestecillos de poca monta, migajas, retazos; incluso algún que otro gesto de condescendiente familiaridad les basta.

-Salen baratos. ¿Nunca exigen?

-No, porque han participado en nuestras empresas, se han embarcado en nuestros buques y ayudado ellos mismos a mantener a los demás en las calas inferiores.

– ¿Siempre podremos utilizarlos?

La mayoría se rascó la tripa, que es la forma que tienen las ratas de encogerse de hombros. Las preguntas sobre el futuro a largo plazo no tenían sentido cuando se nadaba en la victoria y la abundancia.

Rata Tercera echó una mirada a sus libros de cuentas y otra al Cofre.

-Qué importa. Es nuestro imperio, el reparto inagotable, las abundantes migajas. Ellos están encantados, se miran en nuestro espejo con envidia, evitan pensar en el Buque Correo, temen siquiera mencionar el tema. Simplemente ruegan en sus plegarias que nada excite de nuevo la ira de Piratas Irredentos. Aunque no hay prueba alguna de que ellos planearan la explosión.

– ¿Y la bandera?

– ¿La que apareció flotando entre los restos, mucho después? –Hubo un guiño de entendimiento entre orador y sala. Simultáneamente los focos se centraron en el goloso contenido del Cofre, en el variado amasijo de cuanto contenía y podía ofrecer el No País. Montañeses Sangrientos, especie de ratas de las alcantarillas más al norte que solían reclamar, y obtener, los mejores bocados de las víctimas, soltaron la carcajada. Y, sin decir palabra, los miembros de la Mesa comenzaron a aplaudir al auditorio, el auditorio a ellos, y todos durante largo rato se dieron una prolongada ovación al éxito del plan y a sí mismos.

– ¡La rueda de prensa, la rueda de prensa! –recordó Rata Parda, encargada de Comunicación-Propaganda. –La prensa extranjera ya ha amarrado sus botes a nuestro costado y espera en la cubierta de recepciones. –Se inclinó con deferencia. –Por favor, Rata Máxima….:

Igualísimo, con los mesurados gestos que lo caracterizaban pero revelando cierto nerviosismo en la voz, ordenó sobre los hombros los pliegues de su membrana planeadora, se atusó bigote y cejas con la lengua y ordenó:

-Vamos.

 

 

 

11

Noticias internacionales

 

Aunque en apariencia descuidadas e incluso caóticas, las ratas tenían un plan preciso. El Alto Mando daba gran importancia a la imagen en el extranjero, así que el trato a la prensa había sido estudiado con detalle y programado en etapas en las que el grado de seducción iría de menor a mayor: Información escueta primero, en un decorado sobrio, con aparición, sin prodigarse, de los líderes y quizás irreprimible éxtasis de Rata Primera. Refrigerio inicial sin escatimar la bebida. Distribución de documento. A continuación segunda, e inesperada, fase.

Los representantes de Albinia News y Le Monde c’est moi, en primera fila, aparentaban, como sus colegas, no sentirse sorprendidos por el aspecto, zoomorfo, pequeño y gris de sus interlocutores. Eran, a fin de cuentas, reporteros duchos en el oficio y que tenían a gala mostrar su soltura en el contacto con diversas civilizaciones y en su carencia de prejuicio alguno sobre rasgos físicos diferenciales. A todos les resultaba simpático el No País precisamente por serlo, por el trato sencillo y campechano con los múltiples contactos deseosos de abrumarles con información e invitaciones a espectáculos, viajes, copas y cenas. Les encantaba no verse obligados a investigar sobre la explosión y rápido hundimiento, con cientos de víctimas, del Buque Correo y por haber recibido con tal presteza, y prácticamente en correos sucesivos, la instantánea seguridad de que los autores de la carnicería eran, una vez más, Piratas Irredentos en una de sus muchas ramas de acción rápida e imprevisible. Con los cadáveres aún flotando dulcemente camino de la gabarra-morgue y los restos del buque desaparecidos, hasta el último clavo, en el fondo, pasaban, en la misma página del bloc de notas, del tema del naufragio al veloz cambio de Gobierno tras la inesperada entrega de llaves del Cofre.

-Observo, tras el cambio de poderes, la impecable limpieza de las calles. –apuntó el periodista alemán.

-Si. –abundó otro colega- Llegaron unas fotos de vías públicas ocupadas por una multitud que tiraba barro y excrementos a los anteriores guardianes de las llaves del Cofre. Las paredes estaban cubiertas de improperios, y también de excusas y súplicas de clemencia a los piratas.

-Infundios. –se apresuró a puntualizar Rata Parda. –Simples infundios de los enemigos de la igualdad, que envidian nuestro sistema y abrumadora victoria.

– ¿Cuánto tiempo os haréis cargo del Cofre?

Rata Máxima se colocó en primer plano con esa discreción que le permitía emerger con el más apacible de los gestos entre los suyos. Y respondió:

-Cuanto tiempo sea necesario para garantizar las completas paz, igualdad y felicidad en el conjunto de la flota.

Pausa. Su actitud se hizo más íntima, su voz baja y dulce. Anunció:

-Les comunicaré una primicia.

Mantuvo durante unos instantes la expectativa. Sus acompañantes se frotaron las garras y emitieron chillidos de reprimido gozo y excitación.

-Ya hemos emprendido negociaciones con Piratas Irredentos. Sus actitudes violentas, nacidas de la injusticia social y la secular opresión, pasarán a la historia. ¡Diálogo! ¡Fraternidad! ¡Paz infinita!

– ¡Diálogo! ¡Fraternidad! ¡Paz infinita! –repitió al completo el grupo dirigente. La frase, según las consignas emitidas, fue coreada de barco en barco. La prensa, impresionada por el eco y el griterío, la apuntó y subrayó en sus cuadernos de notas. Poco más tarde aparecería en los diarios de sus países, un recuadro en páginas interiores porque el origen no merecería más ni despertaba otra curiosidad que la de lo anecdótico, ligeramente aureolado de exotismo por la distancia y el atraso. No dejaba de resultar llamativa la regresión del No País, que, por perder, había perdido hasta nombre, fronteras, insignias y territorio.

– ¿Cómo ven ustedes el futuro? ¿Cuáles son sus planes, una vez asentados en el poder? –preguntó el enviado de Babuinolandia.

Rata Segunda comenzó a recitar la larga lista de propósitos bien aprendidos, pero se produjo una interrupción. Igualísima había entrado en trance. Sus claros ojos giraban en las órbitas color de rosa, hasta que se detuvieron clavados en un punto del horizonte. Temblorosa, babeante el lustroso belfo y tersa la piel del tono del pulido metal, clamó ante el auditorio:

– ¡He tenido un sueño! La noche pasada tuve un sueño que responde a todas sus preguntas. Soñé que cuanto gobernamos, y gobernaremos, era un pan, una hogaza enorme llena de rica miga blanca. Su superficie, cuadriculada, dura, la mantenía aislada de los deseos de las masas; una red de represión, órdenes y reglamentos convertían en coraza su dorada superficie. Hasta que llegamos nosotras, todas mis compañeras, a las que represento, de las que soy, no ya sólo parte, sino porción intercambiable con cada una de ellas. Entonces, mientras los galeotes cantaban nuestras alabanzas, empujamos, deslizamos la hogaza hasta un charco igualmente enorme. Y esperamos sentadas en la orilla. El agua, turbia y profunda, iba convirtiendo en blanda sustancia la dorada corteza. Esperamos, y… ¡Oh! ¡Qué momento! ¡Inmensas cantidades de miga! ¡El más equitativo reparto! Nada dejamos. –Igualísima brincaba por el escenario, subía y bajaba, llevada por la euforia, por mesas, sillas y cortinas. Repetía

– ¡He tenido un sueño! ¡Gris, gris; gris todo el pan, que ya no es pan, que es migas, infinitas migas! ¡Gris, gris! El pan desaparece, lo hacemos desaparecer. ¡Migas iguales, migas idénticas, grisáceas, húmedas, a nuestra medida! ¡Tuve un sueño! ¡Tuve un sueño!

– ¿Será el suyo un gobierno tripartito? –preguntó la enviada de Cosmopueblo News– Se lo digo porque hemos visto al venir, al pairo a pocas millas de aquí, una galera de Piratas Irredentos y uno de los pesqueros de la temible facción Montaraces Boinapétrea.

– ¿Ah? ¡Oh! –La pregunta intempestiva pareció desconcertar a Igualísima, sacarla bruscamente del éxtasis aéreo, hasta tal punto que se soltó de la cortina, descendió arañando el tejido sin conseguir aferrarse y aterrizó por fortuna en los brazos extendidos de Rata Tercera y Rada Segunda. Inmediatamente éstas la colocaron en un segundo plano y anularon posteriores intervenciones, mientras ambas afirmaban a coro.

-Nada tienen que ver esas naves en nuestras decisiones y proyectos. Ni hay ni ha habido ni habrá acuerdos con sus capitanías. Sin duda esperan el mejor momento para rendirse. Sabemos de fuentes solventes que si no lo han hecho antes ha sido por retrasos en la entrega del pedido de banderas blancas.

-Vimos… -la voz de la periodista fue ahogada por la entrada, en aquel preciso momento, de numerosos portadores de botellas, copas y bandejas de riquísimos canapés. El evento había sido sincronizado con los acordes, a todo volumen, del Himno. Y así se dieron por acabadas las preguntas. Simultáneamente se distribuyó a cada uno de los asistentes el opúsculo Mi Singladura, En él se exponía el ambicioso ideario que diseñaría, desde ese mismo instante, el mundo futuro. Algunos, mientras daban cuenta del refrigerio, se pusieron a hojearlo. Era breve y comenzaba con un Mi miniado, metáfora del sujeto colectivo, que ocupaba todo el ancho y alto de la página. En la mayúscula trepaban, jugueteaban y se mordían ratas en todas las posiciones, para girar luego en una esfera terrestre que era el punto de la i. Acto seguido se exponía, con un sencillo gráfico, la parte medular de la teoría. A=Pasado. B=Futuro. A=Era injusta. B=Paraíso Nova Rata. La zona intermedia entre B y A no podía, pues, sino consistir en el diseño, imposición y utilización de la Nova Memoria, de seres injustamente tratados y despojados, mientras que, cara al futuro, no cabía sino la eliminación, física u operativa, de los maléficos seres antiguos, los cuales, sea dejarían paso, sea serían transformados en Seres Novos propios del Paraíso reciente. En un arranque irreprimible de inspiración y entusiasmo, se habían dedicado algunos párrafos a explayarse sobre la teoría de la Rata Primigenia, modelo de la especie, subyugada y mantenida en servidumbre, desprecio y sombra por cuantos poderosos en el mundo han sido y rescatada, al fin, por sus congéneres.

La rueda de prensa se había enmarcado en un ambiente austero y con poca luz. Los dirigentes parecían haberse esfumado, como si el acto hubiese terminado bruscamente. Sin embargo lo mejor estaba por llegar.

 

 

 

12

La rampa viscosa

 

Y vino la sorpresa. Grande, fastuosa, inesperada por el conjunto de la prensa (excepto por el grupo comunicativo oficioso El No País Avanzado), por algunas de las ratas y por la totalidad –ratas peluche exceptuados- de los galeotes. Vigías y altavoces habían anunciado de barco a barco la inminencia de la buena nueva, dispuesto la presencia en proa de la orquestina, que ya ensayaba sus violines, solicitado que las embarcaciones se situaran en círculos concéntricos en torno a la nave capitana.

La prensa extranjera se dedicaba ya con fruición a los exquisitos canapés y bebidas que habían sido prestamente dispuestos para el evento. El tiempo ayudaba porque la superficie del mar era una balsa de aceite, tal y como si los implicados en el evento hubieran sabido con notable anticipación el parte meteorológico. Los periodistas locales explicaban a sus compañeros foráneos la naturaleza y calidad de los manjares y la graduación y añada de los espirituosos, de forma que en el lapso previo al evento ya reinaba un clima de cálida y difusa euforia.

Las ratas presentaban un aspecto espléndido. No habían crecido, pero sí dominaban la forma de trepar y mantenerse unas sobre otras, de manera que la altura les permitía vestir diversos uniformes, pisar fuerte con las botas que anteriormente hubieran roído y agitar sombreros de ceremonia que se balanceaban sobre las enhiestas orejas.

Sincronizadamente, sonaron las sirenas.

Las naves hicieron pasillo. Surgida de las brumas de la media tarde, avanzaba una galera de un blanco impoluto, empavesada de pequeñas, múltiples banderas en las que doradas ratas rampantes sonreían en un fondo azul marino.

El mascarón de proa era un ave de brillo metálico y gran tamaño, híbrida de paloma y mítico grifo, que cobijaba bajo sus alas a sendas ratas, se posaba en un grupo de sonrientes galeotes y sostenía en el enorme pico junto con una rama de olivo la parte central de la amplia banderola desplegada de proa a popa con el lema PAZ ETERNA. Éste se repetía en banderines de todos los tamaños acompañado de un pie, artísticamente trazado y coloreado en los siete tonos del arco iris, en el que se leía RENDICIÓN IS BEAUTIFUL.

El albo navío se situó, todas sus velas desplegadas, en el centro del círculo. Sonó la música suavísima de los violines, y entonces surgió una plancha que conectó su cabina de mando con la de la nave capitana.

-Acompañadme. –dijo Rata Máxima. Y compañeras y periodistas la siguieron por la empinada rampa, que estaba cubierta de una substancia resbaladiza y viscosa porque el barco había atravesado un banco de calamares.

 

 

 

13

Rueda de prensa

 

-Apreciamos profundamente vuestro esfuerzo e interés por informar a la opinión internacional y os rogamos aceptéis esta modesta prueba de nuestra gratitud, destinada a contribuir a los gastos del desplazamiento.

La rata-chambelán, seguida de miembros del cuerpo diplomático provistos de cestas y bandejas, había recibido con estas cordiales palabras a los representantes de la prensa y ahora hacía llover sobre ellos y llenaba sus manos de vales diversos: Hotel Dos mil y dos noches, fin de semana en Isla Mulatas Divinas, citas de trabajo con barra libre en El Rey de los Cócteles, boletos para una rifa del puesto, excelentemente remunerado, de consejero…

Desde el techo, se desplegó súbitamente una enorme pieza de tela.

– ¡Ooohhh! – exclamó sorprendido el auditorio.

-Permitidnos, antes de que comience el espectáculo, presentaros la que será nuestra enseña nacional- anunciaron a coro las ratas dirigentes- ¡Igualdad es diversidad!

La bandera, que cubría todo el ancho y alto de la estancia, reunía los motivos que, en pequeño formato, adornaban la galera. Consistía en filas de diminutas cabezas de rata cada una con un tocado diferente. Había conos rojos con forma de hucha, rectángulos con aspecto y color de adoquín, turbantes sembrados de hortalizas, gatos disecados a los que atravesaba con su lanza un rátida victorioso, manos de fieltro en posición de aplauso, enormes claveles en la oreja, pañuelos empapados de lágrimas que goteaban sobre el portador gracias a un ingenioso dispositivo…Quedaba en la bandera un espacio libre en el que el globo terrestre, sub specie de caja de quesitos, aparecía rodeado de roedores que unían sus colas y alzaban brazos y hocicos.

La enseña se plegó para que comenzara el espectáculo.

El cantor Pasta Supina afinaba su arpa. El comité central de las Rátidas, conscientes de su valía, le habían preparado un sitial, modesto porque se trataba de un vate que tenía a gala ser popular en extremo, pero imponente en el decorado de su rampa de acceso, que simbolizaba el colectivo esfuerzo y universal valía de su nación. No se habían regateado mármoles, chapados de oro, cristales de roca y alfombra oriental.

Vestía el vate con cuidada sencillez: Chaqueta de seda salvaje imitación pana, camiseta firmada por pintor célebre y bordada a mano con el rostro de un líder selvático muerto por una alta causa, pantalón negro con cinturón de calaveras de brillantes marca Chic Paris, alpargatas de diseño florentino y, al alcance de la mano, sin darle mayor importancia, el Stradivarius que había requisado Rata Ecónoma de los antaño fondos artísticos nacionales. En el gozo del reparto, se había propuesto utilizar para añadido de los bigotes las cuerdas, pero finalmente se pospuso la moción en espera de medidas de tipo más general.

El vate templó instrumento y atacó, sin más preámbulos la Oda Rátida, que efectuaba, según se explicó, tendido en el suelo para ponerse a la altura de los más modestos entre las masas y acercar su voz a los desfavorecidos. Porque el acto era el anuncio al resto del planeta del vigor, proyectos y radiante futuro del Nuevo Sistema.

Hubo un problema: su voz, pese a los amplificadores y debido en gran parte a ellos, consistía mayormente en los agudos chillidos propios del idioma de la especie, y resultaba difícilmente audible, penosa e indescifrable para el auditorio extranjero. Sin embargo éstos siguieron, acompañaron y despidieron al vate con aplausos. El desconcierto inicial desapareció en cuanto algunos manifestaron en frases que cundieron por la sala:

– ¡Distinto!, ¡Rompedor!, ¡Nuevo!

– ¡Es una cultura diferente!

– ¡Pasó el arpegio! ¡Viva el chillido!

– ¡Recibimos las primicias!

– ¿Por qué no aplaudes? ¡Nunca más la marginación cultural!

-Vate, tú eres el instrumento.

Y en verdad lo era, porque tañía las cuerdas con la punta de la cola y lograba efectos de percusión mordiendo rítmicamente el estrado.

Contribuyó a la euforia la generosa distribución de viandas y caldos de añada y la promesa de cruceros gratuitos y dádivas sin cuento. Los periodistas sintieron una cálida ola de simpatía por las Ratas. Quien recordaba el hámster que había alegrado su niñez, quien los cuentos sobre ratones sabios, quien la militancia en grupos para la defensa del derecho al voto de los animales, sector mamíferos, quien los pliegos de firmas para habilitación del centro urbano para solípedos. Lo cierto es que, según la noche y el festejo avanzaban, el Sistema Nuevo gozaba de más partidarios dispuestos a defender, de vuelta a sus países, la noble causa de masas oprimidas diminutas que al fin estaban logrando el ideal antiguo de la perfecta igualdad. Todos los periodistas, agradecidos por las invitaciones prometidas, recordaban pasadas luchas juveniles de ellos y de sus lectores, desteñidas luego por el tiempo y por el ingrato y crudo principio de realidad. Por ello ahora se proyectaban en el mundo gris y anónimo de las ratas múltiples utopías, envidias, rencores e ideales que ya no eran decepciones, errores, callados fracasos, sino valientes iniciativas de futuro. Tanto más gratas cuanto, finalmente, más ajenas en distancia, circunstancia y raza, y, por ello, perfectas para la ovación y el sueño.

El volumen creciente del sonido, y de la graduación de las bebidas, no había permitido percibir con detalle la proyección que se desplegaba en el escenario. Las ratas exhibían el cortometraje de su proyecto, mezclado con paisajes planetarios, del sistema solar y luego del planeta azul al que había que salvar a toda costa de los desmanes cometidos por la civilización humana. Se precisaba la vuelta a lo diminuto, el troceado de los siempre agresivos países, asociaciones y naciones, para llegar a los millones de comunidades, cada una en su agujero, nutridas por el generoso botín procedente de la organización y el trabajo de seres humanos, diferenciados, agresivos, exigentes y defensores de formas incompatibles con la homogeneidad perfecta. ¡Había tanto para repartir!

En la pantalla, ahora en forma de película de dibujos mezclada con paisajes del planeta azul, las ratas desplegaban, con el título El Queso Global, las etapas de su proyecto. Comenzarían royendo en el norte la cadena montañosa fronteriza. Separado el No País del Continente de las Abominaciones Individuales, aquél bogaría entre galeras, juntándose, por natural afinidad, con las secciones del Feliz Sur Tribal. Al tiempo, y desde diversos ángulos, se derramaba desde paredes y techo un espectáculo de luz y sonido. La luz no cubría todo el espectro del arco iris.

-Se diría que faltan…-insinuó Rata Cuarta en la mesa directiva.

– ¿Cómo que falta? Nuestra Líder, junto con sus asesores y secretarias, le dio su visto bueno. Perfecto para un plan perfecto que ilumina la senda de la felicidad universal.

-Ya, ya los distingo, los siete. Al principio el amarillo y el violeta me parecieron….

Rata Cuarta se deshizo en excusas, mientras la mesa de la directiva se dirigía al entregado público:

– ¿Acaso no los veis?

– ¡Los vemos, vemos los siete! ¡Oh el brillante dorado y el tierno malva! – afirmaron los invitados apuntando a los inexistentes colores que las ratas, a causa de su peculiar órgano de visión, no habían logrado proyectar.

El detalle se hundió en el olvido, excepto para Rata Cuarta, que recibió bajo la mesa un aviso de cita para remar en la galera XXVI desde el amanecer del día siguiente.

La rata de relaciones públicas consultó sus notas y tuvo la impresión de que había olvidado un punto que solía figurar en las reuniones con los medios:

– ¿Hay alguna pregunta?

Se trataba de una interrogación retórica, sin embargo, un enviado abstemio y comedido dijo, después de comprobar lo que figuraba en su cuaderno:

– ¿No fue cerca de estas aguas donde se hundió el Buque Correo?

-Una gran catástrofe. Un atentado.

-Muchos muertos.

Añadieron algunas voces.

– ¿Correo? ¿Buque? – La portavoz de la Junta Rátida, y luego la Junta en pleno, no supieron durante unos instantes disimular su desconcierto. – ¿Atentado? ¿Atentado?

-Lo publicó toda la prensa. Por muy poco tiempo. Curioso. No se habló más. Está clasificado en la t, terrorismo. Nos distribuyeron la ficha. Zanjado. ¿No fue poco antes de las elecciones? – Voces diversas se alzaron en la sala.

Las ratas se recuperaron con prontitud, fueron respondiendo:

-Ah, el terrible atentado.

-Pasó hace mucho tiempo.

-Nadie se acuerda.

-Fue una plaga mundial.

-Como la peste.

– ¿Y los culpables? – se interesó Jean-Claude, columnista de Le peuple c’est moi.

-Piratas Irredentos, por supuesto. – le respondieron al unísono –Un abominable acto terrorista.

-Pero nunca se encontraron a los planificadores, ni se analizaron pruebas- insistió Jean-Claude.

-Los culpables, en realidad, fueron….¡los culpables del hambre, los culpables de la opresión de tribus indefensas, de jeques abocados a la más negra desesperación, de clanes benéficos frustrados en sus legítimas aspiraciones, los eternos enemigos de la desigualdad que combatimos y que erradicaremos en el próximo y radiante futuro!-Las ratas de las fuerzas especiales de momentos críticos habían tomado oportunamente la iniciativa y acompañadas por los acordes del vate Pasta Supina, habían ofrecido al auditorio una explicación apasionada que selló el tema. Además, prácticamente ninguno de los extranjeros recordaba sino muy vagamente el suceso, del que la publicidad había sido mínima una vez zanjado oficialmente por el nuevo gobierno rátida, con el que la mayoría consideraban conveniente congraciarse.

– ¡Que siga la fiesta! -pidió la mayoría.

Una catarata de luces y de lo que parecían serpentinas y confeti descendió del techo. Se trataba de largos cheques al portador y de brillantes y valiosas monedas doradas y diminutas. El cantor repitió estrofas escogidas de sus anteriores actuaciones y derrochó energía y cabriolas en el escenario. Se proyectó un vuelo tridimensional de palomas provistas de ramos de olivo y una música dulcísima acompañó a la invocación, a los presentes, para que se cogieran de las manos y rodearan un mechero gigante en cuya llama aparecía y desaparecía un globo del mundo verde y sonriente y diversas constelaciones del zodiaco rátida.

Llevado por la necesidad de expresar su gratitud hacia los espléndidos anfitriones y su simpatía por el vasto programa desplegado, cada cual comenzó a reclamar la presencia del autor del espectáculo y la de Rata Primerísima, que se mantenía en la sombra. La presentadora dio unos brincos hasta el borde del escenario y resumió:

-Éste es el futuro: Bondad, Comunidades, Tradición, Esencias, Iguales, Idénticos, Felices, Paz, Paz, Mucha Paz, Paz Infinita.

– ¡Viva, viva, hijo de Siva! – gritó un periodista indostánico, y, como iba achispado, tarareó el himno de su grupo Pro Culturas Ancestrales:

Las viudas se queman alegremente

con vítores y aplausos de la gente.

A la pira con empeño

porque tradición es

que abolió el malvado inglés.

Del fondo de la sala, un reportero de “Enfriemos el norte antes de que sea demasiado tarde” expresó también sus sentimientos:

-Las ciudades y los coches

asco profundo me dan.

Me vuelvo al vikingo clan.

– ¡Small is beautiful! – Apuntó, para no ser menos, el enviado del “Saxon News”.

 

 

 

14

Diktátor

 

Grandes eran el gozo, la euforia, los aplausos y el buen ambiente a cuya muelle sensación parecía contribuir el suave balanceo del barco. Por ello ninguno de los asistentes se esperaba el brusco, pero bien planeado cambio. En cuestión de segundos se extinguieron alegres colores, cantos, conversaciones, porque una espesa sombra que parecía casi sólida y rezumaba del techo y paredes laterales de la parte delantera de la enorme sala descendía, se agazapaba y se diría dispuesta a avanzar hacia el auditorio.

– ¡Diktátor! ¡Diktátor! – clamó el agudo timbre de algunas ratas.

Y hubo desconcierto, que rayó en el pánico.

-¡Dictator! ¡The King of Estribor! ¡The Evil, the Evil!

-¡The Mother of all Evil!

De un extremo a otro de la sala se elevaba un clamor que parecía querer oponerse a la negra, inesperada presencia del Mal.

-No puede ser. Diktátor murió hace muchos años. -aventuró un periodista.

-En efecto. El terrorífico, pavoroso, letal tirano pertenece al pasado. Pero nosotras somos las únicas que se interponen entre el hoy feliz y su resurrección-

La respuesta venía de lo que en ese momento iluminaban los focos. Las ratas habían formado, las unas sobre las otras, una barrera de pelo gris y ojos brillantes que, con un sabio efecto visual, se levantaba entre la negra sombra del ancestral enemigo y el intimidado público. La ola negra se plegó, se redujo a ojos vistas y acabó siendo triunfalmente pisoteada por la Junta Rátida Directiva.

– ¡Pero a partir de ahora somos fuertes! ¡El Bien cuenta con vuestra ayuda! – dijo Rata Segunda desde el ápice de la pirámide de relucientes cuerpos y hocicos sonrientes color de rosa. Igualísima, con su acostumbrada modestia, había quedado en un segundo plano. Rata Segunda extendió los brazos hacia los representantes de la prensa

¡Venceremos al Mal como lo hicieron vuestros padres, vigilaremos sus brotes negros, denunciaremos y denunciaréis las múltiples manifestaciones de Estribor!

Sin solución de continuidad, cambió el escenario. Lo ocupaban ahora las Ratas del Conjunto, que danzaban alegremente y hacían llover sobre los asistentes paquetes-regalo, sobres-sorpresa y condecoraciones a título prematuro. Los periodistas comentaban en grupos excitados, halagados, optimistas y febriles hazañas bélicas de ellos y de sus antepasados en las fuerzas contra Estribor, acosos gloriosos a parlamentarios estribonitas, apoyos incondicionales al lejano líder oriental Kim El Radiante, que desde hacía ya tres generaciones estaba empeñado en la noble causa de la Igualdad Suma, sin reparar en medios ni en que la población hubiera mermado más de un cincuenta por ciento. Kim El Radiante, ¡ay!, estaba lejos, pero el No País ofrecía, ya durante su Guerra Civil y ahora con el advenimiento Rátida, la oportunidad de excitantes batallas lidiadas, a conveniente distancia, en tierra ajena. Y gratis total.

– ¿Quién es Diktátor? – preguntó tímidamente Offing, un periodista de Albinia joven, flaco y rubio.

Su compañero, entrado ampliamente en la madurez, inclinó la cabeza, guardó grabadora y notas y se acomodó en el asiento del fondo donde, en la penumbra y separados de los numerosos corrillos, tenía lugar la charla.

-Diktátor….Claro, ellos lo dan por sabido, pero no es cierto. Es verdad que basta con citarlo para sembrar el pánico. Algunos de nuestros abuelos lucharon en la cruenta guerra civil que hubo en estas latitudes.

– ¿Te refieres a la epopeya de Babor contra Estribor?

-A uno de sus capítulos, porque como sabes, Offing, se trata de una batalla ancestral, el Mal y el Bien, aunque en estos tiempos revueltos ya las cosas se confundan y no haya dos frentes con la claridad de antaño.

-Creía que eran ya una especie de sagas del pasado, relatos que cambian. Fíjate, en mis islas antes los vikingos eran piratas que mataban, robaban y quemaban. Ahora son fundadores de nuevos reinos, audaces pobladores de lejanas tierras.

-La historia ha sido distinta en estos mares. Aquí venció la Maldad, Estribor, en la batalla. Y su jefe, Diktátor, reinó como líder supremo durante décadas.

– ¡Y su pueblo huyó, se rebeló en masa, mendigó el pan y la sal de los que se apropiaban los servidores del tirano! Los caminos estaban sembrados sin duda, en las fiestas conmemorativas, de ajusticiados de Babor. ¡Debo escribir algo sobre esto! – Offing se estaba entusiasmando ante la crónica retrospectiva de los terribles sucesos, más trágicos por lo repetidos durante años innumerables y, sin embargo, extrañamente sepultados por el polvo del olvido.

-Tranquilo- le dijo su compañero, que se llamaba Metáforos y procedía de un pueblo costero del sur. -No fue así…exactamente. Al menos eso creo. No, los habitantes no huyeron en tropel, ni se batieron, tras la victoria de las huestes de Estribor, hasta la última gota de su sangre.

-Sin duda les separaba de la libertad el alto muro construido por el terrible régimen, vigilado por mastines rabiosos y armas automáticas.

-Pues no, Offing. No hubo, no ahí, muro. Salían, entraban y salían. Ya sabes que la gente olvida, se acomoda. Los padres de un colega mío estuvieron en el No País antes de serlo, de vacaciones. No les iba tan mal.

-Pero acabaron asesinando al tirano horrendo.

-Efectivamente murió.

– ¡Ah! ¡Lo sabía! Justicia, merecida justicia.

-Diktátor murió de vejez. -apuntó Metáforos, más apesadumbrado por la decepción de su compañero que por el final de la historia.

-Estribor fue aplastado por Babor sin duda.

-Los últimos años han sido confusos. El No País aún no lo era, cada vez se distinguía menos de los demás países. Y con Babor y Estribor pasaba lo mismo. Hasta que Igualísima y los suyos comenzaron a imponerse y a establecer la cadena de Monumentos Defensivos….

– ¿Contra quién? – Offing seguía el relato con dificultad.

-Contra Diktátor, sus manifestaciones, sus encarnaciones. Todo Estribor, cada fragmento de Estribor es, puede ser él.

Offing consultó sus notas. Propuso lleno de entusiasmo:

– ¡Investiguemos! La oportunidad es excelente, primera invitación oficial del alto mando rátida. Buena parte de la flotilla está desplegada alrededor. No hemos visto ni a uno solo de los galeotes. A mí no me convence…

-Baja la voz- Metáforos miró a su alrededor con inquietud. Su joven compañero estaba menos afectado que el resto por el generoso servicio de espirituosos, la larga e intensa jornada y el viaje previo. Offing había heredado de sus antepasados vikingos la resistencia al alcohol. Vibraba de curiosidad y energía.

-Subamos a cubierta- propuso Metáforos.

 

 

 

15

Gal

 

Su idea era continuar la conversación en un ambiente más discreto. Nadie vigilaba las escaleras porque los encargados de hacerlo yacían embriagados por el generoso reparto de esencia de tocino rancio de la cosecha del siglo pasado.

-La cecina ciega mis ojos….- tarareaba uno de ellos. Otro, que en tiempos había trabajado de enlace en el sindicato Galeotes Sin Fronteras, repetía con insistencia etílica fragmentos de una de las canciones de Pasta Supina: -Me pagan por eso….Me pagan por eso….-

Afuera reinaba el silencio. Demasiado silencio. Se acodaron en la borda.

Una sombra recorría el barco, un susurro metálico rozó la escalerilla, una mano introdujo un papel arrugado en el bloc de notas de Offing, que sobresalía del bolsillo de su chaqueta.

Metáforos había oído algo y se volvió hacia cubierta. La sombra se escabulló rápidamente, pero no lo bastante como para que ambos no distinguieran a alguien de pequeña talla que desaparecía por una escotilla.

-Parece un niño. Pero la población del anterior sistema no está en este barco-comentó a Offing.

Los dos periodistas olfatearon oportunidad, misterio y noticia. Sabían que las ratas eran pueblo celoso de sus asuntos internos, que no comunicaban sino lo acordado y anunciado con pompa y preparaciones, pero aquella noche la tripulación de la lujosa galera de recepciones y grandes eventos se había entregado a la confianza y la ebriedad, al reposo que sucede a conquista, puesto que consideraban afianzado su régimen y abierto el camino al mundial reconocimiento y a los grandes proyectos de expansión. Paralelamente, Juventudes Rátidas y Rátidas Primera Regional disfrutaban mascando diminutos trozos de la bandera, en tiempos anteriores a la gesta del Hundimiento del Buque Correo, del No País, la cual se habían divertido desgarrando y apostando a ver quién lograba separar el trozo más pequeño.

Ambos periodistas dudaron.

-Vamos.

Y descendieron ambos por la escotilla.

Todo estaba húmedo, ligeramente viscoso y sombrío. Oyeron cerrarse puertas excepto una mal encajada. En el interior no había sino oscuridad y moho, un espacio pequeño con viejas cuerdas y algunos barriles. Repentinamente de un tablón desprendido muy cercano, surgió un brazo que atenazó el de Offing. Era un galeote, un tipo grande, ciertamente no el que habían entrevisto arriba. Sus ojos brillaban en la oscuridad. El encuentro fue tan breve que apenas intercambiaron algunas palabras. Dijo:

– ¿La habéis visto? A la sirena, ¿verdad?

– ¿Sirena? Había alguien pequeño….

-Es ella, la que huye, aparece y desaparece. Sabemos que va de barco en barco. Es de los nuestros. La persiguen. Se escapó un día y se escapa siempre.

Alguien que parecía también surgido de la pared apoyó familiarmente la mano en el hombro de Metáforos. Entonces pudieron verlos: Dos tipos con el cabello largo y costroso de sal, de hombros anchos que les hacían parecer más altos de lo que eran.

– ¿Qué queréis? ¿Quiénes sois?

-Huidos. Prófugos. Proscritos. Éste es, era, el Remo número 32, nombre actual Orky, y yo el Remo número 24, Kraky.

-Es que hemos elegido, llamarnos como grandes animales asesinos, Kraken y Orca; pero sin exagerar. -puntualizó Orky-, nombres que den un poco de miedo.

– ¡Prófugos! ¿De un sistema donde reinan la felicidad y, sobre todo, la igualdad, según nos dijeron? ¿Verdad, Offing? -Metáforos se volvió hacia su compañero, quien, tras la sorpresa inicial, había sacado su bloc de notas y comenzaba a escribir.

-Bueno…-respondió éste- Lo de la felicidad y la igualdad absolutas….En el País de la Reina Eterna somos muy pragmáticos, algo desconfiados, no lo tenemos claro. Había que investigar. Es una prioridad asegurar el comercio marítimo.

-Ni la medusa más tonta se lo hubiera creído-Había no poca ironía en la voz de Kraky.

-Sin embargo era mucho peor, muchísimo peor, en la época de Diktátor.

-La era de la Dictadura Horrenda.

Los dos periodistas habían hablado casi a coro porque hasta en los más elementales libros de historia existían un antes y un después que explicaban, antes, ahora y para siempre, cuanto ocurrió, ocurría o podría ocurrir en el No País y la flota rátida. Hemerotecas, diarios, textos escolares, medios sonoros y publicaciones diversas se nutrían del regular flujo informativo que llegaba desde la flota. Hasta la Reina Eterna del país de Offing, entre sorbo y sorbo de licor de la juventud imperecedera mezclado con su té, lo leía en el boletín por las tardes.

-Sois felices-insistió Metáforos-; y es hermoso saber que hay un lugar así y que os apoyamos, y navegamos por vuestros cálidos mares disfrutando del mejor marisco. ¡Es bello que haya paraísos!

-Siempre y cuando estén a cierta distancia….-Offing era un tipo reticente. – ¿Y la sirena?

-Ella…Nosotros os enseñaremos muchas cosas. Si os atrevéis. -dijo el ex Remo número 24-Hablad. Escribid. Podéis hacerlo. ¡Cuidado!

Las ratas de guardia chillaban arriba; se habían despejado lo suficiente como dar un breve paseo de reconocimiento. De un tirón brusco hacia dentro, los dos visitantes se encontraron en un pasillo estrecho mientras el tablón se ajustaba al resto ocultando la entrada. El hombre – ¿era un galeote? Y si no lo era, ¿quién? – corría delante. Iban dejando atrás pasillos laterales y huecos que al principio intentaron contar para luego volver sobre sus pasos, pero desecharon la tarea por imposible.

-Bajad. -les dijo.

Eran escalones, no las escalerillas habituales. Algo se cerró sobre sus cabezas. Hubo un chapoteo. Gentes que no distinguían trajeron una luz. Había agua en el charco de la esquina, y sentada en su orilla se encontraba una figura menuda, vestida de gris excepto la parte inferior del cuerpo, de un verde brillante y embutida en algo tubular.

– ¡La sirena!

-O tritón.

– ¡Qué reportaje!

Metáforos se acercó y se presentó educadamente. Su familiaridad con los mitos grecolatinos le permitía considerar con notable amplitud de criterio la existencia de seres especiales, mixtos y diversos.

-Corresponsal del Odiseo Incansable y del semanal Club Pericles.

– ¿Del Viejo Continente? ¿Del mundo externo? -la voz era femenina y no tenía nada de infantil. Se expresaba con tono cristalino y un leve burbujeo de fondo.

Offing alargó a su vez la mano en saludo:

-Escribo para el News from the Continent y para la gaceta de la Reina Eterna. La Reina de mi país lo es; eso da mucha estabilidad a las instituciones.

-Soy Gal, y era galeote antes.

La mano que estrechó no estaba fría ni resbaladiza.

– ¿Era galeota?

Gal azotó la superficie del charco con la extremidad verde y pareció encolerizada. Subió el tono:

– ¡Qué galeota ni qué nada! ¿También os ha aquejado en vuestro lejano país la peste de la vocal final que usaron las ratas como consigna? ¿los ballenos y las ballenas, los delfines y las delfinas? Mi nombre era Galerna, en vez de ser galeota, pero escogí Gal.

Offing observó que nada tenía de niña. Se sentó cerca, bloc en mano.

Comenzó una larga y un tanto frenética conversación. Gal quería explicarles todo, enseñarles todo, y el tiempo apremiaba.

– ¿Conocéis la cámara acorazada de los almacenes de memoria?, ¿la gabarra de los lisiados?, la santabárbara para dinamitar embalses y carreteras de la época de Diktátor?, ¿la central M.O.P.I., Ministerio de Obras Públicas Inútiles?, ¿las salas ocultas donde está la máquina de fabricar tribus?, ¿los planos para hacer todos los ríos circulares, con su virrey en el medio? ¿Y la reproductora gigante de agravios ancestrales? Mira el mapa que te di de cuanto transporta la flota.

Offing sacó el papel arrugado de su cuaderno. Era mucho más minucioso y cuidadoso en su dibujo de lo que en principio hubiera podido creer. Él y su compañero anotaban febrilmente. Gal usaba un vocabulario amplio, de inusitada riqueza. Parecía que no iba a terminar la enumeración nunca.

En el fervor de la conversación, Gal echó la cabeza hacia atrás y la capucha gris se deslizó sobre sus hombros. Su cabeza estaba muy cerca de la de Offing y él vio que los ojos parecían contener los reflejos cambiantes del agua, y que su pelo era de tres colores diferentes y ondeaba en una corta melena de bucles amplios que recordaban a la rizada superficie del mar.

A él se le cayó el bloc de notas, y Gal observó mientras se inclinaba para recogerlo que aquel extranjero tenía cráneo y barbilla cubiertos de fino cabello rubio, sin pizca de salitre, que la piel parecía de gran suavidad y que sin embargo sus manos y brazos daban sensación de valor e incluso de atrevimiento. Algo que no comprendía la impulsó a coger, al tiempo que Offing, el cuaderno y rozar sus dedos. El rostro de él cambió, sorprendentemente, de color como ocurre con las medusas cuando pasan del azulado al rosáceo. Las cejas también eran rubias, los ojos oscuros del tono de la madera de navío, y estables como ésta.

¿Eres….eres realmente una sirena?

– ¿Ya te dijeron que soy la sirena fantasma?

-Las sirenas matan, embrujan y matan-terció Metáforos, y añadió en un susurro:

– ¿Y si es una espía de los antiguos partidarios de Diktátor? Se cuenta que existen. Terribles, temibles, estriboritas extremos.

No hubo tiempo para respuestas. Se encontraron rodeados por el sonido de artilugios de dos ruedas que golpeaban pasillos y escaleras en su avance

– ¡Persecución, persecución! No saben dónde estamos pero sospechan, y las Ratas han enviado a las fuerzas de búsqueda de disidentes en varios destacamentos.

– ¡Qué ruido infernal! -Offing se tapó los oídos.

-Es una de sus armas. Son los Rataciclos.

Entonces se sumergieron en el charco, bucearon brevemente y emergieron en recónditas dependencias. Allí, mientras algunos exgaleotes discutían el plan de fuga, otros les explicaron en qué consistían las Fuerzas Represivas Rátidas. Cuando introdujeron el rataciclo aseguraron que era para mejorar la salud física y mental de las tripulaciones. Pronto se reveló su siniestra función, su agresividad arrolladora. Ninguna cabina, pasillo, cubierta, estaba libre a hora alguna de su ataque. En cualquier instante un rataciclo conducido con febril y prepotente pedaleo por vigorosas ratas aferradas con dientes y rabo al manillar podía arrollar al humano, machacar al menos rápido y más débil, privarle de transporte y comida, someterlo a tratos degradantes y a insultos por oponerse a la salud y al progreso, hacer pasar sobre él a toda la manada triunfal que le escupiría además desde la altura de las dos ruedas. Su llegada era anunciada por la bocina de timbre desgarrador, la parálisis general del público y el altavoz que denunciaba los vergonzosos medios de transporte, de cuatro ruedas, del tiempo pasado, devoradores de la energía de la bondadosa Madre Naturaleza. Cualquier galeote debía, cuando se aproximaban, detenerse y permanecer, sonriente, en posición de saludo. A continuación, solía llegar el carromato de retirada de víctimas: lisiados, ancianos, torpes peatones, gentes variadas de mediana edad todavía reticentes ante las bondades del nuevo y sano régimen. Los cuerpos desaparecían rumbo a un trillado del que no se solía volver.

La tropa entonó el largo himno del Destacamento Rataciclo. Los ecos de sus voces agudas multiplicados por el eco de los pasillos y por el estruendo de su paso producían pavor.

 

No hay nada igual

al pedal, al pedal.

Arrollemos con desdén.

Al peatón que le den,

que le den su merecido

y que sea escarnecido.

Cuatro ruedas es senil,

enemigo, torpe y vil.

Nuestra es la superficie.

Combatamos la molicie.

Las especies inferiores

tiemblan ante los señores

del manillar poderoso.

El pedaleo, ¡qué hermoso!

¡Rataciclos sin fronteras

ocupando las aceras!

Elimínese el transporte.

Todo el mundo a hacer deporte.

Desde la proa a la quilla

impere la zapatilla.

Sométete o te reciclo.

¡Viva, viva el Rataciclo!

 

– ¡Qué memoria tienen! -se dijo Metáforos recordando a los aedos de antaño. Pero, al aguzar el oído, se dio cuenta de que había solistas y coro, de forma que los fragmentos del himno se repartían al cantar y finalizaban todos luego, a modo de estribillo, con la alabanza al pedal, la amenaza de reciclaje y los vivas al Rataciclo.

-Hay que salir de aquí. Las ratas tienen olfato. – ¡Rápido!

Kraky había cogido del brazo a Metáforos mientras Gal hacía lo propio con su compañero. Era tiempo, porque el estruendo se aproximaba. Los agentes se detenían de cuando en cuando y golpeaban las paredes para verificar posibles escondites.

Comenzó entonces una carrera desaforada que desde cubierta los dos periodistas nunca hubieran creído posible. Las bodegas parecían abrigar incontables espacios comunicantes. Offing advirtió que los dedos de Gal se clavaban en la palma de su mano y que las uñas tenían un tono azulado. Ella se desplazaba como deslizándose por todas las superficies. No sabía si la joven, suponiendo que lo fuese, le inspiraba atracción o repulsión.

– ¿Eres una sirena? -acertó a preguntar de nuevo sin detenerse en la huida.

-No. -respondió en un tono bastante seco.

Ahora estaban en una especie de almacén de géneros apilados en montones grises cubiertos de lonas. Sin que mediaran explicaciones, a toda velocidad, los galeotes disidentes se enfundaron prendas que llamaron “de camuflaje”. El cuerpo de Gal ya no se prolongaba en el tubo verde brillante sino en anchos pantalones de algas.

-Las ratas tienen buen oído y buen olfato, pero no tan buena vista-explicaron.

-No eres una sirena…-Offing sentía una mezcla de alivio y de decepción.

Por primera vez Gal esbozó algo que se parecía a una sonrisa:

-Pero estuve a punto de serlo-respondió-. Cuando tenemos alguna enfermedad en las piernas nos reciclan para adaptarnos exclusivamente al remo y utilizarnos de la cintura para arriba. La etapa siguiente es la escotilla de desechos, la Cueva del Lastre o la Cala de los Malditos para los que se fugan y consiguen llegar a ella. Ahí estuve yo.

– ¿Qué nos ponemos nosotros? -preguntó Metáforos.

-Nada. Os enseñaremos el camino de vuelta. La patrulla va en dirección contraria. Es importante que lleguéis a aquí- Gal señaló un punto en el arrugado pero legible mapa de la flota.

-Asegurémonos de que todos han pasado.

Miraron por una rendija. Había aún ratas rezagadas, que cruzaban tarareando el himno y agitando la banderita diminuta, con dos largas orejas enlazadas, que distinguía a la policía. Llevaban camisetas con la imagen de una sonriente y paternal Rata Primera y una Rata Segunda que lucía la banda del Pedal de Oro Honorífico. Pasó el último, que compensaba su escasa velocidad cantando el himno con pasión.

– ¡Ahora! -dijeron a los periodistas.

– ¿Cuándo nos veremos? -preguntaron ellos.

-Pronto. ¡Seguid a Orky antes de que vuelvan!

Nueva zambullida. Emergieron en estancias oscuras que no tenían apenas tiempo de mirar. Pasillos iluminados por un leve resplandor. Offing observó que la huella de las uñas azules de Gal había quedado marcada en la palma de su mano. Orky iba muy deprisa y les señalaba huecos y pasadizos con un ademán.

De repente su guía desapareció, los ruidos cesaron, palparon una escalerilla próxima.

Metáforos y Offing se encontraron con sorpresa de nuevo en la cubierta de la galera, con un cielo encapotado bajo el que se adivinaban los bultos de la numerosa flota. De uno de ellos, apenas perceptible, se filtraba por las claraboyas una curiosa luz azul.

La observaron con fijeza, apoyados en la borda. Y, al bajar la vista, vieron la chalupa amarrada al costado. Miraron el arrugado mapa cuya tinta, calamar de primera calidad, no parecía haber sufrido por el contacto con el agua.

El mar era una balsa de aceite.

– ¿Y si…? – Offing comenzó a buscar una escala de cuerda.

-Nos cogerán. Nos quitarán el permiso. Nos…tal vez nos morderán. – Metáforos negaba con el antiguo gesto de su pueblo de origen, hincando la barbilla en el pecho, pero al tiempo sus gestos lo traicionaban y, acostumbrado al medio marinero, encontró pronto la escala.

Bajaron.

 

 

 

16

El Galeón de los Ritos Oscuros

 

La galera, que parecía próxima, estaba lejos y la navegación se les hizo larga. Procuraban hundir los remos sin hacer el menor ruido. De todas formas el griterío e iluminación de la nave de las grandes recepciones ahogaba cualquier otra señal cercana.

-Hemos bajado, sin pensar, por el lado de estribor -susurró Metáforos temeroso- ¡El lado del Mal!

Alzaron los remos. El regreso, a plena luz según se acercaran, de los focos multicolores de la fiesta, era arriesgado. Convenía esperar a que, como los guardianes, se durmieran casi todos. No podían permanecer, estúpidamente, al pairo mientras la noticia, el posible reportaje, se escondía en alguno de aquellos bultos negros que se balanceaban en la zona prohibida. Más tarde subirían, sin riesgos, por la borda reglamentaria. Continuaron. Sólo cuando estaban ya muy cerca de la luz espectral, tenue, un tanto metálica se dieron cuenta de algo que les erizó el cabello. No estaban solos. Su bote no era el único, pero sí el menor. Flotando tranquilamente había otros, al parecer vacíos, como si hubieran depositado y esperaran de nuevo a sus pasajeros.

Llegaron a la nave, se deslizaron a su alrededor y miraron por las claraboyas. De las inferiores venía la luz, que parecía proceder de multitud de pequeños objetos. Éstos se desplazaban a veces.

Offing estaba fascinado por el silencio misterioso y el riesgo, pero Metáforos tomó la iniciativa:

-Subamos.

Era grande el silencio, nadie en cubierta. Lo opuesto del jolgorio en la galera de recepciones. Ni siquiera vigilantes, y escasa la iluminación de los faroles en proa, popa y el mástil principal. Como si existiera la completa seguridad de que nadie podía querer ir allí. Los dos humanos se movieron por la cubierta, a distintos niveles, de un compartimento a otro. No era un barco usual hecho para que lo habitaran tripulaciones. De cuando en cuando encontraban un dibujo, signos extraños, indicaciones en las que se repetía una garra gris con una uña larga que apuntaba hacia el esquema de un pedestal y una especie de medalla de oro. Los siguieron. Pronto les llegó otro indicio: el olor a humo, un humo especial, cargado del fuerte olor de la grasa de las ofrendas. Habían oído hablar de nuevos ritos imitados de los antiguos usos por los rátidas. Entonces supieron que la nave era, toda ella, un templo.

No se sabía que hubiese religiones en la nación rátida. Más aún: sus dirigentes abominaban de aquellas creencias opresoras a las que antes se entregaban los humanos. Rata Máxima concentraba, en toda su pureza, los ideales, era la Víctima entre las víctimas, la Igualísima entre los iguales, la Etérea Defensora de la Paz Planetaria, la Humildísima Servidora de los Sufrientes. Llegados a estado tan benéfico, no podía haber otros dioses. Y, sobre todo, ella, junto con Rata Primera, Rata Segunda, Rata Ecónoma, Rata Mayor, Ratas Insaciables de la Montaña Este, Ratas Purasangre de la Montaña Norte y Rata Parda de Propaganda Multicultural, habían luchado y vencido a Diktátor, el abominable tirano muerto hacía décadas pero en el que se encarnó todo el Mal, la esencia estriborita. Los galeotes, el antiguo No-País, Euralia y el mundo entero habían así contraído una deuda impagable con la nación Rátida y nadie se atrevía a discutir detalles.

La pasada experiencia les había servido para manejarse en el interior de aquellos curiosos laberintos flotantes. Guiados por el olor y por un lejano murmullo mezcla de siseos y chillidos, despacio y con gran prudencia, sin seguir las indicaciones de manera directa, ascendieron por una escalerilla, luego se arrastraron por rampas tras las que se abrían en la pared respiraderos en forma de claraboyas, pequeños, en círculos de cinco en cinco., todo a lo largo en una vasta extensión. Miraron, y les recorrió un escalofrío.

Abajo, como un estanque lodoso, se situaban ondulantes filas de ratas en una formación sin gran orden, rota por movimientos, gestos, palmas una contra otra de las patas. Parecían excitadas, atentas y felices. A su felicidad contribuían la embriaguez del humo espeso, las bandejas de vituallas –con quesos mucho más variados que los del festejo a la prensa y además exóticos embutidos foráneos- y los cuencos de líquidos que lamían chupándose luego los bigotes.

-Son pocas-susurró a su compañero Metáforos.

-Con demasiados dientes. No creo que nos acogieran con entusiasmo. -respondió él.

Bajaron por otra rampa para, sin perder perspectiva, verlas más de cerca. Entonces advirtieron que no eran ratas ordinarias sino de especial categoría, con insignias de diversos cargos y títulos, colgados del cuello, de delegadas de los departamentos de información, educación, difusión y elaboración histórica. Repentinamente se hizo un silencio expectante, las filas se apretaron dejando paso a los dirigentes que saludaban y enseñaban a manera de sonrisa la blancura de sus colmillos. Eran las Ratas Máximas, los conocidos líderes de la Nación Rátida. Se situaron, en un pequeño grupo, en cabeza, al pie de algo que parecía un gran monumento cubierto por gruesas telas. Brillaron lámparas que sustituían a los pequeños faroles de luz azul. Se cerraron herméticamente, con un largo rechinar, todas las entradas.

– ¿Tendremos, hacia atrás, salida, Offing?

-No vamos a irnos ahora.

– ¿Tú no tienes miedo?

-Miedo no. Estoy aterrado, Metáforos. Pero me quedo. Además, luego podremos guiarnos con el mapa.

-Calla. Empiezan.

Escucharon. Y se dieron cuenta con sorpresa de que les favorecía el escaso nivel de ruido y la sonoridad de la sala que, con su forma oval, parecía recoger, devolver las voces, de manera que, aunque se hablaba en tono menor, como quien no desea ser oído en el exterior y además mantiene una actitud reverencial, podían seguir el discurso. Comenzaron a fotografiar y tomar notas febrilmente.

-Compañeras, escogidas compañeras del Ministerio de la Devoción Secreta, nos hemos reunido, como acostumbramos en fechas importantes, para rendir el merecido tributo de agradecimiento y homenaje al ser sin el cual nunca gozaríamos del poder del que disfrutamos.

Los líderes rátidas hablaban de pie frente al auditorio, sin pódium pero cuidando muy mucho el presentarse a la misma altura, por lo que calzaban suelas de distinto grosor en pro de la imagen igualitaria. A su espalda la superficie velada se iluminaba lentamente y las gruesas telas comenzaban a ondular.

-Compañeras, entonemos nuestra acción de gracias:

Sin abandonar el medido tono de voz, el breve himno se elevó acompañado por la vibración de algunos instrumentos, que eran en realidad el fino rabo de las encargadas de la música de cámara:

 

Luz de nuestra especie, ser providencial

que siempre nos haces Buenos frente al Mal,

gracias a tu guerra, gracias a tu historia,

estamos y estaremos en la gloria.

Como una sola rata tus pies beso.

A ti debemos voz, poder y queso.

 

Y comenzó una danza lenta. Los reunidos avanzaban y retrocedían, tras lamer el pavimento sobre el que reposaba el borde del enorme telón. Pronto el suelo adquirió un húmedo brillo.

-Permitamos que también los representantes de las antiguas, desiguales y atrasadas naciones se aproximen para presentar sus respetos. -dijo la rata que parecía hacer las veces de maestra de ceremonias.

Desde el fondo, con paso tímido, comenzaron a aproximarse algunos galeotes, muy distintos de los pocos que los dos periodistas habían tenido ocasión de ver. Ni su cabello tenía costras de sal ni su ropa estaba descuidada. Vestían austeras pero limpias túnicas grises con un pequeño remo amarillo cosido a la manga. Llegados al frente, entonaron:

 

¡Todo el amor a Babor!

¡Odiemos siempre a Estribor!

 

– ¿A quién te recuerda el de la izquierda, en la segunda fila?

Metáforos reflexionó. En principio a nadie, pero luego dijo:

-A Orky, se parece a Orky, pero más joven.

Offing le pasó una nota escrita en el reverso de la hoja del mapa que le había dado Gal en la que se leía “Cuidado con las juventudes de galeotes aspirantes a rátidas. Son los más peligrosos”.

Eran, desde luego, los más ardientes porque aquél y otro joven galeote habían avanzado unos pasos y, en un breve discurso lleno de emoción y cortado por los sollozos, agradecían a las ratas dirigentes la confianza que les habían demostrado al permitirles compartir el gran secreto y participar en la periódica acción de gracias. Renegaban de sus turbios orígenes desiguales, de su retrógrada e insolidaria especie, y recordaban, una vez más, que a las legiones salvadoras de la nación rátida y a sus líderes, democráticamente elegidos entre aclamaciones tras el episodio del criminal hundimiento del Buque Correo y el acoso a los instigadores de la catástrofe, debían y deberían todos un futuro luminoso y una próspera e igualitaria existencia.

-No entiendo. ¿Qué es lo que agradecen? -Offing estaba desconcertado. Aunque las noticias eran a veces confusas, se sabía que el gobierno rátida había sido mayoritariamente elegido y que a ello había contribuido no poco su persecución implacable de los causantes del episodio del Buque Correo y su inmaculada defensa del Bien, de los principios baboritas, frente al estriborismo, desde hacía ya más de medio siglo representado por el fenecido pero siempre temido y abominable símbolo del Mal Sumo.

Sus preguntas se transformaron en un interrogante aún mayor porque en el escenario, despejado para la ocasión, comenzaba la parte principal del evento. Los galeotes colaboradores, sin cesar de mostrar con gestos su agradecimiento y emoción, se habían retirado a una esquina y estaban de rodillas, los líderes imponían respetuoso silencio al auditorio y varias ratas se habían lanzado sobre el telón y lo empujaban hacia abajo con los dientes. Se abrió la tela, y una figura enorme, de rasgos humanoides pero mezclados con incisivos y garras de tipo claramente depredador y provista de símbolos de mando con aire militar fue apareciendo despacio entre los pliegues.

– ¡De esto nos salvasteis! ¡De esto! -sollozaron los galeotes colaboradores, mientras del auditorio rátida se elevaba, como una oración, un solo nombre:

– ¡Diktátor!, ¡Diktátor!, ¡Diktátor!

 

 

 

17

El cofre sin tesoro

 

¿Diktátor?…Imposible. Era imposible, absurdo, increíble e impensable. Diktátor era el gran enemigo desaparecido hacía décadas, pero al que las crónicas citaban como ejemplo de todos los males, concentrado de tiranías, símbolo de una época que no se citaba siquiera en los libros de Historia y se sustituía por negros iconos de la perversidad. No había, o no se conocían testigos, de tan nefasto pasado. Sin embargo sirvió para que se alzara como salvadora la nación rátida frente los tímidos y humanos, luego galeotes, a los que bastaba con amenazar con el tratamiento de simpatizantes retrospectivos de Diktátor (¡diktatofista!, ¡retrofista! silbaban las ratas) para que entraran en un estado de pánico, parálisis social y disposición para la servidumbre.

– ¡No puede ser! -exclamaron a la vez, por lo bajo pero horrorizados, los dos periodistas.

Y se asomaron aún más sin advertir que la hoja del mapa, que estaba colocada bajo el cuaderno de notas, se deslizaba hacia fuera. Había en el piso alto cierta corriente de aire marino. Antes de que pudieran impedirlo, vieron como el papel descendía planeando lentamente sobre el auditorio rátida. Una rata levantó la vista, advirtió a una segunda, siguieron la trayectoria, vieron desde donde parecía haber caído. Se levantó un clamor:

– ¡Espías entre nosotras!

– ¡Corramos! -dijeron los periodistas.

Pero la madera era ruidosa y ahora carecían del mapa que les señalizaba el camino de regreso. Huyeron en una dirección, luego en otra. El estruendo se oía cada vez más cerca. Entonces vieron el cofre, en una esquina donde había viejas velas de chalupas. Era enorme, sorprendentemente alto y ancho, y en un escrito apenas legible clavado en la parte de atrás se leía “Pagos hundimiento Buque Correo” y debajo, en letra más pequeña, “Propinas a Piratas Irredentos”. Se cerraba con una llave imponente y herrumbrosa, parecía una antigua caja fuerte que podría haber contenido en sus buenos tiempos el tesoro de varios piratas. Estaba vacío, la llave giraba pero la madera de abajo se desmenuzaba carcomida y su fondo había sido roído y parcialmente devorado por las antepasadas, hambrientas, repudiadas y oprimidas, de la nación rátida.

-Tengo una idea. No nos buscarán en un cofre cerrado por fuera.

Metáforos era hombre de recursos. Se aseguraron de dar varias vueltas a la llave, se introdujeron en el arcón poniéndolo de lado y cuidándose de colocar alrededor telas viejas en las que también ellos se envolvieron, lo pusieron de nuevo de pie y contuvieron la respiración.

Las ratas llegaron, algunas de ellas. Husmearon en todos los sentidos, pero la humedad, el moho y la herrumbre de viejos objetos de metal cubrían otros olores. La reunión había sido secreta, y por ello no estaban presentes en la nave de los ritos oscuros más que pequeños y escogidos cuerpos de guardia. No se oía el estruendo de los rataciclos ni de los escuadrones entrenados en la persecución, por el olor, de posibles disidentes, en cuya detección y caza se habían especializado. La eficacia rátida en la creación de tales cuerpos policiales había traspasado las fronteras. Se trataba de los temibles Hermafroditas Radicales, de los Ecologistas Implacables y, los peores, de los miembros del Corpus Nígrum, que se hacían llamar a sí mismos asesores pedagógicos y sometían a sus prisioneros a audiciones innumerables de los principios igualitarios y de los discursos de Rata Máxima.

Los dos hombres contenían la respiración. Las oyeron alejarse, pero no se atrevieron a dejar su escondite. Cuando, tímidamente, comenzaban a levantar el cofre escucharon pasos diferentes. Por las voces supieron que esta vez se trataba de los galeotes colaboradores. Uno de ellos, precisamente el de las Juventudes Aspirantes a Rátida que tenía manifiesto parecido con Orky, se quedó rezagado. Estaba de espaldas. Había sacado de entre sus ropas algo comestible, escamoteado del festín previo al acto ritual, y aprovechaba para hacerlo desaparecer, en solitario, a grandes bocados.

-Necesitamos un guía-se dijeron los periodistas.

Y, a la desesperada, con una madera aguzada y clavos de los que habían hecho armas provisionales, se lanzaron sobre él, le taparon la boca y le aseguraron que si hacía el menor ruido era galeote muerto.

– ¡Vas a guiarnos hasta la borda menos vigilada!

Él negó con la cabeza y susurró:

– ¡Me enviarán a la Cala de los Malditos! O, peor, a la gruta de las medusas venenosas.

– ¿Cómo te llamas? -preguntó Metáforos.

-Remosumiso 14.

– ¡Tu nombre verdadero, el anterior!

-Óskar, Óskar Brey.

-Pues nosotros te enviaremos más cerca, al baúl de los cangrejos hambrientos.

Offing hizo a su compañero un signo de absoluta ignorancia y desconcierto. No existía tal cosa, y además él era, o había sido hasta hacia pocos minutos, un pacifista militante. Metáforos le hizo señas tranquilizadoras imitando a los inexistentes cangrejos con la mano y haciéndole ver que procedían de su imaginación. Luego, en tono de amenaza terrible, apremió, señalando un rincón sombrío:

– ¡Decídete!

-Os guiaré.

Lo maniataron con jirones de la vieja lona.

Óskar se había teñido parte del pelo en gris plomo y se dejaba crecer las uñas. Hacía cuanto podía para asemejarse a las ratas, pero desde luego no lo conseguía. Tenía los ojos de un azul cándido y cierta impresión de inseguridad y alerta que en nada concordaba con quien está del lado de los vencedores.

– ¿Así que eres el hermano de Orky y estás sirviendo en la policía rátida? -En la voz de Metáforos no había un ápice de complacencia y una de sus manos jugueteaba con un palo del montón de desechos.

-Yo…no tenía opción. Me aseguraron que mi hermano formaba parte del peligroso comando terrorista, afín a Piratas Irredentos, que hundió el Buque Correo. Eso justificó que, respaldadas por nuestro juramento de fidelidad, las ratas se llevasen las Llaves de Mando y todo el tesoro.

-Por lo pronto sácanos de aquí. Ya hablaremos.

Pero no era tan fácil. Una vahada de olor entre rancio y corrompido les anunció un nuevo peligro. Además de a los Rataciclos, el enemigo recurría al armamento químico y había enviado en su busca, como les explicó Óskar, al comando de los Naturalistas Fétidos.

Los tres se introdujeron en una celdilla abandonada, se cubrieron de restos de bacalao para anular su propio olor y Offing, que tomaba febrilmente notas, inquirió:

– ¿Quiénes son los Naturalistas Fétidos?

-Galeotes de la rama Adaptados y Adoptados como ratas honorarias. Jamás usan desodorante, persiguen a cuantos no llevan la vida natural, aquéllos que no procuran asimilarse a las nobles bestias que antes de la aparición, artificial y depredadora, del poder homínido, señoreaban la Tierra.

– ¡Ah! -respondieron los dos periodistas a coro.

El hedor se aproximaba.

– ¡Huyamos! Hay que descolgarse-Óskar parecía aterrorizado-El castigo de un traidor es terrible. ¡Por esta claraboya!

El agua espejeaba tranquila, el barco apenas se mecía y era fácil avanzar por el reborde que sobresalía en el casco. Todo transcurrió muy deprisa; huyeron en un bote tras cortar las amarras de los demás para dificultar la persecución. A tiempo, porque se movían faroles y escuchaban chillidos y voces que delataban la composición mixta, humano-rátida, de los perseguidores. Les llegó un fuerte olor a pachulí que los extranjeros creyeron técnica de camuflaje de Naturalistas Fétidos.

Pero no lo eran.

-Se trata de Hermafroditas Radicales -Óskar había palidecido y parecía aún más aterrado que ante la proximidad del comando anterior. Sin embargo, como si el miedo tuviese sobre él un efecto propulsor, el muchacho se había revelado un guía estimable. Continuó en voz baja y temblorosa:

-Están movilizando a sus mejores efectivos. No quieren que estas noticias transciendan hasta la opinión planetaria. Su plan, que presentarán como benéfico e ilustrado, es geoglobal.

– ¿Quiénes son Hermafroditas Radicales? ¿Ratas? ¿Galeotes?

-Galeotes adoptados, fuerzas de choque, encargados de la acción directa vía rápida para el Paraíso Igualitario. Si nos apresan se asegurarán de que nuestros….atributos sexuales -la palidez de Óskar se tiñó levemente con un rubor de doncella -tienen estrictamente la misma dimensión -Imitó con los dedos el movimiento de unas tijeras.

Los fugitivos maniobraron con desesperación, pero ésta no bastaba para otorgarles la habilidad náutica de la que carecían.

-Yo pensaba que los de Megas Musakia eran un pueblo de marineros-dijo Offing sardónico.

– ¡Y a mí me suena lo de “¡Rule, Britannia! Britannia rule the waves!”. Además, no todos somos Ulises-respondió Metáforos.

La noche era tan oscura que sólo distinguieron al enemigo cuando una garra gris se clavó en la borda.

 

 

 

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Camino de la Cala de los Malditos

 

Estaban perdidos. En efecto, las ratas habían planeado la operación de forma silenciosa para que no llegara el escándalo hasta los demás corresponsales extranjeros, los cuales, por cierto, dormían apaciblemente con el pesado sueño producido por las bebidas espirituosas, los abundantes canapés y la deliciosa perspectiva de viajes a paradisíacos parques temáticos de Paz, Bondad y Amor gracias a los cheques-regalo distribuidos.

Los tres, incluso Óskar, decidieron vender cara su vida, y su integridad física. La primera rata cayó al agua con un chillido, la garra atravesada por el bolígrafo de Offing. Un Hermafrodita Radical lanzó un quejido lastimero cuando Metáforos le golpeó con el remo. El medroso Óskar parecía estar sacando fuerzas de flaqueza y, sea insultaba hábilmente en su peculiar jerga de la policía acción violenta a los adoptados, sea les hacía confundirle en la oscuridad con uno de los suyos.

Pero estaban perdidos. Una mezcla tibia de pachulí, sudor y piel de rata los cubrió.

Entonces se produjo el abordaje salvador. Algo estaba haciendo volcar los botes de la flotilla rátida desde el agua. En ella se movían formas amigas y humanas, espaldas poderosas empujaban las quillas y hacían zozobrar las embarcaciones.

Las ratas no eran diestras en la natación. Estaban acostumbradas a la escasa profundidad de las alcantarillas, a la seguridad del grupo y a la variedad de residuos flotantes que les servían de apoyo y, en tiempos pasados, de alimento. Por su parte los galeotes adoptados que formaban los cuerpos especiales no habían recibido el entrenamiento conveniente porque buena parte de sus horas de formación se había dedicado al aprendizaje de consignas, a sesiones de corrección genérica y a identificación de individualidades adversas.

Offing, que se debatía con el valor de las causas perdidas, notó disminuir la presión enemiga, como si el aire marino soplara de nuevo entre su cuerpo y el tejido de pieles y sonidos. Ellos retrocedían, Orky y Metáforos le devolvieron, sudorosos, el gesto de alivio. Miró al agua.

Y allí vio, como si la encontrara por vez primera, el cuerpo de Gal marcado por las prendas mojadas que la cubrían, su rostro que flotaba con el cabello esparcido. Ella también lo vio, y sonrió. En aquel mismo instante, como un silencio instantáneo en el tumulto, el periodista de Albinia supo que había encontrado su propio continente.

Con el que tomó contacto de forma brusca porque la perentoria orden ¡Saltad todos ya! y el empujón habían sido casi simultáneos y, aunque sabía nadar, se encontró con el brazo firme de ella que lo sujetaba impulsándolo lejos, hacia donde los cubrían la acogedora oscuridad y la bruma. A su lado vio a Metáforos y a Óskar, que no parecían necesitar ayuda alguna.

– ¿Qué hacéis? ¿Por qué hemos dejado los botes? A los rátidas les será más fácil encontrarnos, pescarnos…-preguntó.

-No. Tranquilo. Ya vienen en nuestra ayuda. -reconoció la voz de uno de los galeotes prófugos que había encontrado anteriormente.

– ¿Ayuda? Ellas tienen barcos, tienen lanchas, faroles. Irán rápido.

-También nosotros. -le respondieron.

En efecto. De la nada, como si hubiera surgido del fondo, aunque en realidad había bogado silenciosamente, apareció una extensa mancha negra sobre la que se movían figuras humanas que les hacían señas y les tiraban escalas de cuerda.

La consigna era no delatar su ruta con sonido alguno ni moverse por cubierta hasta que llegaran a su destino final, al refugio. Los extranjeros, acostumbrados a suelos inmóviles, debían permanecer tumbados y aferrados a las tablas mientras aumentaba la velocidad y en el mar, antes tranquilo, se levantaban rizos de espuma.

Metáforos, incapaz en ninguna circunstancia de total silencio, intercambiaba gestos y monosílabos con los exgaleotes más próximos. Así supieron que se encontraban en la Gabarra de los Lisiados, camino de La Cala de los Malditos.

 

 

 

19

La Gabarra de los Lisiados

 

-Tranquilos. Somos, aquí donde nos veis, los desechados por los Rátidas de Aprovechamiento de Recursos Humanos.

– ¿Quiénes? -Metáforos estaba desconcertado y empezaba a creer que cuanto les ocurría era fruto de su imaginación, un delirio provocado por el stress, la fatiga acumulada y las resacas del cóctel de bienvenida. Su interlocutor era un galeote sorprendentemente frágil, delgado, con pelo largo recogido en dos trenzas, ojuelos vivos y cierto aire que hubiera podido llamarse intelectual.

-Me llamo Segis.

Y le tendió la mano izquierda, que él y Offing estrecharon, advirtiendo entonces que la derecha tenía los dedos atrofiados.

-Su nombre me suena- dijo el periodista albinio, aficionado a historias y libros antiguos. Su país se caracterizaba por tener los mayores mercadillos de segunda mano del planeta y él rebuscaba en las pilas de publicaciones.

-Primero fui Segis, de Segismundo; y oficialmente Remo 72. Lo escogí por incordiar. Las referencias tradicionales o se desconocen o molestan. Nada odia más la Nación Rátida que el que alguien sepa más que otro. Firmo las comunicaciones de resistencia galeote con él. Pero ahora no es momento de más explicaciones. Esperad a que nos hayamos alejado suficientemente.

La gabarra era grande, mucho más de lo esperado, y extraordinariamente rápida. Aunque no había luna se movía como si patinara sobre el agua y conociera con exactitud su camino, guiada al parecer en parte por el sonido lejano de invisibles arrecifes. Algo la impulsaba, no sólo el remo. Había mucha gente en cubierta, y otros en una especie de cabina central. Acostumbrada ya la vista a la oscuridad, los rescatados distinguieron a personas de ambos sexos y advirtieron que muchos tenían deficiencias físicas: A aquél le faltaba un pie sustituido por una prótesis mezcla de aleta y rueda, otro se desplazaba con torpeza, varios tenían vendas o se cubrían ojo, nariz u orejas con parches.

Entonces Offing reparó en que Gal, ocupada en explicar algo a un pequeño grupo, no manejaba con soltura sus extremidades inferiores.

-Sirena al fin-se dijo, a sabiendas de que nunca lo había sido. Es más, no sintió disminuir por ello el atractivo extraño que hacia ella había experimentado desde que la vio en el agua, y que ahora lo llevaba a buscar su rostro, que encontraba con frecuencia vuelto hacia él. Gal, como a ráfagas, lo repelía, le inspiraba cierto temor. “Seguro que sabe a anguila” se dijo. Aunque su brazo era cálido cuando le ayudó a subir a la Gabarra de los Lisiados.

– ¿Los Lisiados? -preguntaba muy bajito a Óskar Metáforos.

-Sí -respondió-Ya los ves. Las ratas van desechando material cuando encuentran que no les conviene y les sale gravoso. Lo hacen con extrema discreción, como si nos enviaran a centros de reposo, pero lo sabemos. Hay una trampilla y allá van, después de que una amable acogida y explicación pedagógica sobre las ventajas de la adaptación y el diálogo en el Taller de Aprovechamiento de Recursos Humanos. Sin embargo los prófugos se las arreglaron para….

-Eso se les explicará cuando hayamos llegado. No ahora. -Segis cortó la conversación.

Se aproximaba el ruido de arrecifes, formas que los extranjeros apenas alcanzaban a distinguir. Pronto se encontraron en lo que parecía ser un laberinto de pasadizos y cuevas. La gabarra ancló en una pequeña cala y desde allí caminaron hasta el fondo, siguieron corredores de roca, comenzaron a oír voces, avistar a lo lejos una luz. Y finalmente se encontraron en un espacio amplio, bien acondicionado, al que parecían tener acceso, como si de un vasto salón de entrada se tratara, numerosas viviendas.

Se rompió el silencio. A los recién llegados y a los que ya se encontraban en la sala se fueron uniendo personajes diversos, que resultaban tanto más llamativos cuanto que nada tenían que ver con la uniformidad gris de las ratas. A los periodistas les llamó particularmente la atención un alegre grupo con gorras de colores, barbas y camisetas negras en las que la calavera y dos tibias había sido tachada y a su lado se leía ¡De muerte nada! ¡Vivan los P.I.L.!

– ¿Quiénes son éstos? ¿Quiénes son todos? ¿Dónde estamos? ¿Qué…

Gal se acercó, con aquella sonrisa que Offing veía por vez primera. Le puso la mano en el hombro y él observó que no olía a anguila. Explicó:

-Estáis a salvo. Mañana se os explicará todo. Ahora tenéis que dormir. Os encontráis en La Cala de los Malditos.

Y durmieron, el pesado sueño del cansancio y tensión acumulados, del que no los despertó la juerga que se había organizado en el salón.

 

 

 

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La Gabarra de los Lisiados

 

-Tranquilos. Somos, aquí donde nos veis, los desechados por los Rátidas de Aprovechamiento de Recursos Humanos.

– ¿Quiénes? -Metáforos estaba desconcertado y empezaba a creer que cuanto les ocurría era fruto de su imaginación, un delirio provocado por el stress, la fatiga acumulada y las resacas del cóctel de bienvenida. Su interlocutor era un galeote sorprendentemente frágil, delgado, con pelo largo recogido en dos trenzas, ojuelos vivos y cierto aire que hubiera podido llamarse intelectual.

-Me llamo Segis.

Y le tendió la mano izquierda, que él y Offing estrecharon, advirtiendo entonces que la derecha tenía los dedos atrofiados.

-Su nombre me suena- dijo el periodista albinio, aficionado a historias y libros antiguos. Su país se caracterizaba por tener los mayores mercadillos de segunda mano del planeta y él rebuscaba en las pilas de publicaciones.

-Primero fui Segis, de Segismundo; y oficialmente Remo 72. Lo escogí por incordiar. Las referencias tradicionales o se desconocen o molestan. Nada odia más la Nación Rátida que el que alguien sepa más que otro. Firmo las comunicaciones de resistencia galeote con él. Pero ahora no es momento de más explicaciones. Esperad a que nos hayamos alejado suficientemente.

La gabarra era grande, mucho más de lo esperado, y extraordinariamente rápida. Aunque no había luna se movía como si patinara sobre el agua y conociera con exactitud su camino, guiada al parecer en parte por el sonido lejano de invisibles arrecifes. Algo la impulsaba, no sólo el remo. Había mucha gente en cubierta, y otros en una especie de cabina central. Acostumbrada ya la vista a la oscuridad, los rescatados distinguieron a personas de ambos sexos y advirtieron que muchos tenían deficiencias físicas: A aquél le faltaba un pie sustituido por una prótesis mezcla de aleta y rueda, otro se desplazaba con torpeza, varios tenían vendas o se cubrían ojo, nariz u orejas con parches.

Entonces Offing reparó en que Gal, ocupada en explicar algo a un pequeño grupo, no manejaba con soltura sus extremidades inferiores.

-Sirena al fin-se dijo, a sabiendas de que nunca lo había sido. Es más, no sintió disminuir por ello el atractivo extraño que hacia ella había experimentado desde que la vio en el agua, y que ahora lo llevaba a buscar su rostro, que encontraba con frecuencia vuelto hacia él. Gal, como a ráfagas, lo repelía, le inspiraba cierto temor. “Seguro que sabe a anguila” se dijo. Aunque su brazo era cálido cuando le ayudó a subir a la Gabarra de los Lisiados.

– ¿Los Lisiados? -preguntaba muy bajito a Óskar Metáforos.

-Sí -respondió-Ya los ves. Las ratas van desechando material cuando encuentran que no les conviene y les sale gravoso. Lo hacen con extrema discreción, como si nos enviaran a centros de reposo, pero lo sabemos. Hay una trampilla y allá van, después de que una amable acogida y explicación pedagógica sobre las ventajas de la adaptación y el diálogo en el Taller de Aprovechamiento de Recursos Humanos. Sin embargo los prófugos se las arreglaron para….

-Eso se les explicará cuando hayamos llegado. No ahora. -Segis cortó la conversación.

Se aproximaba el ruido de arrecifes, formas que los extranjeros apenas alcanzaban a distinguir. Pronto se encontraron en lo que parecía ser un laberinto de pasadizos y cuevas. La gabarra ancló en una pequeña cala y desde allí caminaron hasta el fondo, siguieron corredores de roca, comenzaron a oír voces, avistar a lo lejos una luz. Y finalmente se encontraron en un espacio amplio, bien acondicionado, al que parecían tener acceso, como si de un vasto salón de entrada se tratara, numerosas viviendas.

Se rompió el silencio. A los recién llegados y a los que ya se encontraban en la sala se fueron uniendo personajes diversos, que resultaban tanto más llamativos cuanto que nada tenían que ver con la uniformidad gris de las ratas. A los periodistas les llamó particularmente la atención un alegre grupo con gorras de colores, barbas y camisetas negras en las que la calavera y dos tibias había sido tachada y a su lado se leía ¡De muerte nada! ¡Vivan los P.I.L.!

– ¿Quiénes son éstos? ¿Quiénes son todos? ¿Dónde estamos? ¿Qué…

Gal se acercó, con aquella sonrisa que Offing veía por vez primera. Le puso la mano en el hombro y él observó que no olía a anguila. Explicó:

-Estáis a salvo. Mañana se os explicará todo. Ahora tenéis que dormir. Os encontráis en La Cala de los Malditos.

Y durmieron, el pesado sueño del cansancio y tensión acumulados, del que no los despertó la juerga que se había organizado en el salón.

 

 

 

20

Asamblea en la Sala Místico-Planetaria

 

Entre las ratas reinaba gran inquietud. Habían aparentado indiferencia para mantener ante propios y foráneos la imagen de tranquilo dominio y felicidad generalizada que pretendían transmitir al exterior, pero, tras la fallida expedición naval sin los prisioneros que esperaban, eran de suma urgencia medidas excepcionales. Precisaban de una estrategia que blindara sus planes y su poder y garantizara la desaparición de molestos testigos. Habían olfateado por vez primera la amplitud de los grupos de resistencia, la posibilidad de que la mención de Diktátor y de la culpabilidad del anterior gobierno en la matanza del episodio del Buque Correo estuvieran perdiendo su eficacia en otorgarles el control del No-País. Tal vez su número y su gloriosa oferta de completa igualdad no bastasen. Necesitaban consejo.

Se habían reunido, en el Galeón de los Ritos Oscuros, en la estancia a la que sólo se tenía acceso por pasos hábilmente roídos, vecinos al altar de Diktátor, pero disimulados por el fleco dorado del sagrado paño, y estaban el colectivo dirigente en pleno y lo más escogido de la tropa. Animaban la austeridad monacal del recinto algunos carteles de campañas pasadas: Termiteros Sin dinero. Rátidas au visage humain. Cómitres for ever. ¡Larga vida a los ecologistas implacables! La planète c’est nous. Apoyemos a la Policía Pedagógica. La propiedad de conocimientos es un robo. La memoria es un crimen. ¡Cubiles con despensa ya! El regimiento de los Mustélidos, siempre fieles mientras los alimentaran con los manjares que su dieta carnívora pedía, montaba vigilancia en previsión del avistamiento de enemigos externos y reforzaban su celo por si fuera preciso eliminar a algún elemento indeseable de los rátidas.

Los Mustélidos eran un regimiento particularmente feroz. Consideraban que habían sido ancestralmente agraviados por la raza de mamíferos primates homo que, en el musteliceno, habían ocupado sus territorios y les habían arrebatado el puesto egregio que por sus méritos les correspondía. Vivían, pues, en un perpetuo estado de agravio nacional y amargura por sus fueros prehistóricos perdidos y el teórico dominio que hubiera debido corresponderles en el Continente. Compartían los ideales de desguace, desmigajamiento y reparto de las ratas, y degustaban, no sólo con buen apetito sino con fruición gastronómica, los trozos de galeotes no aprovechables que les proporcionaban sus jefes. Eran muy apreciados como mercenarios por las Insaciables del Rincón Este y por las Ratas Purasangre de la Montaña Norte, que hallaban deliciosas las generosas raciones llamadas de compensación del agravio que el Comité Central Rátida les asignaba.

El Comité se sentía, pues, seguro y estaba preparado para recurrir a la más alta instancia. La sala no era muy grande, bastaba para albergar a los escogidos frente a los cuales, en la oscuridad, había un cubo de notables proporciones en el cual, mecido por el líquido que contenía, se iba perfilando un ser que no era rátida, que no parecía de este mundo.

Sólo en las grandes ocasiones, en las especiales emergencias, se recurría al Gran Calamar Inteligente. Las ratas no lo eran, pero sí listas y avispadas en la imitación y el aprendizaje. En especial Rata Segunda, la eminencia gris plomo, y Rata Parda, encargada de la propaganda multicultural. Sabían que los galeotes estuvieron convencidos, durante décadas, de que la especie humana era un deleznable subproducto evolutivo, vergüenza de las otras formas de vida que poblaban el universo. Muchos de los ahora galeotes practicaron la adoración platónica de reptiles, infusorios gigantes y amasijos variados de células caracterizados todos por venir del espacio exterior y poseer un grado de sabiduría, progreso y bondad cósmica de calidad óptima en comparación con el bestial atraso, abominables tendencias y civilización nefasta de los humanos. Nada más natural, así pues, que la sumisión a los consejos del Gran Calamar Inteligente, ser de origen incierto, probablemente extraterrestre, pero que en cualquier caso había aprendido a superar los dos años de esperanza de vida propios de los habitantes de su especie en los mares conocidos y que, por lo tanto, poseía el más refinado lenguaje tentacular y una exquisita capacidad de discernimiento.

– ¡Ilumínanos! ¡Aclara nuestras mentes! ¡Guía nuestros pasos, oh criatura de superioridad infinita! -Rogó Rata Segunda.

– ¡Que la sibila traduzca sus mensajes! -Añadió Rata Parda.

Y la sibila se mostró a ellas.

– ¡Gorgony! ¡Gor-go-ny!. ¡Gor-go-ny! -Corearon todas.

El alboroto cesó súbitamente y fue sustituido por un siseo mitad admirativo mitad temeroso. Porque la figura que había aparecido y se deslizaba alrededor del cubo parecía rodeada de un halo fosforescente, un resplandor variable que correspondía con sus destellos a los de la criatura que se adivinaba al otro lado de la pared transparente y en aquel lenguaje sin sonido se comunicaba con ella.

Gorgony se movía con oscilaciones que despertaban en el auditorio un placer visiblemente sensual que se mezclaba con el miedo. Tenía una figura indeterminada, difícil de adivinar en la penumbra, con los rasgos flexibles de una grande y esbelta rata y al tiempo las extremidades y el rostro de una galeote hembra lampiña. La cubría un tejido de color semejante al del líquido del cubo, surcado por los reflejos que a veces se concentraban en el terrible brillo de los ojos.

– ¡Háblanos! -suplicó Rata Primera, consciente de su obligación como Líder. A su súplica se unió Rata Segunda y tras ella la totalidad del cuerpo de miembros políticos dirigentes.

La figura dio una vuelta completa. Hubo un silencio expectante, un intercambio de reflejos que sólo podía interpretarse como transmisión a la sibila del Gran Calamar Inteligente. Y Gorgony habló:

 

La tinta y el desconcierto

son armas de la victoria.

Quien las use con acierto

logrará fortuna y gloria.

 

El Secretariado Rátida tomaba notas afanosamente. Todos callaron en espera de explicaciones:

 

Dice el sabio Calamar,

Dios del espacio estelar,

que el humano miserable

es especie indeseable.

Borrad pues del Universo

un animal tan perverso.

La igualdad es imposible

con esa bestia terrible.

Salvemos pues al planeta

de la destrucción completa.

Fuera manos. Sólo patas.

¡Todo el poder a las ratas!

 

Hubo vítores entusiastas. Luego humildemente se rogó a la sibila que obtuviese del Gran Calamar Inteligente algunas puntualizaciones para llevar a cabo la tarea. Verdad era que la Nación Rátida había hasta entonces obrado tímidamente, por etapas, se sentía insegura. Ahora comprendía que había llegado el momento de pasar a la gran etapa final: Un mundo sin humanos de gran igualdad rátida.

– ¡Oh, Gorgony!, ¿cómo haremos? Debemos evitar ser atacados por el resto de países a la vez. Hasta ahora hemos llevado una sagaz política de propaganda basada en el culto a la Igualdad Suprema, la Alianza de Paz y Amor baborita, el Respeto Multiforme y la victoriosa lucha ancestral contra el horrible Diktátor.

La respuesta se materializó en una nube de tinta expulsada por el Gran Calamar. Estaba claro: Había que repetir cuantas veces fuera necesario acciones de choque diversas, algunas de gran calado, como el Hundimiento del Buque Correo, otras menores pero reiterativas, continuas y numerosas.

– ¡Mojad uñas y rabo en la tinta! ¡Comenzad a propagar directivas! ¡Afirmad incansables vuestro eterno papel de luchadoras contra todo diktátor pasado, presente y futuro! Ése es el mensaje. -Gorgony se erguía ahora categórica, cercana, símbolo de los suyos. La miraron con adoración.

– ¿Qué es la tinta? ¿Para qué sirve? -preguntó una voz indecisa.

Se oyó una risa mezclada con burbujas y gorgoteo. Y la voz de la sibila, con un tono más alto, festivo y diferente:

-La tinta os muestra las mil formas de enturbiar la visión del enemigo, de dividir hasta el infinito su fuerza como en gotas un tintero. La tinta son los mensajes contrarios, incesantes, halagadores, que enviaréis al resto del planeta, tan abundantes que ya no habrá transparencia en el agua. Habéis utilizado, aprovechado sabiamente a los adversarios, os habéis apropiado de su queso. Llegó el momento de confundirlos y enfrentarlos primero y exterminarlos después. ¡Al trabajo!

Comenzaba el tiempo de las deliberaciones y de las estrategias. El cubo y su ocupante se fueron hundiendo hacia atrás en la oscuridad, pero las ratas habían comprendido. La tinta les mostraba el camino. Sonó una música casi festiva a la que eran muy aficionadas las ratas, que, relajada la tensión y gozosas ante la perspectiva, habían pasado a actuar con febril energía. Se abrió la puerta, pasado el tiempo del alto secreto, a numerosos miembros del grupo que habían permanecido en el exterior, se movieron muebles hasta formar corros que dialogaban y trazaban esquemas con el rabo y uñas mojados en tinta. Rata Primera, Igualísima, se mantenía en un silencio satisfecho, fiel a au papel de líder ideológico que encarnaba la suprema bondad del Reino Futuro cuyo advenimiento era inminente. Las directivas más importantes del plan corrían a cargo de Rata Segunda y su cuerpo escogido de Baboritas Sumas. El resumen de cada directiva y su esquema de puesta en práctica se pasaba acto seguido a los diversos responsables de aplicaciones prácticas, que a su vez los resumían y distribuían a la tropa.

-Atención, compañeras-dijo Rata Segunda, y fue atentamente escuchada. Nadie dudaba de su autoridad, por supuesto inferior en rango a la alta categoría ideológica de Primera, pero en la práctica era el hocico visible y la garra palpable de la Nación Rátida. Tenía todas las cualidades: rápida, astuta, eficaz y también implacable cuando apuntaba la menor disidencia. La aplaudieron antes de que comenzara a hablar. Con la modestia que acostumbraba, ella aceptó las inquebrantables muestras de adhesión que siempre precedían y seguían a sus propuestas, y las enunció lentamente para que nadie alegara ignorancia. Los detalles eran esenciales:

-Los galeotes nunca se habrán sentido más mimados-Rata Segunda sonreía con todos los dientes al resumir los puntos esenciales del plan, acogido con chillidos de satisfacción.

-Ofreceremos dones y beneficios distintos y especiales, mejores en cada caso que los de las demás, a cada galera de la flota. A la tripulación de cada una le diremos que su superioridad respecto al resto obedece, sin mayores merecimientos, a su ubicación marítima según latitud y longitud y al origen, que se ha investigado, de sus tatarabuelos, grandes remeros (hubiera o no litoral, río o puerto) dotados, como ellos, por herencia, de un material sanguíneo de especial densidad y capaces de silbar en una docena de tonos.

-Cuidaremos, mucho más de lo que hasta ahora lo hemos hecho, de las relaciones extranjeras. El equipo de propaganda se está ya empleando a fondo y sigue un régimen energético de hígado de bacalao en vez del tocino habitual. Ofreceremos fructuosos intercambios comerciales y apertura de mercados marinos y nuestra buena voluntad se manifestará en el reparto, junto con la nuestra propia, de banderas de diversos tamaños y diseños que correspondan a cuantos grupos potenciales o imaginarios podamos crear o localizar. Esta maniobra será paralela a un reparto similar a los galeotes.

Hubo un murmullo de desconcierto, e incluso asomos de crítica:

– ¿Su propia bandera? Nos llevó tiempo buscar y desmenuzar la que tenían, difundir la inexistencia del No-País. ¿Y vamos a apoyar, además, las del exterior, dificultando nuestro posterior avance?

-No entendéis-aclaró Rata Segunda, condescendiente -Es el paso, la “tinta” de nuestra posterior etapa. Imaginada en qué van a emplear su energía, qué va a ocupar la mayor parte de sus conversaciones, de su tiempo. En realidad, ellos no han asimilado el ideal de la igualdad completa, suspiran por que su remo sea mejor que el del vecino, o que al menos la cadena del vecino brille menos que la suya. De nada sirve con ellos la tinta de los halagos si no se acompaña de reparaciones inacabables unidas a la afirmación de que cuando a uno lo supera otro individuo de su especie sólo es siempre por manifiesta injusticia.

– ¿Y los países extranjeros? El mundo es grande, nuestro dominio aún reducido.

La Rata del Ministerio de Superficies Exteriores intervino:

-No estamos solas, compañeras. El hecho de que seamos poco visibles esconde nuestro poder, basado en el número, la oportunidad y la prudencia. Hemos establecido fructuosos contactos con los gobiernos rátidas en la sombra, quienes, desde las alcantarillas más lejanas, nos aseguran su apoyo y adhesión a nuestra causa. Por lo pronto, como prueba de fidelidad, han comenzado a erosionar las zonas estrechas que separan algunas naciones (las anchas ya se andará) siguiendo nuestra táctica, en realización muy avanzada, de roer montes con el noble fin de dejar el No-País definitivamente aislado, no ya de Camemberia, sino de Euralia. Pronto nuestra flota bogará alrededor de lo que fue la tierra firme origen de las tripulaciones que ahora nos sirven y para la que tenemos, cuando flote a gran distancia y esté convenientemente remojada y apta para el troceo, grandes proyectos de uso para la producción de queso y otras delicias, porque nuestra gastronomía omnívora ha variado y mejorado notablemente. Tarea por supuesto a cargo de la mano de obra que seleccionemos al efecto.

Rata Primera intervino, brevemente:

-Soy, como sabéis, no sólo la que veis aquí sino la concentración misma del pueblo rátida. La única voluntad es la vuestra, y no la de delegación ni institución alguna. Por ello, y como prueba del ideal de igualdad y unanimidad baborita que nos caracteriza, votad a cola alzada, las que estén a favor de cuanto se ha propuesto.

Como un único cuerpo gris erizado de apéndices, se alzó la unánime y afirmativa respuesta. Igualísima agradeció la confianza y el Secretariado pareció tomar nota.

Continuaron durante algún tiempo y, una vez el trabajo distribuido y las siguientes citas fijadas, se disolvió la asamblea en un ambiente casi de euforia. Lo acompañó la alegre música a cuyos sones se abandonó el recinto. A las ratas les gustaban especialmente los solos de flauta. Tras una cortés reverencia dirigida a la mesa de notables y, con inclinación más profunda, al oscuro fondo tras el que habían desaparecido Calamar Gigante Inteligente y su sibila, salieron siguiendo el sonido que se desplazaba hacia el pasillo contiguo y luego continuaron, tras él, por los restantes pasadizos.

El grupo dirigente se aseguró de que sus miembros eran los únicos que quedaban en el salón y que se había cerrado por dentro el acceso. Entonces entró por el agujero de ventilación situado al fondo el jefe de los Mustélidos.

-Hay un trabajo urgente por terminar. -le dijo la Secretaria.

-Nosotros no fallamos, tenéis pruebas-aseguró el vigoroso carnívoro.

-Para eso os pagamos, espléndidamente por cierto. Os lleváis los mejores bocados. Estás engordando.

Mustélido One no se dignó responder, pero se relamió los bigotes.

-Los dos periodistas deben desaparecer; sin rastros. Ni un pelo ni una uña. Y queremos a la chica viva; ella nos llevará a los otros. -continuó la Secretaria, y procedió a concretar estrategia, datos y recompensa.

Con la agilidad y discreción que le eran propias, el mustélido deslizó por la abertura su flexible cuerpo.

– ¿Podemos confiar en él? -preguntó Rata Tercera.

-Podemos, porque podemos pagarle. Con nadie hubieran engordado tanto.

– ¿No hubiera sido mejor recurrir a Piratas Irredentos? Al menos, que sean culpables oficiales caso de problemas. Como en lo de la explosión del Buque Correo, cuando….

– ¡Calla! Ese episodio ni lo nombres. Olvidado, enterrado, cubierto para siempre por el agua. Atente a la versión oficial. Malvados terroristas.

-Providenciales diría yo. Los galeotes, y su queso, se echaron en nuestros brazos.

-Piratas Irredentos pueden valer como mano de obra asociada, en trabajos concretos, pero son simples sin estabilidad alguna. Excepto los PIL, los Piratas Irredentos Libres, la rama disidente, y peligrosa.

-Muchos Irredentos están incorporándose a los PIF, Piratas Irredentos Fundamentalistas. Con ellos, para exterminaciones urgentes, se puede contar.

-Por lo pronto, nos atendremos a los Mustélidos, y ya veremos si el asunto se complica.

El mar, hasta entonces tranquilo, respondió a la suave brisa meciendo la embarcación. Los dirigentes rátidas agotaron algunas botellas de bebidas espirituosas acompañadas de tocino de la mejor calidad y se entregaron al plácido sueño de un merecido descanso.

 

 

 

 

21

El dúo de la solución final

 

Pero Rata Segunda no descansaba. Esperaba en un discreto reservado amueblado con comodidad, al estilo de las antiguas viviendas del No-País, que ella conocía bien porque su trabajo como Censora Principal le daba acceso a documentos prohibidos por afines al Estriborismo y propios de la época nefanda de Diktátor. El mobiliario de épocas periclitadas, infame muestra, como cuadros, libros y vestidos, de la destrucción del Sagrado Planeta y sus vastas selvas, había ido alimentando hornos de cocinas y salas de máquinas.

Rata Segunda tenía una cita. Pasado el tiempo prudencial para asegurarse de que sus compañeras estaban en un profundo sueño, la que esperaba apareció sin hacer el menor ruido, con su acostumbrada eficacia y puntualidad en los encuentros, imprescindibles para el intercambio de información. Esta vez eran más importantes que nunca. De esa noche tenía que surgir un minucioso plan respecto al que la matanza del Buque Coreo no dejaba de ser una ínfima, aunque excelente, muestra y entrenamiento para la gestión de acciones futuras.

Gorgony parecía otra sin serlo. Era un ser flexible, fosforescente, dúctil y verdoso que se cubría con manto y capucha, de forma que era difícil clasificarla según la lista de entes rátidas puros, colaboradores, adaptados, mimetizados o provenientes, quizás, de una rama especial evolucionada en tiempos remotos a partir de los calamares inteligentes –siempre infinitamente más inteligentes que cualquier humano- venidos del espacio exterior. Gorgony se echó hacia atrás la capucha y dejó deslizarse la capa, que se diría ondeaba por sí misma. La Adjunta a Igualísima, pues tal era el rango del interlocutor, observó sus ojos chispeantes, la pequeña cabeza siempre alerta y las dos figurillas de rata, forjadas en eléctrum, que adornaban ambos hombros y cuyos rabos se prolongaban hacia arriba, en una fina cadena, enlazando con los colgantes del mismo brillante material que adornaban sus orejas con ratas diminutas. Ella sacó una mano en cuyos delgados apéndices no se advertía el comienzo y final de las uñas, aunque terminaban en una punta aguda, y acarició levemente de arriba abajo, empezando por las orejas, a Rata Segunda, que se dejaba hacer llevado por su poder de seducción.

-Debemos establecer prioridades, trazar cuidadosamente nuestros planes, asegurar nuestras fuerzas-mientras hablaba, jugaba con los pendientes de Gorgony y con el eslabón dorado que los unía a la ratita de su hombro.

-Habéis subestimado al enemigo- aseguró ella.

-Tal vez, pero no parecían ya representar peligro alguno. La población estaba tan contenta de que la salváramos de los que habían hecho explotar el Buque Correo, los galeotes tan satisfechos de que garantizáramos su seguridad y su igualdad…Incluso se ofrecen con entusiasmo para participar en la demolición de las ciudades, calles, carreteras, centros urbanos, casas de mayor altura que los habitáculos preceptivos, de los muchos restos que, desgraciadamente, aún persisten y se llamaban anteriormente Educación y Cultura.

Gorgony la animó:

-Los Elegidos siempre van a contracorriente. Y los demás acaban siguiendo, y eliminando a los odiosos, los individuos, los que no comprenden el gran futuro selvático que a la Tierra aguarda, cubierto, como por un manto de pelo, y quizás plumas, -hay que ser amplios de criterio- por animalidades tan sanas como la nuestra.

Los finos dientes de Gorgony y los incisivos de Rata Segunda entrechocaron, se alejaron y volvieron a encontrarse, varias veces, en un itinerario que consistía en recorrer con sus puntas afiladas los recovecos y superficies de una y otra.

No por ello descuidaban su tarea, cuyos planes iban trazando en diversas superficies.

Con pausas. Y caricias.

 

 

 

22

La Cruzada Sexual

 

El pueblo rátida era de una sexualidad difusa, separada de su frecuente y prolífica reproducción, centrada aquélla en olores, sabores, sonidos rítmicos y tacto. Para la especie antiguamente en el Gobierno admitían el coito como fuente, controlada, de nueva mano de obra y, sabedoras del poder que los atractivos pasionales podían ejercer, habían hallado la fórmula para erosionar, como quien roe un muro hasta hacerlo caer, la peligrosa dimensión de individualidad que las diferencias de sexo y consiguientes derivados podía favorecer en los galeotes, creando incluso zonas impermeables a la igualdad que escaparían a su control. Previsores, los departamentos rátidas de Orden y Propaganda, asistidos por los HLCE (Heroicos Luchadores Contra Estribor) habían puesto en marcha la Cruzada Sexual: Bajo el lema sexo obligatorio igual para todos (y todas/es), estaban logrando, con sesiones incansables de adoctrinamiento masivo, crear en los galeotes epidemias de frigidez cuya gravedad y extensión aumentaban en proporción al hastío, aburrimiento y rechazo fruto de la Cruzada. Las lecciones sexopedagógicas eran abundantes, largas y por supuesto obligatorias. El control de actividades sexuales igualitariamente polimorfas semanal y preceptivo, de manera que si no se demostraba haber fichado sucesivamente en prácticas homo, hetero, bi, pluri, animal, vegetal y solitarias, con el atrezzo correspondiente en cada caso, no se obtenían bonos de comida ni descansos laborales. Aunque no pocos galeotes se disfrazaban de travestis falsos para aparentar que habían cumplido las cuotas, las protestas en general eran menores y centradas en enfermedades imaginarias. Cualquier excusa que permitiese escapar a las implacables normas enumeradas en los manuales de sexualidad sanamente pluridisciplinar era bienvenida. Se recordaban con melancolía vocablos como erotismo, pasión, deseo, amor y se acariciaban con fruición las imágenes de algunos calendarios clandestinos que se pasaban de mano en mano y respondían a los títulos El camionero feliz o Bomberos de Madrid.

Las lecciones de aprendizaje y práctica genital comenzaban en la más temprana infancia y ocupaban lo que otrora se llamó estudios de asignaturas de base, con la diferencia de que, si en la Oscura e Insolidaria Época Prerrátida no había que repetir curso cuando se suspendían Matemáticas, Literatura o Lengua, en la actualidad era imprescindible aprobar Orgullo Hermafrodita, Promiscuidad Igualitaria: Teoría y Práctica o Kamasutra aplicado a Fauna y Flora para obtener el pase.  El destacamento de Genitopedagogos defendía con singular fiereza sus territorios laborales, en continua expansión hemanada con SS (Sanidad Suma) y PC (Pureza Ciclista). Los galeotes, tanto machos como hembras, consideraban Promiscuidad Igualitaria la materia más dura porque el criterio era que la pareja poseyera las menores cotas de atractivo posibles.

Con Gorgony y Rata Segunda no era el caso. Las punzadas de uñas y dientecillos se traducían en delicioso cosquilleo que alimentaba en ambos la materialización de su plan y nada era tiempo ni energía perdidos. Anotaban en sus cuadernos, pegaban en las paredes consignas inspiradoras, volvían al sofá aún más excitados ante la perspectiva de la Solución Final y del paisaje, ya trazado en esquemas, de un mundo de alcantarillas, confortables cubiles calentados por la putrefacción y piscinas de aguas estancadas con deliciosos residuos flotantes. Arriba, una vez ultimado el trabajo roedor, habría sólo espacios troceados fácilmente controlables, patrullados por rataciclos que se deslizarían por la red de carriles que cubrirían por completo los territorios donde otrora se alzaron edificios, carreteras, vehículos y viandantes y los individuos, carentes de conciencia igualitaria, habían circulado según su libre albedrío. Los Agentes Rataciclo, que estaban adquiriendo por momentos nuevas cotas de poder, tendrían ante sí una gran misión: Señalar a los elementos prescindibles que no colaborasen con entusiasmo en el Proyecto Planetario Rátida, en espera de su definitiva eliminación.

 

 

 

23

Y en superficie….

 

Offing se había despertado con la presencia de Gal, pero sin oír su voz. Ella estaba de pie, junto a la entrada, con una timidez que no le era propia y que cambió en gestos decididos cuando él abrió los ojos.

-Pensé que estarías despierto.

-No. Sí. Gracias.

Y ella se aproximaba, tras dejar algo sobre la repisa.

-Tendrás hambre.

-Sí.

Pasado el tiempo, bastante tiempo, cada uno intentó recordar con detalle cómo transcurrió aquel primer encuentro real, sin urgencias ni compañía.

Gal no era una sirena, de ninguna de las maneras, se había dicho Offing. Descubrió una piel pálida y brillante bajo la tela que llevaba, tersa, sí, pero sin asomo de escamas.

Ésos eran los hombres exteriores, pensó ella de Offing, muy distintos unos de otros por cierto, bastaba con ver a Metáforos, que aún dormía bajo los efectos de las bebidas de la noche anterior. La falsa sirena y miembro del RG (Resistencia Galeote) y del comando GP (Galeotes Prófugos) le tendió ropa seca.

-No hay sal, es estupendo-observó Offing al cogerla y dar las gracias- ¿Cómo os arregláis para el agua dulce?

-Tenemos toda la que queremos. Hay, cerca, la desembocadura de un río. Además disponemos de almacenes con lo que hemos ido consiguiendo. También nos gusta vestirnos, ¿sabes?

Y, mucho después, recordaron que, cuando se rozaron, algo como el paso de una anguila chispeó entre uno y otra.

Por un hueco se filtraba luz, y al periodista de Albinia le pareció sorprendente porque se creía en el fondo de cavernas, en el subsuelo. Puso la mano en la hendidura, por donde llegaba aire y el rumor del mar.

– ¿No estábamos escondidos en el fondo?

-Es un laberinto de acantilados que hemos acondicionado un poco. Te enseñaré cuando comas y te vistas.

Le llevó de la mano, y la electricidad seguía ahí. – “¿Y si es de otra especie?”-pensaron ambos. Desde los tiempos de la Gran Confusión y ruptura de las comunicaciones existía una extensa ignorancia de la situación y características de otros países. Las ratas habían roído, astutamente, cables y conductores de forma selectiva, procurando siempre que la responsabilidad recayera sobre Piratas Irredentos o fenómenos atmosféricos. Caminaron por pasillos unos amplios, otros estrechos con entradas cuya altura le obligaba a él a agacharse. Y al salir de uno de ellos la luz le deslumbró.

Sólo entonces advirtió el mucho tiempo que llevaba, junto con Metáforos y los otros, en la penumbra, parcial o casi completa, en espacios cerrados, bajo cielos cubiertos y sobre aguas oscuras como la tinta. Ella, entregada a su existencia vertiginosa habitual, cambiando con frecuencia de lugar y reuniéndose en rincones secretos, también pareció darse cuenta del final de la noche, del despliegue de los lentos colores del día sobre las olas, en la altura y hasta en los recovecos de los arrecifes. Nunca se había sentido así. Avanzaron descalzos hacia la orilla.

Like as the waves make towards the pebbled shore,

So do our minutes hasten to their end;[1]

Offing parecía dirigir sus extrañas palabras al mar. Gal le miró desconcertada.

– ¿Qué dices? ¿Qué es?

-Algo antiguo, sobre las olas y las piedras.

Dieron unos pasos. La temperatura del agua era gélida.

– ¡Qué mar tan frío! -dijo Offing-Ven. Mejor nos sentamos.

La llevó hasta una roca y al bajar la vista observó que no era tan acuática como esperaba: tenía los pies enrojecidos y, además, sobre los cantos y algas no caminaba tan segura como de una luchadora clandestina él hubiera esperado. Le calentó los pies frotándolos entre sus manos. A ella la fascinaba el pelo de Offing, ahora inclinado. Parecía suave plumón de un tono amarillo rojizo peinado ahora por la brisa y las gotas de espuma. No resistió la tentación de tocarlo.

No resistieron ninguna tentación.

 

Había pasado un tiempo indefinido durante el que les parecía que hubiese enmudecido hasta el mar. Entonces les sacudió un espectáculo de gestos y gritos. Corriendo por la playa se aproximaba Metáforos, que hacía honor a su nombre saltando con agilidad envidiable sobre rocas y piedras. No le seguía el enemigo, sino gente que estaba en la cueva durante la fiesta de la noche anterior. Offing se levantó sacudiéndose restos de algas y acogió a su compañero jadeante, que respondió a las preguntas antes de que se las plantearan:

– ¡Están impacientes por poner en práctica la atención a las diversidades! Tenían cursos obligatorios, les habían hecho practicar con especies de flora y fauna de varios tipos, edad y condición, incluida una tal Medusa Bondadosa Venenosa que, al parecer, es de lo más temible. Fue uno de los motivos de su desesperada huida. Ahora parece que nuestra llegada les ha abierto nuevas perspectivas. Yo, anoche….bebimos bastante. ¡Qué bodegas hay en los naufragios!. Por lo visto dije, expliqué, ofrecí cosas…Y hoy no estoy por la labor.

Los prófugos de diversos sexos habían ido llegando. No parecían agresivos, simplemente desconcertados y víctimas, como Metáforos, de la resaca. Offing les propuso a todos ellos una refrescante y breve inmersión en las gélidas olas, tras la que era precisa una gran reunión. Se había sabido que las ratas estaban planeando su ataque final, la completa toma de poder en nombre de la armonía ecoplanetaria. Acudían representantes y miembros de a pie del PIL, la facción de Piratas Irredentos que se habían proclamado Libres, los cuales, abandonando su imprecisa posición de vago anarquismo, deseaban explicar lo que los llevaba a escindirse de sus antiguos compañeros y sus propuestas ante la inminencia del peligro.

-Son de fiar-susurró Gal al oído de Offing- Saben que si no actúan acabarán en la Galera de Aprovechamiento de Recursos Humanos.

– ¿De qué?

-Enseguida vamos-dijo Gal a los otros. Y a él-Ahora te explico.

Le llevó hasta una zona, al pie de las rocas, donde había unos metros de arena lisa, y se puso a dibujar con un tallo de alga seca, marcando con piedras las naves de una flota. El periodista observó que tenía buen conocimiento de cartografía marítima, maquetas de barcos, distancias y estrategia. Se explicó que tuviera un puesto directivo en la resistencia galeote.

 

 

 

24

La flota imperial

 

Hasta entonces los periodistas, y en general los países de los que procedían, habían mirado con curiosidad no exenta de simpatía los sucesos ocurridos en el que, desde hacía unas décadas, se hacía llamar PNP (Pobre No País). Al parecer allí estaban más cerca que nadie de lograr lo que, tras las últimas lluvias de mensajes, se había convertido en meta ideal: El diálogo constante, la igualdad completa y la fusión entre especies en una gran alianza de paz, colaboración y amor. Precisamente Euralia bullía en controversias sobre los medios más rápidos para lograr un sistema de felicidad gratuita, instantánea y duradera. Desde Albinia a Bosquimania pasando por Litoralia y Camemberia las manifestaciones sobrepasaban las horas del reloj y los días del calendario, de forma que en los lugares de población más numerosa habían debido habilitarse carriles viarios de doble dirección al efecto. A tal efervescencia no le faltaban contestatarios, aunque se trataba de minorías miradas con recelo por los defensores del supremo y nuevo bien para cuyo advenimiento era forzoso pagar grandes peajes. Offing y Metáforos no habían viajado juntos casualmente al acto de presentación internacional del Imperio Rátida. Ambos se conocían, aunque a distancia, por artículos de disidencia y manifiestos de rebeldía ciudadana. Offing se había negado a incorporar a su ajuar la alarma detectora de la soledad, que comunicaba de inmediato a la Central de Auxilios Psicosociales si alguien se encontraba desconectado de los habituales medios comunicativos y sin presencia muy cercana de seres de la misma especie. Pese a haber manifestado en numerosas ocasiones su negativa, no se sentía ya cómodo en lo que sabía que era un predelito; de ahí su torpeza y desconcierto en las primeras horas con Gal.

A Metáforos poco le había faltado para acabar en una prisión tradicional (los modestos medios de su país, Megas Musakia, no habían todavía permitido reemplazar los tradicionales centros penitenciarios por los modernos Recintos de Esparcimiento y Libertad Relativa Dosificada). Se había negado, con contumacia y reincidencia, a firmar el manifiesto de amor eterno a todos y todas, sin distinción, y había llegado en su osadía a suprimir de sus artículos las imprescindibles distinciones de género y la oda final a la diversidad benéfica, lo cual constituía delito de leso odio.

Ahora descubría, mientras las ágiles manos de Gal manejaban piedras y marcaban distancias sobre la húmeda arena de la playa, que la nación rátida sabía perfectamente qué hacer y a dónde ir, y que su plan, bien trazado, era incompatible con el gran bien general basado en el amoroso coloquio, consigna clave diariamente repetida en Euralia.

– ¿Y esto? – señaló dos cantos oscuros, grandes y de igual tamaño, que ella había rodeado de una cohorte de piedras más pequeñas, de tamaños diversos, dispuestas en formación.

-Son el Buque Nodriza y los Almacenes de Memoria.

Aparecían, ambas naves, unidas por largos filamentos de algas.

-Se comunican continuamente y trabajan en conjunto-continuó Gal.

– ¿Los conoces?

-Los Almacenes no. Están perfectamente vigilados. Lo dirige el mejor cuerpo de asesores rátidas y al frente está Heston, temible, poderoso.

– ¿Una rata tremenda, supongo?

-No. Un exgaleote que también preside el directorio colaborador.

-Pero sí has estado en el Buque Nodriza.

-Cuando era pequeña. Tuvimos allí tratamientos intensivos. Y los más viejos nos contaron sus salidas pedagógicas. Fundamentalmente había que ignorar y despreciar, en vistas a su aniquilación, lo que llaman Queso Rancio, Venenosa Cultura Opresora, y para ello había que demostrar indiferencia y repulsión a la vista de edificios y objetos, algunos grandes, con torres, que llaman palacios, castillos, templos, catedrales. Otros de menor tamaño, inútiles, frágiles, absurdos. Todos molestos estorbos que impiden la expansión de la Naturaleza.

– ¿Y lo creías?

-Repitieron siempre esto, y la relación de grandes héroes del pasado.

-Que eran…

-Hace tiempo, no recuerdo bien. Algunos se llamaban Atila, Nerón, Hitler, Stalin, Lenin, Chacal, Drácula, Ben o Bin algo. Yo ya no creo nada de eso, me escapé muy pronto.

– ¿Cómo?

-A mí me salvó que me despreciaran, por problemas físicos. Las ratas me marcaron para pasar a la Gabarra de los Lisiados y acabar en la Galera de Aprovechamiento de Recursos Humanos. Lo supe enseguida, hice contactos, conseguimos otra embarcación, ya lo has visto. Llegamos a los arrecifes.

Apartada del diseño general de la flota, y con trozos de roca negra, Gal había esbozado el plano del lado oscuro de la Nación Rátida, las naves que separaban, trataban y hacían desaparecer a los galeotes peligrosos o inservibles. Entre ellas también se encontraba el Galeón de Castigo, al que servía de enlace con el resto la flotilla Lamentábilis.

– ¿Por qué La-men-ta-bi-lis? -Offing terminó de deletrear el nombre escrito en la arena.

Gal sonreía raramente, pero esta vez una chispa de burla brilló en sus ojos.

-Oh, las ratas no son siempre buenas en cuestión de cálculo. Primero quisieron algo pomposo, muy grande, con mascarón de proa de Gran Rata rampante y Sémper Víctor en letras doradas en el costado, según unos planos que habían encontrado. Demasiado tarde comprobaron que, en el Régimen Anterior, ese barco se había hundido nada más botarlo. Estaban sin embargo empeñadas en que la idea, de Rata Máxima asesorada por el Líder Cósmico, era excelente. Entraba agua por todas partes y la tripulación debía turnarse para achicarla. Salvaron justo algunos trozos del pecio, que sirvieron para construir la pequeña flotilla Lamentábilis.

A lo lejos, en una de las calas, resonó un ruido extraño, respondido por otros sólo en parte semejantes. Gal se sumó al concierto escogiendo y soplando con rapidez en tres caracolas.

-Nos llaman-dijo-A todos. Es la reunión para decidir la estrategia de ataque.

Sin embargo ninguno de los dos tenía grandes deseos de volver. Les parecía llevar muy poco tiempo solos. Solucionada la duda sobre las escamas, el periodista de Albinia se preguntaba si habría en alguna parcela insuficientemente explorada del cuerpo de ella algo peculiar.

-Antes de ir quiero enseñarte algo. Me lo hice yo. Las cosas del mar tienen varios usos.

Gal le llevó hasta una oquedad de la entrada, levantó una piedra, apartó la arena y allí, protegido su tesoro por dos grandes valvas, estaban sus joyas, un collar de diminutos caracoles del azul pálido al violeta oscuro en el que se intercalaba el nácar de las conchas y del que pendía un trozo de vidrio común. Se lo puso.

-Así empezaron los palacios, templos y catedrales que te dijeron que había que eliminar porque estorbaban. Tampoco esto es Naturaleza. -dijo Offing.

Les sobrevino un tiempo sin tiempo, del que les sacó el sobresalto de una voz muy cercana:

-Vaya, haciendo planos y discutiendo estrategias…-Segis había hablado prácticamente a su lado, tras aproximarse sin hacer el menor ruido.

Le saludaron. Él observaba el dibujo en la arena y la disposición de las piedras. En su tono y en su mirada había suspicacia. El extranjero podía ser un espía, un vendido a la nación rátida que estaba sonsacando información a Gal.

Sin embargo la breve charla que siguió a su llegada, los antecedentes de la fuga y la disposición de ambos periodistas a arriesgarse por la liberación galeote y la derrota rátida acabaron convenciéndole. Segis daba gran importancia a la información sobre su causa a la opinión pública mundial. Había llegado el momento de presentar batalla, en todos los frentes.

-Vamos. La reunión es la más importante que hemos tenido.

Y dejaron a sus espaldas el bronco ruido del mar.

 

 

 

25

El Congreso

 

Metáforos observaba con interés la gran variedad de caracolas y sus diferentes sonidos y formas de emplearlas. Unas, grandes y de color violeta, se utilizaban para reclamar la atención de los presentes, otras, estriadas de rosa y gris, anunciaban la llegada de nuevos asistentes, y las de tono más agudo, pequeñas y rojizas, se distribuían para pedir la palabra. El ambiente era formal, sobre todo en comparación con el de la noche anterior, pero ruidoso. En mesas laterales se habían dispuesto cuencos y vasijas con bebidas, entre las que no faltaban botellas de origen y añada diversos. Más allá, separados puesto que se destinaban a la pausa y el final, los que se adivinaban como alimentos aunque estaban cubiertos de un tejido.

Metáforos hablaba animadamente con Kraky y Orky, que ya le parecían viejos conocidos dado el aceleradísimo transcurso del tiempo.

– ¿Y tu hermano, Óskar, el que antes estuvo en la policía rátida y ahora parece que se ha reconvertido? -preguntó a Orky, antes remo 32.

-La verdad es que no lo sé. Creo que vendrá. Le necesitamos y lo sabe. Los conoce desde dentro.

-Seguro que llega a la pausa alimenticia. A eso no falta nadie. -aseguró Kraky- Los mariscadores llevan haciendo un muy buen trabajo con los pecios, sin contar con el mercado negro pirata y las incursiones en la Galera de los Manjares Prohibidos.

– ¿Los manjares prohibidos?

-Lo mejorcito, claro, y las ratas lo saben.

Segis, que recorría los grupos dando y recibiendo información y tomaba notas cuidadosamente, terció para ofrecer un análisis político del tema.

-El baborismo siempre ha dado gran importancia al control cotidiano, los detalles de la vida de todos los días que pueden parecer triviales pero ocupan la mayor parte del tiempo y de la atención. Insistieron en la saludable costumbre de roer, mucho más solidaria que morder grandes bocados, que ellas sí dan cuando se reúnen en sus banquetes a puerta cerrada.

– ¿Qué tiene eso que ver con la Galera de los Manjares?

-La consigna de mantener el cuerpo libre de materias pesadas e impuras, y por lo tanto rentable, consumible y aprovechable, se repite sin cesar desde la infancia. Hay desfiles, conferencias y loas a la vida sana, y ceremonias de abominación de antiguos productos en los que se basaba buena parte de la dieta del Pobre No País. La consigna final era delatar a los degenerados que sueñan con pan francés, carne, vino, café, copa y cigarrillo, en vez de con las hamburguesas de lentejas, el zumo de algas y el pan negro elaborado con la madre de todas las masas. -Mira -Segis sacó de la gran bolsa que llevaba hojas con unas imágenes de tiempos pasados -Algunos de los nuestros lograron infiltrarse y nos informaron sobre las comidas y bebidas que estuvieron al uso y con las que se nutrían las gentes y disfrutaban, y se reunían al hacerlo.

Melancolía y saliva se unieron en un mismo sabor en la boca de Metáforos.

-Y ésta es la lista de alimentos de vida longeva y sana -continuó Segis-, que las ratas, por cierto, comen cada vez menos porque, una vez terminada la publicidad y el discurso, se retiran a sus reductos aprovisionados con cuanto les place. Hay ahí alguien que os lo explicará mejor. ¡Eh, Pesofijo, acércate, por favor!

Y aclaró a su auditorio:

-Pesofijo era hasta hace poco Remo 45. Se fugó justo cuando su óptimo estado corporal le había colocado entre los primeros del siguiente lote de Aprovechamiento de Recursos Humanos.

Pesofijo se aproximó. Metáforos, que gozaba del instinto de asociaciones poéticas, pensó que tenía aspecto de alga triste. Era un joven filiforme, que se desplazaba incluso a cortas distancias dando saltitos y manteniendo una especie de lenta carrera. Explicó con un hilo de voz que se había alimentado, bajo la estrecha vigilancia de las ratas para las que realizaba tareas administrativas y contables y que practicaban con él al cien por cien sus consignas, con materias vegetales de origen diverso, algunas huevas de erizo en días señalados y raspaduras de queso, regado todo ello con agua reciclada o desalinizada. Nada más escaparse y llegar al refugio de los galeotes prófugos se había ofrecido como voluntario para acciones suicidas, que le aseguraron allí no existían, porque le obsesionaba el panorama de longevidad que, según las ratas, le garantizaba su dieta. Veía con dificultad y tropezaba con frecuencia porque los preceptos de la existencia natural prohibían aditamentos artificiales como lentes o dientes postizos. Le había correspondido atender a la organización de grandes recepciones rátidas con visitas de otros buques de importancia y observó que ellas llevaban una vida en extremo malsana, sin privarse de transporte, chapuzones en agua dulce tibia y alimentos cuyo color, origen y textura nada tenían que ver con sus pastosas raciones cotidianas. No veía, por tan repetida transgresión de los sagrados principios de la vida saludable, a las ratas morir en breve, y, agotada su paciencia, decidió utilizar para la fuga el contenedor de basuras.

Ahora a Pesofijo, en su categoría de último de los fugados, se le escuchaba con atención, alguien le había acercado una bebida, espirituosa, le explicaron, por su alto valor moral, y algunas de las vituallas reservadas para mucho más tarde, que él mascaba con la lentitud de la pérdida del hábito. Sin embargo aquellas atenciones parecieron cambiarle a ojos vistas, como si el vino comenzara a fluir por su sangre pálida y fría y el rosa fuera subiendo hasta las pupilas vítreas con transparencia de pescado. Por fin contaba su historia y descubría que tenía una, y que incluso podía prolongarse por algún tiempo y cambiar de forma imprevisible pero influida por su participación en las actividades que se avecinaban.

-Me siento otro-dijo. Y lo era.

La asamblea tenía poco de la seriedad que se esperaba de ocasión semejante. Al menos eso pensó Offing, acostumbrado por su trabajo a frecuentar las células sociopolíticas de amplio pero siempre extremo espectro, caracterizadas por la dureza diamantina de sus tomas de posición, la división dual implacable entre ellos y el Enemigo y el ritual de excomuniones y purgas periódicas. Los concienciados militantes albinianos de Cambio Radical, Antisistema Sistemático, Rebelión con Subvención y la más de moda Desarrollo Físico y Belleza Igualitarios hubieran mirado con desdén el ambiente de la gran sala-cueva, en el que reinaba cierta sana acracia.

Segis quería imponer el orden y le dijo, con tono de disculpa, al pasar:

-Espero que no tendrás una mala imagen de nuestra causa. Desde luego esto no pasa en las asambleas rátidas. Aquí al fin la gente es gente, y se relaja.

-Tranquilo. Lo entiendo. Y lo entenderé mejor si me pasas una cerveza. ¡Benditos naufragios!.

Estaba encantado de su inesperado papel de reportero de guerra. Su especialidad periodística le había llevado a que se le asignara cubrir el reportaje sobre el Caso Rátida. Se dudaba aún sobre cómo denominar la última revolución, y las ratas mismas, temerosas de atraer hostilidad inicial, preferían Nación Rátida a Imperio e insistían en que la palabra rátida misma sólo era el común denominador de individuos solidariamente hermanados en sus ideales.

De repente un silencio expectante y tenso se hizo en la amplia cueva que servía de sala. Había corrido anteriormente el rumor, pero muchos aún optaron por no creerlo: Iba a llegar una delegación, prófuga a su vez pero de la terrible y temible organización central de Piratas Irredentos. Increíble, sobre todo desde que se habían convertido en aliados fácticos de las ratas y además sembraban con sus ataques suicidas, bajo la dirección y el credo de líderes iluminados, el terror en los mares.

Y sin embargo allí estaban, entrando por la puerta y saludando con cierta cordialidad. Hubo en los asistentes una ola de retroceso instintivo. Eran cuatro, con el atuendo que les era propio pero cuidado para la ocasión. Se colocaron en lugar alto y visible para tomar la palabra y, antes de que hablasen, para sorpresa de la concurrencia, Segis y otros les estrecharon la mano y luego explicaron:

-No hay de qué temer; al contrario. Vienen para que seamos más fuertes. Su combate ahora se asemeja al nuestro. Son el P.I.L., Piratas Irredentos Libres, y rechazan al P.I.F., Piratas Irredentos Fundamentalistas. Van a explicároslo.

Entonces tres de los piratas sacaron sus instrumentos, acordeón, armónica y guitarra mientras que el cuarto, que se había mantenido en segundo plano, en la sombra, se colocó al frente y un murmullo mezcla de miedo y desconcierto recorrió la sala. Era el temible Muerte Súbita, conocido por su pericia en el manejo de las armas y su elegancia en el vestir. Aquel día había elegido del cofre la camisa de rayas azules y rojas hecha a la medida por un sastre chino, pantalones con estampado de pata de palo, sombrero negro de ala ancha con falsos agujeros de bala estéticamente repartidos y pañuelo de encaje con sus iniciales primorosamente bordadas por una condesa del Caribe. Calzaba zapatos gris plomo con hebilla de oro macizo. Comenzó la presentación:

-Nos alegra estar con vosotros, galeotes prófugos, exiliados del No-País, observadores extranjeros. Es tiempo de grandes cambios, para todos. También queremos vencer al imperio rátida y tenemos planes importantes para emprender, en todos los sentidos de la palabra, otros derroteros. Pero antes de entrar en detalles de estrategia mis compañeros van a ofreceros, con música, un resumen de nuestros planteamientos.

El trío avanzó, afinó instrumentos y anunció

-Himno del P.I.L.

Y comenzó la actuación. Cada estrofa la interpretaba uno de ellos como solista y los tres cantaban a coro el estribillo.

 

 

 

26

Himno del PIL

 

Somos valientes piratas.

No servimos a las ratas

ni nos va la calavera

que figura en la bandera.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Nos ha impuesto su conquista

la ley fundamentalista:

austeridad sin placeres,

vino, música o mujeres.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Basta de sexualidad

en la negra oscuridad

y evitar derroche vil

de la energía viril.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Estoy hasta la bandera

de la leche de palmera.

Aburre hasta a las ovejas

la salida sin parejas.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

Es norma dura y amarga

ir limpiando con la barba

las tablas de la cubierta.

Tal uso nos desconcierta.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

La plaga de santidad

gusta una barbaridad

al pirata millonario

harto de caviar diario

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Nos dicen que las sirenas

nos esperan por docenas

si nos tiramos de un salto

del precipicio más alto.

Es un plan agotador.

Mejor playa con amor.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Un día con emoción

descubrimos el jamón

pero nos dijo el gurú

que no estaba en el menú.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

El paraíso y la muerte

no son nuestro plato fuerte.

Mucho mejor que estar muerto

una novia en cada puerto.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Ni salvador ni opresión.

Triunfará la rebelión.

A la insoportable horda

tiraremos por la borda.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Nos gusta el mar y la tierra.

Hartos estamos de guerra.

Sobre el barco que transita

que salte y se estrelle Rita.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

La libertad por delante,

ya no hay rata que me espante

ni galeote traidor

de babor o de estribor.

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Aquí estamos, compañeros,

los hermanos marineros

unidos a vuestra lucha,

que la recompensa es mucha.

¡Viva la temeridad!

¡Goce, risa y libertad!

 

Se acabó la prohibición.

¡Queremos ron! ¡Queremos ron!

 

 

Y la sala se deshizo en aplausos.

 

 

 

27

Confidencias

Alguien levantó la mano:

– ¿No erais vosotros los que habíais cometido el atentado contra el Buque Correo?

El ambiente cambió de forma radical, como el paso de una corriente de agua cálida a otra fría.

Una voz había planteado la incómoda pregunta, y ésta parecía flotar sobre las cabezas sin materializarse en palabras. El reflejo adquirido era integrado, profundo y simple. Sin mirarse, la mayor parte de los asistentes supieron que temían la aparición de la Policía del Silencio. Cada vez que se había aludido, tras la catástrofe, el suceso del BC (siempre reducido a siglas y alusiones y raramente al siniestro y víctimas reales) simplemente había sido borrado de expresión ni difusión alguna. Las Ratas del Silencio, un destacamento suave y afelpado, del mismo gris que el entorno, aparecían, como surgidas de la nada, e iban borrando, absorbiendo y eliminando cualquier alusión a las explosiones y hundimiento. No había violencia explícita, sino en algunos casos en los que arrastraban a elementos ruidosos o tenaces fuera de la sala. Bastaba con su eficaz labor de borrado de alusiones, difusión, conversaciones incluso que enmudecían cuando las agentes clavaban en alguno su mirada gélida.

Esperaron verlas aparecer incluso allí, en la seguridad relativa de la Cueva de los Prófugos, y los exgaleotes se miraron luego con desconfianza porque les parecía que hasta las ratas podían adoptar la apariencia de uno de ellos.

Y finalmente a la primera pregunta siguieron otras:

-Hubo cientos de víctimas. De mi familia entre ellos.

-Y un amigo.

-Fue horrible. Se hundió entre explosiones.

-Nadie pudo salvarse.

-No quedaron testigos.

-Ni pruebas. Se hundió todo.

-El Destacamento de Seguridad, que llevaban eficaces funcionarios rátidas, nos aseguró que no pudo recuperarse ni un solo bote salvavidas.

Algunos que hasta entonces habían permanecido callados decidieron intervenir:

-Nos dijeron que era culpa del Gobierno, que os había irritado sin motivo, una lógica y legítima represalia.

-Aseguraron que nunca hubiese ocurrido de estar Babor al mando.

-Que los baboritas nos salvarían y habría siempre paz y amor por doquier.

-Y entonces la población, irritada. atemorizada, y confusa, les dio las llaves del Cofre del Tesoro y del poder y gobierno.

-Nos acordamos, sí, nos acordamos.

Segis miró con inquietud, de soslayo, a Muerte Súbita, pero ni él ni sus compañeros parecían incómodos por la situación. Por el contrario, simplemente levantaron la mano para solicitar silencio, Muerte Súbita se quitó el sombrero y, a guisa de respuesta, interpretaron con sus instrumentos una breve y triste melodía terminada por largos y profundos acordes. Luego dijeron:

-Os vamos a explicar lo que ocurrió, o al menos lo que de ello sabemos, en aquella funesta ocasión. Preguntad cuanto queráis. Nosotros nada tuvimos que ver con aquel suceso, pero ignoramos si una facción pirata lo aprovechó para cobrar como mercenarios. Supimos que el mando rátida nos presentaba como culpables para difundir el terror porque somos imprevisibles. El P.I.F. pensó que nos beneficiaba, pero se mantuvo distante del asunto. Ya entonces el P.I.L. manifestó su disconformidad. No era nuestro estilo, teníamos proyectos de vivir de otra manera, cada vez lo pasábamos peor. La Dirección Irredenta impuso el juramento público varias veces al día todos reunidos en cubierta y siempre con la cabeza cubierta por el gorro negro con borlas de calaveras. Luego nos os obligó a hacer prácticas de fidelidad kamikaze tirándonos de una tabla cada vez más alta en bajíos de escasa profundidad.

– ¿Y no os rebelabais? -preguntó el público.

-Las rebeliones, parece que no, pero llevan su tiempo. Y el tiempo llegó cuando el Comité de Pureza Extrema pasó a la etapa de completo dominio y exterminio.

-Ah, la de los vuelos divinos-recordó alguien.

-En efecto. Para acabar con barcos y tripulantes enemigos, que lo eran todos menos nosotros, los piratas agraciados con la posibilidad de muerte heroica debían tirarse desde los acantilados cuando las naves pasaban por debajo, de manera que, si calculaban correctamente, perforaran la cubierta e incluso el casco y eliminaran a cuantos navegantes fuese posible por el impacto de su cuerpo transformado en proyectil.

-Brillante idea-dijo uno.

-Economiza pólvora-añadió otro.

– ¿Y a cambio?

-Nos matábamos. Y entonces íbamos al paraíso verde marino donde nos esperaban, a cada uno, ochenta y dos sirenas purísimas pero libidinosas.

El auditorio, desconcertado, apuntó:

-Pues no valía mucho la pena.

-Vaya plan.

-Y eso para los elegidos.

-Imagínate el infierno entonces.

-Vamos a lo esencial: Si vosotros no fuisteis responsables de lo del Buque Correo, ¿quién lo fue?.

-Se ignora- Muerte Súbita se cubrió de nuevo la cabeza. Los tres guardaron sus instrumentos y Segis dijo:

-Visto. Cambiemos de tema. Ahora lo que importa es la elaboración del plan.

Comenzó una actividad febril. El gran golpe debía ser definitivo, radical y simultáneo. La fuerza de las ratas estaba en su número, en su reproducción vertiginosa y en la sagaz política de difusión y división que llevaban a cabo entre propios y extraños, de manera que nadie estaba seguro de la fidelidad de nadie y, por sectores compartimentados, agrupaciones, destacamentos de apoyo y galeras, se repartían, simultáneamente pero guardando formas de información confidencial y privilegiada, incentivos de participación en cofres del tesoro, promesas de perfecta igualdad y mascarones de proa personalizados.

Hacía falta unir a los galeotes, estar seguros de su apoyo. Y esto no era nada fácil. Por lo pronto las Chicas de la Técnica, que había sido galeotes en salas de máquinas y compartimentos de calderas, estaban calculando efectivos de flotación suplementaria que serían liberados en el momento preciso. Y la Sección de Comunicaciones se enfrentaba a la tarea, esencial, de obtener respuestas fiables de los galeotes, sin olvidar los llamados mutantes, que en realidad no eran sino aspirantes, por semejanza y asimilación, a unirse a la nación rátida. A ellos había pertenecido el hermano de Orky, Óskar, al que se buscó para que los orientara sobre la organización policial interna.

-No lo encuentro-dijo Orky.

-Ni yo. Y eso que durmió conmigo-añadió Glamy, la joven que la noche anterior había compartido hasta altas horas copas y canciones con él.

– ¿Cuándo se separó de ti?

-Al despertarnos con la llamada comentó que todavía tenía mucho sueño, sólo habíamos dormido dos horas. Dijo que iba a bañarse en un rincón tranquilo para ver si así se despejaba, que desayunara yo sin él.

-Probablemente está aún durmiendo la borrachera en alguna playa.

La noche anterior Glamy y los demás habían formado parte del más ruidoso y alegre grupo, al que se había unido con entusiasmo la delegación de Piratas Irredentos Libres al grito de ¡Queremos vino y mujeres! ¡Comida, comida y música! Hubo brotes de encendidas protestas por algunas feministas, pero se disolvieron pronto en el jolgorio general y los piratas hallaron incluso una acogida particularmente cálida. Algunos contaron historias que conmovieron y asombraron a su auditorio. Los exgaleotes estaban sorprendidos de que aquellos tipos, que bogaban por los siete mares gozando de la libertad que ellos no habían tenido, tuviesen tristes experiencias de opresión.

– ¿Cómo pudo ocurrir?

Pero ellos se mostraron reacios a dar pormenores hasta que a la mañana siguiente explicara a la asamblea los principios básicos P I L. su delegado, y los demás prefirieron no ahondar en la herida. Sólo finalmente, y al calor de numerosas copas, con voz aguardentosa uno de ellos se puso a rememorar, como quien murmura a sí mismo, algún episodio de su triste pasado:

-Pasó varios días en el extremo del palo mayor….Lo oíamos hablar muy fuerte…Al cielo…Alzaba la mano para tocarlo… ¿Días? Sí, no sé cuántos….¿Comida?…Tal vez se llevó comida y agua….Cuando bajó no tenía mal aspecto pero entonces ya era Iluminado Magnífico, así había que llamarle…Tenía su grupo…Se propagó cuanto decía.

-También daban bastante miedo sus guardias…los controladores de la pureza y la fidelidad, el Clero Tinta Negra, apodados Los Chipirones.

Desde la silla vecina, echado completamente borracho sobre la mesa, otro de los piratas quiso intervenir en un brote de apasionada insistencia.

-Sí, los Chipirones…Los llamábamos así por las túnicas y las capuchas grandes….Me dieron un palo, aquí, aquí.

Señaló la zona afectada y luego volvió a dormirse sin conseguir alcanzar la botella más próxima.

El primer pirata continuó su relato:

-La gente estaba muy aburrida con la calma chicha…Comíamos poco…de mujeres nada…Mucho sol…muchas visiones…Ya no seríamos piratas vulgares…Todos creerían en nosotros, o trabajarían para nosotros, o los aplastaríamos nosotros…Las sirenas….las ochenta y dos sirenas…No queríamos tantas sirenas….¡No, no, no!

Se echó a llorar con lágrimas etílicas, pero los demás lo consolaron.

-Tranquilo, compañero. Nada de eso va a ocurrir.

La voz pausada y llena de autoridad pareció ejercer un efecto de instantáneo apaciguamiento en la sala. Muerte Súbita no había hablado apenas anteriormente y ahora mostraba un aspecto y atuendo particularmente impecables por contraste con el de los demás. El representante de los PIL se dirigía al auditorio desde una mesa de poca altura en un lateral, pero todas las miradas se volvieron hacia él. Que no estaba solo. Lo. acompañaba una figura que, sin esperar presentaciones, avanzó unos pasos y se despojó de sombrero y capa. Hizo una reverencia:

-Os presento a Pirata Prófuga-dijo él.

-Me llamo Angelina-añadió ella- ¡Se acabaron las no-mujeres! ¡No más banderas ambulantes!

– ¡Bien dicho! – animó desde debajo de la mesa donde yacía el borracho, que se despertaba de cuando en cuando para lanzar consignas de apoyo:

– ¡Programa, programa, programa! ¡Vino, jamón, mujeres simpáticas y guitarras para todos! – y volvió a sumirse en profundo sueño.

El auditorio no entendía, comenzó a comprender cuando entre los asistentes otros piratas se despojaron igualmente de sombreros y mantos color arena y de los parches que en vez de un ojo les tapaban la boca y se declararon también prófugas.

-Los de Fundamentalistas Puros decidieron hace tiempo que era muy práctico utilizar a las hembras como banderas, de forma que los extraños a la causa pudieran a simple vista, todos los días, a cualquier hora y en cualquier ocasión, en mar y en tierra, comprobar la fuerza y existencia de los de Iluminado Máximo. -aclaró Muerte Súbita.

– ¡Estabais también en los barcos! -dijeron algunos piratas asombrados.

-Y en todas partes, En mar y en tierra. -afirmó Angelina- Hemos sido la propaganda más eficaz para infundir miedo porque no hay bandera tan numerosa. Nuestra ausencia o nuestra presencia como un bulto extraño, una sombra, era el mejor signo de poder del tronco originario PIF. Hubo variantes, pero sin que pudiese faltar jamás la estrella parda cosida a la ropa desde la infancia.

– ¿Nadie de los extranjeros lo descubrió?

-Estaba descubierto desde siempre, era tan evidente como la luz del día, pero había mucho miedo y las quintas columnas de atemorizados, muy numerosas, defendían la estética del bozal, el respeto a los usos tradicionales y la comodidad del manto arenoso, según aquello de reivindicar las raíces étnicas que obligaron a los habitantes de las dunas, según el mito de la Opresión Ancestral, a echarse al mar.-explicó la oradora prófuga.

– ¡Programa, rebelión, programa! -gritó el borracho antes de dormirse de nuevo.

– ¡Ahora se acabó la bandera gratuita! Vamos a ir a por ellos. -Y Angelina selló su discurso con un apasionado beso que desveló a la concurrencia su relación con Muerte Súbita.

Hubo ovación, aplauso general y no pocas imitaciones.

 

 

 

28

Cónclave

 

Las fuerzas rátidas no estaban ociosas y celebraban también en esos momentos una reunión general en la que se proponían sopesar alianzas y calibrar fuerzas. Los aliados y asimilados, entre los que se encontraban los jefes de Mustélidos y de Mercenarios Light, esperaban órdenes. Los Galeotes Colaboradores, se sorprendieron al encontrar una faceta nueva en alguien muy conocido entre los dirigentes rátidas. Para la ocasión todos ellos lucían sus condecoraciones, y Rata Máxima, que se sentaba modestamente a la misma altura y junto a Rata Segunda como si gozase de similar categoría, llevaba el pecho cubierto de ellas. En su fuero interno, echaba de menos la que se prendería en el futuro, tras la victoria indiscutible: Un barco cargado de sobres que desaparecía entre las olas. Rata Igualísima, antes Rata Tonta, había sido seleccionada en principio como miembro dirigente por su escasez de luces entre una camada de crías particularmente torpes y afanosas. Instalada y alimentada durante largo tiempo en cubículo aparte, Rata Tonta fue presentada en sociedad en el momento oportuno. Había sido declarada imagen ideal, creía con firmeza poseer las dotes y estar predestinada a cumplir los fines para los que se la había investido. Era gris perla, a veces marfileña según las circunstancias, angelical, inocente, rebosante de fe en el paraíso de paz universal y tribus armónicas al que había sido llamada a llevar a los suyos. Jamás podría ser enemigo; atraería, como el canto de los ruiseñores y las placas solares, la simpatía general. El tono de su pelaje fue aclarándose hasta el blanco más cándido. Primero fue para el público Rata Etérea. Luego se prefirió el título, más comprometido con los cambios sociales que se avecinaban, de Igualísima. Mi corazón es un copo de nieve sin más ley que la del agua pura. Mi mente es un estanque donde reposan las aves peregrinas. Mi aliento es aire que se une al del eterno sufridor de la injusticia anunció en la primera proclama. Y todos aplaudieron su programa de gobierno.

Ahora buscaban en ella esa sublime comprensión, superior, global, de los sucesos. Rata Segunda era hábil, expeditiva, ordenada, inapelable una vez daba directivas y marcaba pautas y estrategia. Pero la voz de Igualísima transcendía al ruido y la atropellada sucesión de los acontecimientos, les protegía como las nubes porque nada importaban los actos concretos, las realidades ni las bajas si se observaban desde su altura, como simples y pasajeras espumas del oleaje que en nada serían capaces de cambiar la masa del poder rátida y la convicción de su victoria en todos los frentes.

-Somos las gotas del mar, somos la clase innumerable semejante a las algas, somos lo que siempre flota, como las hojas, como los fragmentos de madera, como….

Rata Segunda consideró oportuno dar paso a las preguntas y cortar la enumeración de símiles en la que se había embarcado en pleno éxtasis Rata Primera, con las acolchadas patas delanteras cruzadas sobre el pecho y las garras hundidas en su largo y claro pelaje.

-Decid, decid, compañeras.

– ¿Hay realmente peligro? Los galeotes están controlados, están incluso convencidos de que la igualdad que les ofrecemos merece cualquier precio; y, sobre todo, están divididos.

La Rata Portavoz del Secretariado expresaba las dudas de gran parte de las reunidas. Estaban sorprendidas por la brusquedad de formas de la convocatoria, por la repentina alarma ante un peligro que les parecía imaginario, por el colofón abrupto de la agradable embriaguez de la reciente fiesta. Acababan de recibir pruebas de la inminencia de su reconocimiento como nación por parte de la comunidad mundial. Y he aquí que, en lugar de las luminarias del festejo, se encendían las luces rojas de emergencia.

-Lo hay. Y debemos prevenirlo. Pero somos muchas más que el lamentable, desunido, desigual elemento humano.

Rata Segunda se expresaba con voz tranquila. Se expuso el plan, que no debía reflejarse en documento alguno y que sólo se comunicaría a los aliados de manera fragmentaria. Los puntos de base de la autocrítica eran corregir los errores cometidos en la cadena Escuela-Propaganda-Selección-Aprovechamiento de Recursos Humanos. La etapa final, altamente ecológica, ergonómica, económica y nutritiva, no se había llevado a cabo con discreción, rapidez y eficacia suficientes. Muchos eran los prófugos, elementos indeseables, caducos, defectuosos, de escasa o nula rentabilidad previsible, dados a actividades de placer personal, lúdicas, que incluían aspirar el humo de hierbas, ingerir manjares del Antiguo Régimen y recordar viejas libertades.

-No puede haber tantos prófugos. Los aprovechamos. -protestó Rata Ecónoma.

-Vaya si los aprovechamos-afirmó al fondo alguna, mientras se relamía el hocico.

-Por lo pronto, respecto a estos elementos peligrosos…-la estratega bajó la voz para comentarles la lista de nombres y el plan.

La sesión fue muy larga. Y sólo cuando tripulaciones, tareas, armamento y tácticas sucesivas se definieron el cónclave rátida decidió pasar a la etapa de comunicación y coordinación con sus aliados.

-Que entren.

La delegación de Piratas Irredentos apareció con su nuevo jefe a la cabeza, Muertesana, estaba exultante. Había logrado su sueño, desbancar al odioso y popular Muerte Súbita, hacerse con la confianza de Iluminado Magnífico y servir de enlace al temible Clero Tinta Negra. Ahora llevaba la calavera honorífica cosida al jubón de terciopelo y rodeada, bordado en oro, del lema “Sólo quedarán los nuestros”, al que se había añadido apresuradamente en punto de cruz “Y los hermanos rátidas, claro”.

-Mi barco, el más veloz y silencioso, está a vuestra disposición. -dijo.

– ¿Cuánto? -preguntó Rata Ecónoma.

-Oh, menos de lo acostumbrado. Luchamos contra el mismo enemigo, somos hermanos…o casi.

Desde el fondo, avanzó un grupo recién llegado que quería hacerse oír. Algunas ratas los miraron perplejas y pidieron explicaciones con la mirada al Secretariado.

-Tranquilas. Aunque no parezcan de los nuestros trabajarán para nosotros-se les dijo.

Eran un vistoso y curioso conjunto, amalgama más bien de grupos diversos, con una miríada de tocados, banderines y pancartas entre las cuales una mucho más grande parecía ser el lema común, lo que no impedía que disputaran entre sí sobre el lugar que en las filas les correspondía. Ésta rezaba “¡Contra el centralismo invasor!” y más abajo en caracteres pequeños “Apoyemos la diversidad rátida. Même combat”.

Se trataba de las nanotribus de galeotes colaboradores, y comenzaron a ofrecer sus servicios y fidelidades de una forma algo atropellada.

– ¿Deseáis algo a cambio o es pura generosidad y convencimiento? -preguntó, con cierto deje irónico, la Rata Escribiente.

En lugar de contestar directamente, algunos que vestían tocados diversos se adelantaron y, tras anunciar

-Primero cumplamos nuestros ritos.

se pusieron a efectuar una especie de danzas, diferentes según origen. Unos daban en solitario grandes saltos, amagaban golpearse con largos bastones y amenazaban al aire, al techo y a los asistentes dando patadas al vacío. Otros, a cierta distancia y tomados de la mano, se hacían continuas reverencias, escenificaban, desplazándose circularmente de rodillas, la adoración del suelo indígena y besaban, por último, el centro, que llamaban ónfalos euralio.

El secretariado rátida los observaba con estupor. Cuando acabaron, los dirigentes de las nanotribus avanzaron y dijeron:

-Comprendemos, y compartimos, la opresión del imperialismo centrista humano que vosotras habéis sufrido. Nos embarga la satisfacción ante la perspectiva de la lucha contra el enemigo común.

Rata Máxima, hasta entonces silenciosa, pidió:

-Que se adelanten las principales víctimas.

Estalló un tumulto considerable porque los colaboradores de las nanotribus se atropellaban unos a otros. En su fuero interno Rata Máxima sintió que su superioridad sobre los galeotes estaba plenamente justificada.

Entre los miembros de aquel grupo algunos habían hallado la compensación a su escasa estatura y dominaban la técnica de construir pirámides humanas. Lo hicieron con rapidez y, desde esa altura, imponiéndose al resto, anunciaron:

-Nuestros precios son modestos y, como siempre, negociables. Seremos vuestros intermediarios en la adquisición de los mejores quesos. Por una módica tarifa.

– ¿Cómo os llamáis? -preguntó Rata Escribiente.

-Nuestro lugar se llama Butifalia. También se nos conoce como Los Insaciables del Rincón Este.

Manejando diestramente el hacha de deforestación que solían utilizar como navaja multiusos y dando de nuevo grandes y desconcertantes saltos, intervino otro jefe nanotribal:

-Despreciamos las mezquinas recompensas. Aceptaremos simplemente la cesión eterna de colinas, mares y ríos ancestrales que desde los albores de la creación nos corresponden. Con sus minas, pepitas auríferas y manzanos descendientes de la fruta bíblica cuyo árbol, naturalmente, se encontraba en uno de nuestros valles. Guardado por la famosa serpiente cuya progenie no ha cesado de multiplicarse en nuestras idílicas tierras. Somos los BIPS.

– ¿Quiénes?

-Los Brincadores Incesantes Pura Sangre-aclaró el representante de la nanotribu de la Montaña Norte.

Rata Ecónoma, que apuntaba costes, interrogó respetuosamente, pero con inquietud, a los directivos:

– ¿Hacen falta realmente? Son muchos gastos. Puede que baste con prevenir sin más. Quizás si tienen miedo…Un buen susto….Los galeotes nos verían de nuevo como a sus salvadores, rechazarían a sus jefes, delatarían a los prófugos. Algo como lo del Buque Correo….

Las orejas y bigotes de Rata Máxima se habían tensado y sus dulces ojos verdes estaban inyectados en sangre. Cortó la palabra a Rata Ecónoma:

-No hay que citar jamás aquel desgraciado incidente, el lamentable acto terrorista, de origen desconocido y obra de elementos incontrolables, Piratas Irredentos y asociados…Nosotras trajimos la paz.

-Ah, no. Mi jefatura no admite mezclas con aquel asunto-protestó Muertesana.

-Pues en su momento os vino muy bien la atribución. Poder, gloria y recompensas. ¿Quién no os teme? ¿Olvidas la rendición preventiva, el derecho de peaje secreto que el Gobierno os acordó en todos los estrechos de los siete mares? -se le respondió.

-Atendamos al presente.

Gorgony, hasta entonces silenciosa y alerta, y Rata Segunda casi hablaron a coro y desplegaron los planos que asignaban a cada uno su tarea. La estrategia era tan minuciosa que todos quedaron impresionados. No se limitaba a un enfrentamiento. La dirección rátida aprovechaba la ocasión para eliminar toda disidencia, extenderse por el mundo y aumentar su fuerza y su prestigio de forma que en breve serían imperio dominante.

 

 

 

 

29

Las armas del Imperio

 

La relación del armamento dejó a los congregados estupefactos. Ni las ratas ni sus aliados habían pensado seriamente que pudieran ser algún día tan poderosas. Las nanotribus decidieron tomar notas y añadir sus símbolos a la previsible y victoriosa insignia imperial. La exaltación llegó al máximo cuando Rata Segunda anunció:

-Además del nuevo armamento, de reciente diseño, hace tiempo que hemos establecido secretas y poderosas alianzas. Kimyrata III del Norte nos apoya con entusiasmo. En su reducto del Lejano Oriente han hecho grandes progresos en unidad homogénea perfecta. Su doctrina se encierra en los quinientos mil volúmenes de sus obras ideológicas que, recubiertas de resistente metal, son disparadas con regularidad hacia otras naciones. En cuanto a las armas, hemos recurrido a las biológicas.

Varias ayudantes procedieron a repartir copias del nuevo diseño armamentístico. En unos modelos se mostraban, bajo el nombre de “Rata peluche”, amorosos muñecos ratoniles con mochilitas cargadas de peste bubónica. En otros figuraba una simple bola de pequeño tamaño envuelta en brillante y atractivo papel rojo.

-Es un bombón-dijo alguien, y lo olfateó-Huele a chocolate.

Gorgony sonrió y lo puso en la palma de su mano.

-Está todavía en etapa experimental, pero casi listo. Lo debemos a la inspiración de Gran Calamar Inteligente. Los fabricaremos por millares. Contienen huevas de la especie más letal de calamar feroz, una raza extrasolar con un gran futuro en nuestra galaxia

Llovieron los elogios.

-Tiene todo el aspecto de un bombón de licor con cereza.

-Está muy conseguido.

– ¿Y si nos muerde?

Gorgony los tranquilizó:

-Éste es sólo un prototipo inofensivo.

Eran armas sofisticadas que entretuvieron largo rato a la concurrencia. Hasta que aparecieron, transportados por varios porteadores, gruesos fajos de papel que recordaban a las antiguas ediciones diarias de prensa.

– ¡Mirad! No nos hemos dedicado exclusivamente a la logística ocasional ni hemos esperado a que el peligro y la inminencia de la batalla llamase a nuestras puertas. Llevamos más tiempo del que creéis preparando el terreno. ¡Miedo! ¡Temor! ¡Amenaza! ¡Salvación! -proclamó la Directiva en pleno con legítimo orgullo por su trabajo.

La sala había quedado cubierta de hojas de todos los tamaños. No correspondían a los habituales carteles, folletos y avisos que se distribuían en abundancia, por diversos medios y con regularidad entre los galeotes, y en los que solía leerse, con diversas variantes.

 

Diktátor puede volver

si no hay ratas al poder.

 

Estribor es el horror.

¡Vivan la paz y el amor!

 

Estriborita es lo mismo

que el crimen del elitismo.

 

Sólo hay un gran criminal:

El sistema desigual.

 

Tened siempre en la memoria

los agravios de la Historia.

 

Las ratas nos han salvado

de aquel Gobierno malvado.

 

Las encargadas de transmisión cultural e histórica explicaron:

-Hemos variado nuestras técnicas al ritmo de los tiempos. El lenguaje puede ser un instrumento útil, previa reducción y elaboración, pero no deja de ser un estorbo. Impera la….¡imagen!

-Efectivamente-añadió una de sus compañeras- Querámoslo o no, la época de la tiranía de Diktátor, su figura y existencia mismas, el episodio del Buque Correo, el pánico y ola de movilizaciones públicas de entonces se van desdibujando en la memoria colectiva. No sabemos por cuánto tiempo los galeotes responderán aún a las palabras clave, las consignas de rechazo, los conjuros contra el Mal, los resortes de incondicional adhesión. No tienen suficiente miedo. Les han llegado noticias de otras referencias.

-No tienen suficiente miedo localizado, pero tienen muchos más miedos de menor tamaño- terció Rata Segunda-, cosas que pueden perder, que no saben bien cómo nombrar, confusión respecto a los enemigos, desorientación temporal…No hicimos suficientemente bien nuestro trabajo pedagógico.

– ¡Textos, textos! Farragoso, aburrido. Aunque hayamos eliminado ya buena parte del vocabulario del antiguo sistema- la encargada de transmisión cultural defendió con entusiasmo su obra. – ¡Época de claridad, sin medias tintas! ¿No hemos adaptado la labor física y ecológica, de gran valor formativo, de los galeotes y al tiempo la mecanización de nuestros barcos? ¡Imágenes, sólo imágenes! Mirad.

Y señaló lo que el auditorio tenía entre sus manos. Efectivamente, de forma instantánea se percibían en las ilustraciones mensajes de sentido inequívoco, la figura amenazadora y voraz de Diktátor alzándose sobre un paisaje de ciudades en ruinas, ciudadanos esqueléticos y familias crucificadas, con un primer plano en vivos colores de ratas y galeotes salvadores que se preparaban para hacerle frente, islas paradisiacas hacia las que bogaban engalanadas carabelas, piratas irredentos que se hundían en las olas gracias a la oportuna intervención de los cómitres de Mercenarios Light, países, penínsulas y gigantescos cuerpos y rostros compuestos, si se miraban con cierta atención, por miles de puntos que eran sonrientes cabezas de rata cubiertas a veces por tocados diversos como gorras, boinas chatas, boinas puntiagudas, boinas enormes, boinas con extremo de arco iris, boinas peludas, boinas negras y rojas reversibles, sombreros de copa plegables en versión boina. Incluso había, además de material en papel, grandes colchas y tapices en tejido que reproducía los mismos motivos, de manera que los fieles se sintieran arropados por los millares que compartían sus sentimientos.

-Tenemos, además, otra arma. Pero para utilizarla hará falta un golpe de mano. -dijo Gorgony.

Hubo expectación. Rata Máxima dijo:

-El salto al reconocimiento internacional nos es ahora imprescindible, y para ello, como con el manejo de la imagen, debemos filtrar las noticias, tanto la información de consumo externo como la proyectada hacia el exterior. Nada debe transcender hasta la victoria. Sabemos que hay elementos foráneos incontrolados. Pero también sabemos cómo hacerles entrar en razón; y que transmitan lo que nos conviene. Gorgony se encarga del asunto.

Le dio a ella la palabra. Gorgony rezumaba seducción, y nadie era ajeno a ello. Menos que nadie Rata Segunda y no pocos del comité directivo. Contribuía a esto su naturaleza ambigua, las mutaciones lábiles de su aspecto, el brillo cambiante de su piel, la fijeza de sus ojos, la vida propia que parecía tener su cabellera y la agilidad de las manos, a veces en un reposo cálido sobre el brazo o el hombro de algún asistente, otras dispuestas a saltar como si tomara impulso con sus largas uñas.

Gorgony les descubrió que el enemigo disponía de más información de la que pensaban.

-…Una mujer…una galeote prófuga. Capaz de trazar los planos esenciales de nuestra flota. Podía parecer inofensiva, pero la hemos subestimado, como a otros. Casi estaba entre los desechos, debería haber sido eliminada, aprovechada en Recursos Humanos en el momento adecuado. Pero no se hizo, huyó, con los conocimientos que poseía. Nuestro espía nos informa de que está confabulándose con los elementos foráneos.

La inquietud recorrió, como una ola, la gran sala.

Con un ademán casi maternal, los directivos y Gorgony apaciguaron sus temores.

-Tranquilos. Sabemos perfectamente cómo hacer.

 

 

 

30

Offing agente secreto.

 

En la playa reinaba la calma del final del atardecer. Offing caminaba solo camino de la pequeña cala, algo alejada, que ya conocía y que podía resultar desapercibida entre dos entrantes de rocas. Junto a la pared casi vertical de uno de los extremos se había hundido el lecho marino y el agua era honda y formaba una corriente que, tras chocar con las elevaciones laterales, refluía de nuevo hacia el mar y se adentraba en él en un rápido río visible por la inclinación de las algas.

Offing conocía ahora, instruido por algunos piratas y galeotes, por Metáforos y por sus propias dotes como nativo de un país de larga tradición naval y hombre acostumbrado a largos viajes, las corrientes de la zona. Le interesaba una en concreto, la del Golfillo, que sabía llegaba, en aquella época del año, a las costas de Albinia. Había preferido no compartir su idea con nadie para no despertar las burlas de sus compañeros ni mezclar a Gal en algo que, inexplicablemente, le unía, por su misma carencia de seguridad ni lógica, a ella. Cuando no estaban juntos la veía en todas partes, era consciente de que Gal observaba las olas, el cielo, el perfil oscuro de las rocas y la aparición de la luna al tiempo que él, lo mismo que él, en algún momento, y le parecía tocarla en cada superficie por donde pasaba la mano. Nunca le había ocurrido nada semejante. Naturalmente había estado con chicas, e incluso practicado, como buen inglés, vicios inocuos de categoría menor, como hacerles vestirse de colegialas con uniformes escolares comprados en M&Smith, pero aquello era tan distinto…

Su plan privado de transmisión de mensajes era su reducto de meditación, soledad y de aquella nueva libertad que consistía en estar libre de sentirse apegado a alguien y de dedicarse a tareas sin probable futuro ni fundamento.

Aunque, ¿quién sabía? Aquello podía funcionar. La comunicación con Albinia, con las naciones exteriores, era difícil, podía ser interceptada, la corriente de Golfillo era rápida, segura y discurría lejos del territorio rátida. En la Cala de los Malditos se apilaban innumerables botellas rescatadas de bodegas de naufragios y repescadas, y consumidas por los prófugos. Offing introdujo sus mensajes explicando la situación, fecha, latitud y longitud y finalizando con un toque de alarma y de premura ante el peligro que representaba en realidad la dulce, pacífica e igualitaria nación rátida. Añadía peticiones de auxilio y su identificación como periodista. Una vez bien sellada la botella la confiaba a la rápida corriente, una tras otra, con mensajes semejantes. Alguna hallaría su destinatario.

A la vuelta, ya en la oscuridad, corrió hacia él una figura que reconoció desde lejos por la forma de andar y porque, en un intento de coquetería, Gal se había puesto últimamente un chal, encontrado en el almacén de restos de naufragios, de fino encaje que ondeaba al viento.

– ¿Dónde estabas? Éstos son momentos importantes. Hay mucho que decidir. Se está planeando la primera ofensiva, algo rápido que les prive de un elemento esencial.

Offing la besó primero y luego le pidió que continuara con sus explicaciones. Había reunión general. Se elegiría a los miembros del comando y la forma de ataque. El resultado dependía de la coordinación y de la rapidez. Además Muerte Súbita y Angelina les habían anunciado que pensaban darles una sorpresa, una prueba contra las ratas con la que no contaba nadie.

Se apresuraron, entraron en la sala y avanzaron, no sin trabajo porque la masa era casi compacta, hasta colocarse al lado de Metáforos. Reinaba un atento fervor que contrastaba con la anterior frivolidad del ambiente festivo. Habían llegado noticias precisas, con documentación incluida, sobre la galera de Aprovechamiento de Recursos Humanos. Desde hacía largo tiempo se comentaba la insistencia rátida, aliada con un Gobierno humano temeroso y oportunista, en imponer absolutamente a todos la obtención de un cuerpo ejemplar e impecablemente sano, avezado en la continua marcha a pie, a ser posible con alguna carga como bolsas, maletas y artilugios rodantes. Se impusieron además el consumo de algas, los productos superbióticos de huertos urbanos y la ingestión del rocío de prados municipales. Las leyes de protección y recuperación del agro y de abominación de los agresivos transportes introducidos desde el siglo XIX habían ido produciendo ya la silenciosa fosilización de algunas ciudades, por cuyos espacios sin transporte deambulaban escasos y fatigados viandantes que se refugiaban en los portales cuando anunciaban su paso los escuadrones rataciclo. El plan rátida, discreto, insistente y de largo alcance, daba sus frutos; Civilización, libertad y autonomía individual se iban desvaneciendo con la lenta muerte de las ciudades. El programa de regreso al neolítico y culto a la Madre Naturaleza hizo su efecto: Empezaron a desaparecer gente de edad, disidentes y en general cualquiera que no deseara, quisiera o pudiera desplazarse a pie por el desierto pavimentado en el que se convertían las otrora animadas vías, cines, bares, restaurantes y comercios. Los humanos deportivos, prepotentes y mimados por donaciones y propaganda, desfilaban con frecuencia en maratones cotidianos que privaban del poco espacio aún disponible al ciudadano habitual.

-No entendemos. ¿Las ratas pudieron hacer esto solas, someter a todo el mundo a condiciones cada vez peores? ¿Sin protestas? -preguntaron varios.

-Protestas hubo, pero pocas, tímidas, silenciosas, rápidamente acalladas por un diluvio de improperios como ¡Estriboritas!, ¡Diktatoristas!, ¡Enemigos de las ballenas!, ¡Corruptores del éter! –se les respondió.

-Además las ratas no estaban solas. -Segis había tomado a su cargo la exposición pormenorizada- Durante largo tiempo el camino fue allanado por sus colaboradores humanos con cuartel general en la Dirección Urbana de la capital del No-País. Había allí un grupo singularmente eficaz identificado por completo, incluso físicamente en su líder femenina, con los principios de Rata Máxima. Esperaban llegar a altos y confortables destinos una vez conseguidos el igualitarismo total y la completa destrucción de cuanto antes hubiese destacado. Tras su victoria por aclamación popular después del episodio del Buque Correo, las ratas dieron el siguiente paso, justificado con las consignas de regreso completo al estado primigenio. Su teoría era que la sociedad no podía permitirse el desperdicio de elementos aprovechables y que el cuerpo era un cultivo como cualquier otro que debía contemplarse en función de su beneficio social. Por lo tanto el lema “cadáveres impecables” se impuso, así como el escarnio, la persecución y la denuncia de cuantos se resistieran al ideal del sano primate neolítico, de vida breve pero adecuada a su utilidad para el planeta Tierra y a cuyas virtudes de respeto al medio sólo faltaba el dominio de la bicicleta.

Lo que eran rumores, y se había tachado de propaganda antirrátida, se veía ahora confirmado por datos y testimonios sobre el significado final de “Aprovechamiento” y el destino que esperaba a los habitantes del mundo. Los concurrentes supieron, sin embargo, dominar su indignación para, como se impuso en consigna, transformar aquella energía en estrategia que devolviese a ciudades y ciudadanos la vida que se les robaba.

No convenía perder tiempo en denuestos, demostraciones de horror, gritos y llantos. Se procedió a distribuir en grupos de acción a los asistentes. Iba a atacarse en primer lugar a los puntos donde las ratas menos lo esperaban, al Galeón de los Almacenes de Memoria, al Buque-Escuela, para poner a los niños a salvo en lugar seguro, y al Galeón de Castigo y su conexión con Aprovechamiento de Recursos Humanos. Era importante, antes de destruirlos, obtener material que sirviera como prueba contra los opresores, que se habían mostrado siempre sumamente hábiles en proyección de imagen y propaganda.

-Será difícil atraer a nuestra causa a la mayoría. Muchos creen que pueden obtener beneficios, pese a todo, de la situación simplemente dejando ocupar a las ratas amplios territorios y sirviéndoles gratuito y abundante queso. -opinaron varios con aire mortecino.

Los asistentes se dividieron. La exaltación indignada y la euforia habían dado paso, como las crestas de una ola, al agua baja que arrastraba el oscuro lodo del fondo.

-La seguridad no es la que era-dijo Segis, y Gal, Offing y Metáforos asintieron, pero sin dejarse llevar y convencidos de que sería fugaz el pesimismo.

– ¿Qué dice el PIL? ¿Dónde están los representantes de Piratas Irredentos Libres? – la pregunta recorrió la sala.

Y encontró respuesta en la entrada, por donde avanzaban Muerte Súbita y Angelina, diciendo:

-Estoy aquí. Y os traemos algo.

 

 

 

31

El Hallazgo

 

Cumpliendo lo prometido, el jefe pirata disidente se dirigía hacia el centro de la asamblea llevando en la mano un objeto cuidadosamente envuelto.

-Os prometí un arma. No lo es exactamente, pero puede ser mucho más eficaz que los cañones.

Cundió la expectación. Las filas se apretaron alrededor de Muerte Súbita. Angelina intervino:

-El uso del arma requiere una explicación. En sí os parecerá poca cosa, pero fue mucho lo que comenzó con ella, marcó la época del gran cambio, la entrega de las llaves del Cofre a la nación rátida y la sumisión del No-País. Mirad:

Desplegó un antiguo mapa en el cual estaban marcadas las aguas territoriales y los litorales del anterior régimen.

– ¿Recordáis dónde se hundió, bueno, hundieron con aquella explosión asesina el Buque Correo?

-Aproximadamente ahí- señalaron varios.

-Nunca se hallaron los restos, ni hubo expediciones investigadoras, ¿verdad? – continuó Muerte Súbita.

-No. Se aceptó enseguida la denuncia popular contra el Gobierno de entonces, apoyada ésta por las ratas, que prometieron seguridad y condena de los culpables. Lástima que los pocos detenidos murieran tan rápidamente. – Los de más edad llevaban el peso del relato mientras que los jóvenes escuchaban con curiosidad una historia que les era o desconocida o dada por zanjada y caduca.

-Pues bien, nosotros hemos encontrado esto.

Desenvolvió el paquete y hubo un rumor de decepción. Sobre la mesa no había sino un trozo de madera viejo, astillado y ennegrecido, con algunos signos.

– ¡No es un arma! -exclamaron.

-Pero sí una prueba. Se trata de un trozo del Buque Correo. Examinadlo.

Se lo fueron pasando. Efectivamente, en él, visible, aunque cubierto de una capa ennegrecida, se distinguía el logotipo característico. Y la marca de algo que no eran dedos humanos, sino uñas de roedores.

-Bien. Y ¿qué hacemos con eso? Las marcas nada prueban, en los barcos siempre ha habido ratas. Sabemos que hubo una explosión y es normal que esté ennegrecido. -dijo un escéptico al que se sumaron numerosas voces críticas.

Angelina señaló un punto en el mapa:

-Lo encontramos aquí. Conocemos las profundidades, mareas y corrientes. Hemos estudiado el asunto. Son fuertes y cambian según la época del año. Creemos que ahora se puede encontrar, y examinar, gran parte del pecio. ¿No tiene eso importancia?

La tenía. Todos asintieron en ello. Porque significaba rescatar de la espesa capa de agua y olvido un decisivo evento que había marcado el devenir, no ya sólo del No-País, sino también de los limítrofes y cambiado radicalmente el reparto de poderes. Había, además, no poca curiosidad precisamente porque aquel episodio trágico parecía no haber existido según los relatos oficiales rátidas y su simple mención resultaba llamativa, inquietante y provocadora.

El pecio, según lo que Muerte Súbita denominó Plan Arquímedes, aparecería dónde conviniese y cuándo llegara el momento, para observación general y confirmación de datos que, por entonces, se mantenían en secreto. El reflote requeriría un trabajo de ingeniería minucioso, el conocimiento de los fondos marinos y sobre todo preparación estratégica y el esfuerzo de todos, prófugos y no prófugos, piratas libres y extranjeros unidos a la causa.

-Aquí está el gran problema -explicó Segis- Los galeotes se encuentran muy divididos en grupos de signo contrario. Unos se arriesgarían a cualquier cosa, para otros lo más conveniente es el diálogo, la colaboración y el reparto con las ratas. Muchos se han acostumbrado a la seguridad de la galera, la memoria prefabricada y las directivas del cómitre y prácticamente han olvidado el No-País. Cada cual, además, no responde de sí mismo sino que delega su responsabilidad en algún jefe y colectivo.

-Nos queda la llamada individual-dijeron Kraky, Orky y Metáforos.

El abucheo fue general. ¿Una gran campaña sin coordinación, estrategia, mandos ni planes de batalla? ¿Sirviendo en bandeja al enemigo las formas y fechas de ataque puesto que habría con toda seguridad filtraciones, traidores y desertores? Se había propuesto el caos, el absurdo, no ya la derrota anticipada sino la aniquilación de la resistencia prófuga.

– ¡Estáis borrachos! – gritaron.

No lo estaban. Había que ofrecer a los galeotes algo tan nuevo, especial y excitante como la libertad personal, la posibilidad de un acto, un mismo acto, en un momento preciso, sin el apoyo previo de explicaciones y consignas, sin normas marcadas por el jefe del grupo ni la seguridad de la participación del resto de sus compañeros. Cada galeote recibiría secretamente, bien enumeradas y especificadas respecto a lugar y tiempo, las acciones que debería llevar a cabo, y la explicación de la importancia de guardar silencio hasta la hora precisa y, llegada ésta, actuar sin vacilación fuera o no seguido por otros. Pesofijo y algunos compañeros se habían ofrecido para deslizarse en las naves y hacer llegar a las manos de cada uno el mensaje crucial. Actuarían pronto, en tres etapas. Harían falta fuerza y destreza, conocimiento del interior de la flota, de la zona marítima en la que debía producirse la exhibición de la prueba final contra la nación rátida y, finalmente, rapidez para exterminar a las ratas y salvar las vidas de los galeotes. La apuesta era arriesgada, pero factible.

El plan, los sucesivos planes, se discutieron en voz baja en el centro de la sala, donde se habían desplegado mapas y se dibujaba la disposición interior de las principales galeras así como el litoral y el lecho marino. Fueron horas de trabajo febril, pero el entusiasmo por la empresa iba ganando a los asistentes. Apenas se interrumpían para comer y beber y sólo advirtieron la llegada de la noche por la necesidad de alumbrarse.

El margen de incertidumbre se volvió uno de los incentivos, la reacción de los galeotes no prófugos ante esta inesperada, e inusitada, opción de libertad, llena de soledad y riesgo, presentaba para los resistentes un particular atractivo. Sin confesárselo abiertamente, no confiaban en sus compañeros de las galeras, sentían profunda reticencia a asociarse con ellos en una lucha en la que, de vencer, tal vez se hicieran con los mejores frutos e incluso buscaran pactos con elementos asimilados a las ratas. Obligarlos a saltar en solitario, a renunciar a las concesiones y temores de su vida pasada permitiría a los prófugos confiar en ellos, compartir aquello que, si triunfaban, esperaban obtener, recuperar, reconstruir y disfrutar de cuanto se les había arrebatado hasta el punto del olvido.

-No va a ser fácil. – Pesofijo era de tendencia más bien pesimista por aquello del optimista bien informado. Sin embargo tanto él como los compañeros reunidos a su alrededor y que compartían pasado y fines semejantes estaban dispuestos a ir hasta el final.

-Pero ¿podréis hacerlo? – le preguntaron- ¿Llegará la consigna, y las instrucciones, a cada galeote?

-La tendrán en la mano en el momento oportuno. Y cada cual deberá decidir; por su cuenta.

Intervino Gal, que, buena conocedora de cartografía y del organigrama y estructura interna de la flota rátida, se aseguró de que no habría en el comando ni errores ni pérdidas de tiempo.

-Tened bien presentes las tres etapas: Cambio en la dirección y agrupación. Acción desde diversos puntos desde el mar y difusión de la evidencia. Sabotaje y abandono.

Todos asintieron, excepto el borracho habitual, que pidió varias veces que le fuera repetido el plan.

Entonces llegó la excelente noticia del éxito en el ataque a los Almacenes de Memoria y el Buque-Escuela. El alborozo fue general.

Lo hubiera sido menos de haber sabido que las fuerzas aliadas pro rátidas eran más numerosas de lo que pensaban y que, además, precisamente entonces iba a llevarse a cabo, con éxito, un golpe de mano del enemigo.

 

 

 

32

Traición y rapto.

 

Tras las tensión y concentración vividas, prófugos, PIL y extranjeros, integrados ya éstos últimos perfectamente al grupo y su lucha, decidieron que había que celebrar su primer éxito. Se distribuyeron vituallas y bebidas y alguien sacó su guitarra e improvisó coplillas sobre las sesiones rátidas de adoctrinamiento para llevar una existencia ecovirtuosa y dejar un cadáver impecable.

Van mis coplas en honor

del cerdo benefactor

y canto con sentimiento

a esa fuente de sustento.

de la Humanidad sostén.

Y a las ratas que les den.

 

Siempre de ti me acuerdo

bendito cerdo.

 

Nos tenían sometidos,

sin los manjares prohibidos

y con sus sanos consejos

nos volvíamos conejos.

Ni huertecillos ni nada.

Algas a la mar salada.

 

Si te muerdo resucito,

cerdo bendito.

 

Y me privan tus andares

por los prados y encinares

mientras mascas las bellotas.

Por eso, con estas notas

de mi guitarra proclamo

que te estimo, alabo y amo.

Y a las ratas huerto urbano.

 

¡Qué lamentable!

¡Qué lamentable

que la vida de rata

no es tolerable!

¡Qué triste es eso!

¡Qué triste es eso

el que las ratas quieran

darnos con queso!

 

Un compañero le cogió la guitarra y, tras inclinarse ante la concurrencia, entonó, con mucho sentimiento:

 

Sincero,

te digo que soy sincero.

Las chuletas de cordero

también las quiero,

las quiero.

Que yo no rechazo nada

de tierra o de mar salada.

 

El cantor acabó su improvisación con grandes aplausos. Offing estaba entusiasmo y achispado por la tercera ronda procedente de las bodegas de un carguero portugués. Se inclinó para besar a Gal y compartir con ella su alborozo. Y no la encontró.

– ¿Dónde está Gal?

Ni Metáforos ni los otros la habían visto hacía rato. Pasado cierto tiempo comenzaron a inquietarse, a preguntar y a mirar en las estancias interiores. Ella no estaba pero sí todas sus pertenencias.

Algo desconocido y angustioso se había instalado en el pecho de Offing y la opresión crecía a cada minuto. Entonces Orky recordó un detalle que le había parecido sin importancia:

-Óskar, mi hermano, le dijo que quería enseñarle algo curioso que había depositado el mar en la playa.

– ¿De noche? – La oscuridad ya era total y no había luna. – ¿Sólo se lo dijo a ella?

-No parecía importante. Simplemente salir un momento.

– ¿Dónde está él?

Le buscaron en vano en la sala y luego salieron al exterior, Offing el primero, y la llamaron.

Las voces se perdían en el ruido bronco del mar, que estaba agitado, con viento que soplaba hacia tierra y formaba pálidas líneas de espuma sobre la negrura de su superficie. Trajeron faroles. En el interior, cerca del acantilado, había huellas, aún frescas, no tocadas por la marea, los pies pequeños de Gal, que produjeron en Offing una dolorosa punzada de ternura, y los de Óskar probablemente. Se alejaban bastante de la entrada de la cueva. En un recodo encontraron el chal de Gal y prendido en él un mensaje:

Se dirigía al periodista de Albinia, pero también al resto, y se trataba de un rapto y de un chantaje.

Comprendieron que Gal había sido secuestrada gracias a la complicidad de Óskar, que no era un ex policía rátida arrepentido sino que había optado por continuar colaborando activamente con las ratas, hacerse espía y agente doble y vender a sus compañeros.

– ¿Tú también, hermano mío? – Exclamó Orky desolado. Había habido otros, pero aquel era el caso más inesperado, grave y que le era cruelmente cercano. El traidor había escondido una lancha, llevado hasta ella a Gal con engaños y, una vez en alta mar, se la había entregado a ratas venidas al encuentro antes de que ella, en la oscuridad, hubiera podido apercibirse de la trampa.

En el mensaje se explicaba claramente la situación: La prisionera moriría en la fosa de las medusas venenosas, tras ser sometida a interrogatorio, si no se paralizaban de inmediato los planes de los disidentes y se entregaban sus jefes y los extranjeros, que debían comprometerse a llevar a sus países y defender ante la opinión mundial la bondad universal del proyecto rátida.

El comité de emergencia sabía que las ratas no querían arriesgarse a un ataque en tierra, en terreno desconocido, y que, por lo tanto, era altamente improbable una invasión de La Cala de los Malditos. Tampoco contaban con las informaciones de Óskar porque el agente llevaba muy poco tiempo allí y carecía de conocimientos sobre los refugios. Instalaron sin embargo numerosos puestos de vigilancia. No iban a ceder al chantaje, continuarían con el plan, pero con mayor rapidez y en secreto. Mientras, un comando se lanzaría al rescate de Gal, para el que, sin esperar más, ya se estaba preparando Offing y hubo que convencerle para que aguardase a que se trazara la estrategia y se repartieran las tareas.

Incapaz de contenerse y llevado por una premura angustiosa, Offing se fue a la orilla y, adentrándose unos pasos en el agua, golpeó con los puños la superficie, con la furia inútil con la que un rey de la antigüedad lejana había azotado el mar, que obraba contra sus deseos.

Millas más allá, mientras Gal forcejeaba en el fondo de la lancha que la conducía a su fatal destino, en un mar color de tinta la galera capitana rátida acogía a una visita singular.

 

 

 

33

Dulcita y el Imperio de la Felicidad

 

La fatiga estaba produciendo sus efectos en Rata Primera, y Rata Segunda conocía bien que a las grandes euforias, sucedía el sueño. Igualísima solía caer en una agradable somnolencia al final de cada ambicioso discurso. En esa ocasión, y dirigiéndose al escogido Comité Directivo, la gran Líder les había reiterado sus planes universales. Las presentes circunstancias, el enemigo potencial al que apenas consideraba digno de atención y que sería sometido con mayor facilidad aún que en el pasado, eran detalles deleznables.

-No debemos reducir nuestro horizonte a las conquistas inmediatas. La igualdad, la verdadera, la única igualdad, la igualdad rátida se impondrá en toda la superficie del planeta, de éste y de aquéllos que se conquisten. Tengo un maravilloso sueño. Nuestro ideal, en parte realizado, se halla tan sólo en sus comienzos. Hay que ser audaces, compañeras. Algunas de las nuestras parecen temer, dudar de nuestro destino.

Los miembros del Comité Directivo se habían mirado con cierta inquietud. Las divergencias de opinión no siempre eran bien aceptadas por Igualísima y algunas desapariciones daban fe de ello. Corrían, en el mayor secreto, relatos sobre ratas de alto rango a las que se había invitado a un paseo por la borda para discutir estrategias y que parecían haberse evaporado sin dejar más rastro que el ruido apagado de un breve chapoteo.

Habían convencido a Rata Máxima para que se tomara un merecido descanso y se prepara así para las duras pruebas que las esperaban y la Líder dormía apaciblemente, mecida por las olas y por la certidumbre de su victoria, no ya sobre unos rebeldes de poca monta, sino en todo el orbe.

Ahora las que estaban más cerca de ella entre los miembros del Secretariado podían hablar. Rata Segunda y Rata Parda sabían que el hermoso ideal del universo rátida, de la Nación Igualitaria, que englobaría a los receptivos países actuales era indiscutible en la teoría pero que en la práctica había que proponerse metas más asequibles y cercanas. Actualmente no tenían posibilidad de extenderse y fundar rápidamente su imperio por doquier luchando solas. Su porvenir, por lo pronto, estaba en ocupar zonas de dominio de extensión razonable y compartir el planeta con no-rátidas de semejantes visión y ambición. Había para todos. Las diferencias entre los grupos con los que habían tomado contacto eran salvables y la alianza provechosa. Esa misma noche esperaban mucho de una inminente visita. Que les fue anunciada por los guardias.

Dulcita entró en la sala. Era humana. De pequeña le pusieron Dulce María del Escapulario, trauma que luchó por superar toda su vida, así que se llamaba Dulcita, aunque también era conocida como Rata Gorda por el curioso efecto circular que producía: Llenaba la estancia, se movía ondeando los ropajes que la cubrían, en los que se alternaban dibujos infantiles y el blanco y el negro. Siempre lucía algunas florecitas en el pelo y un broche con un iceberg en vías de desaparición roído por el cambio climático.

La acompañaba un reducido séquito, en el que llevaba la voz cantante su joven y probable sucesora, Kimy, a la que unas apodaron Ratafina y otras Pijirrata. Ambas se complementaban notablemente. Dulcita se expresaba con aparente moderación y consideración hacia sus adversarios y solía interrumpir su discurso con llamadas a la paz, la fraternidad y el amor que desconcertaban a sus oyentes. Entonces Kimy tomaba la palabra y, en un tono cantarín en el que se transparentaba su conmiseración por la ignorancia del oponente, cubría de improperios y denuncias a cuantos no pertenecían a su movimiento de la Felicidad y la Bondad Completas.

-Al fin hemos llegado. No ha sido un viaje fácil, pero el afecto, el entendimiento, el gran ideal que nos une acorta las distancias. -Dulcita se había lanzado efusivamente a abrazar a las dirigentes rátidas, que, no acostumbradas a tales demostraciones físicas de afecto, imitaban torpemente sus gestos.

Kimy se mantuvo más distante y se limitó a estrecharles las patas, eso sí, con gran energía, y a dirigirles un breve saludo durante el que, por unos instantes, se detuvo desconcertada. Dudaba respecto al tratamiento a emplear. Acostumbrada, con una férrea disciplina, a decir todos los nombres y adjetivos -tenía un ambicioso plan lingüístico para modificar asimismo adverbios y verbos- por partida doble haciéndolos terminar en -a y en -o, en la presente circunstancia advertía la dificultad de hacerlo con la palabra rata. Tal vez el muy apreciadas y apreciados ratas hembras y ratas macho no fuese del agrado de sus interlocutores e incluso la acusaran de innecesaria discriminación de género, desigualdad ya superada en la nación rátida. Se limitó a un ¿Qué tal? y a una sonrisa.

Dulcita, expansiva y segura de sí, se lanzó enseguida al punto principal: La configuración futura del mundo, o buena parte de él, tras su alianza.

El reparto se basaría en las zonas de ocupación y/o decisiva influencia.

– ¿Igualísima descansa? -se interesó por la salud de la Líder- Oh, sí, que esté en la mejor forma posible. Su presencia y la fuerza de sus ideales son y serán nuestras mejores armas. Vosotras, queridas compañeras, ofrecéis la igualdad suma. Bien, bien. Pero mi partido, mi numeroso grupo, tiene como primer y principal punto la Felicidad Completa, noche y día, para todos y cada uno de los seres. Y la programamos con todo rigor.

– ¿Qué acciones habéis desarrollado últimamente? – Rata Tercera apuntaba con aplicación.

-Nuestro mayor éxito ha sido la fundación, extensión e implantación urbi et orbi del Club de Víctimas, en muchos aspectos autónomo de nuestro partido. Trabajamos de manera incansable para crear, avivar y promover la conciencia del ancestral, radical y ubicuo agravio. Nos llueven los militantes, sin oposición alguna por parte de los sistemas establecidos porque ¿quién se atrevería a declararse contrario a la bondad de nuestro propósito, a la popularidad de nuestras reivindicaciones, a la lluvia de resarcimientos en prestigio, titulaciones, cargos, al reparto a los agraviados de oro y bienes?

– ¿Cómo haréis para entregar tantos dones a las masas que se vayan sumando? Porque, si hemos comprendido bien, la balanza entre víctimas y los que las resarcen con pagos se irá desequilibrando. -Rata Ecónoma solía ser lógica y precisa.

Kimy Ratafina intervino oportunamente porque Dulcita parecía proclive a dudas y vaguedades y estaba murmurando algo sobre el amor planetario.

-Trabajamos para el FUTURO -subrayó la palabra para que se entendiera que era con mayúsculas, como la escribían en sus documentos- El futuro es nuestro, lo será rápidamente. Las masas no pueden verlo, todavía están formadas por componentes individuales, carecen de la luz de Rata Máxima, de la Igualdad Suma. Por eso nuestra alianza será magnífica. Ya vais conociendo algunos de nuestros logros.

-Sabemos, por crónicas que nos envían nuestras compañeras de las alcantarillas, que donde mandáis van desapareciendo las ciudades, la red viaria, los medios de comunicación, y que están en marcha grandes proyectos de recuperar la jungla primitiva donde hoy se alzan lamentables centros comerciales y lugares de vicio individual malsano.

Kimy sonrió con modestia y dio un paso atrás señalando a su compañera.

-Gracias a ella -dijo

– ¿Y lo del reparto de queso y demás bienes? -insistió Rata Ecónoma.

Dulcita se había recuperado de la confusión beatífica en la que a veces se sumía y respondió con firmeza, echando de vez en cuando un vistazo al discurso que había traído escrito y que pensaba repartir, finalizado el encuentro.

-Llegados a esa etapa del futuro, que nos pertenece, haremos cuentas precisas. Los hábitos habrán cambiado gracias a la completa supervisión de los hábitos cotidianos y a la fragmentación y control de los núcleos de las diversas poblaciones que, además, se vigilarán y denunciarán unas a otras a la menor sospecha de ataque a la completa igualdad de civilizaciones y culturas, lo que probablemente reducirá su número, minimizará sus demandas y hará desaparecer reclamaciones y protestas. Ya hemos convencido a buena parte de la población indostánica para que recuperen prácticas desterradas por presiones foráneas, como la quema de las viudas en la pira de sus maridos, y prosperan gracias a nuestro apoyo mediático las alegres lapidaciones de los viernes en Oriente Medio. Nuestra ambición va más allá, porque el vasto pasado nos ofrece inagotables reservas de víctimas, populares usos aborígenes erradicados por fuerzas opresoras, artísticas infibulaciones africanas. Por ejemplo, defendemos el sano canibalismo; también en los actuales descendientes de la nación fenicia el sacro rito del sacrificio de los recién nacidos primogénitos. O no primogénitos; hay que tener criterios amplios. El futuro…

Asustadas por su elocuencia, las ratas la interrumpieron para recordarle que más tarde continuarían la apasionante relación pero que, por lo pronto, debían regresar a sus tareas de planteamiento estratégico.

-Vuestra lucha es la nuestra -dijeron a coro Kimy y Dulcita- Permitid que os entreguemos el presente de amor y buena voluntad que os hemos traído

Depositaron en la mesa una bandeja y Kimy explicó a las ratas, golosas pero suspicaces:

-Es una escogida muestra de las Magdalenas de la Felicidad, obra de las propias manos de nuestra Líder, la gran Bienhechora.

Dulcita recibió los plácemes con modestia y añadió:

-Esperamos que os complazcan. En el luminoso e inminente porvenir que nos aguarda se fabricarán por millones y serán ingeridas cada mañana, sin falta, por cada ciudadano. Nuestros planes incluyen, en atención a nuestras fieles aliadas, variantes con queso.

La Directiva rátida se puso en pie, para asegurarse de que las visitantes habían comprendido que era el momento de la despedida y para corresponder al presente, y dijeron:

-Continuaremos esta conversación en momentos de mayor disponibilidad. Rogamos a la Líder que acepte el nombramiento de Rata de Honor.

Visiblemente conmovida, Dulcita se inclinó y agradeció la deferencia. Además Rata Segunda, atenta a los detalles y a las posibles sucesoras, no quiso dejar partir a Kimy sin algún presente significativo y puso en sus blancas y finas manos una historiada y bella caja de cerillas en la que se leía Incendiemos el pasado abominable y el presente detestable.

-El futuro es para los jóvenes- le dijo.

La joven promesa del Imperio de la Felicidad aceptó el regalo con manifestó placer y cierta sorpresa de que las ratas hubieran leído sus pensamientos.

Entraron algunos guardias:

-La embarcación de regreso está lista.

Y, tras efusivos adioses, las representantes del nuevo orden sano y dichoso, según rezaba su programa sociopolítico, salieron.

Las ratas intercambiaron algunos comentarios:

-Por ahora, nos convienen como aliados.

-Pero ¡qué poca precisión! – Ecónoma revisó sus notas- No habrá población suficiente para abonar tantas indemnizaciones y para mantener, gratuitamente y con privilegios, a las innumerables víctimas.

-Creo que llevan algún tipo de pequeñas gafas. -añadió otra. – No ven a nadie concreto, ni el presente. Sólo eso que llaman “Futuro” con mayúsculas. Es curioso.

-Nosotras a lo nuestro, compañeras.

-No son de fiar.

Y, por si acaso, tiraron las Magdalenas de la Felicidad por la borda.

 

 

 

34

Reparto de papeles

 

Pesofijo y los suyos se deslizaban por todos los entresijos de los buques, que conocían muy bien. Trabajaban día y noche. En principio el plan había sido aprovechar las sombras, pero el tiempo apremiaba y la zona donde debía librarse el combate y sacar a la luz el arma estratégica estaba aún lejos.

Desde el palo de mesana a las bodegas, por cada uno de los pasadizos a los que daban acceso tablas marcadas y hasta en las bocas de los mascarones de proa se habían trazado simples mensajes, indicaciones elementales que proporcionarían escasa información a las ratas si eran descubiertos. Lo esencial era que en el momento acordado cada galeote estrechara en su mano la nota que le indicaba, de forma individual, su oportunidad de opción y de acción, en tiempo y lugares muy precisos. Nada les respaldaba, no existían interpretaciones previas ni el abrigo de los líderes. Sólo una apuesta y el riesgo.

Reinaba una atmósfera de tensión y pocas palabras. El premio, vago e improbable, era solamente una libertad desacostumbrada e incierta en la que cada cual se hallaría de repente librado a sí mismo, a lo que valiera y obtuviera. Claro, habría que encargarse de los más débiles e indefensos, de aquéllos que habían ido siendo borrados poco a poco de la visión pública por las ratas de forma que no se dispensaran en ellos recursos y que no se plantearan interrogantes molestos. A los galeotes no les gustaban las ratas, pero se habían acostumbrado a ellas y a su propia situación, por la seguridad que éstas proporcionaban y porque la falta de competencia y de oportunidades de distinguirse, avanzar y cambiar había prácticamente erradicado entre ellos el sentimiento de la envidia. Sin que, por ello, no existiesen pequeños privilegios, expectativas y dones ocasionales que las ratas, que manejaban con no poca astucia esos resortes, destinaban a grupos escogidos. A mayor escala, la directiva rátida apoyaba y promocionaba el trato específico a cada galera, de forma que los galeotes se sintieran a la vez superiores y agraviados por los de los demás buques, en especial por los más cercanos y de mayor tamaño, y se había llegado a simultanear las consignas de perfecta igualdad con alabanzas y distinciones diversas que incluían la posibilidad de banderas propias y de mascarones, de pequeño tamaño y situados en la popa, adornados con retratos de imaginarios antepasados heroicos.

Estaban además los galeotes ayunos de referencias. En su mayor parte ni sabían ni recordaban más pasado que el que se les había explicado en el Barco-Escuela y suministrado desde los Almacenes de Memoria. Y éste era un pasado confortable que les prometía continua asistencia presente y futura, puesto que habían sido salvados en su momento, y tras un salvaje ataque al Buque Correo, del lamentable, nefasto, traidor, falaz y codicioso grupo que los gobernaba y que se componía en realidad de discípulos y descendientes del abominable Diktátor, en el que se concentraron todos los males y cuya sola mención, si no iba acompañada de rituales de odio y rechazo, implicaba la condena inmediata.

Las naves bogaban en la oscuridad pobladas de susurros, preguntas que no requerían respuesta, manos que apretaban y luego releían la particular tarea a cada uno encomendada. Nadie se explicaba que fuera personal e intransferible, pero se guardaba el secreto no tanto por obediencia como por curiosidad y por cierto temor a que sus vecinos recibieran, si cumplían adecuadamente, premios que a quien no lo hiciese le estarían negados.

Esa noche, que había sido elegida por la falta de luna y favorecida por la ligera niebla, los barcos cambiaron de rumbo, tras un habilidoso manejo de los planos e instrumentos de orientación. Las tripulaciones empezaron a encontrar en las aguas a las que se aproximaban algo familiar, incluso los más jóvenes habían oído relatos. Se situaron formando un amplio círculo. Jugaban con las directivas mismas de las ratas, que por su parte, habían escogido esa formación estratégica para la previsible batalla, dejando tres pasillos para facilitar el cambio de movimientos.

Las ratas, por su parte, estaban absortas en el plan que iba a representarles un gran ahorro de energía. Incluso con esfuerzo, no podían tomar demasiado en serio a los prófugos ni a sus colegas galeotes. Los habían visto, en su época de ciudadanos, rendirse apresurada y anticipadamente con tal de que se les garantizara salvación de atentados masivos, abominación colectiva de la era de Diktátor y paz tan completa como la quietud en aquel momento de las aguas del océano. Rata Máxima había insistido en el derroche de fuerzas que significaba presentar batalla ellas mismas a aquellos fugados, que eran en buena parte fruto de la miseria física y la confusión intelectual. En eso el resto del grupo directivo estuvo de acuerdo porque ninguna experimentaba el menor deseo de capitanear abordajes, aceptar el almirantazgo o ver peligrar sus reservas de queso. Así pues se había decidido recurrir a los Mercenarios Light, a los Mustélidos y a los PIF, la facción de Piratas Irredentos Fundamentalistas, útiles por su desprecio a la vida, muy comprensible teniendo en cuenta la que llevaban pero incómodos por lo impredecibles.

El principal ataque debía llevarse a cabo desde dentro, privando a los Prófugos de jefes, documentación y estrategas y debilitando la voluntad de los más notorios, entre los que se encontraban unos personajes en apariencia débiles e inocuos pero que representaban el peligroso enlace con el exterior y el riesgo de cambiar la opinión, hasta entonces muy favorable, que se tenía internacionalmente de la nación rátida.

-Ya tenemos aquí al arma de la que habíamos hablado. Y se ha transmitido el mensaje del precio del rescate. – Gorgony era extraordinariamente persuasiva y además, pensó Rata Segunda, en ese momento estaba arrebatadora, con su fino vestido talar que parecía prometer en cada curva un placer y pedir un roce.

– ¿Y cuándo llegue el rescate? -le preguntaron.

Gorgony los miró con cierta conmiseración por su inocencia y sonrió mostrando los agudos colmillos que llevaba, por solidaridad, al estilo de las ratas.

-Lo del rescate es pura fórmula. Nos quedaremos con los planos, documentos y con cuanto hemos solicitado, que no es poco, y además, por supuesto, con los emisarios y con aquéllos que pedimos como rehenes. Ninguno volverá.

-Bien, pero ¿nos bastará para anular el movimiento, para vencer completa y duraderamente?

-Por supuesto. Al enemigo le pierde la importancia que da a los individuos. Carece de los firmes principios encarnados por Igualísima.

– ¿Nos bastará con la información que nos traigan?

-Claro que no. Pero sí con la que nos proporcionará la prisionera.

 

 

 

35

Tercer grado

 

La travesía, maniatada y tendida en el fondo de la lancha, no había sido cómoda. Un preludio de lo que la esperaba, y Gal lo tomó como tal, controló su tensión y se fijó, más que en su propio cuerpo, en las circunstancias y personajes, tanto conocidos e incluso inme